Restos conservados en orinales romanos esconden un parásito más antiguo de lo esperado

Los residuos adheridos a antiguos orinales romanos están revelando a los científicos mucho más que hábitos de higiene: contienen pistas clave sobre enfermedades del pasado. Un nuevo estudio ha identificado en ellos un agente patógeno que ya circulaba siglos antes de lo que se creía.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación de un dormitorio romano con vasa obscena: sus depósitos han permitido identificar parásitos y evidencias tempranas de Cryptosporidium.

Recreación de un dormitorio romano donde los vasa obscena (orinales) se usaban durante la noche: los depósitos mineralizados conservados en estos recipientes han permitido identificar parásitos intestinales y evidencias tempranas de patógenos como Cryptosporidium, clave para entender la salud en el Imperio romano. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

En el interior de un recipiente de cerámica, olvidado durante siglos bajo tierra en lo que hoy es Bulgaria, se ha conservado una historia microscópica que habla de salud, enfermedad y vida cotidiana en el Imperio romano.

No se trata de un gran monumento ni de una inscripción imperial, sino de algo mucho más humilde: los restos mineralizados de orina y heces adheridos a las paredes de antiguos orinales romanos. A partir de ese sedimento, un equipo internacional de investigadores ha logrado identificar parásitos intestinales que arrojan nueva luz sobre las condiciones sanitarias en la Antigua Roma y, de forma inesperada, sobre el origen de agentes patógenos antiguos.

El estudio, publicado en la revista npj Heritage Science, informa sobre varios recipientes hallados en los yacimientos de Novae y Marcianópolis, dos enclaves importantes de la provincia romana de Moesia Inferior, entre los siglos II y IV d. C. Estos objeto, conocidos en latín como vasa obscena, eran utilizados en viviendas privadas durante la noche, cuando el acceso a las letrinas romanas no era posible o resultaba incómodo.

Lo que para sus usuarios fue una solución doméstica, hoy se ha convertido en una cápsula del tiempo biológico para los microbiólogos.

Qué han descubierto exactamente los investigadores

La investigación, dirigida por Malgorzata Bednarska, del Instituto de Zoología Experimental, en el Departamento de Parasitología de la Universidad de Varsovia (Polonia), parte de una premisa sencilla pero potente: los parásitos intestinales producen miles de huevos o formas resistentes que, una vez expulsados, pueden sobrevivir durante milenios. Esos diminutos vestigios quedan atrapados en depósitos minerales formados por la desecación de la orina y las heces, lo que crea una suerte de archivo biológico adherido a las paredes de los recipientes.

A diferencia de otros contextos arqueológicos, como suelos o letrinas colectivas, estas vasijas usadas para desechos corporales ofrecen una ventaja crucial: proceden exclusivamente de seres humanos, lo que permite atribuir los agentes patógenos detectados a individuos concretos o a pequeños grupos familiares.

Para extraer esa información, los investigadores han combinado técnicas de microscopía, análisis de ADN antiguo y métodos inmunológicos como el ELISA, una prueba ampliamente utilizada hoy en medicina para detectar antígenos. El resultado es un enfoque interdisciplinar que une arqueología, biología y medicina para reconstruir aspectos íntimos de la vida romana, desde la dieta hasta las condiciones higiénicas.

Orinales romanos hallados en Novae (1–3) y Marcianópolis (4), cuyos depósitos mineralizados han permitido identificar parásitos intestinales y rastrear antiguas infecciones.

Orinales romanos hallados en Novae (1–3) y Marcianópolis (4), cuyos depósitos mineralizados han permitido identificar parásitos intestinales y rastrear antiguas infecciones. Cortesía: Photo by A. B. Biernacki; drawing by E. Klenina. npj Heritage Science (2026)

Por qué los orinales romanos son una fuente científica de primer nivel

Los hallazgos son muy reveladores. En uno de los recipientes analizados, procedente de una villa situada junto al campamento militar de Novae, los científicos identificaron un huevo de Taenia, un género de tenias o lombrices intestinales. Este tipo de parásito se adquiere por lo general al consumir carne cruda o poco cocinada, lo que sugiere prácticas alimentarias concretas.

En el mismo recipiente, además, se detectaron indicios de infestación por Entamoeba histolytica, un protozoo responsable de la disentería amebiana; y por Cryptosporidium, otro agente patógeno intestinal que se transmite a través de agua contaminada o alimentos infestados.

La coexistencia de estos tres organismos en una misma muestra apunta a un caso de coinfección, es decir, a la presencia simultánea de varios parásitos en un mismo individuo o grupo. Para los investigadores, esto no solo confirma la carga de enfermedades intestinales en la Antigua Roma, sino que también ofrece pistas sobre las vías de transmisión. En el caso de Novae, todo apunta al agua contaminada como principal vector.

Excrementos humanos para fertilizar os cultivos

La villa donde se encontraron los recipientes estaba abastecida por un sistema de agua que tomaba caudal del río Danubio. Sin embargo, las infraestructuras hidráulicas romanas, por avanzadas que fueran, no eran inmunes a las filtraciones o a la contaminación, especialmente durante lluvias intensas o inundaciones. Los canales de desagüe, que vertían residuos hacia el río, podían mezclar aguas residuales con el suministro potable.

En ese contexto, no resulta difícil imaginar cómo los parásitos intestinales podían circular entre humanos a través del agua.

Pero hay otro factor igualmente importante: el uso de excrementos humanos como fertilizante. Los textos agrícolas romanos, como los del caballero romano Marco Terencio Varrón y del escritor agronómico hispano Lucius Junius Moderatus Columella, ya mencionaban esta práctica como habitual y eficaz. Sin embargo, esta técnica también facilitaba el ciclo de transmisión de muchos parásitos: los huevos presentes en las heces podían contaminar cultivos, ser ingeridos por animales o llegar de nuevo a los humanos a través de alimentos mal lavados.

Un escurridizo parásito del Viejo Mundo

Entre todos los hallazgos, el más llamativo tiene que ver con Cryptosporidium. Este protozoo, hoy conocido por causar brotes de diarrea por agua contaminada, no había sido identificado de forma fiable en contextos mediterráneos tan antiguos.

De hecho, hasta ahora los arqueólogos pensaban que su origen podría situarse en América Central, basándose en evidencias arqueológicas posteriores.

El descubrimiento en Novae cambia ese escenario. La detección deCryptosporidium en la Antigua Roma constituye una de las evidencias más antiguas de este agente patógeno en el Viejo Mundo, lo que obliga a replantear su historia evolutiva y geográfica. En otras palabras, este microorganismo ya circulaba entre poblaciones europeas siglos antes de lo que se creía.

Diferencias dentro del Imperio romano

Entamoeba histolytica en cultivo: este protozoo intestinal, causante de disentería, ha sido identificado en restos romanos, evidenciando infecciones en la Antigüedad. Cortesía: Joaquin Carrillo-Farga / National University of Mexico / Department of Histology / https://www.nikonsmallworld.com/

La importancia del hallazgo no radica solo en su antigüedad, sino también en lo que aporta sobre las condiciones de vida en el Imperio romano.

Cryptosporidium suele provocar infecciones leves en personas sanas, pero puede ser grave en niños, ancianos o individuos inmunodeprimidos. Su presencia sugiere que, aunque las grandes infraestructuras romanas —acueductos, baños, alcantarillado— han sido tradicionalmente vistas como avances higiénicos, la realidad cotidiana podía ser mucho más ambigua.

Curiosamente, no todos los contextos analizados muestran la misma situación. En Marcianópolis, una ciudad importante de la región, los investigadores no detectaron parásitos en el recipiente estudiado. Esto podría deberse a varias razones: una mejor calidad del agua, una dieta diferente o simplemente la ausencia de heces en el depósito analizado. También es posible que factores ambientales hayan impedido la conservación de los restos.

Esta diferencia entre dos lugares relativamente cercanos ilustra la diversidad de condiciones dentro del Imperio romano. No existía una única experiencia romana en términos de salud pública en la Antigüedad, sino múltiples realidades condicionadas por factores locales como el acceso al agua, la alimentación o las prácticas culturales.

Qué aporta este estudio a la ciencia actual

Más allá de los resultados concretos, el estudio subraya el potencial de los objetos cotidianos como fuentes históricas. Durante décadas, la reconstrucción de la vida en la Antigüedad ha dependido en gran medida de textos y grandes hallazgos arqueológicos. Sin embargo, estos materiales suelen ofrecer una visión fragmentada y, a menudo, centrada en las élites.

Los restos microscópicos conservados en un simple orinal permiten, en cambio, acceder a aspectos mucho más íntimos: qué comían las personas, qué enfermedades padecían, cómo interactuaban con su entorno. En cierto modo, estos depósitos actúan como diarios biológicos involuntarios, escritos no con palabras, sino con trazas químicas y orgánicas.

El avance metodológico también es significativo. La aplicación de técnicas inmunológicas, como el ELISA, en arqueología abre nuevas posibilidades para detectar agentes patógenos que no se conservan bien o que son difíciles de identificar mediante microscopía. Recordemos que la prueba ELISA es una técnica de laboratorio que detecta sustancias específicas, como virus, bacterias y parásitos, en una muestra, identificando sus antígenos o anticuerpos mediante una reacción química que produce color.

Esto podría ampliar el catálogo de enfermedades antiguas identificables en el pasado y mejorar nuestra comprensión de la evolución de los microbios patógenos.

Recreación de Cryptosporidium, un protozoo intestinal transmitido por agua contaminada, cuya presencia en restos romanos revela un origen más antiguo de lo que se creía.

Recreación de Cryptosporidium, un protozoo intestinal transmitido por agua contaminada, cuya presencia en restos romanos revela un origen más antiguo de lo que se creía.

Lo que esconden los objetos cotidianos

En última instancia, este tipo de investigaciones contribuye a profundizar en una pregunta más amplia: cómo han interactuado los seres humanos con los microorganismos a lo largo de la historia. Las enfermedades infecciosas no son solo un fenómeno moderno, sino una constante en la experiencia humana, moldeada por factores como la urbanización, la agricultura o el comercio.

El Imperio romano, con su red de ciudades, rutas y sistemas hidráulicos, fue un entorno propicio tanto para la difusión de innovaciones como para la propagación de enfermedades. Los hallazgos de Novae y Marcianópolis recuerdan que, junto a los logros arquitectónicos y administrativos, existía también una realidad biológica compleja, en la que los humanos convivían —a menudo sin saberlo— con un amplio abanico de parásitos.

Quizá lo más fascinante de este estudio es precisamente eso: la capacidad de reconstruir esa convivencia invisible a partir de restos aparentemente insignificantes. En el fondo de un recipiente olvidado, en una capa de depósitos calcificados, se esconde una historia que conecta la Antigüedad con el presente. Una historia en la que los protagonistas no son emperadores ni generales, sino organismos microscópicos que han acompañado a la humanidad desde hace milenios.▪️(24-abril-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Parásitos e Imperio Romano

🦠 ¿Qué es Cryptosporidium?

Es un parásito microscópico que causa infecciones intestinales, generalmente transmitidas por agua o alimentos contaminados.

🦠 ¿Por qué es importante encontrarlo en restos romanos?

Porque demuestra que este patógeno existía en Europa mucho antes de lo que se pensaba, cambiando su historia evolutiva.

🦠 ¿Qué enfermedades tenían los romanos?

Entre otras, infecciones intestinales como:

  • Teniasis

  • Disentería

  • Criptosporidiosis

🦠 ¿Eran higiénicos los romanos?

Tenían infraestructuras avanzadas, pero eso no garantizaba una higiene efectiva. Existían riesgos importantes de contaminación.

🦠 ¿Cómo se detectan enfermedades en restos antiguos?

Mediante técnicas como:

  • Microscopía

  • ADN antiguo

  • Inmunoensayos (ELISA)

  • Fuente: Klenina, E., Biernacki, A. B., Welc-Falęciak, R. et al.Analysis of Roman chamber pots to understand the health of the lower Danube inhabitants.npj Heritage Science (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s40494-026-02475-x

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