La caza de ballenas empezó hace 5.000 años en Sudamérica, un milenio antes de lo que se creía

Durante décadas se creyó que la caza de grandes ballenas surgió en los pueblos de lass aguas heladas del norte. Ahora, un estudio científico afirma que pueblos indígenas del sur de Brasil ya se enfrentaban a los gigantes del océano hace 5.000 años, reescribiendo así la historia de la relación entre humanos y cetáceos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un estudio publicado en Nature Communications demuestra que comunidades indígenas del sur de Brasil desarrollaron tecnologías especializadas para cazar grandes cetáceos miles de años antes que las sociedades árticas.

Un estudio publicado en Nature Communications demuestra que comunidades indígenas del sur de Brasil desarrollaron tecnologías especializadas para cazar grandes cetáceos miles de años antes que las sociedades árticas. Cortesía: Patricia del Amo Martín. ICTA-UAB

La historia de la caza de ballenas ha tenido un epicentro claro en el imaginario científico: las costas frías del Ártico y del norte del Pacífico, hace unos 3.500 o 2.500 años.

Allí se situaba el origen de la persecución sistemática de los mayores animales que han habitado el planeta. Sin embargo, una investigación publicada en Nature Communications acaba de desplazar ese foco miles de kilómetros hacia el sur y más de un milenio hacia atrás en el tiempo. En las costas del actual sur de Brasil, comunidades indígenas ya cazaban grandes ballenas hace unos 5.000 años, mucho antes de lo que se creía.

«El dato clave es que los datos revelan que estas comunidades tenían los conocimientos, las herramientas y las estrategias especializadas necesarias para cazar grandes ballenas miles de años antes de lo que habíamos supuesto hasta ahora», sostiene Krista McGrath, autora principal del estudio y arqueóloga biomolecular del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB), en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Los sambaquis, grandes archivos arqueológicos de la costa brasileña

El hallazgo no se apoya en una sola pieza espectacular, sino en un conjunto de pruebas arqueológicas, biomoleculares y contextuales que, al encajar, dibujan un panorama inesperado. El estudio se centra en los sambaquis, enormes montículos de conchas que jalonan la costa atlántica sudamericana.

Estas estructuras, levantadas durante milenios por poblaciones costeras, no solo fueron vertederos o asentamientos, sino también espacios rituales y funerarios. En ellos, los investigadores han identificado restos de ballenas, delfines y, lo más llamativo, instrumentos especializados fabricados con hueso de cetáceo que encajan con tecnologías de caza activa.

Entre esos instrumentos destacan unos largos objetos de hueso, cuidadosamente trabajados y estandarizados, que durante décadas habían sido catalogados de forma ambigua como bastones o varillas sin una función clara. El nuevo análisis demuestra que se trata de astiles o mangos y piezas intermedias de arpones, algunos de los mayores documentados en Sudamérica.

Astiles de arpón hallados en un enterramiento humano en el yacimiento de Morro do Ouro.

Astiles de arpón hallados en un enterramiento humano en el yacimiento de Morro do Ouro. Cortesía: ERC-TRADITION

Arpones de hueso y tecnología para cazar grandes cetáceos

Fabricados a partir de costillas de ballenas, estos artefactos muestran muescas, biseles y ranuras pensadas para sujetar puntas, barbas y cuerdas. Dos de ellos han sido datados directamente por radiocarbono entre los años 5000 y el 4800 antes del presente, una cronología que los sitúa en pleno Holoceno medio.

La identificación de las especies de ballenas víctimas de los ataques refuerza la hipótesis de una caza deliberada. Mediante una técnica biomolecular conocida como ZooMS —una suerte de huella dactilar del colágeno óseo—, los autores han podido determinar que la mayoría de los restos y herramientas proceden de ballena franca austral (Eubalaena australis), seguida por ballenas jorobadas o yubartas (Megaptera novaeangliae) y varias especies de delfines.

No se trata de animales raros o difíciles de capturar: la ballena franca, en particular, tiene un comportamiento costero, nada despacio, flota tras morir y, aún hoy, se acerca a bahías protegidas del sur de Brasil para reproducirse entre junio y noviembre. Todo ello la convierte en una presa relativamente accesible para cazadores con embarcaciones sencillas y arpones lanzados a mano.

Caza activa y organización social indígena

Hasta ahora, muchos arqueólogos habían interpretado la abundancia de huesos de ballena en los sambaquis como resultado del aprovechamiento oportunista de ejemplares varados en la playa. Esa explicación empieza a quedarse corta.

En efecto, los investigadores han documentado marcas de corte profundas en casi un tercio de los huesos analizados, compatibles con el descuartizamiento sistemático para extraer carne y grasa. Además, la presencia de instrumentos de caza especializados y su asociación directa con restos humanos —algunos arpones aparecieron como ajuar funerario— apunta a un conocimiento técnico y social mucho más complejo.

🗣️«La caza de ballenas no es solo una cuestión de tecnología —subraya André Colonese, autor sénior del trabajo. Y añade—: Esta investigación abre una nueva perspectiva sobre la organización social de los pueblos sambaqui. Representa un cambio de paradigma: ahora podemos ver a estos grupos no solo como recolectores de moluscos y pescadores, sino también como cazadores de ballenas».

El estudio también tiene implicaciones que van más allá de la arqueología. Al identificar con precisión qué especies marinas habitaban las costas del sur de Brasil hace miles de años, los datos ofrecen una ventana al pasado ecológico previo a la caza industrial. La presencia abundante de ballenas jorobadas indica que su distribución histórica pudo extenderse mucho más al sur de lo que se pensaba.

Krista McGrath, autora principal del estudio, analiza uno de los arpones.

Krista McGrath, autora principal del estudio, analiza uno de los arpones. Cortesía: ERC-TRADITION

Qué aporta este hallazgo para la conservación de las ballenas

Hoy, el principal enclave reproductivo de esta especie en Brasil se sitúa en Abrolhos, frente a Bahía, aunque en las últimas décadas se han observado cada vez más jorobadas en aguas del sureste y sur del país.

🗣️ «La reciente intensificación de los avistamientos de ballenas en el sur de Brasil podría reflejar, por tanto, un proceso histórico de recolonización, con implicaciones para la conservación —señala Marta Cremer, coautora del artículo. Y continúa—: “Reconstruir la distribución de las ballenas antes del impacto de la caza industrial es esencial para comprender la dinámica de su recuperación».

Esa perspectiva histórica resulta especialmente relevante en un contexto de creciente conflicto entre grandes cetáceos y actividades humanas, como la pesca con redes o el tráfico marítimo. Conocer dónde estuvieron las ballenas antes del colapso provocado por la caza comercial puede ayudar a diseñar estrategias de conservación más ajustadas a su ecología natural.

Una historia indígena preservada en museos

El trabajo tiene también una dimensión casi detectivesca. Muchas de las piezas analizadas proceden de colecciones arqueológicas reunidas a mediados del siglo XX, cuando numerosos sambaquis fueron destruidos para extraer cal o construir infraestructuras. Sin los cuadernos y la perseverancia de coleccionistas y museos locales, buena parte de esta historia se habría perdido para siempre.

🗣️ «Las colecciones custodiadas en el Museo Arqueológico de Sambaqui de Joinville, en especial la Colección Guilherme Tibúrtius, ponen de relieve la riqueza y el enorme potencial de información sobre los pueblos ancestrales que aún puede explorarse en profundidad», destaca Ana Paula, directora del museo.

En conjunto, la investigación obliga a replantear una narrativa demasiado centrada en el hemisferio norte. La caza activa de ballenas no fue una innovación exclusiva de las culturas árticas ni una respuesta tardía a climas extremos. En las aguas templadas del Atlántico sur, pueblos indígenas desarrollaron, hace cinco milenios, tecnologías marítimas y saberes ancestrales capaces de enfrentarse a los gigantes del océano.

«Los resultados revelan una práctica que contribuyó de forma significativa a la presencia prolongada y densa de estas sociedades a lo largo de la costa brasileña», resume la arqueóloga brasileña Dione Bandeira, con más de dos décadas de experiencia en el estudio de los sambaquis.

Ese legado, borrado en gran medida antes de la llegada de los europeos, vuelve ahora a emerger desde los huesos y las conchas, recordando que la relación entre humanos y ballenas es tan antigua como diversa.▪️

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