La lactancia materna podría reducir el riesgo de padecer los síntomas de la TDAH en la infancia, según un estudio
Un estudio con más de 37.000 niños encuentra que la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida se asocia con menos síntomas de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Aunque los resultados no prueban una relación de causa y efecto, refuerzan la importancia de la nutrición en el desarrollo cerebral de los pequeños.
Por Enrique Coperías, periodista científico
La lactancia materna vuelve a situarse en el centro del debate científico. Además de sus conocidos beneficios para el sistema inmunitario y el desarrollo físico del bebé, un nuevo estudio apunta ahora a que también podría desempeñar un papel protector frente a uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia: el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Bergen (Noruega) y publicada en la revista Biological Psychiatry, analizó la evolución de más de 37.600 niños durante sus primeros ocho años de vida y encontró una relación consistente: cuanto mayor fue la duración de la lactancia materna exclusiva, esto es, la práctica de alimentar al bebé únicamente con leche de la madre, durante los seis primeros meses, menores fueron los síntomas de TDAH observados posteriormente.
Sin embargo, los propios autores subrayan un mensaje esencial: el estudio no demuestra que la lactancia prevenga el TDAH, sino que existe una asociación que merece seguir investigándose.
¿Qué es el TDAH?
El TDAH afecta aproximadamente al 5 % de los niños en todo el mundo y se caracteriza por problemas persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad. En muchos casos, estos síntomas continúan durante la adolescencia e incluso en la edad adulta, y pueden repercutir en el rendimiento escolar, las relaciones sociales y la salud mental.
Se sabe desde hace años que la genética desempeña un papel muy importante. Diversos estudios estiman que entre el 70 % y el 80 % del riesgo de desarrollar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad depende de la herencia genética. Pero eso no significa que los factores ambientales carezcan de importancia.
Los científicos llevan tiempo intentando identificar aquellos factores modificables durante el embarazo y los primeros meses de vida que puedan influir en el desarrollo del cerebro infantil.
La alimentación temprana es uno de ellos.
Un estudio especialmente sólido
Para averiguar si existía alguna relación entre la lactancia materna y el desarrollo posterior del TDAH, los investigadores recurrieron al enorme estudio noruego Mother, Father and Child Cohort Study (MoBa), una de las mayores cohortes de seguimiento familiar del mundo.
Las madres informaron, cuando sus hijos tenían seis meses, sobre cuánto tiempo habían recibido lactancia materna exclusiva, cuándo comenzaron a introducir otros alimentos o fórmulas infantiles y cuánto tiempo continuó la lactancia parcial.
Posteriormente, los investigadores evaluaron los síntomas de TDAH de esos niños a los 3, 5 y 8 años de edad, y para ello utilizaron cuestionarios estandarizados ampliamente empleados en psicología infantil.
El juego, la interacción y la estimulación temprana son fundamentales para el desarrollo cognitivo del bebé. Los investigadores creen que la lactancia materna podría favorecer este proceso. Foto de Yana Hurska en Unsplash
Cuanto más tiempo lactando, menor riesgo
Los resultados mostraron una tendencia muy clara. Los niños que habían recibido lactancia materna exclusiva durante más tiempo presentaban menos síntomas compatibles con TDAH en todas las edades estudiadas.
La asociación apareció tanto en niños como en niñas, y fue especialmente intensa a los tres y cinco años, aunque seguía siendo detectable a los ocho años, aunque algo más débil.
Además, los investigadores observaron un auténtico efecto dosis-respuesta: cualquier periodo de lactancia materna parecía aportar cierto beneficio, pero el efecto aumentaba conforme lo hacía la duración y la intensidad de la lactancia, siendo máximo cuando esta había sido exclusiva durante los seis primeros meses de vida.
¿Y si todo se debía a la genética?
Responder a esa pregunta era precisamente uno de los mayores retos del estudio.
Las madres con síntomas de TDAH suelen amamantar durante menos tiempo y, al mismo tiempo, tienen una mayor probabilidad de tener hijos con este trastorno por razones genéticas. Además, algunos bebés que desarrollan más tarde este trastorno pueden resultar más difíciles de alimentar con el pecho debido a su temperamento o comportamiento.
Todo ello podría explicar la asociación observada sin que la lactancia materna tuviera realmente ningún efecto.
Para minimizar ese problema, los investigadores realizaron uno de los análisis más completos publicados hasta la fecha. No solo ajustaron los resultados por factores, como el nivel educativo de los padres, la edad materna y paterna, el peso al nacer, la duración del embarazo oy la estación del nacimiento, sino también por el riesgo genético de TDAH tanto del niño como de sus padres, calculado mediante puntuaciones poligénicas.
Además, compararon hermanos de una misma familia que habían recibido diferentes patrones de lactancia, una estrategia que permite controlar muchos factores familiares difíciles de medir.
Incluso después de todos esos ajustes, la asociación continuó siendo significativa, aunque de magnitud moderada.
La herencia sigue siendo el principal factor
La psiquiatra Berit Skretting Solberg, psiquiatra de la Universidad de Bergen y autora principal del estudio, insiste en interpretar los resultados con prudencia.
«Está bien establecido que los síntomas y trastornos psiquiátricos pueden verse influidos tanto por factores genéticos como ambientales».
Según explica Skretting Solberg, los datos indican que la lactancia materna podría constituir uno de esos factores ambientales capaces de modular parcialmente el riesgo:
🗣️ «En nuestra sociedad, la herencia probablemente sea el principal factor de riesgo para el TDAH. Sin embargo, como ocurre con otros trastornos del neurodesarrollo, intervienen múltiples factores, y nuestro estudio sugiere que la duración de la lactancia materna también podría ayudar a proteger frente al desarrollo de síntomas de TDAH en los niños pequeños».
El nuevo estudio siguió la evolución de más de 37.600 niños desde el nacimiento hasta los ocho años y observó que aquellos que recibieron lactancia materna exclusiva durante más tiempo presentaban, de media, menos síntomas compatibles con el TDAH, aunque los autores subrayan que la investigación no demuestra una relación de causa y efecto. Foto de Nattalia Nuñez en Unsplash
¿Qué tiene la leche materna de especial?
Hay que tener presente que la leche materna es un alimento extraordinariamente complejo.
No solo aporta proteínas, grasas, vitaminas y minerales perfectamente adaptados al crecimiento del bebé, sino también cientos de compuestos bioactivos que apenas empiezan a comprenderse.
Entre ellos destacan los ácidos grasos de cadena larga, fundamentales para el desarrollo cerebral; diversos aminoácidos, como el triptófano; anticuerpos que fortalecen el sistema inmunitario; bacterias beneficiosas que ayudan a establecer la microbiota intestinal y oligosacáridos capaces de favorecer el desarrollo del cerebro y la comunicación entre el intestino y el sistema nervioso.
Algunos experimentos realizados en modelos animales incluso han mostrado que determinados azúcares presentes exclusivamente en la leche materna pueden mejorar procesos relacionados con la memoria de trabajo y la atención.
Otra posible explicación no estaría únicamente en la composición de la leche.
El contacto piel con piel durante la lactancia favorece el vínculo afectivo entre madre e hijo, un aspecto que algunos investigadores creen que también podría contribuir al desarrollo emocional y conductual del niño.
La polémica de la lactancia materna
Precisamente por eso, la lactancia materna se ha convertido en uno de los temas más debatidos de la pediatría y la salud pública. Existe un amplio consenso científico, respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y por una influyente serie de informes publicada en The Lancet, en que la leche materna constituye el alimento óptimo para el lactante.
La evidencia muestra que la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses:
✅ Reduce la mortalidad infantil.
✅ Protege frente a numerosas infecciones.
✅ Se asocia con un menor riesgo de diversas enfermedades a largo plazo.
Beneficios también para la madre
También beneficia a las madres: diversos estudios indican que por cada año acumulado de lactancia el riesgo de desarrollar cáncer de mama invasivo disminuye aproximadamente un 4,3 %.
Sin embargo, estos organismos advierten de que menos de la mitad de los bebés del mundo reciben lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, una situación que atribuyen no solo a decisiones individuales, sino también a factores estructurales como estos:
❌ Insuficiencia de las bajas por maternidad.
❌ Dificultades para conciliar.
❌ Intenso marketing de una industria mundial de fórmulas infantiles valorada en decenas de miles de millones de dólares.
Un enfoque más equilibrado
No obstante, el debate actual ya no cuestiona las propiedades biológicas de la leche materna, sino cómo deben interpretarse algunos de los beneficios que se le atribuyen y cómo se trasladan esos mensajes a las familias. Diversos sociólogos, especialistas en salud mental perinatal y colectivos feministas recuerdan que muchos estudios observacionales pueden estar influidos por factores como el nivel educativo, los ingresos o el acceso a una mejor atención sanitaria, características que también favorecen un mejor desarrollo infantil.
Además, alertan de que presentar la lactancia exclusiva como un objetivo ineludible puede generar sentimientos de culpa, ansiedad o depresión posparto en mujeres que experimentan dolor, dificultades para amamantar o una producción insuficiente de leche.
Por ello, cada vez más expertos defienden un enfoque más equilibrado: promover la lactancia cuando sea posible por sus beneficios demostrados, pero evitando convertirla en un juicio moral y ofreciendo a cada familia el apoyo sanitario y social necesario para elegir la mejor opción según sus circunstancias.
Un beneficio pequeño, pero relevante
En cuanto al estudio publicado ahora en Biological Psychiatry, los autores reconocen en las conclusiones de su estudio que el efecto observado es relativamente modesto.
No supone una diferencia clínica importante para un niño concreto, pero sí podría tener consecuencias apreciables cuando se analiza una población entera.
Pequeños desplazamientos en la distribución de los síntomas pueden reducir el número de niños que finalmente alcanzan el umbral clínico necesario para recibir un diagnóstico de TDAH.
En otras palabras, un efecto aparentemente pequeño a nivel individual puede traducirse en un impacto relevante desde el punto de vista de la salud pública.
La leche materna contiene nutrientes, anticuerpos, oligosacáridos y otros compuestos bioactivos esenciales para el desarrollo del bebé. Foto de Nikolai Chernichenko en Unsplash
Aún no puede hablarse de causa y efecto
Como ocurre con casi todos los estudios observacionales, existen limitaciones importantes.
Los participantes pertenecían a una cohorte noruega formada mayoritariamente por familias con un nivel educativo superior a la media y con tasas de lactancia materna más elevadas que las del conjunto de la población. Además, aunque se controlaron numerosos factores de confusión —incluidos algunos genéticos—, siempre existe la posibilidad de que otros elementos no medidos hayan influido en los resultados.
🗣️ Por eso, Solberg insiste en que son necesarios nuevos estudios para confirmar si la relación observada es realmente causal: «Como ocurre con otros estudios observacionales, resulta difícil extraer conclusiones firmes sobre una relación de causa y efecto».
Un nuevo argumento a favor de la lactancia materna
Pese a todas las cautelas, el trabajo aporta una de las evidencias más sólidas hasta la fecha de que la lactancia materna podría formar parte del complejo conjunto de factores que influyen en el desarrollo cerebral durante los primeros meses de vida.
Los investigadores consideran que comprender estos mecanismos podría abrir nuevas vías para prevenir o reducir algunos trastornos del neurodesarrollo en el futuro.
Mientras tanto, el mensaje sigue siendo el mismo que defienden desde hace años organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS): siempre que sea posible y la madre lo desee, la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses continúa siendo la opción nutricional recomendada para favorecer el mejor comienzo posible en la vida del bebé. ▪️(27-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Lactancia y TDAH
🍼 ¿La lactancia materna previene el TDAH?
No. El estudio muestra una asociación entre una mayor duración de la lactancia materna exclusiva y menos síntomas de TDAH, pero no demuestra que exista una relación directa de causa y efecto.
🍼 ¿Cuánto tiempo recomienda la OMS dar el pecho?
La Organización Mundial de la Salud recomienda mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, seguida de alimentación complementaria junto con lactancia hasta los dos años o más si madre e hijo lo desean.
🍼 ¿Por qué podría influir la lactancia en el desarrollo cerebral?
Porque la leche materna contiene nutrientes, anticuerpos, oligosacáridos, bacterias beneficiosas y otros compuestos bioactivos que favorecen el desarrollo del cerebro, el sistema inmunitario y la microbiota intestinal.
🍼 ¿Qué hace diferente a este estudio?
Es uno de los trabajos más completos publicados hasta ahora porque analizó a más de 37.000 niños, incorporó información genética de padres e hijos y comparó incluso hermanos con distintos patrones de lactancia para minimizar posibles factores de confusión.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses se asoció con menos síntomas de TDAH entre los 3 y los 8 años.
El estudio siguió a 37.643 niños pertenecientes a una de las mayores cohortes familiares de Europa.
La asociación persistió incluso tras ajustar factores genéticos, sociales y perinatales.
Los investigadores observaron un efecto dosis-respuesta: cuanto más prolongada fue la lactancia exclusiva, menor fue el nivel de síntomas.
El trabajo no demuestra causalidad, aunque aporta una de las evidencias más sólidas disponibles hasta la fecha.
Los hallazgos apoyan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de mantener la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses siempre que sea posible.
Información facilitada por la Universidad de Bergen
Fuente: Solberg B., Brantsæter A., Kvalvik L et al. Breastfeeding and Development of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Symptoms Across Childhood. Biological Psychiatry (2026). DOI: 10.1016/j.biopsych.2026.06.009

