Los nervios de la piel pueden frenar el melanoma: un giro inesperado en la relación entre sistema nervioso y cáncer

Un hallazgo desafía la idea de que los nervios siempre favorecen el cáncer y muestra su posible papel protector. La investigación abre nuevas perspectivas para frenar el melanoma desde la interacción entre el sistema nervioso y el inmunitario.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Una dermatóloga examina una lesión cutánea en consulta, una práctica clave para la detección precoz del melanoma, el cáncer de piel más agresivo y objeto de nuevas investigaciones que exploran cómo los nervios de la piel pueden influir en su crecimiento. Cortesía: Deposit Photos

¿Qué es el melanoma y porqué está en aumento?

La relación entre el sistema nervioso y el cáncer se suele interpretar casi siempre en la misma dirección: los nervios actúan como cómplices del tumor, favoreciendo su crecimiento y expansión.

Sin embargo, un nuevo estudio liderado por investigadores de la Weill Cornell Medicine, en Estados Unidos, introduce un matiz inesperado en este relato. En determinados contextos, los nervios presentes en la piel no solo no impulsan el melanoma, sino que pueden actuar como un freno.

El melanoma es un tipo de cáncer de piel que se origina en los melanocitos, las células encargadas de producir melanina, el pigmento que da color a la piel. Aunque representa un porcentaje menor de los tumores cutáneos, es el más agresivo por su capacidad de diseminarse a otros órganos. Suele manifestarse como un lunar nuevo o un cambio en uno ya existente —asimetría, bordes irregulares, variación de color o aumento de tamaño—, y puede acompañarse de picor o sangrado.

Aunque la mayoría de los melanomas se desarrollan en la piel —especialmente en zonas como el tronco o las extremidades—, también pueden aparecer en otras partes del cuerpo, como las mucosas (boca, recto o vagina) o en la coroides del ojo. En España, se diagnostican cada año cerca de 8.000 de nuevos casos, según el Observatorio de Cáncer, y su incidencia ha aumentado en las últimas décadas, especialmente en adultos jóvenes debido a una mayor exposición excesiva a la radiación ultravioleta, tanto del sol solar como de cabinas de bronceado, por motivos estéticos y de ocio, aunque también influyen factores genéticos y el tipo de piel, según la Asociación Española contra el Cáncer.

El tratamiento del melanoma, nombre genérico de los tumores melánicos o pigmentados, depende de la fase en la que se detecte: en estadios iniciales suele bastar con la cirugía, mientras que en casos avanzados se emplean terapias como la inmunoterapia o los tratamientos dirigidos, que han mejorado significativamente la supervivencia en los últimos años.

Qué descubre el estudio: nervios que ralentizan el tumor

El nuevo trabajo, publicado en la revista Neuron, se adentra en el todavía joven campo de la neurociencia del cáncer, que explora cómo el sistema nervioso interactúa con los tumores. Utilizando modelos de ratón con melanoma —uno de los cánceres de piel más agresivos—, los investigadores analizaron la presencia de nervios periféricos en el interior de los tumores y su influencia en la evolución de la enfermedad.

Los resultados apuntan a un papel inesperado del sistema nervioso simpático. Este tipo de fibras nerviosas, que forman parte de la red que conecta el cerebro con los órganos y regula funciones como la respuesta al estrés, se encuentra con frecuencia en los melanomas.

Y, según el estudio, dichos nervios puede contribuir a ralentizar su crecimiento. Lo hace, en parte, reduciendo la presencia de macrófagos—células inmunitarias esenciales del sistema innato que, en situaciones normales, fagocitan y destruyen agentes patógenos— que favorecen al tumor, un tipo de célula inmunitaria que, en lugar de combatir el cáncer, puede convertirse en su aliada.

🗣️ «El sistema nervioso normalmente se ha considerado como un impulsor del crecimiento del cáncer, pero aquí hemos descubierto que puede ser un freno en algunos contextos — explica el autor principal del estudio, David J. Simon, profesor de Bioquímica y Biofísica en la Weill Cornell Medicine. Y añade— Ahora la clave será ver hasta qué punto esto es relevante en cánceres humanos y cómo podemos pisar ese freno para ayudar a los pacientes».

Cómo funciona el mecanismo: la clave está en la noradrenalina

El sistema nervioso periférico —esa red ramificada que se extiende más allá del cerebro y la médula espinal, y que permite transmitir sensaciones y controlar funciones como el movimiento y la respuesta al entorno— incluye tanto los nervios sensoriales, responsables de sensaciones como el frío, el dolor o el picor, como los del sistema simpático.

En la piel, estos últimos liberan noradrenalina, una hormona relacionada con la respuesta de lucha o huida, que influye en células inmunitarias, glándulas sudoríparas y otros tejidos.

Aunque la presencia de nervios en los tumores no es nueva, su función ha comenzado a estudiarse con detalle solo en los últimos años. La mayoría de los trabajos previos señalaban que tanto los nervios sensoriales como los simpáticos favorecen el crecimiento tumoral, por ejemplo suprimiendo la respuesta inmunitaria. Sin embargo, estudios recientes —incluido este— empiezan a dibujar un panorama más complejo.

Fibras nerviosas (en verde) infiltradas en un tumor de melanoma, cuya presencia podría contribuir a frenar su crecimiento, según el estudio liderado por el equipo de David J. Simon.

Fibras nerviosas (en verde) infiltradas en un tumor de melanoma, cuya presencia podría contribuir a frenar su crecimiento, según el estudio liderado por el equipo de David J. Simon. Crédito: Dr. David J. Simon

Gracias a una técnica que vuelve los tejidos transparentes

El equipo de Simon, especializado en el estudio del crecimiento y la supervivencia de fibras nerviosas periféricas, llegó a esta línea de investigación casi por casualidad.

«Sabíamos que estos nervios entraban en el melanoma, pero estudiar su papel en el crecimiento del cáncer no era nuestro objetivo principal —reconoce SImon—. Pero tuvimos la suerte de recibir apoyo inicial de la Pershing Square Sohn Cancer Research Alliance [una iniciativa dedicada a acelerar la búsqueda de curas para el cáncer mediante el fomento de la investigación innovadora sobre el cáncer y la facilitación de colaboraciones entre la comunidad científica y la empresarial], que nos permitió asumir el riesgo y explorar en detalle estas interacciones entre nervios y tumores».

Para observarlas, los científicos emplearon una técnica avanzada que hace transparentes los tejidos y permite seguir el rastro de los nervios en su interior.

🗣️ «Utilizamos una técnica llamada inmunomarcaje de tejido completo, en la que una muestra entera se vuelve ópticamente transparente, para contar, identificar y trazar los caminos de los nervios en los tumores», detalla la primera autora del estudio, Tingting Liu, investigadora posdoctoral en el laboratorio de Simon.

Cultivo de células de cáncer de piel.

Cultivo de células de cáncer de piel. Cortesía: Gail MacKenzie / ImmunoGen, Inc. / https://www.nikonsmallworld.com/

Una interacción compleja: no todos los nervios actúan igual

El análisis reveló que tanto los nervios sensibles al dolor como los simpáticos aumentan en número a medida que crece el melanoma, especialmente en los tumores de crecimiento más lento. Pero su papel no es el mismo: mientras que los nervios del dolor parecen favorecer al tumor —su eliminación reduce el crecimiento—, los simpáticos ejercen el efecto contrario.

La clave de este mecanismo está en la noradrenalina que liberan estas fibras nerviosas. Esta molécula activa unos receptores específicos —los receptores adrenérgicos— presentes en células cercanas.

Los investigadores identificaron en particular a los llamados receptores alfa adrenérgicos como responsables del efecto antitumoral, ya que actúan sobre los macrófagos. Al activarse esta señal, disminuye el número de macrófagos que ayudan al tumor, lo que contribuye a frenar su desarrollo.

Por qué es importante: nuevas vías para tratar el cáncer

El hallazgo abre una vía prometedora para futuras terapias contra el cáncer. En teoría, se podrían diseñar tratamientos que potencien la acción de los nervios simpáticos en los tumores o que actúen directamente sobre esos receptores alfa adrenérgicos en los macrófagos. No se trata de una idea completamente lejana: existen ya fármacos dirigidos a estos receptores que se utilizan de forma habitual para tratar la hipertensión.

Aun así, los propios autores llaman a la cautela. El camino desde los modelos animales hasta los pacientes humanos es largo, y quedan muchas preguntas por resolver. «Todavía queda mucho por hacer en términos de biología básica», admite Simon, que planea continuar investigando cómo se activan estos receptores y cómo funcionan exactamente en los cánceres humanos.

El estudio, en definitiva, añade una nueva capa de complejidad a la relación entre el sistema nervioso y el cáncer. Y sugiere que, en esa interacción, no todo es impulso: a veces, también hay frenos.▪️(30-abril-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Nervios y Melanoma

🔬 ¿Pueden los nervios frenar el cáncer?

Sí, según este estudio, ciertos nervios del sistema simpático pueden ralentizar el crecimiento del melanoma al modificar la respuesta inmunitaria.

🔬 ¿Qué papel juega la noradrenalina en el melanoma?

La noradrenalina activa receptores que reducen los macrófagos que favorecen el tumor, ayudando a frenar su crecimiento.

🔬 ¿Este descubrimiento ya se aplica en pacientes?

No todavía. Los resultados se han obtenido en modelos animales y requieren validación en humanos.

🔬 ¿Podrían usarse medicamentos actuales?

Potencialmente sí. Algunos fármacos que actúan sobre receptores adrenérgicos ya se utilizan para tratar la hipertensión, lo que abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas.

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