La Luna sigue geológicamente activa: científicos del Smithsonian detectan tectónica reciente y nuevos riesgos sísmicos para futuras bases humanas
La Luna no está muerta: bajo su superficie, fallas tectónicas recientes siguen deformando el terreno y generando posibles lunamotos. Un nuevo mapa global revela riesgos sísmicos desconocidos que podrían influir en dónde y cómo se instalarán las futuras bases humanas en el satélite.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Una pequeña cresta tectónica en el noreste del Mare Imbrium, captada por la cámara de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter. Cortesía: NASA/GSFC/Arizona State University.
Qué ha descubierto el nuevo estudio sobre la Luna
La Luna no es un mundo geológicamente muerto, un satélite congelado en el tiempo desde hace miles de millones de años. Pero una nueva investigación de científicos planetarios del Smithsonian y la NASA, en Estados Unidos, sugiere que nuestro vecino celeste sigue crujendo por dentro.
Así lo constata un mapa global sin precedentes de pequeñas cordilleras en las llanuras volcánicas lunares, que revela que la Luna continúa deformándose hoy en día y que esa actividad tectónica podría suponer un riesgo sísmico para las futuras bases humanas, si algún día llegan a edificarse.
El estudio, publicado en The Planetary Science Journal, ofrece la primera cartografía completa de unas estructuras tectónicas conocidas como small mare ridges o pequeñas crestas de los mares, que se extienden por las vastas planicies oscuras formadas por antiguas erupciones volcánicas.
Estas crestas, según los investigadores, son mucho más jóvenes de lo que se pensaba y están asociadas a fallas activas que todavía podrían generar lunamotos, o sea, movimientos sísmicos lunares. La imagen resultante cambia la visión clásica de la Luna como un mundo geológicamente inerte: bajo su superficie, los procesos tectónicos continúan actuando lentamente, impulsados por la contracción global del satélite y por las fuerzas gravitatorias que ejerce la Tierra.
Por qué la Luna sigue siendo tectónicamente activa
Nuestro satélite, como la Tierra, posee una historia geológica marcada por la tectónica. Sin embargo, a diferencia de nuestro planeta, no tiene placas tectónicas activas ni volcanismo reciente.
Lo que sí ocurre es un proceso más sutil: al enfriarse con el paso del tiempo, su interior se contrae, lo que genera tensiones en la corteza. Esa contracción produce fallas y pliegues que se manifiestan en la superficie.
Hasta ahora, los científicos habían identificado principalmente escarpes tectónicos —pequeños acantilados formados por fallas— en las tierras altas lunares. Estas estructuras indicaban que la Luna había reducido su radio entre 25 y 100 metros en los últimos cientos de millones de años.
Pequeñas crestas tectónicas en los mares lunares
El nuevo estudio amplía esa perspectiva. Mediante imágenes de alta resolución obtenidas por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, el equipo liderado por investigadores de la Smithsonian Institution ha identificado 2.634 segmentos de pequeñas crestas tectónicas distribuidas por los mares lunares, las extensas planicies basálticas que cubren cerca de una sexta parte de la superficie.
Estas crestas, de apenas decenas de metros de altura y con formas sinuosas, se forman cuando la corteza se comprime y se pliega sobre fallas poco profundas. Aunque se conocían desde hace pocos años, nunca se había elaborado un inventario global ni se había analizado su importancia en la evolución tectónica reciente de la Luna.
El resultado es revelador: estas estructuras no son rarezas locales, sino elementos comunes y ampliamente distribuidos por toda la superficie lunar, tanto en la cara visible como en la oculta. Como subraya el geólogo planetario Cole Nypaver, autor principal del estudio, «desde la era Apolo sabemos de la prevalencia de los escarpes lobulados en las tierras altas lunares, pero esta es la primera vez que los científicos documentan la amplia presencia de estructuras similares en los mares lunares».
Señales de actividad geológica reciente
El hallazgo más sorprendente del estudio es la juventud de estas formaciones. Analizando cráteres de impacto que han sido deformados o borrados por la actividad tectónica, los científicos estiman que muchas de estas crestas se formaron o se activaron en los últimos 50 a 310 millones de años, un intervalo geológico muy reciente.
En términos planetarios, eso significa que la Luna sigue experimentando cambios en la actualidad. El promedio de edad de actividad sísmica asociada a estas estructuras ronda los 124 millones de años, similar al de otros escarpes tectónicos conocidos.
Para determinar estas edades, los investigadores utilizaron una técnica basada en la “reseteo sísmico”: cuando se produce un lunamoto, las vibraciones pueden borrar pequeños cráteres cercanos. Al contar cuántos cráteres permanecen y de qué tamaño son, es posible estimar cuándo ocurrió el último episodio sísmico significativo.
Los resultados indican que estas fallas poco profundas han estado activas en un periodo relativamente reciente de la historia lunar. No está claro si los movimientos tectónicos continúan hoy mismo, pero los científicos consideran probable que algunas fallas sigan acumulando tensión.
🗣️ «Este trabajo nos ayuda a obtener una perspectiva global completa de la tectónica lunar reciente, lo que permitirá comprender mejor su interior, su historia térmica y sísmica, y el potencial de futuros lunamotos», explica Nypaver.
Fallas poco profundas y potencial sísmico
El análisis geofísico muestra que las fallas responsables de estas crestas se encuentran a profundidades de entre 30 y 200 metros, mucho más superficiales que otras estructuras tectónicas lunares.
Esta característica es crucial. Las fallas poco profundas pueden generar lunamotos relativamente pequeños, pero con un potencial destructivo elevado para cualquier infraestructura situada en la superficie. Los registros sísmicos de las misiones Apolo ya detectaron en el pasado terremotos lunares superficiales con magnitudes estimadas entre 1,6 y 4,2, capaces de sacudir el terreno durante largos periodos debido a la rigidez de la corteza lunar.
Al elaborar un catálogo global de estas fallas, el estudio amplía también el mapa de posibles epicentros sísmicos. Hasta ahora, los modelos se centraban en las tierras altas; el nuevo trabajo demuestra que los mares lunares —zonas donde se planean muchas misiones y bases— también albergan fallas potencialmente activas.
Las futuras bases, como las propuestas en el programa Artemis, podrían instalarse en los mares lunares, pero la presencia de fallas tectónicas activas obliga a tener en cuenta el riesgo de lunamotos y su impacto en las infraestructuras humanas. Crédito: IA-Nano Banana-RexMolón Producciones
Riesgo de lunamotos para futuras bases en la Luna
El regreso de los seres humanos a la Luna, previsto en la próxima década con el programa Artemis y proyectos internacionales, hace que estos hallazgos tengan implicaciones prácticas. Las agencias espaciales planean instalar bases lunares y estaciones científicas, algunas en regiones cercanas a los mares lunares por su relativa suavidad topográfica.
Sin embargo, el estudio advierte de que la presencia generalizada de fallas activas obliga a reconsiderar la seguridad sísmica. Las vibraciones producidas por lunamotos superficiales podrían afectar a módulos habitables, sistemas de energía o infraestructuras de largo plazo.
Aunque la probabilidad de un evento sísmico destructivo en un punto concreto es baja, la distribución global de estas fallas sugiere que el riesgo no puede ignorarse. Los investigadores subrayan que la selección de lugares de aterrizaje y asentamiento debería incorporar estudios detallados de tectónica lunar local y monitoreo sísmico continuo.
De hecho, futuras misiones científicas planean instalar redes sísmicas permanentes en la superficie lunar para comprender mejor la frecuencia y origen de los lunamotos. La nueva cartografía servirá como guía para colocar esos instrumentos en zonas clave.
Mapa global de la Luna que muestra la distribución de cientos de pequeñas crestas tectónicas recientes, indicio de que el satélite sigue encogiéndose y experimentando actividad geológica. Cortesía: NASA/GSFC/Arizona State University.
Una Luna dinámica que sigue contrayéndose
Más allá de las implicaciones prácticas, el estudio redefine la comprensión científica de la Luna. La combinación de estas pequeñas crestas con los escarpes tectónicos conocidos ofrece la imagen más completa hasta la fecha de la tectónica lunar reciente.
El análisis sugiere que tanto las tierras altas como los mares experimentan una deformación comparable, con una contracción superficial estimada de entre el 0,0034% y el 0,004% en los mares lunares durante los últimos cientos de millones de años.
Aunque se trata de un cambio diminuto a escala planetaria, demuestra que la Luna sigue evolucionando. Las tensiones que generan estas fallas provienen de varios factores: el enfriamiento del interior lunar, la lenta separación orbital de la Tierra y las fuerzas de marea que nuestro planeta ejerce sobre su satélite.
En conjunto, estos procesos continúan deformando la corteza lunar, creando nuevas fallas y reactivando otras antiguas. Como resume Tom Watters, uno de los autores del trabajo, «nuestra detección de crestas pequeñas y jóvenes en los mares lunares y el descubrimiento de su origen completa una imagen global de una Luna dinámica que continúa contrayéndose».
Qué significa este descubrimiento para la ciencia y la exploración espacial
Los científicos consideran que la cartografía global de estas estructuras abre una nueva etapa en la investigación lunar. La identificación de miles de posibles fuentes sísmicas permitirá diseñar redes de sensores capaces de registrar lunamotos con mayor precisión y entender mejor el interior del satélite.
También ayudará a responder una pregunta que no es moco de pavo: ¿está la Luna todavía tectónicamente activa hoy? Si las fallas siguen moviéndose, aunque sea de forma muy lenta, la Luna dejaría de ser vista como un mundo geológicamente fósil para convertirse en un cuerpo aún dinámico.
En un momento en que varias potencias espaciales compiten por establecer presencia permanente en la superficie lunar, este conocimiento resulta esencial. Comprender dónde y cómo se mueve la Luna no solo es una cuestión científica, sino también de seguridad y planificación.
La vieja idea de un satélite inmóvil y silencioso se desvanece. Bajo el polvo gris que cubre su superficie, la Luna continúa ajustándose, contrayéndose y, de vez en cuando, temblando. Un recordatorio de que incluso los mundos aparentemente muertos siguen vivos en escalas de tiempo geológicas.▪️(18-febrero-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Luna y terremotos
🌚 ¿La Luna sigue teniendo actividad geológica?
Sí. Nuevos estudios científicos demuestran que la Luna presenta actividad tectónica reciente y fallas que podrían seguir activas.
🌚 ¿Puede haber terremotos en la Luna?
Sí. Se llaman lunamotos y pueden producirse por fallas tectónicas poco profundas o por fuerzas gravitatorias de la Tierra.
🌚 ¿Es peligroso para futuras bases lunares?
Potencialmente sí. Los lunamotos podrían afectar a infraestructuras humanas, por lo que la selección de ubicaciones seguras será clave.
🌚 ¿Por qué la Luna se contrae?
Porque su interior se enfría lentamente desde su formación. Este enfriamiento provoca una contracción global que genera tensiones en la corteza.
🌚 ¿Qué han descubierto los científicos del Smithsonian?
Han elaborado el primer mapa global de crestas tectónicas jóvenes en los mares lunares, demostrando que la actividad tectónica reciente es más extensa de lo que se creía.
Fuente: C. A. Nypaver, T. R. Watters, M. E. Banks, J. D. Clark and T. Frueh. A New Global Perspective on Recent Tectonism in the Lunar Maria. The Planetary Science Journal (2025). DOI: 10.3847/PSJ/ae226a

