Qué revela la leche materna sobre la glándula mamaria y el crecimiento del bebé

Además de nutrientes y defensas, la leche materna contiene pistas sobre cómo funciona el órgano que la fabrica. Un estudio en tres países identifica señales moleculares que conectan la nutrición de la madre con el crecimiento infantil y abren nuevas preguntas sobre la lactancia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La leche materna ofrece pistas sobre el funcionamiento de la glándula mamaria y su relación con el crecimiento del bebé.

La leche materna ofrece pistas sobre el funcionamiento de la glándula mamaria y su relación con el crecimiento del bebé. Foto de Nikolai Chernichenko

Una muestra de leche materna contiene información sobre dos vidas. Este líquido blanco aporta nutrientes y defensas al bebé, pero también guarda pistas sobre el organismo que la fabrica: cómo utiliza la energía, mantiene sus tejidos y responde a las agresiones. Leer esas señales podría ayudar a entender por qué algunos lactantes encuentran dificultades para crecer y cómo apoyar mejor la salud de sus madres.

Un estudio publicado en la revista Science explora esa posibilidad con una mirada que va más allá de contabilizar grasas, proteínas o vitaminas.

El equipo, encabezado por investigadores de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos) y con participación internacional, analizó 1.543 muestras de leche de 840 parejas de madres y bebés de Burkina Faso, Pakistán y Canadá. Encontró patrones moleculares que relacionan la nutrición materna con el crecimiento infantil y con distintas facetas del funcionamiento mamario.

La leche se convierte así en una vía para estudiar un órgano cuyo trabajo durante la lactancia todavía encierra muchos interrogantes.

«La leche humana nos ofrece una ventana excepcional y no invasiva a la biología de la glándula mamaria durante la lactancia», explica Liat Shenhav, una de las investigadoras que dirigen el trabajo, en el comunicado difundido por el NYU Langone Health.

Estudiar a mujeres de distintos entornos, añade Shenhav, ayuda a identificar patrones comunes en el funcionamiento de la glándula mamaria. También permite entender cómo la nutrición y el metabolismo de la madre se relacionan con la composición de la leche y con el crecimiento del bebé.

Cómo permite la leche materna estudiar la glándula mamaria

El equipo de Shenhav abordó tres funciones conectadas:

1️⃣ Síntesis y secreción: las células mamarias fabrican y liberan componentes de la leche, como la lactosa y proteínas específicas.

2️⃣ Barrera entre sangre y leche: regula el paso de sustancias y está vinculada al mantenimiento de los tejidos.

3️⃣ Defensa y reparación: los mecanismos inmunitarios protegen la glándula y ayudan a recuperarla cuando sufre daños.

Una respuesta defensiva necesaria puede, si persiste o resulta excesiva, alterar el equilibrio del órgano y dificultar su actividad secretora. Entender esas conexiones exige observar la leche como un sistema biológico.

Durante la lactancia, la glándula mamaria combina la producción de leche con mecanismos de defensa y reparación que dejan señales en su composición.

Durante la lactancia, la glándula mamaria combina la producción de leche con mecanismos de defensa y reparación que dejan señales en su composición.

Qué analizaron los investigadores en los tres países

Sin embargo, hasta hoy buena parte de la investigación en esta materia ha examinado los ingredientes de la leche por separado. Este equipo reunió miles de mediciones de proteínas, vitaminas, minerales, macronutrientes, oligosacáridos —azúcares complejos— y metabolitos, moléculas relacionadas con el metabolismo.

Este enfoque, denominado análisis multiómico, combina distintas capas de información molecular. Los investigadores lo utilizaron junto con datos de crecimiento infantil, herramientas estadísticas y aprendizaje automático para reconocer patrones compartidos.

La diversidad de las participantes resultó fundamental. En Burkina Faso se estudiaron 290 parejas, con distintos estados nutricionales; en Pakistán, 150 madres con desnutrición y sus hijos; y en Canadá, 400 parejas cuyas madres estaban adecuadamente nutridas. En Burkina Faso y Pakistán, las participantes formaban parte de ensayos en los que se evaluaba si dar a las madres un suplemento alimenticio que aportaba calorías y proteínas favorecía el crecimiento de sus bebés. Las mujeres se asignaban al azar a los grupos de intervención y de comparación. En Canadá, el estudio era observacional: los investigadores recogían datos sin modificar la alimentación de las madres.

Qué cambió en las trayectorias de crecimiento infantil

Shenhav y sus colegas analizaron cómo evolucionaba el crecimiento, además de comparar promedios entre grupos. En Burkina Faso distinguieron bebés que partían de una situación desfavorable y lograban recuperarse de otros que continuaban rezagados.

En Burkina Faso, los bebés cuyas madres recibieron el suplemento alimenticio durante la lactancia tuvieron más del doble de probabilidades de recuperarse de un crecimiento insuficiente: 2,32 veces las del grupo de comparación. En Pakistán, el suplemento ayudó a mantener un crecimiento más estable. El alcance de estos beneficios debe valorarse teniendo en cuenta las condiciones nutricionales de las poblaciones estudiadas.

La siguiente pregunta era qué podía contar la leche sobre esas diferencias. Aunque su composición variaba considerablemente entre países, aparecieron señales compartidas relacionadas tanto con la suplementación como con el crecimiento infantil.

En las poblaciones estudiadas de Burkina Faso y Pakistán, los suplementos alimenticios para las madres favorecieron la recuperación o la estabilidad del crecimiento de sus bebés.

En las poblaciones estudiadas de Burkina Faso y Pakistán, los suplementos alimenticios para las madres favorecieron la recuperación o la estabilidad del crecimiento de sus bebés. Foto de Ayla Meinberg

Los siete posibles biomarcadores de la leche materna

Para interpretarlas, el equipo comparó los perfiles de proteínas con anotaciones del Atlas de Proteínas Humanas, un recurso que ayuda a situarlas en procesos biológicos. Así pudo vincular determinados componentes con la síntesis de leche, la remodelación de los tejidos y la actividad inmunitaria.

El análisis desembocó en siete candidatos a biomarcadores:

✅ Cuatro acilcarnitinas de cadena corta, denominadas C2, C3, C4 y C5.

✅ El aminoácido lisina

✅ Un oligosacárido llamado 6′-sialilactosa

✅ Mineral selenio.

En conjunto, ofrecían pistas sobre la síntesis de leche, la remodelación de los tejidos y la actividad inmunitaria. Estos siete candidatos aportan información complementaria a indicadores tradicionales, como el sodio y su relación con el potasio, empleados para valorar la permeabilidad de la barrera entre sangre y leche.

Por qué destacó la valerilcarnitina

Entre esas moléculas destacó la valerilcarnitina, también conocida como C5, que está vinculada al metabolismo energético. En concentraciones elevadas se asociaron con señales de menor síntesis de componentes de la leche y mayor remodelación e intervención inmunitaria.

Por ejemplo, las muestras de leche con más acilcarnitinas tendían a contener menos beta-caseína, una proteína fabricada por la glándula mamaria, y menos carbohidratos.

Estas asociaciones ofrecen pistas sobre su actividad; no equivalen a una medición directa del volumen de leche producido ni demuestran que C5 cause las dificultades de crecimiento.

La leche contiene señales moleculares que permiten investigar cómo la glándula mamaria produce nutrientes, mantiene sus tejidos y activa sus mecanismos de defensa.

La leche contiene señales moleculares que permiten investigar cómo la glándula mamaria produce nutrientes, mantiene sus tejidos y activa sus mecanismos de defensa. Foto de Victoria Strukovskaya

Vitamina B5 y lactancia: una conexión todavía por demostrar

La búsqueda de una explicación condujo a la vitamina B5, también llamada ácido pantoténico. El organismo la necesita para fabricar la coenzima A, una molécula esencial en numerosas reacciones del metabolismo. Los autores proponen que una disponibilidad insuficiente de B5 podría limitar esas reacciones y favorecer cambios en las acilcarnitinas, incluida la acumulación de C5.

Sería una posible conexión entre la nutrición de la madre y la capacidad metabólica de la glándula mamaria.

Los niveles bajos de B5 en la leche, definidos respecto a valores de referencia de otro estudio, aparecieron en algún momento en el 67,2 % de las madres de Burkina Faso y el 55,1 % de las de Pakistán. En Canadá afectaron a menos del 1 %.

Esas cifras describen concentraciones en la leche según el criterio utilizado; no constituyen por sí solas un diagnóstico de carencia en cada mujer. La suplementación redujo la frecuencia de valores muy bajos, pero contenía varios nutrientes y no permite atribuir sus efectos exclusivamente a esta vitamina.

🗣️ «Nuestros hallazgos demuestran la estrecha relación entre la nutrición materna, la salud metabólica y la función mamaria», afirma April Jauhal, primera autora.

La investigadora señala que su laboratorio está estudiando el papel funcional de la vía que conecta el ácido pantoténico, el coenzima A y C5. Esa comprobación será crucial: muchas de las conexiones moleculares observadas son correlaciones y la secuencia causal propuesta sigue siendo una hipótesis.

Qué aporta el estudio y cuáles son sus límites

El trabajo forma parte del Consorcio Internacional sobre la Composición de la Leche (IMiC Consortium), que está financiado por la Fundación Gates. Según el comunicado, un estudio complementario publicado en Science encontró que la suplementación durante la lactancia aumentaba varias vitaminas del grupo B, mientras muchos otros componentes permanecían relativamente estables.

«Algunos componentes responden a la nutrición materna, mientras que otros permanecen estables», resume Shenhav.

El equipo también investiga el calostro —la primera secreción láctea de los mamíferos que se obtiene después del parto— y la leche de transición para conocer cómo aparecen estas señales tras el embarazo. La posibilidad de recoger muestras repetidamente permite seguir la actividad mamaria sin recurrir a procedimientos invasivos.

El horizonte es comprender qué necesidades metabólicas pueden limitar su funcionamiento y qué intervenciones ayudarían a resolverlas. Antes de convertirse en una prueba clínica, esos indicios necesitan más investigación. Por ahora, amplían la mirada sobre la lactancia: atender al crecimiento del bebé exige también comprender y cuidar la biología de su madre.▪️(12-octubre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • La idea clave: la leche materna ofrece pistas sobre cómo funciona la glándula que la produce y cómo esa actividad se relaciona con el crecimiento del bebé.
  • Qué analizaron: 1.543 muestras de leche de 840 parejas de madres y bebés de Burkina Faso, Pakistán y Canadá.
  • Qué encontraron: siete posibles biomarcadores relacionados con la producción de componentes de la leche, el mantenimiento del tejido mamario y la actividad inmunitaria.
  • La nutrición materna importa: los suplementos alimenticios favorecieron la recuperación o la estabilidad del crecimiento infantil en las poblaciones estudiadas.
  • Una pista por investigar: los niveles bajos de vitamina B5 podrían contribuir a alteraciones del metabolismo mamario.
  • Qué falta demostrar: los marcadores aún no están validados como pruebas clínicas y el papel específico de la vitamina B5 sigue siendo una hipótesis.

🦖 NO TE PIERDAS LA CIENCIA QUE ESTÁ CAMBIANDO EL MUNDO

Siguiente
Siguiente

Por qué los perros grandes viven menos que los pequeños