Un anticuerpo logra que las fibras nerviosas vuelvan a crecer tras una lesión medular
Un tratamiento experimental consigue algo que durante décadas parecía imposible: estimular la regeneración de fibras nerviosas dañadas en la médula espinal. Este avance médico abre una nueva vía de esperanza para recuperar la movilidad y la autonomía tras una lesión medular.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un paciente tratado con el anticuerpo monoclon NG101 realiza ejercicios de terapia ocupacional para recuperar movilidad y autonomía tras una lesión medular. Cortesía: Hospital Universitario Balgrist
Cada año, alrededor de mil personas sufren una lesión medular traumática en España. Muchas son jóvenes que salen de casa para practicar deporte, conducir o simplemente darse un baño en verano y, en cuestión de segundos, ven cómo una caída, un accidente de tráfico o una zambullida cambia por completo sus vidas.
La mayoría de estas lesiones se producen entre los 16 y los 45 años, la etapa más activa y productiva de la vida. Para muchos pacientes, el diagnóstico sigue sonando casi como una condena irreversible: la rotura de la médula espinal suele traducirse en parálisis, pérdida de sensibilidad y dependencia permanente. Por eso, cualquier avance que sugiera que las fibras nerviosas pueden volver a crecer y reconectarse despierta una enorme expectación en la comunidad médica y entre los afectados.
Durante décadas, la medicina ha considerado las lesiones medulares como una frontera casi infranqueable. Cuando la médula espinal se rompe, las fibras nerviosas dañadas apenas logran regenerarse y las secuelas —parálisis, pérdida de sensibilidad o dependencia funcional— suelen acompañar al paciente de por vida. Sin embargo, un estudio internacional publicado ahora en Nature Communications aporta nuevas pruebas de que el sistema nervioso central quizá no sea tan incapaz de repararse como se creía.
➡️ Un anticuerpo experimental llamado NG101 parece no solo frenar la degeneración del tejido nervioso tras una lesión medular, sino también favorecer que las conexiones vuelvan a organizarse.
El reto de reeducar a las neuronas supervivientes
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Zúrich y del Hospital Universitario Balgrist, en Suiza, ofrece por primera vez una explicación detallada de cómo actúa esta terapia. Los científicos comprobaron que los pacientes tratados con NG101 mostraban una mejor conservación de las fibras nerviosas y una menor degradación estructural de la médula espinal en comparación con quienes recibieron placebo.
Los resultados sugieren que el tratamiento podría estimular mecanismos de regeneración neuronal y plasticidad neuronal que hasta hace poco parecían reservados a experimentos con animales.
«La idea no es que la médula vuelva mágicamente a su estado original —explican los autores en el artículo científico—, sino ayudar al sistema nervioso a reconstruir circuitos funcionales alternativos». Dicho de otro modo: conseguir que las neuronas supervivientes aprendan nuevos caminos para transmitir las señales motoras y sensoriales.
Qué es el NG101 y por qué puede cambiar el tratamiento de la lesión medular
El protagonista biológico de esta historia es la Nogo-A, una proteína presente en la mielina —la envoltura que recubre las neuronas— cuya función natural consiste en limitar el crecimiento de nuevas prolongaciones nerviosas. En condiciones normales, esta molécula ayuda a estabilizar las conexiones cerebrales. Pero tras una lesión medular se convierte en un obstáculo: actúa como un potente freno químico que impide que las fibras dañadas vuelvan a crecer.
Desde hace más de veinte años, varios grupos de investigación han intentado bloquear ese freno biológico. El NG101 es un anticuerpo monoclonal humanizado diseñado precisamente para neutralizar Nogo-A.
Recordemos que un anticuerpo monoclonal es una suerte de misil teledirigido, una proteína creada en laboratorio que imita las defensas naturales del sistema inmunitario y está diseñada para reconocer y unirse a una molécula concreta del organismo, como un virus, una célula tumoral o una proteína relacionada con una enfermedad. Su función puede ser bloquear, activar o marcar ese objetivo para modificar un proceso biológico específico.
Pues bien, experimentos previos en monos y otros modelos animales con NG101 habían mostrado que el bloqueo de esta proteína favorecía el rebrote de axones —las prolongaciones de las neuronas que transmiten los impulsos eléctricos y permiten que las señales viajen entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerp— y mejoraba parcialmente la recuperación motora.
La gran incógnita era si algo parecido podía ocurrir en los seres humanos.
Un paciente con lesión medular realiza ejercicios de rehabilitación asistida para recuperar movilidad y equilibrio durante una sesión de fisioterapia especializada. La rehabilitación intensiva sigue siendo una pieza clave para aprovechar la regeneración y reorganización de las conexiones nerviosas tras una lesión de la médula espinal. Cortesía: Methodist Rehabilitation
Cómo se realizó el ensayo clínico con el anticuerpo monoclonal
Para responder a esa pregunta, el bautizado como ensayo clínico NISCI reclutó a 126 personas con lesiones medulares cervicales traumáticas recientes en hospitales europeos entre los años 2019 y 2022. Los participantes recibieron seis inyecciones intratecales —administradas directamente en el líquido cefalorraquídeo— de NG101 o un placebo durante el primer mes tras el accidente.
Los primeros resultados clínicos, publicados el año pasado en The Lancet Neurology, ya apuntaban a una mejoría modesta pero significativa de la función motora de las extremidades superiores en algunos pacientes tratados. El nuevo estudio va más allá: utiliza resonancia magnética avanzada y pruebas electrofisiológicas para observar qué está ocurriendo dentro de la médula lesionada.
«En nuestro nuevo estudio hemos podido utilizar métodos avanzados de imagen para mostrar por primera vez cómo funciona directamente esta terapia con anticuerpos en la médula espinal —explica Patrick Freund, profesor de la Universidad de Zúrich y director del Centro de Lesión Medular del Hospital Universitario Balgrist.
Y lo que ocurre resulta llamativo.
Qué descubrieron los científicos en la médula espinal
Los investigadores detectaron que el volumen de la lesión disminuía mucho más rápido en los pacientes tratados con el anticuerpo NG101 que en los que recibieron placebo. Además, las áreas de la médula situadas por encima de la lesión sufrían menos atrofia con el tratamiento.
En una lesión medular grave no solo se daña el punto exacto del traumatismo. En efecto, tras el impacto comienza una lenta cascada de degeneración: inflamación, pérdida de mielina, muerte neuronal y deterioro progresivo de las fibras nerviosas que conectan el cerebro con el resto del cuerpo. Esa destrucción secundaria puede prolongarse durante meses.
El estudio muestra que NG101 parece amortiguar parte de ese proceso indeseable.
➡️ Los científicos observaron especialmente cambios en el tracto corticoespinal, la gran autopista neuronal encargada de transmitir órdenes motoras desde el cerebro hasta la médula. En los pacientes tratados, la degradación de estas vías fue claramente menor. También se preservó mejor la mielina, un dato importante porque la pérdida de esta sustancia reduce drásticamente la velocidad y eficacia de la transmisión nerviosa.
El estudio apunta a la creación de nuevas conexiones nerviosas funcionales
Las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética cuantitativa sugieren incluso algo más ambicioso: no solo se estaría frenando la degeneración, sino favoreciendo cierto grado de reorganización neuronal.
Los autores hablan de sprouting, un término difícil de traducir que describe el crecimiento de nuevas ramificaciones nerviosas alrededor de las conexiones dañadas. Es una especie de improvisación biológica, de germinación o brote neuronal: cuando la vía principal queda destruida, algunas neuronas intentan construir rutas alternativas.
Eso no significa que un paciente parapléjico vuelva necesariamente a caminar. Pero sí podría traducirse en ganancias funcionales relevantes: mover mejor las manos, recuperar sensibilidad o aumentar la autonomía en tareas cotidianas como comer, vestirse o sujetar objetos.
Y ahí aparece uno de los hallazgos más interesantes del trabajo.
Por qué algunos pacientes responden mejor al tratamiento
No todos los pacientes respondieron igual. El tratamiento funcionó mucho mejor en quienes conservaban pequeños puentes de tejido nervioso intacto dentro de la médula lesionada. Estos puentes, visibles mediante resonancia magnética, actuaban como una especie de infraestructura residual sobre la que el sistema nervioso podía reconstruir conexiones.
Cuando esos puentes anatómicos se combinaban además con señales eléctricas todavía detectables en pruebas neurofisiológicas, el efecto del tratamiento se disparaba. En ese subgrupo, los pacientes tratados con el NG101 mostraron mejoras mucho mayores en la movilidad de brazos y manos y en las escalas de autonomía personal.
🗣️ «Esto permite que las fibras nerviosas supervivientes y las nuevas fibras regeneradas vuelvan a establecer conexiones con los centros de la médula espinal que controlan los nervios de las manos, los brazos y las piernas —señala Freund. Y añade—: Estas conexiones son esenciales para transmitir las señales del cerebro a los músculos».
La consecuencia práctica es enorme para el futuro de los ensayos clínicos. Hasta ahora, uno de los grandes problemas de la investigación en lesión medular era la enorme heterogeneidad entre pacientes: dos personas con diagnósticos aparentemente similares pueden evolucionar de manera radicalmente distinta.
Qué significa este avance para el futuro de la neurorehabilitación
El nuevo estudio propone una forma de seleccionar mejor a los candidatos con mayor capacidad de recuperación biológica. Al combinar imágenes de resonancia magnética y pruebas electrofisiológicas, los investigadores lograron identificar un grupo de pacientes en el que el efecto terapéutico se volvía mucho más evidente.
Eso permitiría ensayos clínicos más pequeños, rápidos y precisos. Según los cálculos del equipo, el número de pacientes necesarios para detectar beneficios clínicos podría reducirse de forma drástica.
Los resultados también alimentan un cambio conceptual más profundo. Durante años, la lesión medular se abordó casi exclusivamente desde la rehabilitación física y el soporte clínico. Hoy empieza a emerger una estrategia distinta: combinar terapias regenerativas, neuroestimulación, rehabilitación intensiva y biomarcadores avanzados para intentar reactivar la plasticidad del sistema nervioso.
Un ensayo con limitaciones… y esperanzas
El anticuerpo monoclonal NG101 no representa una cura definitiva, y los propios autores insisten en las limitaciones del estudio. El número de pacientes sigue siendo relativamente pequeño para extraer conclusiones definitivas, las diferencias entre hospitales y equipos de resonancia pueden introducir variabilidad y algunos análisis se realizaron de forma retrospectiva.
Además, los beneficios funcionales observados siguen siendo modestos. Muchos pacientes con lesiones completas no experimentaron mejorías clínicas claras, aunque las imágenes mostraran signos de preservación estructural. Eso sugiere que la reparación biológica quizá no baste por sí sola para restaurar funciones complejas.
Pero incluso esa aparente decepción contiene una pista importante. Las resonancias revelaron cambios positivos en algunos pacientes antes de que aparecieran mejoras visibles en su movilidad. Para los investigadores, eso indica que la recuperación podría estar comenzando a un nivel microscópico mucho antes de hacerse evidente en la vida diaria.
«Ahora somos capaces de visualizar el efecto de la terapia de forma temprana y objetiva —afirma Freund—. Esto abre la posibilidad de utilizar los futuros tratamientos de una manera más estratégica y de evaluar sus resultados con mayor fiabilidad».
En otras palabras, la médula espinal podría estar reparándose de manera silenciosam.
Desde células madre hasta interfaces cerebro-máquina
El trabajo también subraya la creciente importancia de las técnicas de imagen como herramientas para observar la regeneración nerviosa en tiempo real. Hasta hace poco, medir si una terapia regenerativa funcionaba dependía casi solo de escalas clínicas relativamente imprecisas. Ahora los científicos empiezan a disponer de biomarcadores biológicos capaces de detectar cambios estructurales invisibles a simple vista.
Ese avance podría acelerar enormemente el desarrollo de nuevas terapias.
La investigación sobre reparación medular vive actualmente un momento de intensa actividad. Laboratorios de todo el mundo exploran desde células madre hasta interfaces cerebro-máquina, pasando por implantes eléctricos o edición genética. En ese escenario, los anticuerpos anti-Nogo-A representan una de las aproximaciones más sólidas porque atacan directamente uno de los mecanismos biológicos que impiden la regeneración.
La idea de fondo es sencilla y poderosa: el sistema nervioso humano conserva cierta capacidad latente para reorganizarse, pero necesita que alguien retire los frenos.
NG101 parece hacerlo. Aunque sea solo parcialmente y aunque todavía falten años para saber si esta estrategia puede convertirse en un tratamiento estándar.
Para miles de personas con lesión medular, acostumbradas durante décadas a escuchar que el daño era irreversible, eso ya supone un cambio histórico de perspectiva.▪️(12-mayo-2026)
MEDICINA REGENERATIVA
PREGUNTAS&RESPUESTAS: NG101 y Regeneración de la Médula Espinal
🩺 ¿Qué es NG101?
El NG101 es un anticuerpo monoclonal experimental diseñado para bloquear la proteína Nogo-A, una molécula que impide el crecimiento de fibras nerviosas tras una lesión medular.
🩺 ¿Qué hace la proteína Nogo-A?
Nogo-A actúa como un inhibidor natural de la regeneración nerviosa en el sistema nervioso central. Tras una lesión medular, dificulta que las neuronas vuelvan a crecer y reconectarse.
🩺 ¿Puede el NG101 curar la parálisis?
No. El tratamiento todavía no representa una cura definitiva para la parálisis o las lesiones medulares completas. Sin embargo, los estudios muestran que podría favorecer la regeneración nerviosa y mejorar parcialmente algunas funciones motoras.
🩺 ¿Qué mejoras observaron los investigadores?
Los pacientes tratados con NG101 mostraron una menor degeneración de la médula espinal, mejor conservación de fibras nerviosas y, en algunos casos, mejoras funcionales en brazos y manos.
🩺 ¿Por qué este estudio es importante?
Porque aporta una de las primeras evidencias sólidas en humanos de que una terapia biológica puede modificar estructuralmente la médula espinal lesionada y favorecer procesos de reparación nerviosa.
Infomación facilitada por la Universidad de Zúrich
Fuente: Farner, L., Scheuren, P.S., Sharifi, K. et al.Anti-Nogo-A NG101 treatment induces changes in spinal cord micro- and macrostructure following spinal cord injury. Nature Communications (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-026-71412-0

