La mayoría de los hombres no encaja en la masculinidad tóxica, según un estudio científico
Durante años se ha hablado de masculinidad tóxica como si definiera a los hombres en bloque. Pero un amplio estudio científico con miles de participantes revela una realidad mucho más compleja —y menos alarmista— sobre cómo son y piensan realmente la mayoría de los hombres.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un gran estudio desmonta el mito de la masculinidad tóxica: solo el 10,8% de los hombres evaluados en un nuevo estudio llevado a cabo en Nueva Zelanda presentó signos claros de ser tóxicos. Foto: FETHI BOUHAOUCHINE
La expresión masculinidad tóxica se ha instalado en el debate público como una etiqueta casi automática para explicar desde la violencia machista hasta el auge de discursos misóginos en internet. Sin embargo, pese a su popularidad mediática y política, el concepto ha sido sorprendentemente poco examinado con datos científicos sólidos. ¿Cuántos hombres encajan realmente en ese retrato? ¿Es la masculinidad un problema en sí misma?
Un amplio estudio científico realizado en Nueva Zelanda invita a matizar el diagnóstico: la mayoría de los hombres no comparte los rasgos que suelen asociarse con el concepto de masculinidad tóxica.
El término masculinidad tóxica no nació como un insulto genérico a los hombres, sino como una autocrítica dentro de ciertos círculos masculinos en Estados Unidos: se asocia a la corriente mitopoética de los años ochenta y noventa y a autores como Shepherd Bliss, que lo empleó para señalar un modo de masculinidad dañino —vinculado a la dureza emocional, la dominación y la agresión—, diferenciándolo de otras formas posibles de ser hombre.
Con el tiempo, y sobre todo a partir de la década de 2010 y del impacto global de #MeToo, el término se popularizó y se amplió en medios y política para nombrar un abanico mayor de conductas y actitudes (misoginia, homofobia, violencia, etc.), convirtiéndose también en un foco de controversia cultural.
España: una guerra cultural que a veces sustituye el análisis por la etiqueta
En España, esa popularización ha tenido un efecto doble: por un lado, ha ayudado a poner palabras a prácticas cotidianas y estructuras de desigualdad; por otro, ha entrado en una guerra cultural que a veces sustituye el análisis por la etiqueta.
Los datos muestran un terreno social sensible: según el CIS, en 2023 el 74,4% de los hombres cree que hoy hay menos desigualdad entre mujeres y hombres que hace diez años, una percepción que convive con un debate intenso sobre lo que aún falta por cambiar. Al mismo tiempo, los estudios sobre juventud apuntan a un repliegue identitario en parte del público masculino: el Informe Juventud en España 2024 indica que entre los hombres jóvenes desciende la proporción que se declara feminista (del 37% en 2019 al 26% en 2023), mientras que el Barómetro Juventud y Género 2023 sitúa en torno al 30% a quienes expresan visiones que cuestionan o rechazan el feminismo (por ejemplo, creer que «ya existe igualdad» o que el feminismo «busca perjudicar a los hombres».
En ese contexto, masculinidad tóxica funciona, al menos en España, como un marcador semántico poderoso: ilumina comportamientos dañinos, pero también puede operar como palabra detonante que polariza la conversación pública y dificulta hablar de masculinidades con matices.
Cómo se hizo el estudio
En este sentido, la nueva investigación, publicada en la revista Psychology of Men & Masculinities, arroja luz en esta polémica, ya que analiza las actitudes y rasgos psicológicos de más de 15.800 hombres heterosexuales adultos, seleccionados a partir de una muestra nacional representativa.
Sin duda alguna, se erige en uno de los estudios empíricos más ambiciosos realizados hasta la fecha sobre este asunto y llega a una conclusión importante: solo una pequeña minoría de hombres presenta un patrón consistente de actitudes problemáticas, mientras que la mayoría muestra niveles bajos o moderados de sexismo, prejuicio sexual, dominancia u hostilidad.
Los autores del trabajo, Deborah Hill Cone, Chris. G. Sibley y Danny Osborne, de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), junto con Kieren J. Lilly, de la Universidad de Queensland (Australia), parten de una constatación incómoda para el debate contemporáneo. Aunque el término masculinidad tóxica se utiliza de forma habitual en medios de comunicación, redes sociales e incluso documentos institucionales, rara vez se define con precisión.
👉 En la literatura académica se ha convertido, según señalan estos cuatro investigadores, en una especie de comodín que señala desaprobación sin aclarar qué actitudes concretas engloba. Esto ha provocado críticas tanto desde el feminismo, que alerta del riesgo de estigmatizar a los hombres como grupo, como desde sectores conservadores, que denuncian el concepto como ideológico o vacío.
Para salir de esa nebulosa, el estudio adopta un enfoque distinto. En lugar de preguntar si los hombres son o no tóxicos, analiza ocho dimensiones clave que la investigación previa ha vinculado con formas problemáticas de masculinidad:
✅ La centralidad de la identidad masculina (cuánto pesa ser hombre en la identidad personal).
✅ El prejuicio hacia personas homosexuales.
✅ La falta de empatía.
✅ El narcisismo.
✅ El sexismo hostil.
✅ El sexismo benevolente.
✅ La oposición a las políticas de prevención de la violencia machista.
✅ La preferencia por jerarquías sociales desiguales.
La investigación identifica como atóxico al grupo más numeroso de hombres: perfiles con bajo nivel de sexismo, prejuicio y hostilidad, y un rechazo claro a la desigualdad y la violencia de género. Foto de Hoi An and Da Nang Photographer en Unsplash
Cinco perfiles de masculinidad
A partir de estos ocho indicadores, los investigadores emplearon una técnica estadística que permite identificar perfiles psicológicos con patrones similares de respuestas. El resultado no fue una división simple entre hombres buenos y malos, sino un mosaico de cinco perfiles de masculinidad distintos que reflejan la diversidad real de actitudes masculinas.
El grupo más numeroso, que representa el 35% de la muestra, es el que los autores denominan atóxico. Estos hombres puntúan bajo en todas las dimensiones analizadas: muestran poco sexismo, escaso prejuicio sexual, baja hostilidad y un rechazo claro a la desigualdad y la violencia de género. No es un grupo marginal, sino el bloque más amplio del estudio.
A este perfil se suman otros dos grupos mayoritarios, que en conjunto abarcan más de la mitad de los hombres analizados. Ambos muestran niveles moderados en algunos rasgos tradicionalmente asociados a la masculinidad tradicional, pero sin caer en patrones extremos. Uno de ellos es más tolerante con las personas LGTBI; el otro mantiene más prejuicios hacia la homosexualidad, aunque no destaca especialmente en hostilidad, narcisismo o dominancia social.
En ambos casos, se trata de hombres que no encajan en la caricatura del macho agresivo o misógino, aunque tampoco representan un ideal plenamente igualitario.
Cuántos hombres encajan en la masculinidad tóxica
Frente a estos tres grandes grupos, que suman casi el 90% de la muestra, aparecen dos perfiles claramente problemáticos:
1️⃣ El primero, que incluye al 7,6% de los hombres, combina altos niveles de sexismo benevolente —la idea de que las mujeres deben ser protegidas o cuidadas por los hombres— con prejuicio sexual y una fuerte identificación con el rol masculino. No se trata de una masculinidad abiertamente agresiva, sino más bien paternalista, anclada en valores tradicionales.
2️⃣ El segundo perfil, mucho más reducido (3,2% del total), concentra los rasgos que suelen asociarse con la masculinidad tóxica en su versión más dura: alto sexismo hostil, desprecio hacia la igualdad de género, oposición a la prevención de la violencia machista, narcisismo, falta de empatía y preferencia por jerarquías sociales. Es el grupo que encarna el estereotipo del hombre agresivo, resentido y dominante, pero también el menos frecuente.
Por qué sentirse hombre no implica ser tóxico
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la centralidad de la identidad masculina no distingue claramente a los hombres tóxicos del resto. Es decir, sentirse muy hombre no implica necesariamente ser sexista o violento. De hecho, varios perfiles con actitudes muy diferentes comparten niveles similares de identificación con el género.
El problema, concluyen los cuatro psicólogos, no es la masculinidad en sí, sino determinadas formas de entenderla y ejercerla.
El análisis también permite identificar qué factores sociales se asocian con mayor probabilidad a los perfiles más problemáticos. Los hombres del grupo más hostil tienden a ser mayores, con menor nivel educativo, más conservadores políticamente, más religiosos, con mayor malestar emocional y en situaciones sociales más frágiles, como el desempleo o la soltería.
Lejos de una imagen simplista del privilegiado tóxico, el estudio dibuja un retrato más complejo, donde la inseguridad y la exclusión social también juegan un papel.
Implicaciones sociales y culturales del estudio
Estos resultados tienen implicaciones importantes para el debate social y político. Por un lado, cuestionan la idea de que la masculinidad sea intrínsecamente dañina o que la mayoría de los hombres sostenga actitudes misóginas.
Por otro, sugieren que usar el término masculinidad tóxica de forma indiscriminada puede ser contraproducente: invisibiliza la diversidad masculina real y dificulta la identificación de los grupos que sí necesitan intervenciones sociales y educativas específicas.
👉 Los autores no niegan la existencia de formas de masculinidad dañinas ni sus consecuencias sociales, desde la violencia de género hasta la radicalización misógina, pero insisten en que combatirlas requiere precisión conceptual y evidencia empírica. Si casi nueve de cada diez hombres no encajan en los perfiles más tóxicos, tratarlos como si lo hicieran puede alimentar la polarización y el rechazo, en lugar de promover cambios sociales positivos.
Qué dice la ciencia frente al debate público
En un contexto en el que muchos hombres jóvenes expresan desorientación, malestar psicológico o sensación de estigmatización, el estudio invita a replantear el lenguaje y las estrategias comunicativas.
Reconocer que la mayoría de los hombres no son tóxicos no significa minimizar los problemas existentes, sino abordarlos con mayor rigor científico y justicia social.
Como concluyen los investigadores, los hombres pueden identificarse con su identidad masculina, sentirse masculinos y construir relaciones sanas sin reproducir actitudes dañinas. La clave no está en demonizar la masculinidad, sino en distinguir sus formas y entender sus raíces sociales y culturales.▪️(24-enero-2026)
Preguntas&Respuestas: Masculinidad Tóxica y Mujer
😡 ¿Qué es la masculinidad tóxica según la ciencia?
Es un conjunto de actitudes como el sexismo hostil, el desprecio por la igualdad y la dominancia social, presentes solo en una minoría de hombres.
😡 ¿La mayoría de los hombres son tóxicos?
No. Según un estudio con más de 15.800 participantes, casi el 90% muestra niveles bajos o moderados de estos rasgos.
😡 ¿Sentirse muy hombre implica ser machista?
No necesariamente. El estudio muestra que la identidad masculina fuerte no está ligada automáticamente a actitudes tóxicas.
😡 ¿Por qué se critica el uso del término «masculinidad tóxica»?
Porque se usa a menudo sin definición precisa y puede estigmatizar a los hombres en conjunto.
😡 ¿Por qué etiquetar a todos los hombres como «tóxicos» puede ser contraproducente?
Porque, según la evidencia científica, la mayoría no presenta esos rasgos y el uso indiscriminado del término puede generar rechazo, polarización y dificultar el diálogo sobre igualdad y prevención de la violencia.
😡 ¿Qué aporta este estudio al debate sobre masculinidades en la actualidad?
Aporta datos empíricos a un debate muy ideologizado, mostrando que existen múltiples formas de masculinidad y que solo una minoría concentra los rasgos más problemáticos, lo que permite diseñar políticas y discursos más precisos y eficaces.
Fuente: Deborah Hill Cone et al. Are men toxic? A person-centered investigation into the prevalence of different types of masculinity in a large sample of New Zealand men. Psychology of Men & Masculinities (2026). DOI: https://doi.org/10.1037/men0000547

