¿Pueden las turbinas eólicas rayadas salvar a millones de aves?
Cada año más de cien millones de pájaros mueren debido a los aerogeneradores. Un nuevo estudio científico propone rediseñar las aspas de estos aparatos gigantes, siguiendo principios de visión animal, para intentar amortiguar este desastre medioambiental. La clave podría estar en algo tan simple —y revolucionario— como pintar franjas en las turbinas eólicas.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación atísitica de una bandada de aves sobrevuela un parque eólico con aspas rayadas, un diseño experimental inspirado en la visión animal que podría reducir las colisiones contra aerogeneradores. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
La energía eólica se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la transición ecológica. Las turbinas eólicas gigantes que coronan montañas, llanuras y costas representan, para muchos, la promesa de una electricidad limpia capaz de frenar el calentamiento global.
Pero esas mismas estructuras esconden una paradoja incómoda: mientras ayudan a combatir la crisis climática, también se han convertido en una trampa mortal para millones de aves.
Ahora, un grupo de investigadores británicos propone una solución sorprendentemente sencilla: pintar las aspas con patrones inspirados en la biología visual de las propias aves. Franjas negras, bandas diagonales o diseños capaces de alterar el modo en que un pájaro percibe el movimiento podrían reducir drásticamente las colisiones de aves con aerogeneradores.
La idea, desarrollada por científicos de la Universidad de Oxford y del British Trust for Ornithology, parte de una pregunta aparentemente elemental: ¿ven las aves los aerogeneradores del mismo modo que nosotros? La respuesta es no.
El problema oculto de la energía eólica: millones de aves muertas al año
El estudio, publicado en el Journal of the Royal Society Interface, sostiene que el problema no es solo que las aves no detecten las turbinas eólicas, sino que quizá no las interpreten como un peligro hasta que es demasiado tarde.
«Los humanos hemos alterado de forma drástica el espacio aéreo de las aves», escriben Caroline Helen Brighton, Steven J. Portugal y Graham Keith Taylor, del Departamento de Biología de Oxford, que combinan conocimientos de ecología sensorial, neurobiología y comportamiento animal para replantear el diseño visual de las modernas aeroturbinas.
Las cifras ayudan a entender la dimensión del problema. Según los cálculos recogidos en el trabajo, la mortalidad de aves causada por los aerogeneradores podría rondar los cien millones de aves al año. En España, un informe de 2023 realizado por la oenegé SEO/BirdLife revela que las muertes generadas por colisiones con aerogeneradore podría estar entre 1,2 y 4,6 millones al año.
Y, aunque representa solo una fracción de las muertes provocadas por edificios, tendidos eléctricos o coches, el riesgo aumenta a medida que se multiplican los parques eólicos en todo el planeta. La potencia mundial instalada podría duplicarse entre 2024 y 2029.
Las aves planeadoras, las más vulnerables
La amenaza no es la misma para todas las aves. Brighton y sus colegas identifican especialmente vulnerables a las grandes aves planeadoras, como águilas, buitres, halcones y albatros, porque explotan las mismas corrientes de aire que utilizan las turbinas eólicas para generar energía. Las montañas y acantilados donde se concentran los parques eólicos son también autopistas naturales para estas criaturas.
Paradójicamente, las colisiones son raras. Incluso en las especies más afectadas, los pájaros logran evitar los aerogeneradores en la inmensa mayoría de las ocasiones. Los modelos utilizados por los científicos sugieren que las aves modifican su trayectoria con éxito más del 99% de las veces.
El misterio es por qué fracasan en ese pequeño porcentaje restante.
Secuencia del choque de un buitre leonado contra un aerogenerador en Creta y reconstrucción del campo visual de un águila durante el vuelo. La imagen ilustra cómo algunas rapaces pueden no detectar las aspas al mirar hacia abajo mientras planean, debido a sus zonas ciegas frontales. Cortesía: Caroline Helen Brighton, Steven J. Portugal, Graham Keith Taylor
Las aves no ven el mundo como los seres humanos
La respuesta puede estar en cómo funciona la visión aviar. Las aves no miran el mundo como nosotros. Muchas rapaces, por ejemplo, tienen grandes zonas ciegas justo delante de la cabeza. Cuando vuelan buscando presas y miran hacia abajo, podrían literalmente dejar de ver lo que tienen enfrente.
Además, el cerebro de un ave procesa el movimiento de manera distinta a como lo hace el nuestro. Los seres humanos tendemos a interpretar los objetos móviles como formas coherentes; un pájaro quizá perciba solo fragmentos de movimiento local. Esto es crucial cuando se trata de turbinas eólicas cuyas aspas giran a más de 300 kilómetros por hora en la punta.
El artículo dedica varias páginas a un fenómeno visual fascinante: el llamado motion smear, algo parecido al efecto borroso que vemos al mirar un ventilador girando muy rápido. Durante años se creyó que las aves simplemente dejaban de distinguir las aspas en movimiento. Pero los autores del estudio sostienen que ese efecto solo aparece a distancias muy cortas, prácticamente cuando el ave ya está encima de la turbina eólica.
Por qué las aspas actuales podrían confundir a las aves
El verdadero problema podría ser otro: las aspas generan señales visuales poco intuitivas para un cerebro evolucionado en paisajes naturales, no en máquinas rotatorias gigantescas. En la naturaleza casi nada gira así. Las ramas oscilan, las olas avanzan, las nubes se desplazan, pero no existen equivalentes biológicos de un rotor industrial de cien metros.
Para entenderlo, los investigadores recurren a un concepto clave de la neurociencia visual: el flujo óptico. Cuando un animal se mueve, el patrón de movimiento de las imágenes sobre su retina le indica velocidad, distancia y riesgo de colisión. Las aves usan constantemente ese flujo óptico para aterrizar, esquivar obstáculos o atravesar bosques densos.
El problema es que las turbinas eólicas generan un flujo óptico extraño y ambiguo. Las aspas blancas o grises apenas destacan sobre el cielo. Sus bordes producen pocas señales de expansión visual —las pistas que normalmente alertan de un impacto inminente— y, además, el giro puede confundir la percepción del movimiento.
Esquema de los patrones de movimiento visual que percibe un ave al aproximarse a un aerogenerador. La ilustración compara el movimiento físico de las aspas con el flujo óptico que llega a la retina y muestra por qué las señales visuales de peligro pueden resultar difíciles de interpretar para las aves en vuelo. Cortesía: Caroline Helen Brighton, Steven J. Portugal, Graham Keith Taylor
La solución: aspas rayadas y patrones inspirados en la biología
De ahí surge la idea de modificar visualmente las palas. La estrategia más conocida consiste en pintar una de las tres aspas de negro. En el parque eólico de Smøla, en Noruega, esta medida redujo en más de un 70% la mortalidad de aves en los aerogeneradores tratados, especialmente entre las rapaces.
Aun así, los autores creen que esa solución es rudimentaria y probablemente insuficiente. Pintar una pala completamente negra mejora el contraste, pero no resuelve el problema fundamental: cómo hacer que el cerebro del ave interprete el rotor como un objeto peligroso en movimiento.
Su propuesta va más allá. En lugar de superficies uniformes, sugieren utilizar patrones geométricos inspirados en los mecanismos visuales de las aves. Franjas diagonales, bandas alternas blancas y negras o diseños que generen señales ópticas específicas podrían activar respuestas naturales de evasión.
Uno de los diseños más prometedores consiste en pintar líneas oblicuas a lo largo de las aspas. Según los investigadores, estas franjas crearían simultáneamente señales de rotación y expansión visual, haciendo que el ave perciba mejor tanto el movimiento como el riesgo de colisión. Otro patrón reforzaría visualmente el borde delantero de la pala, aprovechando que muchas aves fijan la mirada precisamente en los bordes de los obstáculos durante el vuelo.
¿Qué es el «efecto barbería»?
La inspiración procede tanto de la biología como de las ilusiones ópticas. El estudio menciona el famoso efecto barbería, en el que unas rayas diagonales parecen moverse en una dirección distinta de la real. Los experimentos con palomas sugieren que las aves podrían interpretar estos patrones de forma muy diferente a los humanos.
También importa el color. Aunque el negro ofrece el máximo contraste durante el día, podría resultar contraproducente de noche o sobre fondos oscuros. Los autores plantean probar otros tonos, incluido el rojo, ya utilizado en algunas turbinas eólicas por razones aeronáuticas y menos problemático desde el punto de vista térmico.
Porque la cuestión no es solo biológica. Cambiar el diseño de las palas implica costes industriales, normativas de seguridad y preocupaciones técnicas. Las compañías temen que las superficies negras absorban más calor y deterioren los materiales compuestos. Además, cualquier modificación debe ser compatible con las exigencias de aviación y con la aceptación social de estructuras ya muy visibles en el paisaje.
Y tampoco existe una solución universal. Un patrón eficaz para buitres podría no servir para gaviotas o aves nocturnas. Algunas especies chocan sobre todo contra las torres; otras, contra las puntas de las aspas. El contexto también importa: una turbina eólica marina no se percibe igual que otra situada sobre campos agrícolas o montañas cubiertas de niebla.
Ilustración del llamado efecto barbería, una ilusión óptica que muestra cómo el cerebro humano interpreta el movimiento de las franjas diagonales. Los investigadores creen que este tipo de patrones podría ayudar a las aves a percibir mejor el movimiento de las aspas de los aerogeneradores y reaccionar antes para evitar colisiones. Cortesía: Caroline Helen Brighton, Steven J. Portugal, Graham Keith Taylor
¿Pueden las turbinas eólicas rayadas salvar aves?
El artículo insiste en que hacen falta muchos más estudios de comportamiento. Los investigadores proponen utilizar túneles de vuelo, simulaciones virtuales y sistemas de captura de movimiento para reconstruir exactamente qué ve un ave cuando se aproxima a una turbina eólica.
En el fondo, la investigación plantea un cambio de enfoque. Hasta ahora, gran parte de las medidas para reducir colisiones se basaban en detener temporalmente los molinos cuando se acercaban aves vulnerables. Es eficaz, pero costoso y energéticamente ineficiente. Los autores creen que modificar la apariencia de las turbinas eólicas podría ser una alternativa más barata y permanente.
La urgencia es evidente. Según recuerdan los científicos, alrededor del 14 % de las especies de aves del planeta están amenazadas de extinción. La transición energética no puede permitirse convertirse en otro factor de presión sobre la biodiversidad.
La paradoja ecológica de la energía eólica resume bien los dilemas del siglo XXI: salvar el clima sin destruir la naturaleza en el intento. Quizá la solución pase por algo tan aparentemente modesto como unas rayas pintadas sobre una pala blanca. A veces, evitar una tragedia depende simplemente de aprender a mirar el mundo a través de los ojos de otro ser vivo. ▪️(12-mayo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Aves y Turbinas Eólicas
🦅 ¿Por qué las aves chocan contra los aerogeneradores?
Porque las turbinas generan señales visuales difíciles de interpretar para el sistema visual de muchas aves, especialmente durante el vuelo rápido o en condiciones de baja visibilidad.
🦅 ¿Qué aves corren más peligro?
Principalmente rapaces, buitres, águilas, halcones y aves marinas planeadoras.
🦅 ¿Funciona pintar las aspas de negro?
Sí. Un estudio en Noruega registró una reducción superior al 70% en algunas colisiones de aves.
🦅 ¿Por qué podrían funcionar mejor las franjas diagonales?
Porque generan señales visuales más claras para el cerebro de las aves y mejoran la percepción del movimiento y del riesgo de impacto.
🦅 ¿La energía eólica sigue siendo importante?
Sí. Los científicos subrayan que la energía eólica es esencial para combatir el cambio climático, pero debe desarrollarse minimizando su impacto sobre la biodiversidad.
Fuente: Caroline Helen Brighton, Steven J. Portugal, Graham Keith Taylor. Bio-informed blade patterns for mitigating bird collisions with wind turbines. Journal of the Royal Society Interface (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rsif.2025.0719

