La retina artificial que permite ver en infrarrojo: cómo la ciencia abre una nueva forma de visión

Una retina artificial implantable logra traducir la luz infrarroja en señales que el cerebro interpreta como visión. El avance no solo promete restaurar la vista de personas invidentes, sino ampliar los límites humanos hacia una percepción inédita de la realidad.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una retina artificial permite superponer visión infrarroja sobre la percepción natural, lo que abre la puerta a una nueva forma de ver lo invisible.

Una retina artificial permite superponer visión infrarroja sobre la percepción natural, lo que abre la puerta a una nueva forma de ver lo invisible. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Una innovación que va más allá de recuperar la vista

La idea de devolver la vista a quienes la han perdido ha sido, durante décadas, uno de los grandes retos de la medicina. Pero ahora la frontera parece desplazarse aún más lejos.

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una retina artificial que no solo aspira a restaurar la visión en personas con enfermedades degenerativas, como la retinosis pigmentaria y la retinopatía diabética, sino que podría ampliarla más allá de sus límites naturales. No se trata solo de ver de nuevo, sino de ver lo que hasta ahora ha sido invisible: la luz infrarroja cercana.

El avance oftalmológico, publicado en la revista Nature Electronics, consiste en un dispositivo implantable capaz de traducir la radiación infrarroja —una parte del espectro electromagnético que el ojo humano no puede percibir— en señales eléctricas comprensibles para el cerebro. En otras palabras, convierte lo invisible en visible.

¿Qué es una retina artificial infrarroja?

La visión humana está restringida a un rango estrecho de longitudes de onda, aproximadamente entre los 400 y los 700 nanómetros. Fuera de ese rango, la luz existe, pero no la vemos. Por ejemplo, El infrarrojo cercano, que se sitúa entre los 800 y los 2.500 nanómetro, resulta ser fundamental en procesos como la detección de calor y ciertas técnicas médicas, pero nuestros ojos son incapaces de captarlo.

La razón es biológica. En efecto, las células fotorreceptoras de la retina —los conos y bastones— no están diseñadas para responder a esa energía lumínica más débil. Detectarla requeriría pigmentos con propiedades que, en mamíferos, generarían demasiado ruido térmico para ser útiles.

Aquí es donde entra en juego la ingeniería biomédica.

Cómo funciona: de la luz invisible a la percepción visual

El dispositivo desarrollado por los investigadores es una lámina ultrafina que se coloca sobre la retina (una implantación epirretiniana). Está formada por una matriz de fototransistores sensibles al infrarrojo y por microelectrodos tridimensionales hechos de metal líquido.

Cuando la luz infrarroja incide sobre el sistema, estos sensores la convierten en corrientes eléctricas que estimulan directamente las células ganglionares de la retina, que son las encargadas de enviar la información visual al cerebro para su precesamiento.

El resultado es sorprendente: el cerebro recibe señales como si provinieran de una experiencia visual real.

El diseño incluye, además, un filtro óptico que bloquea la luz visible en ciertas zonas mientras permite que pase en otras. Así, la visión natural y la visión artificial pueden coexistir. Es decir, el sistema no sustituye necesariamente la visión existente, sino que añade un nuevo canal sensorial.

Esquema experimental del dispositivo de retina artificial infrarroja, que combina fototransistores y microelectrodos para convertir luz invisible en señales neuronales en retinas sanas y degeneradas. Cortesía: Nature Electronics (2026)

Ver con dos «modos» a la vez

Uno de los aspectos más fascinantes del estudio, que ha sido coordinado por Suk Ho Byeon y Jang-Ung Park, de la Universidad Yonsei de Seúl; y Sun-Kyung Kim, de la Universidad de Kyung Hee, también en Seúl (Corea del Sur), es precisamente esa convivencia entre lo natural y lo artificial. En experimentos con ratones sanos, los animales fueron capaces de responder tanto a la luz visible como a la infrarroja cuando llevaban el implante. En ausencia del dispositivo, la luz infrarroja no provocaba ninguna respuesta neuronal. Con él, sí.

En ratones ciegos, que se usan como modelos animales de enfermedades como la retinosis pigmentaria, una enfermedad genética de la retina que provoca la degeneración progresiva de los fotorreceptores, el efecto es aún más revelador: aunque no podían percibir luz visible, sí reaccionaban a estímulos infrarrojos gracias al implante. Los registros neuronales en la corteza visual confirmaron que el encéfalo estaba procesando esa información como si fuera visión.

Pero no se trata solo de actividad eléctrica en el cerebro. Los animales también mostraron cambios de comportamiento: aprendieron a anticipar recompensas cuando se les presentaban señales infrarrojas, lo que sugiere que no solo detectaban la luz, sino que la interpretaban de forma funcional.

Un material blando para un órgano superdelicado

La retina es un tejido extremadamente sensible, y uno de los grandes desafíos de este tipo de dispositivos es evitar dañarla. Para ello, los investigadores han recurrido a electrodos de metal líquido, con una rigidez mucho menor que la de los metales tradicionales.

Esta flexibilidad permite que el implante se adapte mejor al tejido ocular y reduzca la inflamación o el daño mecánico.

Los ensayos de biocompatibilidad son prometedores: las células cultivadas sobre el dispositivo mostraron tasas de viabilidad superiores al 99%, y en estudios a largo plazo en animales no se detectaron signos significativos de inflamación o deterioro del tejido.

Implicaciones: entre la terapia y la mejora humana

Las posibles aplicaciones de esta tecnología van mucho más allá de la restauración de la visión. Poder percibir el infrarrojo podría permitir, por ejemplo, detectar fuentes de calor en la oscuridad, mejorar la visión en baja iluminación o incluso abrir nuevas vías en diagnóstico médico.

👉 El propio estudio sugiere que esta tecnología podría adaptarse para detectar otras longitudes de onda, como el ultravioleta, simplemente modificando los materiales del dispositivo. En ese escenario, el ojo humano dejaría de ser un órgano limitado por la biología y pasaría a ser una plataforma ampliable.

Este avance plantea también preguntas con mucha miga. Hasta ahora, las prótesis visuales se han concebido como herramientas para recuperar una función perdida. Pero este dispositivo introduce una idea distinta: la posibilidad de mejorar las capacidades humanas más allá de lo natural.

La frontera entre terapia y aumento sensorial se difumina.

¿Deberíamos permitir que personas sanas accedan a este tipo de tecnología para ampliar su percepción? ¿Qué implicaciones tendría ver el mundo en múltiples espectros simultáneamente? Son cuestiones que, aunque todavía lejanas, empiezan a cobrar sentido.

Doble visión: la retina artificial superpone la percepción natural con la infrarroja, permitiendo detectar el calor de personas y objetos en el mismo escenario.

Doble visión: la retina artificial superpone la percepción natural con la infrarroja, permitiendo detectar el calor de personas y objetos en el mismo escenario. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

¿Estamos ante una nueva dimensión de la visión?

A pesar de los resultados prometedores, los investigadores reconocen que aún queda camino por recorrer. Será necesario realizar estudios a largo plazo en humanos para evaluar la seguridad, la estabilidad del dispositivo y su eficacia real en contextos cotidianos.

También habrá que resolver desafíos técnicos, como la miniaturización del sistema o la reducción del consumo energético. Pero el concepto —una retina que no solo sustituye, sino que amplía— ya está sobre la mesa.

La historia de la ciencia está llena de instrumentos que han ampliado nuestros sentidos: telescopios para ver más lejos, microscopios para ver lo diminuto, sensores para detectar lo imperceptible. Esta retina artificial se suma a esa tradición, pero con una diferencia clave: no es una herramienta externa, sino un dispositivo integrado en el cuerpo.

Si llega a desarrollarse plenamente, no solo cambiará la forma en que tratamos la ceguera, también podría transformar nuestra relación con la realidad, añadiendo nuevas capas de percepción a la experiencia humana.

Porque, por primera vez, ver en la oscuridad —o más allá de la luz visible— podría dejar de ser ciencia ficción para convertirse en una capacidad biotecnológica. ▪️(25-abril-2026)

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PREGUNTAS&RESPUESTAS: Retina Artificial y Visión Infrarroja

👁️ ¿Qué es una retina artificial?

Es un dispositivo implantable que sustituye o complementa la función de los fotorreceptores dañados en la retina.

👁️ ¿Permite ver en la oscuridad?

Sí, al detectar luz infrarroja, puede facilitar la percepción en condiciones de baja iluminación.

👁️ ¿Puede usarse en humanos?

Aún está en fase experimental, pero muestra potencial para aplicaciones clínicas futuras.

👁️ ¿Sustituye la visión natural?

No necesariamente. Puede coexistir con la visión normal y ampliarla.

👁️ ¿Es segura?

Los estudios en animales muestran buena biocompatibilidad, pero faltan ensayos en humanos.

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