La civilización que aprendió a convivir con el agua: el prodigio hidráulico de los zenúes sin reyes ni caciques

Un estudio arqueológico en La Mojana, en el Caribe colombiano, muestra cómo las comunidades prehispánicas pudieron construir una gigantesca red de canales y campos elevados mediante trabajo colectivo, sin necesidad de un poder centralizado. Una ingeniería sostenible que controlaba inundaciones y sequías y que podría ofrecer soluciones frente a la actual crisis climática de la región.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Reconstrucción artística de los campos elevados y canales de La Mojana durante la época prehispánica.

Reconstrucción artística de los campos elevados y canales de La Mojana durante la época prehispánica. La red hidráulica atribuida a las poblaciones zenú llegó a extenderse por más de 500.000 hectáreas y permitía redistribuir el agua entre ciénagas, zonas habitadas y terrenos de cultivo, aprovechando las inundaciones estacionales en lugar de intentar contenerlas. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Una gigantesca obra hidráulica prehispánica en Colombia

Desde el aire, el paisaje de La Mojana parece conservar las cicatrices de una gigantesca máquina hidráulica. Miles de líneas recorren las llanuras inundables del Caribe colombiano, se cruzan, se separan y vuelven a encontrarse entre antiguos cauces, ciénagas y zonas de habitación.

No estanis ante formaciones naturales. Son los restos de canales y campos elevados —los llamadoscamellones— construidos por poblaciones prehispánicas durante más de un milenio para hacer algo que sigue resultando extraordinariamente difícil en esta región: vivir entre demasiada agua y demasiado poca agua.

El sistema llegó a extenderse a lo largo de más de 500.000 hectáreas, una superficie de unos 5.000 kilómetros cuadrados. Fue utilizado desde los últimos siglos antes de nuestra era hasta aproximadamente los siglos X y X, y permitió cultivar durante las inundaciones, redistribuir agua y sedimentos fértiles y acercar peces desde las ciénagas permanentes hasta las zonas habitadas. Su funcionamiento coincidió además con algunas de las densidades de población más elevadas conocidas en la Colombia prehispánica.

Una obra monumental que quizá no necesitó de reyes ni caciques

Durante décadas, semejante escala pareció conducir a una conclusión casi inevitable: alguien tuvo que mandar. Una obra de ingeniería de esas dimensiones debía de necesitar gobernantes poderosos, una administración centralizada y una fuerza de trabajo organizada desde arriba. En otras palabras, detrás de los canales tenía que haber caciques capaces de movilizar a miles de personas.

Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y publicado en la revista Communications Sustainability, propone darle la vuelta a esa interpretación. La monumentalidad del paisaje, sostienen sus autores, no demuestra la existencia de un poder monumental. Los propios habitantes de La Mojana, los zenúes, pudieron construir y mantener aquella infraestructura mediante cooperación comunitaria, sin necesidad de una autoridad central que dirigiera los trabajos. Ni reyes ni caciques.

🗣️ «Estos sistemas de campos son tan impresionantes que se ha supuesto que fueron realizados por cacicazgos jerárquicos. Nuestros datos cuentan una historia muy diferente —explica Jasmine Vieri, investigadora del McDonald Institute for Archaeological Research de Cambridge y autora principal del trabajo, según el comunicado difundido por la universidad. Y añade—: Nuestros resultados indican que las comunidades locales eran capaces de construir estos sistemas en periodos muy cortos y de organizarse por sí mismas en lugar de depender de una poderosa fuerza externa».

Imágenes de satélite de estructuras de La Mojana que los investigadores interpretan como posibles depósitos de agua destinados a capturar o mantener peces procedentes de las ciénagas.

Imágenes de satélite de estructuras de La Mojana que los investigadores interpretan como posibles depósitos de agua destinados a capturar o mantener peces procedentes de las ciénagas. Cortesía: imágenes de satélite © Google / Vieri et al., Communications Sustainability (2026).

¿Quiénes eran los zenúes?

Pero antes de seguir los canales y averiguar cómo pudieron construirlos, conviene detenerse un momento en quienes los excavaron. ¿Quiénes eran los zenú?

Los zenúes —también llamados sinúes o cenúes— fueron pueblos indígenas que habitaron las llanuras del Caribe colombiano, especialmente los territorios articulados por los ríos Sinú, San Jorge, Cauca y Magdalena. Desarrollaron sociedades agrícolas extraordinariamente adaptadas a un territorio marcado por las crecidas y las ciénagas, y dejaron también una notable tradición de orfebrería y cerámica.

Su historia, sin embargo, no puede reducirse a la imagen de una única sociedad gobernada durante siglos por grandes caciques.

Precisamente, el nuevo estudio cuestiona que la espectacular ingeniería hidráulica de La Mojana necesite explicarse mediante un poder político centralizado: buena parte de aquella transformación del paisaje pudo surgir de la organización y cooperación entre comunidades locales.

1.601 camellones para reconstruir cómo trabajaban

La conclusión no procede solo de reinterpretar el registro arqueológico. Vieri y sus colegas intentaron poner números al esfuerzo que exigía transformar aquel paisaje.

Los investigadores se concentraron en unas 500 hectáreas del municipio de San Marcos, en el departamento de Sucre, donde realizaron la cartografía poligonal más detallada hasta ahora de este tipo de campos elevados prehispánicos en América. A partir de imágenes de satélite identificaron y vectorizaron 1.601 camellones y 63 plataformas elevadas, asociadas principalmente a áreas de habitación.

Después clasificaron los canales y elevaciones según sus dimensiones y orientación, y calcularon el volumen de tierra que habría sido necesario mover para construirlos.

El resultado cambia la escala humana del problema.

¿Cuántas personas hicieron falta?

Los investigadores estiman que aquellas 63 plataformas pudieron albergar alrededor de 1.600 habitantes. Para no exagerar la capacidad laboral de la comunidad, supusieron que solo la mitad —unas 800 personas— participaría en las obras. Es una estimación deliberadamente conservadora, señalan, porque los estudios etnográficos muestran que en muchas comunidades agrícolas indígenas americanas participan en las labores de subsistencia hogares completos, incluidos numerosos niños.

Aun así, las cuentas sorprenden. Toda la infraestructura estudiada habría requerido desplazar aproximadamente 352.755 metros cúbicos de tierra. Una sola familia habría necesitado décadas para ejecutar el conjunto. Pero 800 personas trabajando colectivamente podrían haberlo construido en entre 22 y 44 días de trabajo, es decir, aproximadamente entre 0,7 y 1,5 meses.

🗣️ «Estamos seguros de que uno de estos sistemas de canales y camellones podía construirse en menos de dos meses, alrededor de la mitad de una estación seca — afirma Vieri en la información facilitada por Cambridge—. Es una inversión de trabajo mucho menor de lo que se había supuesto y perfectamente manejable mediante cooperación».

Reconstrucción artística del trabajo comunitario en los camellones de La Mojana.

Reconstrucción artística del trabajo comunitario en los camellones de La Mojana. El nuevo estudio calcula que, en el área de 500 hectáreas analizada, una población de unas 800 personas trabajando colectivamente habría podido construir 1.601 camellones en solo 22 a 44 jornadas. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Una ingeniería diseñada para trabajar con la naturaleza

Y aquello no significaba simplemente cavar zanjas.

La Mojana forma parte de una extensa llanura en torno a la confluencia de los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge. Allí el agua cambia radicalmente el territorio según la estación. Los constructores prehispánicos no intentaron expulsarla del paisaje, sino administrar sus movimientos. Los campos se levantaban por encima del nivel de inundación y los canales redistribuían el agua, los sedimentos y los nutrientes.

Durante las lluvias podían almacenar enormes cantidades de agua y liberarlas gradualmente en los meses secos. Al mismo tiempo, la tierra extraída de los canales elevaba y mejoraba las superficies cultivables, lo que favorecía la aireación del suelo y la incorporación de materia orgánica.

Algunas estructuras pudieron tener incluso otra función: capturar o mantener peces procedentes de las grandes ciénagas, lo que convertía el sistema hidráulico en una infraestructura simultáneamente agrícola, pesquera y residencial.

La clave estaba, por tanto, en no combatir la inundación. Los zenú modificaron el paisaje para trabajar con ella.

🗣️ «Las sociedades prehispánicas eran inventivas y cooperativas; trabajaban con la naturaleza», resume Marcos Martinón-Torres, investigador de Cambridge, director del proyecto REVERSEACTION y autor sénior del estudio.

Para el arqueólogo, atribuir automáticamente una obra de gran escala a un poder centralizado puede acabar ocultando precisamente la capacidad tecnológica y política de las poblaciones indígenas que la construyeron.

Distintas obras, diferentes grados de cooperación

El análisis espacial aporta otro indicio interesante. Los grandes canales parecen conectados con determinadas plataformas de habitación, especialmente en el sector suroccidental del área estudiada. Esas plataformas pudieron funcionar como nodos de una red hidráulica y quizá también como centros de actividades sociales, económicas o rituales.

Los investigadores son prudentes antes estos datos: esta hipótesis todavía deberá contrastarse sobre el terreno. Pero el patrón encaja con una organización distribuida alrededor de comunidades locales, más que con un único centro desde el que se gobernara todo el sistema.

Además, no todas las obras exigían el mismo grado de cooperación. Los canales largos y esenciales para redistribuir el agua probablemente requerían que varias unidades domésticas trabajaran juntas. Muchos camellones pequeños, en cambio, podían construirse en pocos días por una sola familia. Una vez creada la red principal, ampliarla, repararla o adaptarla a las circunstancias habría resultado relativamente sencillo.

Los autores calculan que renovar por completo el sistema una vez por generación habría supuesto apenas unos días de trabajo comunitario al año.

Vista aérea de los antiguos canales y camellones de La Mojana, cuyas trazas siguen siendo visibles más de mil años después de su abandono.

Vista aérea de los antiguos canales y camellones de La Mojana, cuyas trazas siguen siendo visibles más de mil años después de su abandono. Esta extensa red transformó una llanura sometida a inundaciones estacionales en un paisaje productivo, permitiendo regular la circulación del agua y cultivar en terrenos elevados. Cortesía: Nicolás Jiménez / Archivo ICANH.

¿Eran realmente los zenú una sociedad jerárquica?

Es una forma de ingeniería modular: unas partes requieren cooperación; otras pueden gestionarse desde el hogar. No hace falta imaginar un ejército de trabajadores obedeciendo órdenes durante años.

La cuestión resulta especialmente sugerente porque aquellas poblaciones fueron contemporáneas de sociedades mucho más jerarquizadas de Mesoamérica y los Andes. La presencia en la región de enterramientos ricos, cerámicas elaboradas y una espectacular tradición orfebre había contribuido a reforzar la imagen de cacicazgos en proceso de centralización.

Pero los autores recuerdan que riqueza funeraria y poder político centralizado no son necesariamente equivalentes. Hasta ahora, sostienen, no existe evidencia que demuestre que la construcción de los campos elevados requeriese de coerción o de una estructura estatal.

La antigua solución zenú frente a las inundaciones actuales

La investigación, sin embargo, no se limita a discutir cómo se organizaban unas comunidades desaparecidas hace mil años. Su parte más provocadora mira al presente.

La Mojana continúa viviendo entre inundaciones y sequías, agravadas ahora por el cambio climático, la transformación agrícola y décadas de alteración del ecosistema. Entre 2021 y 2023 las inundaciones afectaron a más de 500.000 personas, mientras que en otros periodos la región ha sufrido sequías severas.

La estrategia moderna ha sido, en gran medida, inversa a la prehispánica: levantar diques para impedir que el agua ocupe la llanura y adaptar el territorio a la ganadería y a sistemas agrícolas concebidos para terrenos no inundables. El problema es que el agua termina encontrando una salida. El dique de Cara de Gato, por ejemplo, se ha roto repetidamente desde 2021, con graves consecuencias para las poblaciones y los ecosistemas de la zona.

Olla de cerámica con base anular decorada con figuras humanas sentadas, una muestra de la sofisticada tradición artística de las poblaciones sinú o zenú del Caribe colombiano

Olla de cerámica con base anular decorada con figuras humanas sentadas, una muestra de la sofisticada tradición artística de las poblaciones sinú o zenú del Caribe colombiano. Cortesía:  Museo Walters

Una tecnología ancestral que ya está regresando

Frente a esa lógica de contención, la arqueología ofrece una alternativa inesperadamente contemporánea: dejar circular el agua, almacenarla cuando sobra y disponer de ella cuando falta.

No se trata solo de una posibilidad teórica. Desde 2012, una iniciativa comunitaria vinculada a la asociación APROPAPUR ha recuperado técnicas ancestrales zenú en unas seis hectáreas. Con alrededor de treinta personas implicadas, el proyecto beneficia directamente a entre ochenta y cien habitantes de unas treinta familias.

Según recoge el estudio, esas comunidades disponen de tierra durante las inundaciones y de agua durante las sequías cuando algunos de sus vecinos carecen de ambas.

Fernando Montejo Gaitán, investigador del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) y coautor del trabajo, sostiene que los responsables políticos colombianos ya se han interesado por estas tecnologías, pero hasta ahora faltaban datos que demostraran su viabilidad a mayor escala. El nuevo estudio, señala en la nota de Cambridge, sugiere precisamente que estas soluciones pueden organizarse de forma local y colectiva: las comunidades podrían necesitar recursos públicos, pero no necesariamente una intervención estatal que dirija el sistema.

Lo que todavía no sabemos

Los autores reconocen las incertidumbres en su trabajo. No todas las plataformas identificadas tuvieron que ser viviendas; algunas pudieron tener usos ceremoniales, colectivos o de almacenamiento. Tampoco existe todavía una cronología suficientemente precisa para saber qué campos funcionaron simultáneamente. Y las funciones hidráulicas propuestas a partir de la forma y orientación de los canales deberán comprobarse mediante futuros modelos hidrológicos. Incluso en escenarios más restrictivos, sin embargo, sus cálculos sitúan el esfuerzo de construcción en una o, como máximo, dos estaciones secas.

Más de mil años después de que sus constructores dejaran de utilizarla, la gigantesca red continúa dibujada sobre el Caribe colombiano. Quizá su legado más importante no sean sus canales, sino la idea que los hizo posibles. Frente a una naturaleza extrema, aquellas comunidades no levantaron una frontera entre la tierra y el agua. Construyeron un paisaje capaz de cambiar con ambas.

Y para hacerlo, según esta nueva investigación, tampoco necesitaron un rey que les dijera cómo.▪️(11-agosto-2026)

LAS CLAVES DEL DESCUBRIMIENTO

  • Dónde: La Mojana, Caribe colombiano.
  • Quiénes: poblaciones prehispánicas tradicionalmente asociadas a la cultura zenú.
  • Qué construyeron: una gigantesca red de canales, camellones y plataformas elevadas.
  • Extensión regional: más de 500.000 hectáreas.
  • Periodo de utilización: desde los últimos siglos a. C. hasta aproximadamente los siglos X-XI.
  • Área analizada en detalle: unas 500 hectáreas.
  • Estructuras cartografiadas: 1.601 camellones y 63 plataformas.
  • Tierra que habría sido necesario mover: alrededor de 352.755 m³ en el área analizada.
  • Conclusión principal: el sistema pudo construirse mediante cooperación comunitaria sin necesidad demostrada de un poder político centralizado.
  • Importancia actual: esta ingeniería ancestral podría inspirar estrategias sostenibles contra las inundaciones y sequías de La Mojana.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Sistema hidráulico y zenúes

🏞️ ¿Qué es el sistema hidráulico zenú?

Es el nombre utilizado para una extensa red prehispánica de canales, campos elevados o camellones y plataformas construida en las llanuras inundables del Caribe colombiano. Permitía gestionar el agua, cultivar en terrenos inundables y aprovechar recursos como los peces y los sedimentos fértiles.

🏞️ ¿Cuánto ocupaba el sistema hidráulico de La Mojana?

Los restos de estos sistemas se extienden por más de 500.000 hectáreas, aunque no todos los sectores tuvieron necesariamente que funcionar al mismo tiempo.

🏞️ ¿Necesitaron los zenú reyes o caciques para construir los canales?

El estudio no demuestra que los zenú carecieran de cualquier jerarquía política, sino algo más preciso: sus cálculos indican que la construcción y el mantenimiento de los sistemas hidráulicos estudiados no requerían necesariamente una autoridad centralizada o coercitiva. La cooperación entre comunidades locales era suficiente para explicar su construcción.

🏞️ ¿Cómo protegían los camellones frente a inundaciones y sequías?

Los campos elevados permitían cultivar por encima del agua durante las inundaciones, mientras los canales redistribuían y almacenaban agua. Parte de esa agua podía liberarse posteriormente durante los periodos secos, amortiguando ambos extremos.

🏞️ ¿Podría recuperarse hoy esta tecnología?

Los autores consideran que sí existe potencial para su recuperación. De hecho, comunidades de La Mojana ya han experimentado a pequeña escala con sistemas inspirados en estas prácticas ancestrales. El estudio propone que el Estado facilite recursos técnicos, legales y económicos mientras las iniciativas son gestionadas localmente.

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