Resuelto el enigma de por qué solemos girarnos hacia la izquierda cuando caminamos
Un estudio internacional realizado en España y Japón concluye que los seres humanos mostramos una preferencia natural por desplazarse en sentido antihorario. El fenómeno aparece en adultos, niños e incluso en personas que caminan solas, lo que sugiere un origen biológico todavía desconocido.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Vista aérea de una plaza urbana, generada con IA, donde decenas de personas caminan aparentemente al azar. Estudios recientes sugieren que, cuando los movimientos individuales se analizan en conjunto, emerge una sorprendente tendencia colectiva a desplazarse en sentido antihorario, incluso sin coordinación consciente entre los participantes. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
¿Por qué las personas giran en sentido antihorario?
Si alguna vez has entrado en una plaza circular, un museo, una pista improvisada o simplemente has observado a un grupo de personas caminando sin una dirección concreta, es posible que hayas presenciado un fenómeno tan común como invisible: la tendencia colectiva a moverse en sentido contrario a las agujas del reloj.
Puede parecer una curiosidad sin importancia. Sin embargo, un nuevo estudio internacional publicado en la revista Nature Communications sugiere que detrás de ese comportamiento cotidiano se esconde algo mucho más profundo. Según los investigadores, los seres humanos poseemos una predisposición natural a desplazarnos en sentido antihorario, una inclinación que aparece de forma consistente en diferentes países, edades y situaciones, y que no parece depender de normas sociales, de la cultura ni siquiera de si una persona es diestra o zurda.
La conclusión resulta sorprendente, porque cuestiona una de las ideas más aceptadas en el estudio de las multitudes: que muchos de los patrones colectivos que observamos surgen exclusivamente de las interacciones entre las personas.
El misterio de las multitudes
Los científicos llevan décadas estudiando cómo se comportan los grupos humanos. Cuando una multitud avanza por una calle concurrida, por ejemplo, las personas terminan organizándose espontáneamente en carriles. Cuando cientos de individuos intentan atravesar una puerta estrecha, aparecen patrones de paso alternado que mejoran el flujo general.
Estos fenómenos son ejemplos clásicos de lo que los físicos llaman comportamientos emergentes: patrones colectivos que nacen de innumerables decisiones individuales sin que exista ningún líder coordinándolas.
Sin embargo, algunos investigadores sospechaban desde hace tiempo que la tendencia observada en muchas multitudes a girar en sentido antihorario podría no ser un fenómeno emergente puro. Tal vez, pensaban, los individuos ya llevaban incorporada una pequeña preferencia direccional que terminaba amplificándose cuando muchas personas interactuaban simultáneamente.
Para comprobarlo, un equipo de científicos de España, Japón y China diseñó una serie de experimentos que permitían separar la influencia del grupo de la conducta individual.
Vista cenital del patio escolar donde se desarrolló uno de los experimentos en España. Los puntos rojos indican la posición de los adolescentes participantes y las líneas muestran sus trayectorias de movimiento. El análisis reveló una tendencia colectiva a desplazarse en sentido antihorario incluso en un espacio abierto y sin restricciones físicas significativas, lo que refuerza la hipótesis de una predisposición individual subyacente. Crédito: ©2026 Echeverría-Huarte et al. CC-BY-ND.
Cinco experimentos y una misma dirección
Los investigadores analizaron el movimiento de centenares de personas en escenarios muy distintos.
En algunos experimentos, grupos de voluntarios caminaban libremente dentro de una gran arena circular instalada en España. En otros, los participantes eran estudiantes que se desplazaban por un patio escolar abierto. También se realizaron pruebas equivalentes en Japón y se estudiaron grabaciones de niños pequeños durante actividades de juego libre en una guardería japonesa. Finalmente, más de doscientas personas caminaron completamente solas dentro de un recinto para analizar si la tendencia aparecía incluso en ausencia total de interacción social.
El resultado fue extraordinariamente consistente.
Independientemente del número de participantes, del tamaño del espacio o del país donde se realizaba el experimento, la dirección predominante siempre acababa siendo la misma: antihoraria.
La regularidad era tan llamativa que incluso cuando los investigadores modificaban la composición de los grupos o cambiaban las condiciones experimentales, la preferencia seguía apareciendo una y otra vez.
🗣️ «Al analizar los experimentos, mis colegas descubrieron por casualidad que, en 32 de los 33 ensayos realizados, las personas mostraban una clara preferencia por girar en sentido antihorario —explica Claudio Feliciani, profesor del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de la Universidad de Tokio (Japón). Y añade—: Fue algo completamente inesperado porque, al menos de forma intuitiva, uno imagina que cuando las personas caminan libremente giran según les conviene en cada momento, sin mostrar una preferencia general. Sin embargo, observamos una tendencia clara y medible a girar más en sentido antihorario que horario cuando todas las demás condiciones eran iguales».
No importa si eres diestro o zurdo
Una de las hipótesis iniciales parecía razonable. Quizá la mayoría de las personas giran hacia la izquierda porque son diestras.
Al fin y al cabo, diversos estudios habían sugerido que las personas diestras tienden ligeramente a girar hacia la izquierda cuando se encuentran con un obstáculo frontal.
Para comprobarlo, los científicos clasificaron a los participantes según su lateralidad, esto es, la tendencia natural de una persona a utilizar preferentemente un lado del cuerpo sobre el otro, como la mano, el pie, el ojo o el oído. Analizaron personas diestras, zurdas, con predominio del pie izquierdo o derecho e incluso con dominancia ocular distinta.
Pero los datos no apoyaron ninguna de estas explicaciones. La tendencia antihoraria aparecía igualmente en todos los grupos. Tampoco encontraron diferencias significativas entre hombres y mujeres.
Incluso realizaron pruebas en las que algunos participantes caminaban con un parche cubriendo un ojo para modificar artificialmente la percepción visual. El resultado fue el mismo.
La preferencia seguía allí.
Las multitudes suelen exhibir patrones colectivos que no pueden explicarse únicamente por decisiones individuales. Los investigadores descubrieron que una pequeña preferencia direccional compartida por muchas personas puede amplificarse hasta generar comportamientos visibles a gran escala. Foto de Saul Mercado en Unsplash
Japón desmonta otra explicación
Existía además otra hipótesis aparentemente convincente.
En Europa, cuando dos peatones se cruzan, normalmente ambos se desplazan ligeramente hacia la derecha para evitar la colisión. En Japón ocurre justo lo contrario: la maniobra de evasión suele hacerse hacia la izquierda.
Si la tendencia antihoraria fuera consecuencia de estos pequeños movimientos de evitación entre peatones, los resultados japoneses deberían haber sido diferentes.
No lo fueron.
Los experimentos realizados en Tokio mostraron exactamente la misma preferencia antihoraria observada en España. Este hallazgo permitió descartar que el fenómeno estuviera relacionado con las normas de circulación peatonal aprendidas culturalmente. Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
«El equipo necesitaba comprender la causa de este fenómeno y, como dicta cualquier buena práctica científica, había que contrastar la observación con múltiples posibles explicaciones para averiguar qué estaba ocurriendo realmente —dice Feliciani. Y añade—: Eso fue precisamente lo que llevó a mis colegas a ponerse en contacto conmigo en Japón, porque inicialmente se pensó que los factores culturales podían influir en la preferencia direccional. Entre otras cosas, quisimos poner a prueba esa hipótesis».
Los niños también lo hacen
Tal vez la explicación estuviera en alguna costumbre aprendida durante la vida.
Los circuitos de atletismo, por ejemplo, se recorren tradicionalmente en sentido antihorario. Quizá la repetición de ese patrón terminara influyendo en el comportamiento cotidiano.
Para poner a prueba esta posibilidad, los investigadores recurrieron a un grupo especialmente interesante: niños de unos cinco años.
Durante actividades de movimiento libre en una guardería japonesa, los pequeños mostraron una tendencia antihoraria incluso más intensa que la observada en los adultos. De hecho, en muchas ocasiones acababan formando auténticos remolinos humanos en los que prácticamente todos se desplazaban en la misma dirección.
El resultado sugiere que la preferencia aparece muy temprano en el desarrollo infantil y que difícilmente puede explicarse únicamente por convenciones culturales adquiridas con el tiempo.
Este fue precisamente el único factor que mostró alguna influencia detectable. «De todos los aspectos que analizamos, el único que destacó ligeramente fue la edad. Los niños muestran una inclinación más fuerte hacia el movimiento antihorario, por lo que es probable que la edad desempeñe algún papel haciendo que el efecto sea más intenso o más débil», explica Feliciani.
¿Existe una norma social invisible?
Los investigadores también exploraron una posibilidad más sutil.
Quizá las personas creen que deberían moverse en una dirección determinada porque existe una norma social implícita que nadie menciona pero todos siguen.
Para averiguarlo, realizaron encuestas a centenares de participantes preguntándoles qué dirección elegirían y qué creían que elegirían los demás.
Sorprendentemente, las respuestas no mostraron ninguna norma clara. De hecho, si se interpretaran los resultados como una norma social, esta apuntaría más bien hacia el sentido horario, exactamente el contrario al observado en los experimentos reales.
La explicación social, por tanto, tampoco encajaba.
La clave estaba en los individuos
El hallazgo decisivo llegó cuando los investigadores analizaron a personas caminando completamente solas.
Sin otros peatones alrededor, sin influencia grupal y sin necesidad de evitar colisiones, muchos participantes seguían mostrando una clara tendencia a desplazarse en sentido antihorario.
Las estadísticas confirmaron que la inclinación era real y significativa. Además, al combinar matemáticamente los comportamientos individuales, los científicos pudieron reproducir los mismos patrones colectivos observados en las multitudes.
La conclusión era difícil de ignorar: el comportamiento colectivo parece surgir porque existe un mayor número de individuos con preferencia antihoraria que con preferencia horaria.
En otras palabras, la multitud no crea el patrón. Lo amplifica.
➡️ Para los autores, el hallazgo va mucho más allá de una simple curiosidad estadística: «Nuestros resultados pueden parecer un descubrimiento menor o poco importante, pero en la naturaleza la mayoría de los fenómenos relacionados con la locomoción muestran que los animales suelen desplazarse sin una preferencia direccional marcada. El fuerte sesgo que hemos encontrado en los seres humanos sugiere la existencia de algún tipo de asimetría biomecánica».
Un enigma biológico aún sin resolver
La gran pregunta ahora es por qué ocurre.
Los investigadores reconocen que todavía no conocen el origen exacto de esta asimetría. Han descartado factores evidentes como la dominancia manual, la lateralidad del pie o la dominancia ocular, pero la causa profunda sigue siendo un misterio.
«Probablemente no tenga relación con la visión, porque realizamos pruebas cubriendo alternativamente el ojo izquierdo o el derecho de los participantes y el sesgo seguía apareciendo —explica Feliciani—. Algunas personas también nos preguntaron si podría deberse a fenómenos a gran escala como la fuerza de Coriolis o el campo magnético terrestre, pero, a la vista de los resultados obtenidos hasta ahora, esa explicación parece poco probable».
Una posibilidad es que intervengan pequeñas diferencias neurológicas o vestibulares, es decir, relacionadas con los sistemas cerebrales que controlan el equilibrio y la orientación espacial. Estudios previos han mostrado que algunas personas, cuando caminan con los ojos vendados, tienden a describir círculos involuntarios debido a errores acumulativos en su percepción de la dirección.
Quizá una versión extremadamente sutil de ese fenómeno esté actuando también cuando caminamos normalmente.
Muchas pruebas de atletismo se disputan tradicionalmente en sentido antihorario. Aunque el nuevo estudio no establece una relación directa, los científicos señalan que esta curiosa coincidencia podría ofrecer pistas sobre la existencia de una predisposición biológica aún desconocida hacia esa dirección de movimiento. Foto de Tong Su en Unsplash
Del diseño urbano a la biología evolutiva
Aunque pueda parecer una curiosidad académica, las implicaciones son potencialmente importantes.
Comprender cómo se mueven las personas permite diseñar mejor aeropuertos, estaciones, museos, estadios y otros espacios públicos. Si existe una preferencia natural por desplazarse en sentido antihorario, futuras infraestructuras podrían aprovecharla para mejorar la comodidad y la fluidez de los movimientos colectivos.
Además, los autores sugieren que este comportamiento podría no ser exclusivo de nuestra especie. Diversos estudios han documentado preferencias direccionales en hormigas, peces, aves y otros animales sociales.
Quizá, detrás de ese simple gesto de girar hacia la izquierda cuando caminamos sin rumbo fijo, se esconda un principio biológico mucho más antiguo y profundo de lo que imaginamos.
🗣️ El investigador apunta además a una curiosa coincidencia que podría no ser casual: «Existen paralelismos interesantes con algunos deportes. En determinadas competiciones de atletismo o automovilismo los circuitos se recorren siempre en sentido antihorario, aunque nadie sabe exactamente por qué. Pero esa será una investigación para otra ocasión».
Y eso convierte una observación aparentemente trivial en una nueva ventana para entender cómo funciona el cerebro humano y cómo emergen los comportamientos colectivos a partir de las decisiones más íntimas de cada individuo.▪️ (11-junio-2026)
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Caminar y Sentido Antihorario
🚶♂️¿Qué significa moverse en sentido antihorario?
Significa desplazarse en dirección contraria a las agujas del reloj.
🚶♂️¿La tendencia antihoraria aparece en todos los países?
En este estudio se observó tanto en España como en Japón, dos países con normas culturales diferentes.
🚶♂️¿Influye ser diestro o zurdo?
No. Los investigadores no encontraron diferencias significativas relacionadas con la lateralidad.
🚶♂️¿Los niños también muestran esta preferencia?
Sí. De hecho, los niños pequeños mostraron una inclinación antihoraria más intensa que los adultos.
🚶♂️¿Se conoce la causa?
Todavía no. Los científicos creen que podría existir una explicación biomecánica o neurológica, pero aún no ha sido identificada.
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
Los investigadores analizaron a centenares de personas en España y Japón.
La mayoría mostró una tendencia consistente a moverse en sentido antihorario.
El fenómeno aparece incluso cuando las personas caminan solas.
No depende de la cultura, el sexo, la lateralidad ni la dominancia ocular.
Los niños presentan una inclinación antihoraria aún más marcada.
Los científicos sospechan que el origen podría estar en mecanismos biomecánicos o neurológicos todavía desconocidos.
Información facilitada por la Universidad de Tokio
Fuente: Echeverría-Huarte, I., Feliciani, C., Shi, Z. et al. Individual locomotor bias drives counterclockwise motion in pedestrian crowds. Nature Communications (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-026-73713-w

