Descubren en el espacio la molécula con más azufre jamás detectada: una pista clave sobre el origen químico de la vida

Durante años, el azufre ha sido una pieza perdida del puzle de la química del universo. Ahora, su rastro aparece por fin en una molécula compleja detectada en el espacio, un hallazgo que acerca como nunca la química interestelar a los orígenes de la vida en la Tierra.

Por Enrique Coperías, periodista científico

En el corazón de la Vía Láctea, los científicos han identificado en una nube interestelar la primera molécula orgánica cíclica con azufre, un anillo de seis átomos que aporta nuevas claves sobre la química del origen de la vida.

En el corazón de la Vía Láctea, los científicos han identificado en una nube interestelar la primera molécula orgánica cíclica con azufre, un anillo de seis átomos que aporta nuevas claves sobre la química del origen de la vida. Cortesía: MPE / NASA / JPL-Caltech

El azufre es uno de los grandes enigmas de la química cósmica. Es un elemento esencial para la vida, pues forma parte de aminoácidos fundamentales y participa en procesos metabólicos clave, pero su rastro en el espacio interestelar ha resultado sorprendentemente esquivo.

Ahora, un descubrimiento liderado por un equipo internacional de astrofísicos y astroquímicos ha dado un paso decisivo para resolver ese misterio: la detección en el espacio del compuesto molecular con más azufre identificado hasta la fecha.

El hallazgo no solo amplía el catálogo de moléculas del cosmos, sino que refuerza la idea de que parte de la química que hizo posible la vida en la Tierra pudo gestarse mucho antes, en las frías nubes entre las estrellas.

¿Qué se ha descubierto exactamente?

El compuesto se llama 2,5-ciclohexadieno-1-tiona, una molécula orgánica cíclica formada por seis átomos de carbono, seis de hidrógeno y uno de azufre. Aunque su nombre resulte poco evocador fuera de los laboratorios, su relevancia es enorme: con trece átomos en total, se convierte en la molécula con azufre más compleja jamás detectada en el medio interestelar.

Y ha batido el récord en uno de los lugares más ricos químicamente de la Vía Láctea, una nube molecular situada cerca del centro galáctico, conocida como G+0.693-0.027, un auténtico caldo químico donde se han descubierto ya decenas de compuestos orgánicos complejos.

El trabajo, publicado en la revista Nature Astronomy, combina observaciones astronómicas de alta sensibilidad con experimentos de laboratorio extremadamente precisos. Antes de poder buscar la molécula en el espacio, los investigadores tuvieron que reproducirla en condiciones controladas en la Tierra y medir con exactitud su huella digital espectroscópica: el patrón de frecuencias de radio que emite al rotar. Solo así es posible identificarla de forma inequívoca en el ruido complejo de las señales procedentes del espacio profundo.

Por qué el azufre es clave para entender el origen de la vida

El resultado es fruto de una colaboración internacional en la que han participado centros punteros de Alemania, España, Japón, Chile y Estados Unidos. En particular, el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) español ha tenido un papel destacado en el análisis de los datos astronómicos, obtenidos gracias a grandes radiotelescopios como el IRAM de 30 metros, en Sierra Nevada (Granada), y el Yebes 40 metros, en Guadalajara.

Estas instalaciones permiten rastrear el cielo en busca de las débiles señales de moléculas interestelares que flotan en nubes de gas y polvo a miles de años luz de la Tierra.

Pero ¿por qué es tan importante encontrar una molécula rica en azufre en el espacio? La respuesta está en una vieja paradoja de la astrofísica. Aunque el azufre es relativamente abundante en el universo —se forma en el interior de las estrellas y se dispersa tras las explosiones de supernova—, las observaciones de nubes moleculares muestran cantidades sorprendentemente bajas de este elemento en forma de moléculas detectables.

Los científicos sospechan desde hace tiempo que buena parte del azufre desaparece porque queda atrapado en compuestos grandes, sólidos o poco reactivos, difíciles de observar con los instrumentos actuales.

Por qué el azufre es clave para entender el origen de la vida

Al mismo tiempo, los meteoritos que caen en la Tierra cuentan una historia distinta. En ellos se han identificado decenas de moléculas orgánicas con azufre, muchas de ellas grandes y complejas, similares a las que podrían haber participado en la química prebiótica primitiva.

Esta discrepancia entre lo que se ve en el espacio interestelar y lo que aparece en los restos sólidos del Sistema Solar ha sido un rompecabezas persistente. El descubrimiento de la 2,5-ciclohexadieno-1-tiona sugiere que esa brecha puede empezar a cerrarse.

La molécula detectada es un isómero —una variante estructural— del tiofenol, un compuesto conocido en la química orgánica terrestre y hallado en meteoritos. Sin embargo, a diferencia del tiofenol, esta nueva molécula tiene una propiedad crucial: un momento dipolar elevado.

En términos sencillos, eso significa que interactúa con mucha más intensidad con las ondas de radio, lo que la hace mucho más visible para los radiotelescopios. Es probable que otras moléculas similares hayan estado ahí todo el tiempo, pero invisibles a nuestros instrumentos.

🗣️ «Esta detección abre una vía completamente nueva para estudiar moléculas con azufre en el espacio, dado que los anillos aromáticos y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs) parecen ser componentes abundantes y ampliamente distribuidos en el universo», explica Víctor M. Rivilla, científico del CAB y coautor del estudio.

Un espectrómetro de laboratorio de última generación desarrollado por el Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics (MPE), donde los científicos Christian Endres y Mitsunori Araki coordinan la producción y detección de una nueva molécula.

Espectrómetro de última generación desarrollado por el Max Planck Institute for Extraterrestrial Physics (MPE), donde los científicos Christian Endres y Mitsunori Araki coordinan la producción y detección de una nueva molécula mediante espectroscopía de alta precisión. En el centro, la cámara de vacío en la que la molécula de 2,5-ciclohexadieno-1-tiona nace y es medida al instante. Cortesía: MPE

Dónde se ha encontrado la molécula: el laboratorio natural del centro galáctico

El lugar del hallazgo tampoco es casual. La nube G+0.693 se encuentra en una región del centro de la galaxia sometida a intensos choques entre nubes de gas, fuertes rayos cósmicos y temperaturas relativamente elevadas para los estándares interestelares.

Este entorno extremo favorece que los hielos interestelares que recubren los granos de polvo se erosionen y liberen al espacio moléculas complejas que, de otro modo, permanecerían ocultas. Es, en cierto modo, un laboratorio natural de química cósmica.

Los autores del estudio creen que la 2,5-ciclohexadieno-1-tiona podría formarse sobre la superficie de esos granos de polvo interestelar, a partir de pequeñas cadenas de carbono y azufre que reaccionan bajo el bombardeo de radiación cósmica. Posteriormente, los choques y turbulencias liberarían la molécula al gas interestelar, donde puede ser detectada.

Este tipo de procesos recuerda a los que se proponen para la formación de hidrocarburos aromáticos, como el benceno, y refuerza la idea de que las superficies sólidas del espacio son auténticas fábricas químicas del universo.

La conexión entre la química espacial, los cometas y la Tierra primitiva

El hallazgo tiene implicaciones profundas para la astrobiología. Si moléculas complejas con azufre se forman con relativa facilidad en el espacio y sobreviven lo suficiente como para incorporarse a cometas y asteroides, es plausible que llegaran a la Tierra primitiva en grandes cantidades. Allí, en combinación con agua líquida y fuentes de energía, podrían haber contribuido a los primeros pasos hacia el origen de la vida.

El azufre, de hecho, juega un papel clave en muchas enzimas, lo que sugiere una herencia química ancestral.

Además, el descubrimiento abre la puerta a una nueva familia de moléculas interestelares por explorar. Al igual que ocurrió hace unos años con la detección del benzonitrilo —la primera molécula aromática en el espacio—, este primer hallazgo podría ser solo la punta del iceberg. Los científicos esperan que futuras observaciones revelen toda una población de anillos orgánicos con azufre, algunos quizá aún más grandes y complejos.

Qué implica este hallazgo para la búsqueda de vida en el universo

La próxima generación de instrumentos será crucial. El telescopio espacial James Webb, con su capacidad para analizar el infrarrojo, podría detectar señales indirectas de estas moléculas en regiones donde la observación por radio es complicada.

Y en tierra, proyectos como el radiotelescopio sudafricano Square Kilometre Array prometen una sensibilidad sin precedentes para rastrear la química del universo.

Más allá de los detalles técnicos, el descubrimiento tiene un valor simbólico poderoso. Nos recuerda que la frontera entre la química y la biología no empieza en la Tierra, sino mucho antes, en el espacio interestelar. Allí, en la oscuridad entre las estrellas, se ensamblan moléculas prebióticas que, millones de años después, pueden acabar formando parte de organismos vivos.

🗣️ «Nuestros resultados muestran que una molécula de trece átomos, estructuralmente similar a las que se encuentran en los cometas, ya existe en una nube molecular joven y sin estrellas. Esto demuestra que las bases químicas para la vida comienzan mucho antes de que se formen las estrellas», afirma Valerio Lattanzi, científico del MPE.

El azufre, ese elemento que durante tanto tiempo parecía perdido en el cosmos, empieza por fin a revelar dónde se escondía.▪️(24-enero-2026)

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