Árboles centenarios españoles evidencian que las tormentas mediterráneas se están intensificando
Durante más de cinco siglos, los árboles de han registrado en silencio la historia del clima. Hoy, sus anillos revelan que las tormentas y las lluvias extremas se están volviendo más intensas y frecuentes en el Mediterráneo español.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El estudio ha analizado 173 muestras de anillos de crecimiento de pino silvestre y pino laricio tomadas en cinco enclaves de la sierra Ibérica, en Teruel. Algunos de estos árboles superan los 500 años y conservan en su madera la huella de medio milenio de variabilidad climática. Foto: Joel & Jasmin Førestbird
Durante siglos, los pinares de las montañas de Teruel (España) han prosperado en silencio, ajenos a debates políticos, cumbres climáticas y modelos por ordenador. Sin embargo, en el grosor de sus anillos anuales de crecimiento han ido registrando, año tras año, una historia minuciosa del clima.
Hoy, esa memoria vegetal ofrece un mensaje inquietante: las tormentas y los episodios extremos de lluvia y sequía en el Mediterráneo occidental se están intensificando de una forma que no tiene precedentes en los últimos quinientos años.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista Climate of the Past, liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid, y varias universidades europeas. El trabajo reconstruye, con una precisión sin precedentes, la evolución de las precipitaciones en el este de la península Ibérica desde el año 1505 hasta la actualidad, utilizando los anillos de crecimiento de pinos centenarios como archivo climático natural.
Un archivo climático escrito en madera
El estudio, coordinado por Marcos Marín-Martín, del Departamento de Geología en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, se basa en el análisis de 173 muestras de anillos de crecimiento de pino silvestre (Pinus sylvestris) y pino laricio (Pinus nigra), extraídas de árboles vivos en cinco enclaves de la sierra turolense. Algunos de estos árboles superan los quinientos años de edad, lo que los convierte en testigos directos de medio milenio de variabilidad climática.
La dendroclimatología —la ciencia que estudia la relación entre el crecimiento de los árboles y el clima— parte de un principio sencillo: en ambientes donde el agua es un factor limitante, como ocurre en gran parte del Mediterráneo, los árboles crecen más en los años húmedos y menos en los secos. Midiendo con precisión microscópica el grosor de cada anillo anual, los científicos pueden reconstruir la cantidad de precipitación caída en el pasado, mucho más allá del corto registro instrumental disponible, que apenas cubre el último siglo.
En este caso, los investigadores han logrado calibrar los anillos con datos meteorológicos modernos de alta resolución, lo que les ha permitido reconstruir la precipitación acumulada durante un periodo clave de 320 días, desde mediados de agosto hasta finales de junio, el intervalo que más influye en el crecimiento de estos pinares de montaña.
Un Mediterráneo más inestable
El resultado es una de las reconstrucciones de lluvia más largas y robustas jamás realizadas en el Mediterráneo occidental. Y su mensaje es claro: aunque el clima de la región siempre ha sido variable, la frecuencia y la intensidad de los episodios extremos —tanto de lluvias torrenciales como de sequías graves— han aumentado de forma notable desde finales del siglo XX.
Durante gran parte de los siglos XVI al XIX, el clima mostró largos periodos de relativa estabilidad, con menos oscilaciones bruscas entre años muy secos y muy húmedos. En contraste, el análisis revela que desde aproximadamente 1975 la variabilidad se dispara, alcanzando niveles que no se observan en ningún otro momento de los últimos cinco siglos .
El siglo XXI es especialmente revelador: en apenas veinticiatro años ya concentra casi tantos episodios extremos como siglos enteros del pasado. Los autores destacan que la proporción de años con lluvias o sequías excepcionalmente raras es hasta diez veces superior a la media histórica.
Más lluvias extremas… y más sequías
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que no se limita a analizar la sequía, como han hecho muchos trabajos anteriores, sino que reconstruye cantidades reales de precipitaciones. Esto permite detectar no solo la falta de lluvia, sino también los episodios de precipitaciones intensas, a menudo asociados a tormentas mediterráneas y a inundaciones.
Los anillos de los árboles recogen así la huella de años extremadamente húmedos, muchos de los cuales coinciden con inundaciones históricas documentadas en ríos como el Ebro y el Turia. Marín-Martín y sus colegas han contrastado su reconstrucción con archivos históricos, como las rogativas religiosas para pedir lluvia o para que cesaran las tormentas, y han encontrado una notable coherencia entre ambos registros en los siglos XVIII y XIX .
Este cruce entre ciencia natural y fuentes históricas refuerza la fiabilidad del mensaje: cuando los árboles muestran un año extremadamente seco o húmedo, las sociedades del pasado también lo percibieron como tal, hasta el punto de organizar ceremonias públicas para pedir auxilio divino.
Pino de seis garras, en el municipio de Jabaloyas (Teruel). Cortesía: Wwikiloc
Cambio climático y señal humana
El estudio se suma a un debate clave en climatología: hasta qué punto los cambios recientes en el régimen de lluvias del Mediterráneo pueden atribuirse al cambio climático de origen humano y no solo a la variabilidad natural.
Al ampliar el contexto temporal hasta quinientos años, los investigadores muestran que, aunque siempre ha habido extremos, la intensidad y persistencia de los actuales no tienen equivalente histórico claro. Esta conclusión coincide con las proyecciones del IPCC, que señalan al Mediterráneo como uno de los grandes puntos calientes del cambio climático global, especialmente vulnerable a la combinación de sequías más largas y lluvias más violentas.
No se trata solo de una cuestión estadística. El aumento de la irregularidad de las precipitaciones tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas forestales, la disponibilidad de agua, la agricultura y el riesgo de inundaciones. Los pinares que han sobrevivido durante siglos gracias a su adaptación a un clima duro podrían estar acercándose a sus límites de resiliencia.
Un aviso desde el pasado
Más allá de la sofisticación técnica, el valor del estudio reside en su capacidad para poner el presente en perspectiva. En una región acostumbrada a vivir entre la sequía y la riada, los árboles centenarios actúan como cronistas imparciales que desmontan la idea de que siempre ha sido así.
El mensaje que emerge de sus anillos es incómodo pero necesario: el Mediterráneo no solo se está calentando, sino que se está volviendo más impredecible. Y esa inestabilidad, advierten los autores, es uno de los rasgos más preocupantes del cambio climático en curso.
Escuchar a los árboles no detendrá las tormentas, pero sí puede ayudarnos a comprender que lo que hoy parece excepcional forma parte de una tendencia reciente, acelerada y profundamente ligada a la actividad humana. Una lección escrita en madera, año tras año, durante medio milenio.▪️(25-enero-2026)
Fuente: Marín-Martín, M., Tejedor, E., Benito, G., Saz, M. A., Barriendos, M., Martínez del Castillo, E., Esper, J., and de Luis, M. A five-century tree-ring record from Spain reveals recent intensification of western Mediterranean precipitation extremes. Climate of the Past (2025). DOI: https://doi.org/10.5194/cp-21-2205-2025

