Los corazones viejos pueden rejuvenecer al ser trasplantados a personas jóvenes
El corazón de un donante mayor puede mostrar señales de rejuvenecimiento al trasplantarse a una persona joven. El descubrimiento podría permitir el aprovechamiento de más bombas vitales para salvar vidas, aunque todavía no se sabe si esos corazones remozados funcionarán durante más tiempo.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un corazón, dos edades: esta ilustración conceptual representa cómo un órgano de un donante mayor puede mostrar señales moleculares de rejuvenecimiento tras ser trasplantado a una persona joven. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Un corazón tiene dos edades que no suelen coincidir. Una figura en el historial del donante, en su DNI, y avanza al ritmo del calendario. La otra se calcula mediante señales moleculares que cambian con el paso de los años, a medida en que envejecemos. Hasta ahora parecía razonable pensar que un órgano trasplantado conserva, en buena medida, ambas. Pero ¿y si no fuera así?
Una investigación dirigida por Jesse Poganik, del Brigham and Women’s Hospital y la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, pone sobre la mesa una historia sorprendente: cuando un corazón viejo pasa a un organismo joven, algunas de sus señales de envejecimiento retroceden. Si el viaje es en sentido contrario, el corazón joven adquiere señales propias de un tejido cardiaco más envejecido.
El trabajo acaba de aparecer publicado en el repositorio de trabajos científicos bioRxiv y aún no ha sido revisado por pares, o sea, la evaluación que realizan especialistas independientes antes de que una revista científica acepte un artículo.
Los mejores corazones para trasplantes
De confirmarse, el descubrimiento tendría consecuencias que van más allá de la biología del envejecimiento. La escasez de órganos para trasplantes plantea una decisión difícil: utilizar más corazones de donantes añosos podría salvar a más pacientes, pero esos órganos pueden sufrir daños acumulados que afecten a su buen funcionamiento.
No existe un límite de edad universal, aunque suelen preferirse los donantes jóvenes. Los corazones de donantes menores de 45 años suelen ser los más recomendables, pero cumplir más años no impide la donación. Las guías internacionales permiten valorar corazones de personas de 45 años o más si se descarta una enfermedad coronaria importante y se prevé un tiempo breve entre la extracción y el implante.
En España, el protocolo para donantes en asistolia, también conocida como donación tras la muerte circulatoria, recomienda hasta 55 años cuando no existen factores de riesgo cardiovascular, y contempla edades superiores tras una evaluación individual. Por tanto, la edad orienta la decisión, pero también cuentan el estado del corazón y la situación del paciente que espera recibirlo.
Saber si un órgano de más edad puede adaptarse a un receptor joven ayudaría a afinar esa valoración. Por ahora, el nuevo estudio solo muestra cambios en marcadores moleculares: todavía no demuestra que esos corazones funcionen bien durante décadas.
La edad de un corazón donado influye en su selección para un trasplante. Un nuevo estudio sugiere que, una vez implantado, algunas de sus señales moleculares de envejecimiento pueden adaptarse a la edad de quien lo recibe. Cortesía: UZ Leuven
Cómo se estudió el envejecimiento de los corazones
Corazones jóvenes y viejos trasplantados entre ratones
El equipo de Poganik trasplantó corazones entre ratones de tres edades: jóvenes, de tres meses; de mediana edad, de un año; y viejos, de entre año y medio y aproximadamente veinte meses. Cada roedor receptor conservó su corazón original y recibió un segundo corazón conectado a la circulación. Esto permitió comparar el injerto con tejidos del mismo animal.
Hay que señalar que los ratones eran genéticamente compatibles, una decisión que reducía la influencia del rechazo inmunitario. Entre cuatro y seis meses después de la operación, los investigadores analizaron el ADN de los corazones y de otros tejidos.
La principal pista fue la metilación del ADN. Esta consiste en pequeñas marcas químicas que se adhieren a determinados puntos del ADN sin cambiar su secuencia y que pueden influir en la actividad de los genes. Con los años, algunas de esas marcas aparecen o desaparecen siguiendo patrones reconocibles.
Los investigadores comparan el patrón de una muestra con los de tejidos de edades conocidas: así funcionan los relojes epigenéticos, que estiman la edad biológica del corazón. Si el resultado es menor que su edad cronológica, el tejido presenta señales moleculares más propias de un corazón joven. Es una estimación, no una prueba de que se hayan reparado todos los daños acumulados.
Pues bien, en los ratones objeto de estudio, los relojes situaron los corazones jóvenes trasplantados a animales viejos por delante de lo esperable para su edad de origen. Por contra, los corazones viejos alojados en animales jóvenes mostraron el desplazamiento inverso.
El análisis de la actividad de los genes respaldó esa dirección: entre los cambios más llamativos aparecieron los relacionados con las mitocondrias, estructuras de las células que son esenciales para obtener energía. Los autores también observaron señales de envejecimiento asociadas al propio trasplante, incluso cuando donante y receptor tenían edades parecidas.
Once biopsias humanas y datos clínicos de cientos de pacientes
La prueba más cercana a la práctica médica procedió de biopsias conservadas tras once trasplantes cardíacos en los que existía una diferencia notable de edad entre donante y receptor. Algunos corazones provenían de personas de entre ocho y veinticuatro años mayores que quienes los recibieron; otros, de donantes de entre 38 y 50 años más jóvenes. Los relojes epigenéticos aplicados a esas muestras relacionaron la edad biológica estimada del injerto con la edad del receptor más que con la del donante. «Lo extraordinario es que encontramos exactamente los mismos efectos que habíamos visto en los ratones», ha declarado Poganik a la revista Nature.
La observación en seres humanos resulta sugerente, pero se apoya en una muestra pequeña y en biopsias históricas, no en un seguimiento molecular detallado de cada corazón desde antes de la operación.
El equipo examinó también pruebas realizadas a cientos de pacientes un año después del trasplante. Algunas medidas, como la frecuencia ventricular y el grosor de una de las paredes del corazón, se relacionaban con la edad del receptor. Ocurría asimismo con la capacidad de ejercicio y el consumo máximo de oxígeno. Otras medidas cardíacas no mostraron una relación estadísticamente clara. Según explica Poganik en Nature, algunas funciones parecían seguir la predicción de una adaptación biológica del órgano, mientras que otras alteraciones probablemente no sean reversibles.
La interpretación de las pruebas de esfuerzo exige cuidado. El rendimiento físico depende del corazón trasplantado, pero también de los pulmones, los músculos y el estado general del paciente. Los datos clínicos acompañan al hallazgo molecular; todavía no prueban que un corazón viejo implantado en una persona joven alcance la misma duración que uno procedente de un donante joven.
El cuerpo receptor también influye en la edad de otros tejidos
El hallazgo encaja con una línea de investigación que considera el envejecimiento un proceso sensible al entorno del tejido. En 2023, una investigación dirigida por James P. White, de la Facultad de Medicina de la Universidad Duke, en Estados Unidos. y publicada en la revista Nature Aging conectó quirúrgicamente las circulaciones de ratones jóvenes y viejos durante un periodo prolongado.
En los animales mayores, el grupo de White encontró cambios moleculares compatibles con rejuvenecimiento y una mayor supervivencia. Aquel experimento estudiaba la influencia de compartir la circulación; el trasplante permite observar qué sucede cuando un órgano concreto cambia de entorno.
Un antecedente en humanos apareció en Aging Cell en 2024. Al estudiar células sanguíneas procedentes de trasplantes de médula ósea, Arne Søraas, del Departamento de Microbiología, en el Hospital Universitario de Oslo, y sus colegas encontraron que ciertos relojes epigenéticos avanzaban más deprisa cuando las células del donante vivían en un receptor de mayor edad, y más despacio cuando el receptor era más joven. La coincidencia con el nuevo estudio cardíaco refuerza la idea de que el entorno del cuerpo influye en el envejecimiento de los tejidos trasplantados. Aún no se conoce el peso preciso de la inflamación, el metabolismo, las sustancias circulantes y otros posibles mecanismos
El efecto tampoco tiene por qué ser igual en todos los órganos. En un pequeño estudio de trasplantes renales de donantes mayores a receptores jóvenes, los investigadores no encontraron señales de rejuvenecimiento al medir un marcador de senescencia celular llamado p16 al cabo de un año. Se trata de una medición distinta de los relojes epigenéticos usados en corazones, pero recuerda que «edad biológica» no designa una única propiedad y que un hallazgo cardíaco no puede extenderse automáticamente a riñones, hígados u otros tejidos.
David Wheeler acude con Tammy Wheeler a una revisión tres meses después de recibir un trasplante de corazón. A la derecha, conversa con la coordinadora de trasplantes Alex Shouey. El seguimiento de los pacientes permite estudiar cómo se adapta el órgano a su nuevo cuerpo. Foto: Penn State
¿Podrían utilizarse más corazones de donantes mayores?
Esa es la aplicación que vuelve especialmente interesante el trabajo. La edad del donante interviene en la selección de corazones, aunque la decisión también depende de su estado y de las circunstancias del trasplante. Si se confirma que algunos órganos mayores se adaptan favorablemente a receptores jóvenes, podría ampliarse el grupo de donantes aprovechables.
Bartley Griffith, cirujano de la Universidad de Maryland, plantea en Nature la posibilidad de utilizar más corazones de personas mayores en pacientes jóvenes. Y la cirujana Amy Fiedler, de la Universidad de California en San Francisco, señala la incertidumbre que sigue frenando esa elección: cuánto durarán esos órganos.
La evidencia clínica disponible aconseja evaluar cada caso con rigor. Un análisis estadounidense publicado hace dos años asoció una mayor edad del donante con más mortalidad y fallos del injerto. Por su parte, un estudio de un solo centro publicado en 2026, que incluyó 784 trasplantes, observó resultados tempranos similares entre receptores de corazones de donantes menores de 45 años y de 45 años o más, tras ajustar la comparación entre grupos. Son estudios observacionales realizados en poblaciones y condiciones distintas: ninguno permite concluir que la edad del donante carezca de importancia.
También hay señales biológicas que invitan a no simplificar. Una investigación publicada en 2024 halló que trasplantar corazones viejos a ratones jóvenes podía aumentar las células senescentes en otros tejidos y perjudicar algunas pruebas físicas y cognitivas. Los autores relacionaron el fenómeno con sustancias inflamatorias liberadas por el órgano, entre ellas ADN mitocondrial. El nuevo trabajo no detectó un cambio generalizado comparable en la edad epigenética de los tejidos del receptor. Ambos resultados examinan aspectos y momentos diferentes de la interacción entre injerto y organismo.
Qué falta por demostrar antes de cambiar la selección de donantes
El estudio humano de metilación reúne solo once casos y utiliza biopsias históricas. Los datos funcionales corresponden al primer año después de la operación.
Falta estudiar a más pacientes, en distintos hospitales y durante más tiempo para comprobar si los cambios moleculares persisten y se traducen en menos enfermedad de los vasos del injerto, menos fallos cardíacos y mayor supervivencia.
También habrá que identificar qué características de un corazón de más edad pueden mejorar en un receptor joven y cuáles permanecen intactas.
Mientras llegan las respuestas, el estudio deja una idea poderosa y acotada: un corazón trasplantado no lleva escrita toda su historia futura en la edad de su donante. El cuerpo que lo recibe también empieza a escribirla.▪️(29-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- La edad del receptor influye en el corazón trasplantado: los injertos de donantes mayores mostraron señales moleculares más jóvenes al alojarse en organismos jóvenes; los corazones jóvenes presentaron el cambio contrario en organismos viejos.
- La principal medida fue la metilación del ADN: los investigadores utilizaron relojes epigenéticos para estimar la edad biológica de los corazones.
- Se observó en ratones y en personas: el análisis humano incluyó biopsias de 11 trasplantes con diferencias importantes de edad entre donante y receptor.
- Algunas funciones siguieron la misma tendencia: al año del trasplante, ciertas medidas cardíacas se asociaron con la edad del receptor, aunque el resultado no fue uniforme en todas las pruebas.
- Podría ayudar a aprovechar más donantes mayores, pero todavía no demuestra que sus corazones vayan a funcionar durante más tiempo.
- Es un resultado preliminar: el estudio está publicado en bioRxiv, aún no ha pasado la revisión por pares y necesita confirmación en más pacientes y con seguimiento prolongado.
Fuente: Jesse R. Poganik et al. Transplanted hearts assimilate the recipient’s biological age. bioRxiv (2026). DOI: https://doi.org/10.64898/2026.09.15.751836

