La galaxia «Loki»: el posible fósil oculto dentro de la Vía Láctea
Un grupo de estrellas antiguas podría ser el rastro de una galaxia desaparecida que aún habita, silenciosa, en el corazón de la Vía Láctea. Los astrónomos investigan a Loki, un posible fósil cósmico, casi fantasmagórico, que reescribe la historia de cómo se formó nuestra galaxia.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Imagen del plano galáctico de la Vía Láctea donde se han identificado algunas de las estrellas más antiguas conocidas. Estos astros, formados poco después del big bang, podrían ser vestigios de antiguas galaxias absorbidas —como el posible sistema Loki— y ayudan a reconstruir el origen y evolución de nuestra galaxia. Crédito: Serge Brunier/NASA.
Un hallazgo que reescribe la historia galáctica
La mayoría de los astrónomos han asumido que la Vía Láctea, ese gigantesco remolino de entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas en el que vivimos, es el resultado de una larga cadena de fusiones de galaxias con galaxias más pequeñas. Pero reconstruir ese pasado no es moco de pavo: las pruebas están dispersas, diluidas en miles de millones de estrellas que han perdido la memoria de su origen.
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sugiere que una de esas piezas perdidas podría estar escondida mucho más cerca de lo que pensábamos: en el propio plano galáctico, justo donde se encuentra el Sol.
Noy hay que olvidar que el plano galáctico es la región donde se concentra la mayor parte de su materia: estrellas, gas y polvo que forman el disco característico de la galaxia. Es, en términos sencillos, la superficie sobre la que gira la Vía Láctea, como si fuera un enorme disco plano en el espacio. Nuestro sistema solar se encuentra dentro de este plano, y por eso, desde la Tierra, vemos la galaxia como una banda luminosa que cruza el cielo. La mayoría de las estrellas jóvenes, nebulosas y regiones de formación estelar están en esta región, mientras que las estrellas más antiguas suelen distribuirse fuera de ella en el llamado halo galáctico.
Qué es Loki y por qué importa
Dicho esto, el nuevo trabajo, que ha sido liderado por Francesco Sestito, astrónomo del Departamento de Física, Astronomía y Matemáticas, en la
Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), apunta a la existencia de un antiguo sistema estelar, bautizado provisionalmente como Loki, cuyos restos podrían seguir orbitando dentro de la galaxia como un fósil químico y dinámico.
No se trata de una galaxia visible como tal, sino de un rastro: un grupo de estrellas antiguas que comparten características sorprendentes y que, juntas, podrían delatar el recuerdo de un objeto desaparecido hace la friolera de 10.000 millones de años.
De la lectura del artículo científico, podemos deducir que Loki resulta relevante para la astronomía por estos tres motivos:
1️⃣ Podría ser un nuevo ejemplo de acreción galáctica (galaxias que se fusionan).
2️⃣ Sugiere que estrellas primitivas también habitan el plano galáctico, no solo el halo.
3️⃣ Aporta nuevas pistas sobre la formación temprana del universo.
La clave del descubrimiento: arqueología galáctica
Para entender la importancia de este hallazgo hay que recurrir a una disciplina científica en auge. Hablamos de la arqueología galáctica. Aunque no tiene unos padres fundadores únicos y claramente definidos, como ocurre en otras disciplinas, esta fue impulsada por la astrónoma y cosmóloga Beatrice Tinsley, quien en los años 70 desarrolló modelos pioneros de evolución química de galaxias, fundamentales para entender cómo las estrellas conservan información sobre el pasado. También fue muy relevante el trabajo de Donald Lynden-Bell, astrofísico que propuso ideas rompedoras para su época sobre la formación de galaxias y la acreción de sistemas menores, un concepto central en la arqueología galáctica.
Más adelante, el campo se consolidó gracias a investigadores como Ken Freeman y Joss Bland-Hawthorn, quienes impulsaron el concepto moderno de chemical tagging (etiquetado químico): la idea de que las estrellas que nacen juntas comparten una firma química que permite reconstruir su origen común.
En lugar de observar galaxias lejanas —y, por tanto, jóvenes—, los arqueólogos galácticos estudian estrellas primitivas dentro de nuestra propia galaxia para reconstruir su historia. Estas estrellas, pobres en elementos pesados, son reliquias del universo temprano que se fraguaron cuando aún no había habido tiempo suficiente para enriquecer el cosmos con metales.
En ese contexto, Sestito y sus colegas seleccionaron una muestra muy específica: una veintena de estrellas con muy baja metalicidad situadas relativamente cerca del Sol. No era una elección aleatoria. Todas ellas comparten una característica poco habitual: sus órbitas permanecen muy próximas al disco galáctico, en lugar de dispersarse por el halo galáctico, la región esférica que rodea a la Vía Láctea y donde suelen encontrarse este tipo de objetos primitivos.
Ese detalle ya era intrigante. Pero lo realmente inesperado surgió al analizar su composición química.
La evidencia: química y movimiento
Las estrellas son archivos químicos: su luz, descompuesta en espectros, revela qué elementos contienen. Y en este caso, las veinte estrellas analizadas mostraron una uniformidad sorprendente. A diferencia de las poblaciones estelares del halo, donde la diversidad química es amplia, este grupo presenta una dispersión muy reducida en sus abundancias químicas.
Esa homogeneidad sugiere algo fundamental: todas podrían haberse formado en un mismo entorno, un sistema cerrado donde el gas evolucionó químicamente de forma coherente, sin grandes perturbaciones externas. En otras palabras, no serían un conjunto casual de estrellas, sino los restos de una única entidad.
Además, sus patrones químicos recuerdan más a los de las galaxias enanas clásicas que a los de las poblaciones estelares típicas de la propia Vía Láctea. Esto refuerza la idea de que su origen no está en el disco galáctico, sino en un sistema independiente que fue absorbido en el pasado.
Hipótesis principal: una galaxia enana que fue absorbida
Los investigadores proponen un escenario plausible: hace más de 10.000 millones de años, una pequeña galaxia enana —o sistema estelar masivo— fue capturada por la proto-Vía Láctea durante sus primeras etapas de formación. Con el tiempo, las fuerzas gravitatorias desintegraron ese sistema, y dispersaron sus estrellas en distintas órbitas, algunas en el plano galáctico, otras en trayectorias más caóticas.
Si ese escenario es correcto, ese progenitor común sería Loki, un nombre inspirado en la mitología nórdica, donde el dios homónimo es una figura ambigua y cambiante. La elección no es casual: como el personaje mitológico, esta posible galaxia es escurridiza, difícil de definir y, por ahora, imposible de observar de manera directa.
Los modelos de evolución química utilizados en el estudio permiten incluso estimar su masa original: alrededor de 1.400 millones de masas solares en materia bariónica, una cifra comparable a la de galaxias enanas relativamente grandes.
La Vía Láctea, una coctelera de soles
El posible descubrimiento de Loki no solo añade un nuevo capítulo a la historia de la Vía Láctea, sino que también cuestiona algunas ideas establecidas. Tradicionalmente, se pensaba que las estrellas más primitivas, o sea, las más pobres en metales, se concentraban en el halo galáctico, lejos del disco donde vivimos. Sin embargo, este estudio muestra que una fracción significativa de estas estrellas puede encontrarse en el plano galáctico.
Eso implica que el proceso de formación de la Vía Láctea fue más complejo de lo que se creía. Las fusiones no solo depositaron estrellas en las regiones externas, sino también en zonas internas, mezclando así poblaciones de distintos orígenes en una estructura aparentemente homogénea.
Este tipo de hallazgos encaja con una visión cada vez más aceptada: la Vía Láctea es el resultado de múltiples episodios de acreción galáctica, en los que pequeñas galaxias fueron absorbidas y sus restos redistribuidos. Ejemplos como Gaia-Encélado —otra galaxia enana que colisionó con la nuestra hace miles de millones de años— ya habían demostrado este proceso. Loki podría ser otro de esos ladrillos fundamentales.
¿Un sistema o varios?
Aun así, los propios autores del estudio son prudentes. Aunque la hipótesis de un único sistema progenitor explica bien los datos, no es la única posible. También podría tratarse de la superposición de varias poblaciones estelares distintas que, por casualidad, presentan propiedades químicas similares.
De hecho, al ampliar el análisis a otras estrellas con órbitas parecidas, los investigadores encuentran una mayor diversidad, lo que sugiere que el plano galáctico podría albergar restos de múltiples sistemas antiguos.
En ese caso, Loki no sería una galaxia concreta, sino una etiqueta provisional para un subconjunto particularmente homogéneo dentro de una población más compleja.
Recreación artística de los restos de Gaia-Encélado, una galaxia enana que colisionó con la Vía Láctea hace unos 10.000 millones de años. Las flechas amarillas muestran las trayectorias de sus estrellas, identificadas gracias a la misión Gaia de la ESA, cuyo movimiento anómalo reveló este antiguo episodio de fusión galáctica. Cortesía: ESA (artist’s impression and composition); Koppelman, Villalobos and Helmi (simulation)
Un cambio de paradigma: estrellas primitivas en el disco
Más allá del debate sobre su naturaleza exacta, el estudio subraya un cambio de paradigma en la astronomía moderna. Durante mucho tiempo, la exploración del universo se centró en observar cada vez más lejos. Hoy, sin embargo, una parte crucial de la investigación se dirige hacia dentro, hacia el análisis detallado de nuestra propia galaxia.
Misiones como la de la ESA Gaia, capaces de medir con precisión las posiciones y movimientos de millones de estrellas, han abierto una nueva ventana a este tipo de estudios. Gracias a ellas, es posible combinar información química y dinámica para identificar estructuras ocultas, como si se tratara de reconstruir un crimen cósmico a partir de pistas dispersas.
En ese contexto, Loki representa algo más que un posible descubrimiento: es un ejemplo de cómo la galaxia que habitamos sigue guardando secretos fundamentales sobre su origen.
Un fósil cósmico en nuestro vecindario
Quizá lo más fascinante de esta historia es su cercanía. Las estrellas analizadas se encuentran a distancias relativamente pequeñas en términos astronómicos —apenas unos miles de años luz—, lo que significa que, en cierto sentido, convivimos con los restos de una galaxia que dejó de existir hace miles de millones de años.
No hay imágenes espectaculares ni estructuras visibles en el cielo que delaten su presencia. Loki, si existe, no es un objeto que pueda fotografiarse, sino una huella: un patrón en la química y el movimiento de unas pocas estrellas.
Pero en esa huella se esconde una historia enorme. La de cómo la Vía Láctea se construyó a partir de fragmentos, cómo devoró a sus vecinas y cómo, en ese proceso, dejó esparcidos por su interior los restos de mundos desaparecidos.
En última instancia, el estudio recuerda que nuestra galaxia no es un sistema estático, sino un archivo en constante movimiento. Y que, incluso hoy, seguimos aprendiendo a leerlo. ▪️(1-mayo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Loki y Vía Láctea
🌌 ¿Qué es la galaxia Loki?
Una posible galaxia enana antigua cuyos restos estelares siguen presentes en la Vía Láctea.
🌌 ¿Se puede ver Loki?
No. Es una estructura invisible, identificada por la química y movimiento de sus estrellas.
🌌 ¿Dónde está Loki?
Dentro del disco galáctico, cerca de la región donde se encuentra el Sol.
🌌 ¿Por qué es importante?
Porque ayuda a entender cómo se formó la Vía Láctea y revela que aún hay estructuras ocultas en ella.
🌌 ¿Está confirmado el descubrimiento?
No completamente. Es una hipótesis basada en evidencias sólidas, pero necesita más confirmación.
Fuente: Federico Sestito, Emma Fernández-Alvar, Rebecca Brooks, Emma Olson, Leticia Carigi, Paula Jofré, Danielle de Brito Silva, Camilla J L Eldridge, Sara Vitali, Kim A Venn, Vanessa Hill, Anke Ardern-Arentsen, Georges Kordopatis, Nicolas F Martin, Julio F Navarro, Else Starkenburg, Patricia B Tissera, Pascale Jablonka, Carmela Lardo, Romain Lucchesi, Tobias Buck, Alexia Amayo. An ancient system hidden in the Galactic plane? Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (2026). DOI: https://doi.org/10.1093/mnras/stag563

