La mala salud bucodental en la infancia aumenta el riesgo de infarto e ictus en la edad adulta

Un macroestudio con más de medio millón de personas advierte de que las caries y la gingivitis en la infancia no solo afectan a los dientes, sino que pueden dejar huella en el corazón décadas después. Los niños con peor salud bucodental presentan hasta un 45% más de riesgo de sufrir infarto o ictus en la edad adulta.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Los niños con caries graves presentan hasta un 45% más de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular en la edad adulta, mientras que la gingivitis severa se asocia con un aumento de hasta el 41%, según el estudio danés.

Los niños con caries graves presentan hasta un 45% más de riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular en la edad adulta, mientras que la gingivitis severa se asocia con un aumento de hasta el 41%, según el estudio danés. Foto: Navy Medicine

Una caries en la infancia puede parecer un problema menor: una visita al dentista, un empaste y asunto resuelto. Pero un estudio de gran escala sugiere que sus efectos podrían ir mucho más allá de la boca y proyectarse décadas después, hasta el corazón.

Investigadores de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, han encontrado que los niños con peor salud bucodental —más caries y encías inflamadas— presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares en la edad adulta, incluidos infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.

El trabajo, publicado en International Journal of Cardiology, analiza los datos de 568.778 personas nacidas en Dinamarca entre los años 1963 y 1972 y seguidas durante más de dos décadas. Se trata de uno de los estudios más amplios realizados hasta la fecha sobre la relación entre la salud oral infantil y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica —el conjunto de dolencias que incluye la cardiopatía isquémica, el infarto y el ictus isquémico— en la edad adulta.

Un seguimiento desde la infancia hasta los 50 años

La fortaleza del estudio reside en la calidad de los registros daneses. Los investigadores cruzaron la información del Registro Nacional de Odontología Infantil (SCOR), que recoge de forma sistemática el estado dental de los niños en Dinamarca, con el Registro Nacional de Pacientes, donde constan los diagnósticos hospitalarios.

La cohorte incluyó a personas que habían tenido al menos dos evaluaciones dentales antes y después de los doce años. A partir de los treinta años —o desde 1995, cuando comenzó el seguimiento— los participantes fueron observados hasta 2018 para detectar la aparición de enfermedad cardiovascular.

Durante ese periodo, más de 15.000 personas desarrollaron alguna forma de enfermedad cardiovascular aterosclerótica: 10.049 hombres y 5.705 mujeres. En ellos, el infarto fue más frecuente en ellos, mientras que el ictus predominó en ellas.

¿Puede una caries en la infancia afectar al corazón décadas después?

El equipo clasificó la gravedad de las caries infantiles según el número de dientes afectados (con caries, perdidos o empastados). También evaluó la gingivitis —la inflamación de las encías— mediante un índice clínico estandarizado.

Los resultados muestran un patrón consistente: a mayor gravedad de la enfermedad bucodental en la infancia, mayor incidencia de enfermedad cardiovascular décadas después.

En los hombres, haber tenido caries graves en la infancia se asoció con un 32% más de riesgo de enfermedad cardiovascular en comparación con quienes apenas presentaron lesiones. En las mujeres, el incremento alcanzó el 45%. La gingivitis intensa también elevó el riesgo: un 21% más en hombres y un 31% más en mujeres respecto a quienes tuvieron encías sanas.

Aunque las magnitudes son moderadas —no duplican ni triplican el riesgo—, los autores subrayan que, dada la alta prevalencia tanto de las caries como de la enfermedad cardiovascular, incluso incrementos relativos modestos pueden traducirse en un impacto relevante a escala poblacional.

La trayectoria importa: no solo la caries, sino su evolución

Más allá de la fotografía fija, el estudio introduce un elemento dinámico: la trayectoria de la salud oral durante la infancia. No es lo mismo tener algunas caries a los ocho años que mantener un deterioro progresivo hasta la adolescencia.

Los investigadores distinguieron entre trayectorias estables (baja o alta carga de enfermedad mantenida), mejoría o empeoramiento a lo largo del tiempo. Los peores resultados cardiovasculares se observaron en quienes mantuvieron niveles moderados o graves de caries o gingivitis, o cuya situación empeoró con los años.

Por ejemplo, los hombres con un empeoramiento de caries moderadas o graves presentaron un 26% más de riesgo cardiovascular en la adultez. En mujeres, esa cifra ascendió al 45%. En el caso de la gingivitis, las trayectorias persistentes o en deterioro también se asociaron con incrementos significativos del riesgo.

Estos datos sugieren que no solo importa la presencia puntual de enfermedad oral, sino su persistencia o progresión durante una etapa clave del desarrollo.

¿Por qué la salud bucodental podría influir en el riesgo cardiovascular?

El estudio es observacional y no demuestra causalidad. Sin embargo, se apoya en hipótesis biológicas plausibles. La literatura científica ha vinculado la enfermedad periodontal en adultos con la inflamación sistémica crónica de bajo grado, un proceso que favorece la formación de placas de ateroma en las arterias.

Las encías inflamadas pueden actuar como puerta de entrada de bacterias al torrente sanguíneo. La diseminación bacteriana y la liberación de mediadores inflamatorios podrían contribuir a la progresión de la aterosclerosis. De hecho, investigaciones previas han identificado ADN de bacterias orales en placas ateroscleróticas.

🗣️ «Sospechamos que la exposición a niveles elevados de inflamación en forma de enfermedad de las encías y caries ya en la infancia puede influir en cómo el cuerpo responde más adelante a la inflamación», explica Nikoline Nygaard, investigadora posdoctoral en el Departamento de Odontología de la Universidad de Copenhague y una de las autoras del estudio.

En el caso de las caries, el mecanismo podría ser indirecto, mediado también por cambios en el microbioma oral —el conjunto de microorganismos que habitan en la boca— y su interacción con el sistema inmunitario. Alteraciones persistentes en ese ecosistema durante la infancia podrían influir en la programación inmunológica y metabólica a largo plazo.

Los autores también apuntan a posibles factores genéticos compartidos entre la susceptibilidad a caries y la enfermedad cardiovascular, aunque los datos disponibles no permiten confirmarlo.

Las caries se producen cuando las bacterias de la boca descomponen los azúcares de los alimentos y generan ácidos que erosionan el esmalte dental.

Las caries se producen cuando las bacterias de la boca descomponen los azúcares de los alimentos y generan ácidos que erosionan el esmalte dental. Si esa desmineralización se repite y no se elimina la placa con una buena higiene, el daño progresa hasta formar una cavidad en el diente. Foto de Mandy Bourke en Unsplash

¿Influye el estilo de vida?

Una de las limitaciones del trabajo es la imposibilidad de ajustar directamente por hábitos de vida como el tabaquismo o la dieta, que influyen tanto en la salud oral como en la salud cardiovascular. Para paliarlo, los modelos estadísticos tuvieron en cuenta el nivel educativo y la presencia de diabetes de tipo 2, variables estrechamente relacionadas con el riesgo cardiometabólico.

🗣️ «No podemos descartar que el estilo de vida desempeñe un papel importante. Pero incluso después de ajustar por el nivel educativo, la incidencia de enfermedad cardiovascular sigue siendo bastante marcada», señala Nygaard.

Aun así, es probable que exista cierto grado de confusión residual. La salud bucodental en la infancia no solo refleja procesos biológicos, sino también condiciones sociales: acceso a cuidados, hábitos familiares, educación sanitaria.

En este sentido, el estudio abre una reflexión más amplia. En países como Estados Unidos, la atención dental es una de las necesidades sanitarias no cubiertas más frecuentes entre niños de entornos desfavorecidos. Si la mala salud oral infantil contribuye, aunque sea modestamente, al riesgo cardiovascular futuro, las desigualdades podrían amplificarse a lo largo de la vida.

¿Se puede prevenir el riesgo cardiovascular mejorando la salud bucodental?

Los investigadores insisten en que sus hallazgos no implican que una caries condene a un infarto. Pero sí sugieren que la boca forma parte de un sistema interconectado, y que la prevención precoz puede tener beneficios que trascienden la cavidad oral.

🗣️ «En Dinamarca, el 20% de los niños y jóvenes concentra el 80% de todas las enfermedades dentales registradas —afirma Merete Markvart, profesora asociada del Departamento de Odontología de la Universidad de Copenhague y coautora del estudio. Y añade—: Si podemos identificar marcadores que indiquen quién tiene mayor riesgo de diversas enfermedades más adelante en la vida, podremos adaptar los esfuerzos preventivos a esos grupos. Y eso podría tener beneficios para la salud a largo plazo, incluso en la edad adulta».

Invertir en programas de salud bucodental infantil —educación en higiene, revisiones periódicas, acceso universal a tratamiento— podría contribuir no solo a reducir el dolor y la pérdida dental, sino también a disminuir la carga de enfermedad cardiovascular décadas después.

«No es que se pueda resolver la enfermedad cardiovascular tratando los dientes de los niños. Pero si dirigimos nuestros esfuerzos a grupos específicos, se puede orientar a muchas personas en la dirección correcta simplemente mejorando su salud bucodental», concluye Markvart.

El estudio invita además a reforzar la colaboración entre odontólogos y cardiólogos, tradicionalmente separados en compartimentos estancos del sistema sanitario. Comprender cómo las inflamaciones crónicas de bajo grado se entrelazan con la aterosclerosis es una de las fronteras actuales de la medicina preventiva.

A la espera de investigaciones que incorporen información detallada sobre estilos de vida y salud oral en la edad adulta, el mensaje es prudente pero claro: cuidar los dientes de un niño puede ser también una forma de cuidar su corazón futuro.▪️(2-marzo-2026)

  • Información facilitada por la Universidad de Copenhague

  • Fuente: Nygaard, Nikoline et al. Childhood oral health is associated with the incidence of atherosclerotic cardiovascular disease in adulthood. International Journal of Cardiology (2026). DOI: 10.1016/j.ijcard.2025.134151

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