Identifican por primera vez a un astrónomo maya: una firma de hace 1.200 años cambia la historia de la ciencia

Un pequeño garabato pintado sobre una pared en la antigua ciudad maya de Xultún ha permitido identificar por primera vez a un científico de esta civilización. La firma pertenece a Sak Tahn Waax, un astrónomo y matemático que hace más de doce siglos desarrolló complejos cálculos para sincronizar los calendarios mayas con los movimientos de Venus y Marte. El hallazgo ofrece una perspectiva inédita sobre la historia de la ciencia y el conocimiento astronómico en América precolombina.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La inscripción reconstruida revela la firma de Sak Tahn Waax (Zorro de Pecho Blanco), el primer astrónomo y matemático maya identificado por su nombre.

La inscripción reconstruida revela la firma de Sak Tahn Waax (Zorro de Pecho Blanco), el primer astrónomo y matemático maya identificado por su nombre. Acompañaba una compleja fórmula para sincronizar los calendarios con los ciclos de Venus y Marte, una prueba excepcional de la autoría científica en la civilización maya. Cortesía: D. Stuar / Coloración: Grok

Los arqueoastrónomos, científicos que estudian cómo las civilizaciones antiguas observaban el cielo y utilizaban los conocimientos astronómicos para construir monumentos, crear calendarios, organizar la agricultura, practicar rituales o medir el tiempo, admiran la ciencia maya por la extraordinaria precisión con la que calculó los movimientos del Sol, la Luna y los planetas.

Sus calendarios, capaces de predecir eclipses o seguir el recorrido de Venus con un margen de error mínimo, figuran entre los grandes logros intelectuales de la Antigüedad. Sin embargo, existía una paradoja: los aficionados a la astronomía griega tienen a Ptolomeo, Hiparco, Eratóstenes y muchas otras figuras destacadas a quienes admirar, pero los apasionados de la astronomía maya, por el contrario, no pueden nombrar a sus héroes, ya que no se había identificado ninguna figura comparable en el registro arqueológico… hasta ahora.

¿Quién fue Sak Tahn Waax?

En efecto, esa situación de desventaja acaba de cambiar gracias a un pequeño garabato pintado sobre una pared hace más de doce siglos. Un equipo de arqueólogos formado por Franco Rossi, del MIT; David Stuart, de la Universidad de Texas en Austin; y Heather Hursh, del Skidmore College, ha identificado por primera vez el nombre de un astrónomo y matemático maya: Sak Tahn Waax, cuyo nombre puede traducirse como Zorro de Pecho Blanco.

Su firma, que acompaña a una compleja fórmula astronómica, constituye la primera evidencia conocida de que un científico maya reivindicó la autoría de su trabajo. El hallazgo, publicado en la revista Antiquity, abre una ventana inédita al mundo intelectual de una de las civilizaciones más avanzadas de América.

Hasta ahora, los arqueólogos habían encontrado firmas de artistas, escribas o escultores en cerámicas, monumentos y edificios. Pero ninguna correspondía a un autor de cálculos científicos. La diferencia es importante. Por primera vez, la ciencia maya deja de ser una creación colectiva y anónima para adquirir un rostro humano.

Un antiguo laboratorio escondido en la selva

El escenario del descubrimiento se encuentra en Xultún, un antiguo centro urbano situado en el noreste de la actual Guatemala. Allí, en 2010, los arqueólogos desenterraron una pequeña estancia cuyas paredes conservaban decenas de inscripciones y pinturas realizadas durante el periodo Clásico maya, entre los siglos III y IX de nuestra era.

Aquella habitación no era un templo ni una residencia palaciega. Todo apunta a que funcionó como un auténtico taller donde especialistas realizaban cálculos calendáricos, enseñaban astronomía y elaboraban códices sobre papel de corteza. En sus paredes quedaron plasmados borradores, tablas numéricas, anotaciones y fórmulas que recuerdan más a una pizarra de trabajo que a una obra destinada a exhibirse públicamente.

Los investigadores identificaron más de medio centenar de pequeños textos relacionados con la observación del cielo. Algunos contienen tablas lunares; otros, enormes secuencias numéricas empleadas para coordinar distintos ciclos astronómicos. Todo ello convierte esta habitación en uno de los mejores testimonios conocidos sobre cómo trabajaban los especialistas mayas cuando nadie los observaba.

Recreación artística de cómo pudo trabajar Sak Tahn Waax en su taller de Xultún hacia el año 781 d. C.

Recreación artística de cómo pudo trabajar Sak Tahn Waax en su taller de Xultún hacia el año 781 d. C.

Cómo lograron leer una inscripción casi invisible

Entre todas aquellas anotaciones había una especialmente intrigante. Descubierta poco después de iniciarse las excavaciones, apenas se distinguían algunos glifos muy deteriorados. Durante años permaneció sin descifrarse.

Hurst compara el proceso con tener delante un rompecabezas imposible de abandonar. La inscripción seguía esperando su explicación mientras el equipo avanzaba en otros aspectos de la investigación. La solución llegó gracias a la combinación de escaneados de alta resolución, fotografía multiespectral e imágenes procesadas digitalmente.

Estas técnicas permitieron recuperar trazos invisibles a simple vista y reconstruir once glifos pintados sobre la pared. Lo que apareció no era una simple fecha, sino una elaborada fórmula matemática.

Mucho más que un calendario

Los mayas no utilizaban un único calendario. Combinaban varios sistemas temporales que regulaban prácticamente todos los aspectos de su sociedad, desde la agricultura hasta las ceremonias religiosas, pasando por la legitimidad política de los gobernantes.

La inscripción descubierta en Xultún demuestra hasta qué punto dominaban las relaciones entre esos calendarios y los movimientos de los planetas. El texto describe un ciclo total de 2.920 días, equivalente a ocho años solares. Esa cifra no fue elegida al azar: representa el momento en que vuelven a coincidir casi exactamente cinco ciclos sinódicos de Venus con ocho años terrestres.

A partir de esa base, el autor descompuso el intervalo en otras unidades relacionadas con el ciclo sinódico de Marte (780 días); el ciclo sinódico de Venus (584 días); el calendario ritual Tzolk'in de 260 días; el calendario solar Haab de 365 días; y otros ciclos temporales empleados por los escribas mayas. Para un lector moderno, la fórmula puede parecer un conjunto de cifras incomprensibles. Para los especialistas, sin embargo, constituye una demostración de creatividad matemática.

Los investigadores sostienen que no se trata simplemente de copiar cálculos conocidos, sino de una forma original de reorganizar relaciones astronómicas bien establecidas, algo parecido a proponer una elegante solución matemática a un problema clásico.

«Así lo dice Sak Tahn Waax»

El auténtico giro llega al final de la inscripción. Tras la secuencia de cálculos aparecen dos glifos inesperados. El primero puede traducirse como «así lo dice...». El segundo contiene un nombre propio: Sak Tahn Waax. Los investigadores interpretan esa expresión como una auténtica atribución de autoría.

Es posible que el propio Sak Tahn Waax realizara los cálculos y pintara la fórmula sobre la pared. También cabe que otro escriba estuviera citando el trabajo de un matemático especialmente prestigioso. En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: por primera vez un científico maya queda asociado directamente a una obra intelectual.

Hasta ahora, nadie había encontrado una firma semejante vinculada a conocimientos astronómicos o matemáticos.

Las técnicas de imagen multiespectral permitieron recuperar glifos prácticamente invisibles a simple vista y reconstruir el llamado Texto 19. Gracias a este análisis, los investigadores lograron descifrar la firma de Sak Tahn Waax.

Las técnicas de imagen multiespectral permitieron recuperar glifos prácticamente invisibles a simple vista y reconstruir el llamado Texto 19. Gracias a este análisis, los investigadores lograron descifrar la firma de Sak Tahn Waax y la compleja fórmula astronómica con la que sincronizaba los calendarios mayas con los ciclos de Venus y Marte. Cortesía: W. A. Saturno, F. D. Rossi & G. Ware

Poner nombre a un científico

La importancia del hallazgo trasciende a la arqueología. En la tradición occidental recordamos sin dificultad a figuras como Hiparco, Eratóstenes o Ptolomeo. Sus nombres han sobrevivido durante más de dos mil años junto a sus descubrimientos. La civilización maya, pese a desarrollar uno de los sistemas astronómicos más sofisticados del mundo antiguo, carecía hasta ahora de nombres comparables.

🗣️ Por eso Tomás Barrientos, director del Departamento de Arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala, considera que el descubrimiento es «extraordinario» porque, en sus palabras, «pone rostro a la ciencia maya».

La comparación no resulta exagerada. Después de siglos admirando los conocimientos astronómicos mayas como una obra colectiva, por fin es posible asociarlos a una persona concreta.

Ciencia, educación y patrimonio

El descubrimiento también posee una dimensión cultural. Más de un tercio de la población guatemalteca tiene ascendencia maya reconocida. Sin embargo, según el epigrafista Camilo Luin, conservador del Museo Popol Vuh, en Guatemala, ese legado continúa estando infravalorado en buena parte del país.

Luin espera que la identificación de Sak Tahn Waax anime a incorporar más nombres propios de científicos e intelectuales mayas en la enseñanza de la historia nacional.

La imagen tradicional de los mayas suele centrarse en reyes, guerreros o grandes construcciones monumentales, mientras que rara vez pone el foco en quienes desarrollaron conocimientos científicos de enorme complejidad.

El taller donde nacían los cócices

La habitación de Xultún sigue ofreciendo sorpresas más de una década después de su excavación. Los arqueólogos creen que funcionó como un espacio donde escribas y aprendices practicaban cálculos, copiaban textos y elaboraban códices, los libros plegables que reunían buena parte del conocimiento científico y religioso maya.

Solo cuatro códices prehispánicos han sobrevivido hasta nuestros días, por lo que este taller constituye una oportunidad excepcional para comprender cómo se generaba ese conocimiento antes de plasmarlo en los manuscritos. Las paredes muestran incluso diferencias de calidad entre unas inscripciones y otras, lo que sugiere la presencia simultánea de maestros experimentados y aprendices.

Es posible que Sak Tahn Waax fuera uno de aquellos expertos encargados de formar a la siguiente generación de escribas y astrónomos.

A la izquierda, la inscripción original apenas deja entrever los glifos pintados hace más de doce siglos. A la derecha, su reconstrucción revela la frase «así lo dice» seguida del nombre de Sak Tahn Waax («Zorro de Pecho Blanco»), la primera firma conocida de un astrónomo y matemático maya atribuida a un trabajo científico. Cortesía: W. A. Saturno, F. D. Rossi & G. Ware

Un nombre para la historia

Los autores del estudio creen que la firma refleja un cambio profundo en la cultura intelectual maya. Durante el siglo VIII comenzaron a aparecer con mayor frecuencia artistas y escribas que firmaban sus obras. La inscripción de Xultún demuestra que esa reivindicación de la autoría también alcanzó al trabajo científico.

Hurst imagina incluso una conversación imposible entre Sak Tahn Waax y Ptolomeo. Ambos vivieron separados por continentes y varios siglos, pero compartían la misma obsesión: comprender el movimiento de los cuerpos celestes mediante las matemáticas. Quizá nunca sepamos cómo era aquel astrónomo maya, ni dónde nació o cómo transcurrió su vida.

Pero sí sabemos que, hacia el año 781 de nuestra era, observó el cielo, encontró una forma elegante de relacionar los ciclos de Venus y Marte con los calendarios mayas y decidió hacer algo insólito para su tiempo: escribir su nombre junto a su descubrimiento. Doce siglos después, ese gesto ha permitido que la historia de la ciencia recupere una voz que permanecía olvidada bajo una pared de yeso en plena selva guatemalteca.▪️(14-julio-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Mayas y Ciencia

¿Quién fue Sak Tahn Waax?

Fue un astrónomo y matemático maya del siglo VIII identificado gracias a una inscripción hallada en Xultún (Guatemala). Es la primera persona conocida que firma un trabajo científico en la civilización maya.

¿Dónde se encontró la inscripción?

En una habitación de la antigua ciudad maya de Xultún, que probablemente funcionó como un taller de escribas y de elaboración de códices científicos.

¿Qué contiene la inscripción?

Una fórmula matemática que sincroniza distintos calendarios mayas con los ciclos astronómicos de Venus y Marte, seguida de la firma de su autor.

¿Por qué este hallazgo es histórico?

Porque constituye la primera evidencia conocida de un científico maya identificado por su nombre, algo comparable a conocer por primera vez la identidad de un astrónomo de otra gran civilización antigua.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Por primera vez se identifica por su nombre a un astrónomo y matemático maya.

  • La inscripción pertenece a Sak Tahn Waax ("Zorro de Pecho Blanco") y data de alrededor del año 781 d. C.

  • La firma acompaña una fórmula matemática que relaciona los calendarios mayas con los ciclos de Venus y Marte.

  • El hallazgo se produjo en Xultún (Guatemala), en una estancia que probablemente funcionó como taller de escribas y elaboración de códices.

  • El descubrimiento demuestra que algunos científicos mayas reivindicaban la autoría de sus trabajos, algo nunca documentado hasta ahora.

  • El estudio se publica en la revista científica Antiquity.

  • Fuente: Rossi F D., Stuart D., Hurst H. The identification and work of an eighth-century Maya mathematician. Antiquity (2026). DOI: 10.15184/aqy.2026.10378

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