Kanzi, el bonobo que imagina: un experimento científico revela que la capacidad de fingir y seguir objetos inexistentes no es solo humana

Un bonobo de 43 años ha puesto en jaque una de las fronteras clásicas entre humanos y animales: la imaginación. Un experimento pionero demuestra que Kanzi puede seguir el rastro de objetos que no existen, como si fueran reales.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Kanzi, bonobo de 43 años del centro Ape Initiative, conocido por su capacidad para fingir y responder a indicaciones verbales señalando con el dedo.

Kanzi, bonobo de 43 años del centro Ape Initiative, conocido por su capacidad para fingir y responder a indicaciones verbales señalando con el dedo. Cortesía: Ape Initiative

La ciencia ha considerado durante mucho tiempo que la capacidad de imaginar lo inexistente —seguir el rastro de una taza con té imaginario o de un objeto que solo existe en la mente— era un rasgo exclusivamente humano.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Science por los investigadores Amalia Pinkusfeld Medeiros Bastos y Christopher Krupenye, del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales, en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos), pone en cuestión esa frontera.

Su protagonista es Kanzi, un bonobo de 43 años entrenado en el uso de símbolos y lenguaje humano, que ha demostrado experimentalmente algo sorprendente: el simio puede seguir la pista de objetos ficticios, como si realmente existieran.

El hallazgo no es solo una curiosidad sobre un primate excepcional. Según Madeiros y Krupenye, podría indicar que la capacidad de representar mentalmente escenarios imaginarios surgió mucho antes de la aparición del ser humano moderno, quizá en un ancestro común con otros grandes simios, hace entre seis y nueve millones de años.

🗣️ «Es muy llamativo y emocionante que los datos parezcan sugerir que los simios, en sus mentes, pueden concebir cosas que no están ahí —dice Madeiros en un comunicado de la Johns Hopkins. Y añade— Kanzi es capaz de generar una idea de este objeto ficticio y, al mismo tiempo, saber que no es real».

Qué son las representaciones secundarias y por qué son clave

Los seres humanos somos especialistas en pensar más allá del presente. Podemos planificar el futuro, imaginar situaciones hipotéticas, fingir o comprender las creencias de otras personas. Todas estas habilidades comparten una base cognitiva: la capacidad de generar representaciones secundarias. Es decir, mantener en la mente una versión imaginaria del mundo separada de la realidad.

Un ejemplo cotidiano lo ilustra bien: alguien simula servir té en dos tazas vacías y después derrama el contenido de una de ellas. Aunque sabemos que ambas están vacías, somos capaces de responder correctamente si nos preguntan cuál contiene aún el té imaginario. Para hacerlo, nuestro cerebro mantiene dos representaciones simultáneas: la real (no hay té) y la ficticia (una taza tiene té).

Esta habilidad aparece muy pronto en la infancia. Los niños de dos años ya pueden seguir el rastro de líquidos imaginarios en juegos simbólicos. Incluso bebés de quince meses muestran sorpresa si alguien bebe de la taza equivocada tras simular un vertido.

Faltaban experimentos científicos controlados

Sin embargo, durante mucho tiempo se pensó que los animales carecían de esa capacidad para imaginar estados alternativos a la realidad. Aunque algunos estudios sugerían que los primates podían comprender las creencias o intenciones de otros, los escépticos argumentaban que bastaba con que siguieran pistas de comportamiento, como la dirección de la mirada, sin necesidad de imaginar estados mentales.

El juego simbólico —el fingimiento compartido— ofrecía una vía prometedora para resolver el debate. Si un animal puede seguir un objeto imaginario en una situación de ficción compartida, significa que puede generar una representación mental separada de la realidad.

Hasta hoy, las pruebas eran anecdóticas: chimpancés que parecían arrastrar bloques invisibles o hembras que trataban palos como si fueran crías. Pero faltaban experimentos científicos controlados.

Kanzi, un bonobo singular

Para poner a prueba esa capacidad, el quipo de Madeiros y Krupenye diseñó una serie de experimentos científicos con Kanzi, uno de los bonobos más famosos del mundo. Criado en contacto estrecho con humanos, Kanzi aprendió a comunicarse mediante un tablero de lexigramas —símbolos gráficos que representan palabras— y comprende más de trescientos. El bonobo, que falleció en marzo de 2025, participó, junto con su madre adoptiva Matata, en numerosos experimentos en el Centro Nacional de Investigación de Primates Emory, en Atlanta, orientados a comprender las capacidades cognitivas de los primates.

Esta habilidad lingüística permitió a los investigadores plantearle situaciones de fingimiento compartido con instrucciones verbales, algo difícil de hacer con otros animales.

El objetivo no era otro que comprobar si podía seguir el rastro de objetos inexistentes sin recibir recompensas directas por hacerlo.

🗣️ «La imaginación se ha considerado durante mucho tiempo un elemento fundamental de lo que nos hace humanos, pero la idea de que quizá no sea exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora —afirma Krupenye. Y añade— : Jane Goodall descubrió que los chimpancés fabrican herramientas, lo que llevó a un cambio en la definición de lo que significa ser humano. Y esto también nos invita a reconsiderar qué nos hace especiales y qué vida mental hay entre otras criaturas».

Experimento 1: seguir el rastro de un zumo imaginario

En el primer experimento, Kanzi se enfrentó a dos botellas transparentes: una con zumo real y otra vacía. Debía señalar la que contenía el líquido para obtener una recompensa. Lo hizo correctamente en el 100% de las ocasiones, demostrando que entendía la tarea básica.

Después llegó la prueba clave. Los experimentadores colocaron dos tazas vacías sobre la mesa y fingieron verter zumo de una jarra también vacía en cada una. A continuación, simularon devolver el contenido de una de las tazas a la jarra y preguntaron: “¿Dónde está el zumo?”.

Si Kanzi solo se guiaba por la realidad —ambas tazas estaban vacías— debería elegir al azar. Si se dejaba influir por el objeto manipulado más recientemente, escogería la taza vaciada. Pero si podía representar mentalmente el zumo imaginario, señalaría la taza que no había sido vaciada.

Eso fue exactamente lo que hizo.

Secuencia del experimento 1: los investigadores simulan verter y retirar zumo inexistente entre dos tazas vacías antes de preguntar a Kanzi dónde está; el bonobo debía señalar el recipiente que contenía el líquido imaginario.

Secuencia del experimento 1: los investigadores simulan verter y retirar zumo inexistente entre dos tazas vacías antes de preguntar a Kanzi dónde está; el bonobo debía señalar el recipiente que contenía el líquido imaginario. Cortesía: Amalia P. M. Bastos & Christopher Krupenye

Experimento 2: distinguir entre lo real y lo imaginario

En 34 de 50 ensayos sin recompensa, Kanzi eligió correctamente la taza que contenía el zumo imaginario, un resultado significativamente superior al azar.

Además, acertó desde el primer intento y no mostró señales de aprendizaje progresivo, lo que sugiere que no estaba adquiriendo una estrategia por ensayo y error, sino aplicando una capacidad cognitiva ya existente.

Para descartar interpretaciones alternativas, los investigadores realizaron nuevos experimentos. En uno de ellos, Kanzi debía elegir entre una taza con zumo real y otra en la que se había simulado verter líquido inexistente.

Si confundía el fingimiento con la realidad, debería elegir al azar. Sin embargo, seleccionó mayoritariamente la taza con zumo real, demostrando que distinguía entre lo real y lo ficticio.

Prueba de control del experimento: los investigadores colocan ante Kanzi una taza con zumo real y otra con un vertido ficticio para comprobar si el bonobo distingue entre líquidos imaginarios y reales al elegir cuál quiere.

Prueba de control del experimento: los investigadores colocan ante Kanzi una taza con zumo real y otra con un vertido ficticio para comprobar si el bonobo distingue entre líquidos imaginarios y reales al elegir cuál quiere. Cortesía: Amalia P. M. Bastos & Christopher Krupenye

Experimento 3: replicación con uvas imaginarias

Un tercer experimento replicó el procedimiento con uvas en lugar de zumo. De nuevo, Kanzi fue capaz de seguir el rastro de una uva imaginaria entre dos recipientes, señalando correctamente dónde estaba después de una serie de acciones ficticias.

Los científicos controlaron cuidadosamente posibles explicaciones alternativas: que el bonobo se guiara por la manipulación más reciente de un objeto, por imitación de movimientos o por hábitos aprendidos previamente.

Ninguna de estas hipótesis encajaba con los resultados.

¿Un legado evolutivo compartido?

La conclusión del estudio es que al menos un bonobo es capaz de generar representaciones mentales de objetos ficticios y seguir su desplazamiento en un contexto de juego simbólico. En otras palabras, puede mantener en su mente un mundo imaginario separado de la realidad y operar dentro de él.

Esta capacidad no es trivial. Las representaciones secundarias se consideran la base de funciones cognitivas complejas como la imaginación de futuros posibles, la atribución de creencias a otros o el razonamiento sobre hipótesis alternativas. Si un bonobo puede utilizarlas, es probable que estas habilidades tengan raíces evolutivas profundas.

Los autores sugieren que la capacidad de imaginar y generar representaciones secundarias podría haber estado presente en el ancestro común de humanos y otros simios, hace entre seis y nueve millones de años.

Kanzi, en el centro de investigación y conservación Ape Initiative de Des Moines (Estados Unidos), donde participa en estudios sobre lenguaje, cognición e imaginación en primates.

Kanzi, en el centro de investigación y conservación Ape Initiative de Des Moines (Estados Unidos), donde participa en estudios sobre lenguaje, cognición e imaginación en primates. Cortesía: Ape Initiative

Por qué este estudio es importante para entender la mente animal

Sin embargo, el estudio plantea nuevas preguntas. Kanzi es un animal extraordinariamente influenciado por nuestra cultura: ha crecido en un entorno humano y ha recibido entrenamiento lingüístico durante décadas. ¿Significa eso que otros bonobos o chimpancés también poseen esta capacidad de forma natural? ¿O la adquirió gracias a su experiencia con el lenguaje humano?

Los investigadores contemplan varias posibilidades:

✅ Que todos los grandes simios, esto es, gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, posean esta capacidad, pero resulte más fácil detectarla en individuos entrenados que pueden interactuar verbalmente con los experimentadores. ✅ Que el entrenamiento simbólico potencie habilidades ya existentes.

✅ Que la exposición al lenguaje humano transforme la mente de los simios y amplíe su capacidad de representación.

Responder a estas preguntas requerirá estudios con animales menos enculturados y nuevos métodos experimentales que no dependan del lenguaje. Por ejemplo, observar si los simios muestran sorpresa cuando un humano bebe de la taza equivocada tras un vertido imaginario, de forma similar a los bebés humanos.

🗣️ «La imaginación es una de esas cosas que nos proporciona una rica vida mental a los seres humanos. Y si algunas de las raíces de la imaginación son compartidas con los simios, eso debería hacer que la gente se cuestionara su suposición de que otros animales solo llevan estilos de vida robóticos limitados al presente —comenta Krupenye. Y concluye—: «Estos hallazgos deberían impulsarnos a cuidar de estas criaturas con mentes ricas y hermosas, y garantizar su supervivencia».

Qué significa este descubrimiento para la evolución de la mente

Más allá de los detalles técnicos, el trabajo con Kanzi se suma a un creciente conjunto de investigaciones que difuminan la frontera cognitiva entre humanos y animales. Durante siglos, la imaginación, la ficción y el pensamiento hipotético se consideraron rasgos definitorios de nuestra especie. Cada nuevo hallazgo obliga a revisar esa narrativa.

Que un bonobo pueda seguir el rastro de un zumo inexistente no significa que imagine novelas o diseñe mundos ficticios como los humanos. Pero sí sugiere que la base cognitiva que hace posible nuestra vida mental más rica —la capacidad de imaginar y fingir— podría no ser exclusivamente humana.

«Necesitaremos diseños que se alejen de la facilidad de preguntar dónde está el zumo. Será cuestión de tiempo y de creatividad por parte de los científicos que podamos tener una respuesta», indica a SMC España.

En el fondo, la pregunta no es solo qué puede hacer Kanzi. Es qué dice de nosotros. Si la imaginación tiene raíces más antiguas de lo que creíamos, quizá nuestra mente no surgió de la nada, sino que es una variación sofisticada de un legado evolutivo compartido con otros primates.

Un legado que, a veces, se revela en gestos tan sencillos como señalar una taza vacía y decir: ahí está el zumo. ▪️(6-febrero-2026)

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