«Norellraptor»: el dinosaurio de cuatro alas que reabre el debate sobre el origen del vuelo

Un fósil hallado en China muestra que un pequeño pariente de los velocirraptores desarrolló rasgos aerodinámicos parecidos a los de las primeras aves siguiendo una trayectoria evolutiva distinta. El descubrimiento refuerza la hipótesis de que hubo más de un camino hacia el vuelo, aunque todavía no permite saber cómo se desplazaba este animal por el aire.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística del Norellraptor barsboldi en un paisaje lacustre del Cretácico. El fósil conserva huellas de plumas en brazos, patas y cola, aunque todavía no sabemos si este pequeño dinosaurio podía volar.

Recreación artística del Norellraptor barsboldi en un paisaje lacustre del Cretácico. El fósil conserva huellas de plumas en brazos, patas y cola, aunque todavía no sabemos si este pequeño dinosaurio podía volar. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones

Hace entre 120 y 125 millones de años, un pequeño depredador emplumado quedó sepultado en lo que hoy es la provincia de Liaoning, en el noreste de China. Su esqueleto se conservó junto a impresiones de plumas en los brazos, las patas y la cola.

Ese fósil, descrito ahora como Norellraptor barsboldi, aporta una nueva pieza a una de las discusiones más antiguas de la paleontología: si las aves y algunos de sus parientes dinosaurianos llegaron a desarrollar capacidades aéreas por caminos distintos.

La investigación, publicada en Nature Communications por un equipo internacional de paleontólogos en el que participan Xuri Wang y Qiang Ji, de la Hebei GEO University (China), y Andrea Cau, del OPHIS Museo Paleontologico e Centro Erpetologico (Italia), no plantea que las aves dejen de ser dinosaurios. Lo son: descienden de un linaje de pequeños terópodos. La discusión se refiere a algo más preciso: si ciertos grupos próximos a ellas heredaron de un antepasado común un aparato de vuelo ya encaminado a funcionar o si reunieron por separado las adaptaciones necesarias para desplazarse por el aire.

¿Qué era «Norellraptor barsboldi»?

El Norellraptor barsboldi pertenecía a los microrraptores (Microraptorinae), una subfamilia de dinosaurios depredadores de pequeño porte emparentado con los velocirraptores. Algunos de sus miembros tenían largas plumas en las extremidades delanteras y traseras. De ahí procede la expresión dinosaurios de cuatro alas: describe cuatro superficies emplumadas, aunque no implica que todas funcionaran como las alas de un ave actual.

El ejemplar estudiado medía aproximadamente 57 centímetros de longitud, incluidos unos 32 centímetros de cola. Procede de la Formación Jiufotang, célebre por conservar fósiles con detalles que rara vez sobreviven al paso de millones de años. En este caso, el esqueleto casi completo y las huellas del plumaje permiten examinar en un mismo individuo huesos y estructuras relacionadas con la aerodinámica.

Un animal joven que también conserva pistas sobre su crecimiento

Los investigadores cortaron y analizaron al microscopio un hueso del antebrazo para estudiar su tejido interno. Las marcas de crecimiento indican que Norellraptor barsboldi tenía al menos una edad de tres años cuando murió y que aún era un individuo joven.

Este dato ayuda a interpretar el fósil. Los huesos cambian durante el desarrollo, y algunas diferencias entre ejemplares pueden deberse a la edad, en vez de señalar especies distintas.

El estudio incorpora por ello el crecimiento óseo a la comparación anatómica. Según explican sus autores, el antebrazo muestra un patrón que podría aportar información sobre cómo se desarrollaban las extremidades de los microrraptores; su significado evolutivo necesita todavía más ejemplares con los que contrastarse.

El fósil de Norellraptor barsboldi casi completo (a) y los detalles de su cráneo (b–d), la región del pecho y los brazos (e) y el extremo de la larga cola (f).

El fósil de Norellraptor barsboldi casi completo (a) y los detalles de su cráneo (b–d), la región del pecho y los brazos (e) y el extremo de la larga cola (f). La flecha señala el punto del antebrazo del que se extrajo una muestra para estudiar el crecimiento del animal. Cortesía: Wang y colaboradores / Nature Communications (2026)

¿Por qué sugiere que el vuelo evolucionó más de una vez?

La clave del trabajo está en el orden de aparición de los rasgos, no solo en su parecido final. Los científicos compararon características del esqueleto de los microrraptores con las de las aves primitivas y reconstruyeron cuándo surgieron a lo largo de cada linaje. Aproximadamente el 30 % de las novedades anatómicas identificadas en los microrraptores también apareció, de forma convergente, en el linaje aviar. Entre los ejemplos estudiados figuran cambios en las extremidades anteriores y el tórax.

Si ambos grupos hubieran seguido un mismo programa heredado para construir el aparato de vuelo, cabría esperar secuencias de cambios semejantes. El análisis encuentra una pauta diferente. Los autores del trabajo sostienen que las adaptaciones aéreas se ensamblaron paso a paso y en distinto orden en microrraptores y aves. Esa es la principal razón por la que interpretan las semejanzas como resultado de presiones evolutivas independientes.

Hay un matiz esencial. Ambos linajes compartían antepasados, y las plumas existían antes de que surgiera el vuelo. La hipótesis de la evolución independiente no dice que cada grupo inventara las plumas desde cero. Propone que, a partir de características heredadas, cada uno desarrolló por su cuenta determinadas combinaciones de huesos, articulaciones y superficies emplumadas relacionadas con el desplazamiento aéreo.

¿El «Norellraptor barsboldi» podía volar?

El fósil conserva rasgos compatibles con adaptaciones aéreas, pero no permite establecer con certeza cómo se movía Norellraptor por el aire. Planear, controlar una caída y sostener un vuelo mediante el batido de las alas son capacidades diferentes.

Las plumas y la forma de los huesos ofrecen pistas sobre ellas; ninguna equivale a observar al animal vivo.

La propia investigación sitúa su conclusión en el terreno de la historia evolutiva. Cau y sus colegas argumentan que los microrraptorinos desarrollaron su conjunto de adaptaciones por una trayectoria distinta a la de las aves. Determinar qué rendimiento alcanzó Norellraptor requiere reconstrucciones biomecánicas y comparaciones adicionales con otros fósiles.

Cortes microscópicos de un hueso del antebrazo del Norellraptor barsboldi, observados con distintos tipos de luz (a–e).

Cortes microscópicos de un hueso del antebrazo del Norellraptor barsboldi, observados con distintos tipos de luz (a–e). Las líneas y zonas de crecimiento permitieron estimar que el dinosaurio tenía al menos tres años cuando murió y estudiar cómo se desarrollaban sus extremidades. Cortesía: Wang y colaboradores / Nature Communications (2026)

Los fósiles recientes que amplían la historia

El descubrimiento llega después de otros estudios que han complicado, para bien, el relato sobre los primeros animales emplumados capaces de volar. En 2025, un equipo de paleontólogos dirigido por Jingmai O’Connor, del Negaunee Integrative Research Center, en el Field Museum of Natural History (Chicago), describió en Nature un ejemplar de Archaeopteryx conservado en el Museo Field de Chicago.

El fósil permitió identificar plumas interiores que cubrían el espacio entre el ala y el cuerpo, una pieza relevante para reconstruir su superficie aerodinámica. Muestra hasta qué punto la disposición concreta del plumaje importa tanto como la presencia de plumas.

Ese mismo año se presentó oficialmente al Baminornis zhenghensis, un ave del Jurásico tardío hallada en China. Mientras Archaeopteryx conservaba una larga cola ósea, Baminornis exhibía una cola corta rematada en una estructura que sostenía las plumas. Ambos fósiles indican que las primeras aves ya mostraban diseños corporales diversos hace alrededor de 150 millones de años, mucho antes de que viviera Norellraptor.

La diversidad de los microrraptorinos también ha crecido. Un trabajo publicado en junio de 2026 describió a Jian changmaensis a partir de huesos del hombro y el brazo encontrados en Gansu, en el noroeste de China. Su anatomía lo sitúa dentro del grupo, y amplía su distribución geográfica conocida. Sus restos son demasiado incompletos para determinar si podía volar, pero ayudan a reconstruir el escenario en el que evolucionaron estos dinosaurios emplumados.

Detalles del esqueleto del Norellraptor barsboldi: la mano derecha (a), el pubis (b) y los pies (c).

Detalles del esqueleto del Norellraptor barsboldi: la mano derecha (a), el pubis (b) y los pies (c). Estas estructuras ayudan a distinguir la nueva especie de otros microrraptorinos y a reconstruir su anatomía. Las barras de escala equivalen a un centímetro. Cortesía: Wang y colaboradores / Nature Communications (2026)

Un debate abierto, fósil a fósil

Norellraptor refuerza la idea de que la evolución exploró distintas soluciones para aprovechar las plumas y desplazarse por el aire. No zanja, sin embargo, cuántas veces apareció el vuelo ni qué capacidades tenía cada especie. Una característica pudo surgir en un antepasado compartido, modificarse en sus descendientes o perderse en algunas ramas: distinguir entre esas posibilidades exige fósiles mejor conservados y árboles evolutivos más completos.

Los autores subrayan en el estudio esa necesidad de ampliar las pruebas, especialmente con información sobre la anatomía y el crecimiento de otros dinosaurios próximos a las aves. Su hallazgo permite formular una pregunta más precisa que «¿quién voló primero?»: ¿cómo se fueron reuniendo las piezas del vuelo en cada linaje?

El nombre de Norellraptor barsboldi rinde homenaje a Mark Norell y Rinchen Barsbold, dos paleontólogos cuya labor fue decisiva para comprender los vínculos entre dinosaurios y aves. El fósil que los recuerda sugiere que aquella transición no fue una marcha uniforme hacia el ave moderna. Fue una historia de ramas próximas que heredaron algunas piezas en común y pudieron utilizarlas de maneras diferentes.▪️(30-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Una nueva especie: Norellraptor barsboldi era un pequeño dinosaurio emplumado que vivió hace unos 120 millones de años en el actual noreste de China.
  • Plumas en cuatro extremidades: el fósil conserva impresiones de plumas en los brazos y las patas, además de la cola. Pertenecía a los microrraptorinos, parientes de los velocirraptores.
  • Una pista sobre el origen del vuelo: varios rasgos relacionados con el vuelo aparecieron en los microrraptorinos en un orden distinto al observado en el linaje de las aves primitivas.
  • Evolución por caminos diferentes: esa secuencia apoya la hipótesis de que ambos linajes desarrollaron sus aparatos de vuelo de forma independiente, aunque compartían antepasados y características previas, como las plumas.
  • Lo que aún no sabemos: el fósil no demuestra si Norellraptor planeaba o podía mantener un vuelo impulsado por el batido de las alas. Tampoco cierra el debate sobre cuántas veces surgió el vuelo entre los dinosaurios.
  • Un individuo joven: el análisis microscópico de un hueso del antebrazo indica que tenía al menos tres años cuando murió y aporta pistas sobre su crecimiento.

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