Una gran erupción volcánica puede enfriar el planeta durante años. Pero ¿qué importa más, la potencia del volcán o el lugar donde se encuentra? Una nueva investigación revela por qué las erupciones tropicales desempeñan un papel decisivo en las oscilaciones naturales del clima terrestre.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El volcán Sinabung, en Indonesia, expulsa una gigantesca columna de cenizas. Las grandes erupciones pueden alterar temporalmente el clima terrestre y provocar un descenso de las temperaturas. Foto de Yosh Ginsu en Unsplash
La Tierra tiene una peculiar forma de enfriarse cuando algunos de sus volcanes despiertan. Una gran erupción puede lanzar a la atmósfera enormes cantidades de gases capaces de reducir la energía solar que alcanza la superficie. Durante meses, e incluso años, las temperaturas descienden, cambian los patrones de lluvia y regiones situadas a miles de kilómetros del volcán experimentan alteraciones climáticas. Sin embargo, no todas las erupciones volcánicas producen los mismos efectos climáticos. Su localización geográfica puede ser tan importante como la cantidad de material que expulsan.
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Geophysical Research Letters aporta una respuesta sorprendente: las erupciones tropicales han tenido una mayor influencia acumulada sobre el enfriamiento volcánico del hemisferio norte que las grandes erupciones de latitudes altas, pese a que estas últimas pueden provocar un descenso regional de las temperaturas más intenso cuando se comparan erupciones de magnitud semejante.
La investigación, dirigida por Zachary McGraw, junto con Benjamin O. Goldman y Lorenzo M. Polvani, científicos vinculados a la Universidad de Columbia y al Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, cuestiona estimaciones anteriores que atribuían a los volcanes extratropicales una capacidad de enfriamiento extraordinaria.
Tras analizar 160 simulaciones climáticas y reconstrucciones de temperaturas obtenidas a partir de los anillos de crecimiento de los árboles, los investigadores encontraron que las erupciones de latitudes altas enfrían su propio hemisferio entre 1,4 y 1,9 veces más que las tropicales de magnitud comparable. Es una diferencia notable, pero muy inferior a las estimaciones que habían llegado a situarla en 7,5 veces.
El hallazgo obliga a revisar una parte importante de nuestra comprensión del denominado forzamiento volcánico, es decir, la alteración del equilibrio energético de la Tierra provocada por las erupciones.
Cómo enfrían los volcanes la temperatura de la Tierra
Para comprender por qué los volcanes pueden enfriar el planeta, hay que mirar mucho más allá de la lava y las espectaculares columnas de ceniza. El verdadero protagonista climático es un gas invisible: el dióxido de azufre (SO₂).
Cuando una erupción suficientemente potente inyecta este compuesto en la estratosfera, la región atmosférica situada por encima de aquella donde se desarrolla la mayor parte de los fenómenos meteorológicos, el gas experimenta una serie de transformaciones químicas y acaba originando diminutas partículas de sulfatos.
Estas partículas, conocidas como aerosoles estratosféricos, actúan como una especie de parasol planetario: dispersan y reflejan hacia el espacio parte de la radiación solar que, de otro modo, calentaría la superficie terrestre.
A diferencia de las partículas que permanecen en las capas bajas de la atmósfera, donde las precipitaciones contribuyen a eliminarlas rápidamente, los aerosoles estratosféricos pueden mantenerse suspendidos durante uno o varios años. El resultado es un enfriamiento temporal de la superficie terrestre, acompañado de posibles cambios en las precipitaciones y en la circulación atmosférica.
El cráter del volcán Pinatubo, en Filipinas, tras su erupción de 1991, que provocó un enfriamiento global de aproximadamente 0,5 °C durante el periodo posterior. Cortesía: T. J. Casadevall / U.S. Geological Survey
El Pinatubo: cuando un volcán enfrió el planeta medio grado
Uno de los ejemplos mejor documentados de este fenómeno ocurrió el 15 de junio de 1991, cuando el monte Pinatubo, en Filipinas, protagonizó una de las mayores erupciones volcánicas del siglo XX.
La enorme cantidad de dióxido de azufre que alcanzó la estratosfera originó una nube de aerosoles que se extendió por buena parte del planeta. Durante los meses posteriores, la temperatura media mundial descendió aproximadamente 0,5 °C, un cambio extraordinario para producirse en tan poco tiempo. Los efectos climáticos fueron apreciables durante cerca de dos años.
El Pinatubo ilustra una característica fundamental de las erupciones tropicales: su capacidad para distribuir aerosoles entre los dos hemisferios. La circulación atmosférica favorece que parte del material emitido cerca del ecuador pueda alcanzar tanto las latitudes septentrionales como las meridionales, extendiendo sus consecuencias climáticas a enormes distancias.
En cambio, cuando una erupción se produce muy al norte, como en Islandia o Alaska, buena parte de sus aerosoles permanece concentrada en el hemisferio norte. Esto significa que una cantidad semejante de azufre puede generar allí un enfriamiento más intenso al distribuirse sobre una región más limitada.
Y esa diferencia geográfica está en el centro de una controversia científica.
¿Enfrían más el clima los volcanes tropicales o los extratropicales?
Durante años, los vulcanólogos han intentado determinar qué tipo de erupciones ejerce una mayor influencia sobre las temperaturas del hemisferio norte.
En 2019, un equipo encabezado por Matthew Toohey publicó en Nature Geoscience una investigación que sugería que las erupciones extratropicales podían enfriar las latitudes septentrionales unas 3,2 veces más que las tropicales de magnitud similar.
Cuatro años después, otro trabajo dirigido por Andrea Burke y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences elevó esa estimación hasta aproximadamente 7,5 veces.
De confirmarse, semejante diferencia tendría consecuencias importantes para la interpretación de los grandes episodios de enfriamiento del pasado y para la evaluación de los riesgos climáticos asociados a futuras erupciones.
Pero había un problema: los investigadores no conocían ningún mecanismo físico capaz de explicar una amplificación tan elevada.
McGraw y sus colaboradores decidieron poner a prueba esas estimaciones mediante un enfoque diferente. En lugar de depender exclusivamente de los escasos registros disponibles sobre antiguas erupciones, recurrieron al modelo climático GISS ModelE2.2, desarrollado por la NASA, para reproducir de forma controlada los efectos de grandes inyecciones volcánicas de azufre en la estratosfera.
Zachary McGraw, climatólogo y autor principal del estudio que analiza cómo influye la ubicación de las grandes erupciones volcánicas en el enfriamiento del hemisferio norte. Cortesía: Zachary McGraw
160 simulaciones para entender el enfriamiento volcánico
Los científicos diseñaron 160 simulaciones que combinaban erupciones ecuatoriales con otras situadas a 64 grados de latitud norte, una posición representativa de Islandia.
También ensayaron diferentes cantidades de azufre —5, 10, 20 y 40 millones de toneladas inyectadas en la estratosfera— y dos épocas del año, junio y diciembre. Cada combinación se repitió diez veces, introduciendo pequeñas variaciones en las condiciones iniciales del sistema climático.
Este último detalle es importante. El clima no responde siempre de manera idéntica a un mismo acontecimiento. La circulación atmosférica, las temperaturas oceánicas y las fluctuaciones naturales pueden modificar considerablemente las consecuencias de una erupción.
Repetir las simulaciones permite separar mejor la señal volcánica de esa variabilidad natural.
Los investigadores se centraron especialmente en las temperaturas estivales de las tierras situadas al norte del paralelo 30, una región que abarca buena parte de Norteamérica, Europa y Asia y que permite comparar los resultados con las reconstrucciones climáticas históricas obtenidas mediante el estudio de los árboles.
Los resultados fueron dignos de mención: las erupciones extratropicales produjeron un enfriamiento entre 1,4 y 1,9 veces mayor que las tropicales comparables, no 7,5 veces mayor.
➡️ «No existe ningún mecanismo conocido que amplifique intensamente el enfriamiento más allá del efecto de que los aerosoles queden confinados en un solo hemisferio», escriben los investigadores en su artículo, al explicar por qué las estimaciones anteriores podían haber sobrevalorado la influencia de los volcanes septentrionales.
El estudio también encontró que la estación del año en la que ocurre una erupción y la variabilidad natural del clima influyen considerablemente en el descenso posterior de las temperaturas. De hecho, las diferencias entre distintas simulaciones de una misma clase de erupción podían superar la diferencia media atribuible a su localización tropical o extratropical.
Una erupción que libera el doble de azufre no enfría el doble
Otro de los hallazgos más interesantes de la investigación tiene que ver con la relación entre la magnitud de una erupción y sus consecuencias climáticas.
Podría parecer lógico que un volcán que inyecta el doble de azufre en la estratosfera provocase también el doble de enfriamiento. Sin embargo, la respuesta del clima a las emisiones volcánicas no es proporcional a la cantidad de azufre liberada.
Cuando las emisiones son muy abundantes, las partículas de sulfato pueden crecer y hacerse menos eficientes para reflejar la radiación solar por unidad de masa. Por tanto, añadir más azufre no garantiza un incremento equivalente del efecto refrigerante. Este fenómeno se conoce como respuesta climática no lineal y resulta fundamental para interpretar las consecuencias de las erupciones gigantescas.
También ayuda a explicar por qué algunos estudios anteriores habían producido resultados tan elevados. Al comparar erupciones de magnitudes muy diferentes mediante modelos estadísticos que suponían una relación aproximadamente lineal entre azufre y enfriamiento, podían exagerar las diferencias entre volcanes tropicales y extratropicales.
Para comprobarlo, McGraw y sus colegas generaron 100.000 reconstrucciones estadísticas sintéticas del registro histórico de enfriamiento volcánico, utilizando como referencia los resultados de sus simulaciones.
Al aplicar distintos métodos de cálculo, descubrieron que algunos podían producir estimaciones artificialmente elevadas, incluso cuando las respuestas climáticas utilizadas para construir esas reconstrucciones eran mucho más moderadas.
Impresionante columna de cenizas del volcán Raikoke durante su erupción del 22 de junio de 2019, fotografiada desde la Estación Espacial Internacional. Cortesía: NASA.
Los árboles y los hielos polares conservan las huellas de los volcanes
Los modelos informáticos proporcionan experimentos controlados, pero ¿qué ocurrió realmente durante las grandes erupciones del pasado?
Para responder a esta cuestión, los científicos recurrieron a dos extraordinarios archivos naturales: los anillos de crecimiento de los árboles y las capas de hielo acumuladas durante siglos en las regiones polares.
En muchas regiones templadas y frías, el grosor y la densidad de los anillos de los árboles contienen información sobre las condiciones ambientales de cada verano. Comparando miles de muestras, los paleoclimatólogos pueden reconstruir las temperaturas de épocas anteriores a la existencia de los termómetros.
Los núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida ofrecen una información complementaria. Sus sucesivas capas conservan restos químicos de antiguas erupciones, incluidos sulfatos que ayudan a identificar cuándo se produjeron y a estimar la cantidad de azufre que pudo alcanzar la estratosfera.
Al combinar ambas fuentes, los investigadores encontraron que las reconstrucciones históricas también apuntaban a una diferencia moderada entre erupciones tropicales y extratropicales.
Tres reconstrucciones paleoclimáticas ofrecieron relaciones de enfriamiento de entre 1,9 y 2,2. Un análisis adicional de quince reconstrucciones de anillos de árboles proporcionó una estimación central de 2,4, aunque con importantes diferencias entre los registros.
➡️ «En conjunto, el registro histórico respalda una estimación central cercana a dos, coherente con nuestras simulaciones», señalan McGraw y sus colaboradores.
La coincidencia entre los archivos naturales y los experimentos informáticos refuerza la conclusión principal: las erupciones de altas latitudes pueden enfriar más intensamente su propio hemisferio, pero no existen pruebas sólidas de que posean una capacidad de enfriamiento extraordinaria.
Por qué los volcanes tropicales tienen más influencia en el termostato de la Tierra
Aquí aparece la conclusión más interesante de la investigación. La pregunta decisiva no es solamente qué volcán enfría más por cada tonelada de azufre expulsada, sino qué tipo de erupciones ha tenido una mayor influencia acumulada en la historia climática.
Para responder, los científicos examinaron los episodios de descenso de temperatura que siguieron a erupciones registradas desde el año 750 de nuestra era. Se fijaron especialmente en los veranos que mostraban anomalías de enfriamiento superiores a 0,3 ºC.
Los resultados apuntaron en una dirección clara: los episodios de enfriamiento estival del hemisferio norte coincidían con mayor frecuencia con erupciones tropicales que con extratropicales.
La tendencia aparecía en las distintas reconstrucciones, incluso en registros procedentes del norte de Escandinavia, donde cabría esperar una influencia particularmente intensa de los volcanes de altas latitudes.
➡️ «En todas las reconstrucciones, el enfriamiento anómalo del hemisferio norte extratropical coincide más frecuentemente con erupciones tropicales que extratropicales», destacan los autores.
La explicación reside, en buena medida, en la frecuencia de los acontecimientos. Aunque una gran erupción septentrional pueda ser especialmente eficaz para enfriar su hemisferio, estos episodios son relativamente raros. Por el contrario, muchas de las grandes erupciones capaces de modificar el clima se han producido en regiones tropicales.
Su mayor frecuencia y la capacidad de distribuir los aerosoles entre ambos hemisferios explican su influencia sobre las oscilaciones climáticas provocadas por el vulcanismo.
Aquí conviene precisar, sin embargo, que el nuevo estudio no demuestra que las erupciones tropicales siempre enfríen más el conjunto de la Tierra. Su conclusión se refiere principalmente a la importancia relativa de ambos tipos de erupciones en el enfriamiento estival de las regiones extratropicales del hemisferio norte.
Los anillos de crecimiento de los árboles permiten reconstruir las temperaturas del pasado y detectar las huellas climáticas de grandes erupciones volcánicas ocurridas hace siglos. En la imagen, la investigadora Kat Napora examina los anillos de un ciprés milenario. Foto: Nancy Evelyn / Unversity of Georgia
Las erupciones volcánicas que pudieron cambiar la historia
La nueva investigación no resta importancia a las grandes erupciones de latitudes altas. La historia conserva numerosos ejemplos de volcanes que pudieron contribuir a episodios climáticos extremos y profundas crisis sociales.
✅ En el año 43 antes de nuestra era, el volcán Okmok, en Alaska, protagonizó una enorme erupción que ha sido relacionada con anomalías climáticas y con las dificultades que atravesaron la República romana y el Egipto ptolemaico.
✅ En el año 536 se produjo otra gran erupción de origen extratropical todavía incierto, asociada a un periodo de enfriamiento y crisis en diferentes regiones del hemisferio norte.
✅ Y en 1783, el sistema volcánico de Laki, en Islandia, liberó grandes cantidades de gases que afectaron a la atmósfera europea.
Sin embargo, establecer relaciones causales directas entre una erupción y una transformación histórica resulta complicado. Las crisis sociales dependen de numerosos factores políticos, económicos, agrícolas y sanitarios, además del clima.
Las reconstrucciones paleoclimáticas también presentan incertidumbres. Los árboles pueden sufrir daños directos por los gases volcánicos, mientras que los depósitos de sulfato conservados en el hielo no siempre permiten determinar con precisión cuánto azufre alcanzó realmente la estratosfera.
Estos problemas explican por qué los científicos insisten en interpretar con prudencia los registros de los grandes acontecimientos volcánicos del pasado.
Qué dicen los estudios más recientes sobre volcanes, clima y temperaturas
El trabajo de McGraw, Goldman y Polvani forma parte de una línea de investigación que está revisando algunas ideas sobre los efectos climáticos de las grandes erupciones.
En 2024, otro estudio dirigido por McGraw y publicado en Journal of Climate examinó las posibles consecuencias de las supererupciones, acontecimientos muchísimo mayores que los observados durante la historia moderna.
Sus autores encontraron que el tamaño de los aerosoles constituye una de las mayores incertidumbres al estimar el enfriamiento provocado por estas erupciones. En determinados escenarios, el descenso térmico mundial podría ser bastante menor de lo que sugerían algunas hipótesis catastróficas.
Una investigación posterior, publicada en octubre de 2025 en Geophysical Research Letters por Dana Raiter, McGraw y Polvani, añadió una pieza importante al rompecabezas. Los científicos simularon erupciones que introducían en la estratosfera entre 5 y 160 millones de toneladas de azufre.
Descubrieron que, a partir de unos 40 millones de toneladas, el enfriamiento global tendía a estabilizarse en sus simulaciones, aunque las reducciones de precipitación continuaban intensificándose con erupciones mayores.
Esto plantea una posibilidad importante: el principal impacto climático de una supererupción podría no ser un frío extremo, sino una alteración profunda de las lluvias, con consecuencias potenciales para la agricultura, los recursos hídricos y los ecosistemas.
También en 2025, un trabajo encabezado por Magali Verkerk en Climate of the Past mostró cómo la combinación de modelos volcánicos y registros paleoclimáticos puede ayudar a reconstruir la respuesta de las temperaturas a las erupciones a lo largo del Holoceno.
Más recientemente, el 7 de septiembre de este año, Zilu Meng y Lorenzo Polvani publicaron en npj Climate and Atmospheric Science un estudio sobre los efectos de las grandes erupciones en los inviernos de Eurasia durante el último milenio. Sus resultados no encontraron pruebas de un calentamiento ni de un enfriamiento invernal estadísticamente significativo atribuible de forma robusta a aquellas erupciones.
Esta aparente contradicción entre unos veranos más fríos y unos inviernos sin una señal uniforme pone de manifiesto que el sistema climático responde de manera diferente según la estación, la región y las condiciones atmosféricas previas.
¿Pueden los volcanes frenar el calentamiento global?
El papel de las erupciones como reguladoras temporales de la temperatura plantea una pregunta inevitable: ¿podrían los volcanes compensar el calentamiento climático causado por las actividades humanas?
La respuesta es que el enfriamiento volcánico no constituye una solución al calentamiento global.
Los aerosoles de sulfato reflejan parte de la radiación solar y producen un efecto refrigerante relativamente breve. Sin embargo, el dióxido de carbono emitido por la quema de combustibles fósiles se acumula en la atmósfera y puede alterar el equilibrio climático durante siglos.
Además, las grandes erupciones son acontecimientos impredecibles y sus consecuencias no se limitan a las temperaturas. Pueden modificar las precipitaciones, alterar patrones de circulación atmosférica y provocar importantes daños económicos, ambientales y sanitarios.
Por eso, hablar del termostato volcánico de la Tierra es una metáfora útil para describir la capacidad de las erupciones de modificar temporalmente el balance energético del planeta, pero no significa que los volcanes mantengan el clima estable ni que actúen como un mecanismo compensador del calentamiento actual.
Un nuevo mapa del enfriamiento volcánico de la Tierra
La investigación ofrece una interpretación más precisa de la influencia de los volcanes en el sistema climático terrestre. Los gigantes de Islandia o Alaska pueden provocar episodios regionales de enfriamiento muy intensos, pero las erupciones tropicales parecen haber desempeñado un papel más importante en el conjunto de los episodios de enfriamiento volcánico del hemisferio norte.
Quedan preguntas abiertas. Los científicos reconocen que las grandes erupciones extratropicales son demasiado escasas en el registro histórico para determinar con exactitud todos sus efectos. Los modelos también simplifican procesos atmosféricos complejos, especialmente la formación, evolución y duración de los aerosoles.
La mejora de los registros de hielo, las reconstrucciones de temperatura y los modelos climáticos permitirá reducir estas incertidumbres.
En definitiva, el estudio recuerda algo tan fascinante como inquietante: una explosión geológica que ocurre en una región concreta del planeta puede modificar temporalmente el balance energético de la Tierra entera.
Y para comprender hasta dónde llega ese efecto no basta con medir la fuerza de la erupción. También hay que saber dónde ocurre, cuándo se produce y qué sucede con los gases que alcanzan el cielo.▪️(3-noviembre-2026)
Volcanes y clima: cinco preguntas para entender cómo se enfría la Tierra
Las grandes erupciones pueden alterar las temperaturas de todo el planeta. ¿Por qué ocurre? ¿Qué volcanes tienen más influencia sobre el clima? Estas son las respuestas que ofrece la ciencia.
¿Por qué las erupciones volcánicas provocan un descenso de las temperaturas?
Porque algunas erupciones liberan grandes cantidades de dióxido de azufre en la estratosfera. Allí se forman aerosoles de sulfato que reflejan parte de la radiación solar hacia el espacio y reducen temporalmente la energía que alcanza la superficie terrestre.
¿Qué diferencia hay entre una erupción tropical y una extratropical?
Una erupción tropical se produce en latitudes próximas al ecuador y sus aerosoles pueden distribuirse entre ambos hemisferios. Una erupción extratropical ocurre en latitudes más alejadas del ecuador y, cuando tiene lugar muy al norte, sus aerosoles tienden a permanecer concentrados en el hemisferio norte.
¿Cuánto tiempo puede enfriar el planeta una gran erupción volcánica?
El efecto de los aerosoles estratosféricos suele prolongarse durante uno o varios años, aunque la duración depende de la magnitud de la erupción, la evolución de los aerosoles y las condiciones atmosféricas. En el caso del Pinatubo, el enfriamiento mundial fue perceptible durante aproximadamente dos años.
¿Qué volcán provocó uno de los mayores enfriamientos recientes?
El monte Pinatubo, en Filipinas. Su erupción de junio de 1991 provocó un descenso de aproximadamente 0,5 °C en la temperatura media mundial durante el periodo posterior. Sus efectos climáticos se prolongaron cerca de dos años.
¿Pueden las erupciones volcánicas detener el cambio climático?
No. El enfriamiento provocado por los aerosoles volcánicos es temporal, mientras que el calentamiento causado por la acumulación de gases de efecto invernadero persiste durante periodos mucho más prolongados. Además, las erupciones pueden alterar las precipitaciones y provocar importantes consecuencias ambientales.
CIENCIAS DE LA TIERRA
Fuente: Zachary McGraw, Benjamin O. Goldman, Lorenzo M. Polvani. No Evidence for Strongly Enhanced Northern Hemisphere Cooling From Extratropical Versus Tropical Eruptions. Geophysical Research Letters (2026). DOI: https://doi.org/10.1029/2026GL122071
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