Las ratas también sienten empatía, pero no como nosotros: científicos descubren qué tipo de empatía poseen

¿Es posible que una rata sea capaz de ayudar a otra porque comprende su sufrimiento? Un nuevo estudio desmonta viejos prejuicios y revela que estos roedores, asociados durante siglos con la suciedad y las epidemias, poseen una forma de empatía sorprendente, aunque muy distinta de la humana.

Por Enrique Coperías, periodista científico

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Las ratas solo ayudan de forma habitual a individuos con los que mantienen un vínculo previo. Esa selectividad fue una de las claves para descartar que su comportamiento sea un simple reflejo instintivo.

Las ratas solo ayudan de forma habitual a individuos con los que mantienen un vínculo previo. Esa selectividad fue una de las claves para descartar que su comportamiento sea un simple reflejo instintivo. Foto: fr0ggy5

¿Las ratas sienten empatía?

Un nuevo estudio propone abandonar la vieja pregunta de si los animales son o no empáticos. La ciencia defiende ahora una visión mucho más matizada: distintas especies poseen formas diferentes de empatía, y las ratas figuran entre las más sorprendentes.

Durante siglos, las ratas han cargado con una reputación poco envidiable. Se las ha asociado con plagas, suciedad y enfermedades, hasta convertirse en uno de los animales menos apreciados por el ser humano. Sin embargo, los zoólogos lleva años dibujando un retrato completamente distinto: el de un mamífero extraordinariamente inteligente, capaz de aprender, cooperar, reconocer a otros individuos e incluso mostrar comportamientos que recuerdan a la compasión.

Ahora, un amplio trabajo publicado en la revista Biological Reviews propone revisar una de las cuestiones más controvertidas de la cognición animal: la empatía. Y lo hace con una conclusión tan provocadora como matizada. Sí, las ratas pueden comportarse de forma empática. Pero no porque experimenten la misma clase de empatía que un ser humano, sino porque poseen una versión propia, más sencilla, adaptada a sus capacidades cognitivas y a su forma de vida.

Pero ¿qué es exactamente la empatía?

Desde el punto de vista de la neurociencia, la empatía es la capacidad de percibir, comprender y responder al estado emocional de otra persona. No consiste simplemente en sentir lo mismo que el otro, sino en reconocer sus emociones, interpretar la situación que las provoca y, en muchos casos, actuar para aliviar su malestar.

En el cerebro humano intervienen distintas redes neuronales especializadas en procesar las emociones ajenas, adoptar la perspectiva de otra persona y decidir la respuesta más adecuada.

Precisamente porque combina procesos emocionales, cognitivos y sociales, los científicos consideran hoy que la empatía no es una única capacidad, sino un conjunto de habilidades que pueden desarrollarse en distinto grado según la especie, como veremos más adelante.

La empatía, desde una nueva perspectiva

El estudio, liderado por Albert Newen, de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania), junto con investigadores de las universidades de Osnabrück, Viena y UCLA, sostiene que la gran pregunta estaba mal planteada desde el principio. Durante décadas, la discusión se ha reducido a un falso dilema: ¿los animales tienen empatía o no la tienen? Los autores del nuevo trabajo consideran que esa visión en blanco y negro ya no resulta útil.

🗣️ «Ya no tenemos que responder simplemente sí o no a la pregunta de si las ratas sienten empatía —explica Newen en un comunicado de la Universidad Ruhr de Bochum. Y añade—: Podemos determinar con mucha más precisión qué tipo o perfil de empatía poseen».

Esa idea constituye el núcleo del trabajo: la empatía no sería una capacidad única, sino un conjunto de habilidades que pueden aparecer en distintos grados según la especie.

La propuesta supone un cambio importante de perspectiva. En lugar de situarnos a nosotros mismos como el modelo absoluto con el que comparar a todos los demás animales, los investigadores defienden una aproximación mucho más flexible, capaz de reconocer que diferentes especies pueden haber desarrollado distintas formas de comprender y responder al sufrimiento ajeno.

Los experimentos que inspiraron este estudio mostraron que una rata es capaz de liberar primero a una compañera atrapada antes de ir a por comida, e incluso compartir después el alimento.

Los experimentos que inspiraron este estudio mostraron que una rata es capaz de liberar primero a una compañera atrapada antes de ir a por comida, e incluso compartir después el alimento. Foto de riccardo ragione en Unsplash‍ ‍

El experimento que demostró que las ratas ayudan a otras ratas

Buena parte de esta historia comenzó hace quince años con un experimento que sorprendió incluso a muchos especialistas en comportamiento animal.

Dos ratas convivían desde hacía tiempo en la misma jaula y se conocían bien. En un momento dado, una de ellas fue encerrada en un pequeño compartimento transparente del que solo podía salir si otra rata accionaba un mecanismo situado en el exterior. La segunda rata permanecía libre.

Para complicar todavía más la situación, los investigadores colocaron un apetitoso trozo de chocolate al alcance de la rata libre. El animal debía elegir entre dirigirse inmediatamente hacia la comida o acudir primero a liberar a su compañera.

El resultado fue inesperado. Una y otra vez, la rata ignoraba de entrada el chocolate, abría la pequeña prisión de su compañera y solo después iba a buscar el alimento. En muchas ocasiones, además, ambas terminaban compartiendo el chocolate.

Aquellos resultados, publicados en la revista Science en 2011, desencadenaron un intenso debate científico. Para algunos investigadores, aquello constituía una prueba prácticamente irrefutable de empatía. Otros, en cambio, defendían que el comportamiento podía explicarse por motivos mucho más simples, como el deseo de recuperar la compañía de otra rata o de poner fin a las vocalizaciones de estrés que emitía el animal atrapado.

«¿Qué más podría hacerse para demostrar que aquí está actuando la empatía?», plantea Maja Griem, coautora del nuevo trabajo, al recordar aquel célebre experimento. Sin embargo, precisamente esa disparidad de interpretaciones convenció al equipo de que era necesario desarrollar un marco conceptual completamente nuevo para estudiar la empatía animal.

Cómo mide hoy la ciencia la empatía en los animales

La principal aportación del estudio consiste en abandonar las definiciones clásicas y sustituirlas por un modelo multidimensional.

Según los investigadores, la empatía no depende de una única capacidad, sino de la combinación de cinco grandes dimensiones cognitivas y conductuales que pueden desarrollarse en distinto grado según cada especie.

1️⃣ La primera consiste en detectar el estado emocional de otro individuo. No basta con percibir su presencia; es necesario captar si está asustado, angustiado o relajado.

2️⃣ La segunda implica comprender la situación en la que se encuentra ese individuo. No es lo mismo detectar miedo que entender por qué está ocurriendo ese miedo.

3️⃣ La tercera dimensión resulta todavía más sofisticada: reconocer los estados mentales del otro, es decir, inferir qué sabe, qué desea o qué cree. Esta capacidad, conocida como toma de perspectiva cognitiva, constituye uno de los rasgos más desarrollados en nuestra especie.

4️⃣ y 5️⃣ Las dos dimensiones restantes ya no tienen que ver con comprender al otro, sino con la respuesta que se ofrece. Una mide la flexibilidad del comportamiento: ayudar porque la situación lo requiere y no simplemente porque se active un reflejo automático. La otra evalúa hasta qué punto la conducta está realmente orientada hacia el bienestar del otro individuo y no hacia un beneficio propio.

🗣️ «En conjunto hablamos de cinco capacidades estrechamente relacionadas con la empatía —dice Newen—. Registrar las emociones, la situación y los estados mentales del otro, junto con dos características del comportamiento: que sea flexible y que esté orientado hacia el otro».

Los córvidos, como los cuervos, presentan perfiles de empatía sorprendentemente avanzados. A pesar de su lejanía evolutiva con los mamíferos, muestran capacidades sociales comparables a las de algunos primates y cánidos.

Los córvidos, como los cuervos, presentan perfiles de empatía sorprendentemente avanzados. A pesar de su lejanía evolutiva con los mamíferos, muestran capacidades sociales comparables a las de algunos primates y cánidos. Foto de Townsend Walton

Qué diferencia la empatía de las ratas de la empatía humana

Cuando los investigadores aplicaron este sistema a diferentes grupos animales —grandes simios, perros y lobos, córvidos y roedores— apareció una imagen mucho más rica que la tradicional clasificación entre animales «empáticos» y «no empáticos».

Las ratas obtuvieron puntuaciones especialmente altas en la capacidad para detectar las emociones básicas de otros individuos y también mostraron una notable flexibilidad conductual. Son capaces de modificar su comportamiento dependiendo del contexto, algo incompatible con la idea de que simplemente obedecen a un instinto rígido.

Sin embargo, sus limitaciones aparecen cuando se analizan procesos cognitivos más complejos. Apenas existen pruebas de que puedan representar los pensamientos o creencias de otra rata más allá de reconocer su estado emocional inmediato. Dicho de otro modo, parecen comprender que otra rata está sufriendo, pero no necesariamente por qué piensa o interpreta la situación de una determinada manera.

Esa diferencia marca, precisamente, la frontera entre la empatía de un roedor y la de un ser humano. No se trata de una diferencia absoluta, sino de una cuestión de grado y de complejidad cognitiva.

Cómo evolucionó la empatía en los animales

El verdadero alcance del trabajo va más allá del caso concreto de las ratas. Los autores sostienen que la ciencia necesita abandonar definitivamente la idea de que la empatía es un rasgo que simplemente está presente o ausente. Igual que la inteligencia no puede reducirse a una única capacidad, la empatía tampoco.

Para demostrarlo, el equipo comparó los perfiles de empatía obtenidos en los grandes grupos de animales antes mencionados: roedores, grandes simios, cánidosperros y lobos— y córvidos, una familia de aves que incluye cuervos, urracas y arrendajos, célebres por sus sorprendentes habilidades cognitivas.

El resultado dibuja un auténtico mapa evolutivo de la empatía:

✅ Los grandes simios aparecen como los animales cuyo perfil más se aproxima al humano. No solo detectan las emociones de sus congéneres, sino que también son capaces de interpretar situaciones sociales complejas, reconocer relaciones entre distintos individuos e incluso mostrar indicios de adoptar la perspectiva mental de otro.

Diversos estudios han documentado conductas de consuelo tras conflictos, cooperación sofisticada e intervenciones dirigidas específicamente a aliviar el malestar de otro miembro del grupo.

✅ Los perros y los lobos presentan un perfil diferente, muy influido por millones de años de evolución social y, en el caso del perro, por su estrecha convivencia con los seres humanos. Son especialmente sensibles a las señales emocionales y sociales, cooperan con facilidad y adaptan su comportamiento al estado de quienes les rodean. Sin embargo, existen menos evidencias de que lleguen a representar con precisión los estados mentales ajenos.

✅ Los córvidos constituyen quizá la mayor sorpresa. Aunque pertenecen a una rama evolutiva muy alejada de los mamíferos, los cuervos y otras especies cercanas a ellos muestran perfiles de empatía notablemente parecidos a los de los cánidos en varios aspectos. Se trata de un ejemplo de evolución convergente: cerebros muy distintos que han llegado a soluciones similares para afrontar problemas sociales complejos.

Como explica Simone Pika, investigadora de la Universidad de Osnabrück y coautora del estudio, este enfoque permite comparar «los perfiles de empatía entre distintas especies y también con el ser humano». Ya no se trata de establecer un ranking, sino de comprender cómo cada especie ha desarrollado su propia combinación de capacidades sociales.

Los chimpancés y otros grandes simios poseen el perfil de empatía más parecido al humano. Son capaces de consolar a otros individuos, cooperar y comprender relaciones sociales complejas dentro del grupo.

Los chimpancés y otros grandes simios poseen el perfil de empatía más parecido al humano. Son capaces de consolar a otros individuos, cooperar y comprender relaciones sociales complejas dentro del grupo. Foto de Dmitrii Zhodzishskii en Unsplash‍ ‍

La empatía no surgió de un plumazo

Una de las implicaciones más interesantes del estudio afecta de manera directa a nuestra comprensión de la evolución.

Durante mucho tiempo se asumió que la empatía era una capacidad esencialmente humana que, en el mejor de los casos, aparecía de forma rudimentaria en algunos primates. Sin embargo, el nuevo trabajo sugiere un escenario muy distinto.

Las distintas dimensiones de la empatía podrían haber evolucionado de manera relativamente independiente. Algunas especies habrían desarrollado una extraordinaria sensibilidad hacia las emociones ajenas, mientras que otras habrían perfeccionado la cooperación o la flexibilidad conductual. Solo en unas pocas, como nuestra propia especie, todas esas capacidades se combinarían hasta formar una empatía especialmente compleja.

Esta perspectiva también ayuda a explicar por qué animales separados por decenas de millones de años de evolución pueden mostrar comportamientos sorprendentemente parecidos. Un cuervo que ayuda a otro, un perro que responde al estado emocional de su dueño o una rata que libera a una compañera atrapada no tienen por qué estar utilizando exactamente los mismos mecanismos cognitivos. Lo importante no es que sean idénticos, sino que sus perfiles presentan semejanzas funcionales.

🧠 Empatía según la especie

La empatía no es igual en todos los animales. Según el nuevo modelo científico, cada grupo presenta un perfil diferente en función de sus capacidades cognitivas y sociales.


👤 Seres humanos
Empatía muy desarrollada. Detectan emociones, comprenden la situación y los estados mentales de los demás y adaptan su comportamiento de forma flexible para ayudar.

🦍 Grandes simios
El perfil más parecido al humano. Muestran cooperación, consuelo, comprensión de relaciones sociales complejas e indicios de adoptar la perspectiva de otros individuos.

🐕 Perros y lobos
Muy sensibles a las emociones. Destacan por interpretar señales emocionales y cooperar con otros, aunque existen menos evidencias de que comprendan los estados mentales complejos.

🐦 Córvidos (cuervos, urracas y arrendajos)
Una sorpresa evolutiva. A pesar de tener un cerebro muy distinto al de los mamíferos, muestran capacidades sociales y cognitivas comparables a las de algunos mamíferos altamente inteligentes.

🐀 Ratas
Empatía básica pero auténtica. Son capaces de reconocer el sufrimiento de otras ratas y ayudarlas, aunque apenas existen pruebas de que comprendan sus pensamientos o creencias.


La clave del estudio

La empatía no funciona como un interruptor que está encendido o apagado. Cada especie posee un "perfil de empatía" propio, resultado de la combinación de distintas capacidades cognitivas, emocionales y sociales.

Un modelo para estudiar la mente animal

Los investigadores consideran que este marco no solo permitirá reinterpretar numerosos experimentos ya realizados, sino también diseñar otros nuevos mucho más precisos.

Hasta ahora, muchos estudios terminaban en discusiones estériles. Ante una conducta aparentemente altruista, unos científicos concluían que existía empatía, mientras que otros argumentaban que bastaban explicaciones más sencillas, como un aprendizaje previo o el interés por obtener una recompensa.

El nuevo modelo multidimensional desplaza el foco de esa discusión. En lugar de preguntar si un comportamiento demuestra o no la existencia de empatía, propone identificar qué dimensiones están implicadas y cuáles no. Así es posible describir con mucho mayor detalle las fortalezas y limitaciones cognitivas de cada especie.

Los autores del nuevo trabajo creen, además, que el sistema podría extenderse al estudio de otras capacidades mentales complejas, como la conciencia, la cooperación o la resolución de problemas, permitiendo comparaciones más objetivas entre especies muy diferentes.

La neurociencia define la empatía como la capacidad de reconocer las emociones de los demás, comprender su situación y adaptar el propio comportamiento. El nuevo estudio sugiere que estas habilidades existen en distintos grados a lo largo del reino animal. Foto de Floris Van Cauwelaert en Unsplash‍ ‍

Mirar a las ratas con otros ojos

Las conclusiones del estudio no convierten a las ratas en pequeños seres humanos con bigotes. Los propios investigadores insisten en que sería un error antropomorfizar su comportamiento. Las ratas no parecen comprender los pensamientos complejos de sus compañeras ni poseen una teoría de la mente comparable a la nuestra.

Pero tampoco son simples autómatas gobernados por una amalgama de reflejos e instintos.

Las evidencias acumuladas durante los últimos años indican que detectan el sufrimiento de individuos conocidos, adaptan su conducta a esa situación y, en determinadas circunstancias, están dispuestas incluso a renunciar temporalmente a una recompensa para ayudar primero a otra rata. Todo ello configura una forma de empatía que, aunque distinta de la humana, resulta perfectamente reconocible dentro de su propio mundo social.

🗣️«En términos sencillos, puede decirse que el extraordinario comportamiento de ayuda de las ratas constituye un caso de empatía —resume Newen. Y concluye—: Pero no es el mismo tipo de empatía que observamos en los seres humanos, sobre todo porque carece de una sensibilidad hacia los estados mentales del otro que vaya más allá del reconocimiento de sus emociones».

Quizá esa sea la principal enseñanza del estudio. La evolución no parece haber inventado la empatía una sola vez para alcanzar su máxima expresión en nuestra especie. Más bien habría producido múltiples versiones de una misma capacidad, adaptadas a cerebros, modos de vida e historias evolutivas muy diferentes.

Y, entre esas versiones, una de las más inesperadas pertenece precisamente a un animal al que durante siglos hemos considerado poco más que una alimaña. Las ratas, concluyen los autores, no sienten empatía como nosotros. Pero eso no significa que no sean capaces, a su manera, de preocuparse por los demás.◾️ (6-julio-2026)

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Empatía y Animales

🐀 ¿Las ratas sienten empatía?

Sí. El estudio concluye que las ratas muestran una forma propia de empatía al reconocer el sufrimiento de otras ratas y ayudarlas en determinadas circunstancias.

🐀 ¿Cómo saben los científicos que una rata ayuda a otra?

Porque experimentos controlados muestran que una rata libera primero a una compañera atrapada antes de buscar comida, llegando incluso a compartir el alimento.

🐀 ¿Las ratas sienten empatía igual que los humanos?

No. Detectan emociones y situaciones, pero apenas muestran evidencias de comprender los estados mentales complejos de otros individuos.

🐀 ¿Qué animales muestran empatía?

Según este estudio, los perfiles de empatía más desarrollados corresponden a los seres humanos, los grandes simios, los perros y lobos, los córvidos y las ratas, aunque cada grupo presenta capacidades diferentes.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Las ratas muestran comportamientos empáticos, como liberar a compañeras atrapadas antes de buscar comida.

  • El nuevo estudio concluye que la empatía no es exclusiva de los seres humanos, aunque adopta formas diferentes según la especie.

  • Los investigadores proponen un modelo de cinco dimensiones para medir la empatía animal.

  • Las ratas reconocen las emociones y la situación de otras ratas, pero apenas comprenden sus estados mentales complejos.

  • El trabajo compara la empatía en roedores, grandes simios, perros, lobos y córvidos.

  • El estudio cambia la forma en que la ciencia investiga la evolución de la empatía.

  • Información facilitada por la Universidad Ruhr de Bochum

  • Fuente: Newen, A., Griem, M., Huber, L., Bugnyar, T., Blaisdell, A. and Pika, S. Animal empathy reconsidered: a multidimensional profile account. Biological Reviews (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/brv.70196

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