Seis meses de lactancia materna podrían ayudar a reducir los síntomas del TDAH en los niños
La leche materna podría dejar una huella en el cerebro infantil que perdura mucho después del destete. Un estudio con más de 37.000 niños revela una relación entre la duración de la lactancia y una menor presencia de síntomas de falta de atención, hiperactividad e impulsividad hasta los ocho años.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Los primeros meses de vida son una etapa de extraordinaria actividad cerebral. Mientras un recién nacido aprende a reconocer voces, distinguir rostros y responder a los estímulos de su entorno, miles de millones de neuronas establecen conexiones que contribuirán a configurar su memoria, su capacidad de aprendizaje y su comportamiento.
En ese proceso intervienen los genes, las experiencias y también la alimentación. Ahora, una investigación realizada en Noruega apunta a que algo tan cotidiano como la lactancia materna podría estar relacionado con una menor presencia de síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) durante la infancia.
El trabajo, publicado en la revista científica Biological Psychiatry, ha analizado la información de 37.643 niños nacidos entre 1999 y 2009. Sus resultados muestran que aquellos que recibieron lactancia materna completa durante más tiempo, especialmente quienes llegaron a los seis meses, presentaban menos síntomas de falta de atención, hiperactividad e impulsividad a los tres, cinco y ocho años de edad.
La asociación no desapareció cuando los investigadores tuvieron en cuenta factores que podían distorsionar los resultados, como la educación de las madres, la edad de los progenitores, las circunstancias del nacimiento y la predisposición genética a padecer el TDAH. Tampoco desapareció al comparar hermanos de una misma familia que habían recibido lactancia durante periodos diferentes.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque el TDAH es uno de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes y presenta un importante componente hereditario. Los estudios con gemelos y familias sitúan su heredabilidad aproximadamente entre el 70 % y el 80 %. Sin embargo, eso no significa que su aparición esté predeterminada por los genes. El ambiente, las condiciones del embarazo y las experiencias de los primeros años también pueden intervenir en su desarrollo.
➡️ «Nuestros resultados sugieren que la lactancia materna completa podría proteger parcialmente frente a los síntomas del TDAH durante la infancia», escriben los investigadores, encabezados por Berit Skretting Solberg, de la Universidad de Bergen.
Los autores insisten, no obstante, en que todavía es necesario investigar los mecanismos que explicarían esta posible protección.
Qué es el TDAH
La investigación utiliza los datos del Norwegian Mother, Father and Child Cohort Study, conocido como MoBa, uno de los grandes proyectos europeos de seguimiento de la salud infantil y familiar. Este estudio reúne información sobre embarazos, nacimientos, hábitos de vida y desarrollo de miles de niños noruegos.
Cuando los bebés tenían aproximadamente seis meses, sus madres respondieron a cuestionarios sobre su alimentación desde el nacimiento. Posteriormente, cuando los pequeños cumplieron los tres, los cinco y los ocho años, se evaluaron sus comportamientos mediante escalas utilizadas para identificar síntomas relacionados con el TDAH.
Conviene recordar que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una de las alteraciones del neurodesarrollo más frecuentes en la infancia y afecta aproximadamente al 5 % de los niños y adolescentes en todo el mundo, aunque las estimaciones varían según los criterios diagnósticos.
Se caracteriza por dificultades persistentes para mantener la atención, controlar los impulsos o regular la actividad, con manifestaciones que van desde la distracción constante y los olvidos hasta la inquietud excesiva y los problemas para esperar el turno. No todos los afectados presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad, y sus consecuencias pueden extenderse al rendimiento escolar, las relaciones sociales y la vida familiar.
Aunque no existe una cura definitiva, los tratamientos psicológicos y conductuales, el apoyo educativo y, cuando está indicado, la medicación permiten mejorar significativamente los síntomas y la calidad de vida. El trastorno puede persistir durante la adolescencia y la edad adulta.
Los primeros meses de vida son decisivos para la maduración del cerebro, un proceso en el que la nutrición, la genética y el entorno desempeñan un papel fundamental. Foto de Wesley Tingey en Unsplash
Qué ha descubierto el estudio sobre la lactancia materna y el TDAH
Volviendo al estudio, los científicos encontraron un patrón consistente: cuanto mayor era la duración de la lactancia materna completa, menor tendía a ser la puntuación en las escalas de síntomas.
En los análisis ajustados por factores genéticos, socioeconómicos y perinatales, cada mes adicional de lactancia se relacionó con una disminución de:
✅ 0,08 puntos en las puntuaciones de síntomas a los tres años.
✅ 0,07 puntos a los cinco años.
✅ 0,06 puntos a los ocho años.
Las diferencias son pequeñas y no permiten afirmar que un niño concreto vaya a desarrollar o evitar el TDAH dependiendo del tiempo que haya recibido leche materna. Pero su persistencia a lo largo de distintas edades resulta significativa desde el punto de vista epidemiológico.
Para comprobar la relación desde otra perspectiva, los investigadores compararon distintas modalidades de alimentación: lactancia parcial durante menos de cuatro meses, lactancia parcial entre cuatro y seis meses, lactancia completa durante cuatro meses seguida de alimentación complementaria y lactancia completa durante al menos seis meses.
El resultado fue semejante. Los niños con periodos más cortos de lactancia tendían a presentar puntuaciones más elevadas en los síntomas de TDAH.
El verdadero alcance de la investigación
Conviene introducir aquí una precisión importante. El estudio emplea el concepto de lactancia completa, que incluye tanto la lactancia exclusivamente materna como la denominada predominante, que permite el consumo ocasional de determinadas fórmulas. Por tanto, sus resultados no deben interpretarse como si todos los participantes hubieran recibido exclusivamente leche materna, en el sentido más estricto de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Los investigadores hicieron también un cálculo para ilustrar el posible alcance de este beneficio. Según sus estimaciones, por cada 44 niños que recibieran lactancia materna completa durante al menos seis meses, habría uno menos con síntomas especialmente elevados de TDAH a los ocho años, en comparación con una lactancia de menor duración. Sin embargo, se trata de una estimación estadística preliminar, que no tiene en cuenta todos los factores que podrían influir en el resultado. Por tanto, no significa que dar el pecho evite un caso de TDAH por cada 44 niños.
El papel de los genes y del entorno familiar
Uno de los aspectos más novedosos del trabajo es su intento de resolver un problema que ha acompañado durante décadas a las investigaciones sobre la lactancia y el desarrollo infantil. Hablamos de distinguir el posible efecto de la leche materna del efecto de las características de las familias que amamantan durante más tiempo.
En las sociedades de renta elevada, la duración de la lactancia suele relacionarse con circunstancias educativas, económicas, laborales y sanitarias. Las madres con mayor formación académica, por ejemplo, tienden en determinados contextos a mantenerla durante más meses. Esas mismas circunstancias familiares pueden influir en el desarrollo de los hijos.
Además, existe una complicación relacionada con la herencia. Una madre con rasgos de TDAH puede encontrar mayores dificultades para mantener determinadas rutinas, incluida la lactancia, y transmitir a su descendencia parte de su predisposición genética al trastorno.
Para intentar separar estas influencias, los investigadores utilizaron puntuaciones de riesgo poligénico, herramientas estadísticas que estiman la predisposición genética de una persona a desarrollar determinados rasgos o enfermedades a partir de numerosas variantes de su ADN.
Primero incorporaron información genética de los niños. Después repitieron los análisis en 18.349 unidades familiares compuestas por madre, padre e hijo, para las que también disponían de información genética de ambos progenitores.
Los resultados apenas cambiaron.
➡️ «La inclusión de información genética de los padres y de los hijos permitió tener en cuenta parcialmente los factores hereditarios que podrían explicar la asociación», señalan los autores en el artículo.
Pero los investigadores fueron todavía más lejos, y compararon 8.209 parejas de hermanos, entre las cuales 5.285 habían tenido diferentes experiencias de lactancia.
Qué reveló la comparación entre hermanos
Esta estrategia resulta particularmente útil porque los hermanos comparten parte de su patrimonio genético y numerosas circunstancias familiares. Si la asociación entre lactancia y síntomas persiste al comparar niños criados en un entorno semejante, disminuye la probabilidad de que se deba exclusivamente a esas características compartidas.
Y eso es precisamente lo que observaron.
«El análisis entre hermanos respaldó nuestros resultados principales y reforzó la inferencia causal entre la lactancia materna completa y los síntomas de TDAH durante la infancia», explican los investigadores.
Aun así, la prudencia es imprescindible. Los hermanos no son genéticamente idénticos y pueden experimentar circunstancias distintas. Por ello, el análisis refuerza la hipótesis de un posible efecto protector, pero no demuestra definitivamente que exista una relación de causa y efecto.
La leche materna contiene nutrientes y compuestos bioactivos que podrían influir en la maduración del cerebro durante los primeros meses de vida. Foto de Maria Kovalets en Unsplash
Cómo podría influir la leche materna en el desarrollo del cerebro
No cabe duda de que los primeros meses de vida constituyen una etapa de intensa maduración cerebral. Durante este periodo, las neuronas establecen conexiones, los circuitos nerviosos se reorganizan y comienzan a desarrollarse capacidades que posteriormente serán esenciales para la memoria, el aprendizaje y la regulación del comportamiento.
La leche materna contiene numerosos componentes que podrían participar en estos procesos. Además de proteínas, grasas y carbohidratos, aporta ácidos grasos de cadena larga, aminoácidos, vitaminas, anticuerpos, oligosacáridos y otras sustancias biológicamente activas.
Los científicos consideran que varios de estos componentes podrían contribuir al desarrollo del sistema nervioso mediante mecanismos relacionados con la nutrición neuronal, la inmunidad y la comunicación entre el intestino y el cerebro.
La conexión entre la microbiota intestinal y el TDAH
Una de las hipótesis más interesantes se centra en el eje intestino-cerebro, el conjunto de mecanismos que permiten la comunicación entre el sistema digestivo, la microbiota intestinal, el sistema inmunitario y el sistema nervioso.
Durante los primeros meses de vida, el intestino del bebé experimenta una transformación importante. Millones de microorganismos comienzan a colonizarlo y forman una comunidad bacteriana que participa en procesos digestivos, metabólicos e inmunitarios.
Los oligosacáridos de la leche materna favorecen el crecimiento de determinadas bacterias intestinales. A su vez, estas pueden producir metabolitos que intervienen en procesos de señalización biológica relacionados con el desarrollo cerebral.
El artículo noruego destaca el papel potencial del triptófano, un aminoácido que participa en rutas metabólicas vinculadas con la serotonina y otras moléculas implicadas en el funcionamiento del sistema nervioso.
Según explican los investigadores, el metabolismo intestinal del triptófano puede influir en la composición de la microbiota y en la comunicación entre el intestino y el cerebro, con posibles consecuencias sobre las trayectorias del neurodesarrollo.
Por ahora, esta explicación sigue siendo una hipótesis. El estudio no analizó directamente la microbiota de los niños para determinar si sus características mediaban la relación entre la lactancia y el TDAH.
Los componentes de la leche materna que podrían favorecer la atención y la memoria
Otra línea de investigación se centra en los citados oligosacáridos, especialmente en la 6'-sialilactosa, una molécula presente de forma natural en el colastro y la leche humana.
En experimentos realizados con ratones, este compuesto ha mostrado efectos favorables sobre la memoria de trabajo —la capacidad del cerebro para retener y utilizar información durante unos segundos mientras realizamos una tarea, como recordar un número mientras lo marcamos o hacer cálculos mentales— y determinadas capacidades de la atención.
Los investigadores han observado posibles cambios en la expresión de genes relacionados con la organización de las conexiones neuronales de la corteza prefrontal, una región cerebral que interviene en el control de los impulsos, la planificación y la atención.
Estas funciones se encuentran entre las que pueden verse afectadas en las personas con TDAH.
Sin embargo, los resultados experimentales no pueden trasladarse de forma automática a los seres humanos. Todavía no se ha demostrado que este compuesto explique la asociación observada entre lactancia y síntomas de TDAH.
Los científicos también consideran que los componentes inmunitarios de la leche podrían participar indirectamente en el desarrollo neurológico. La leche materna contiene, entre otras sustancias, inmunoglobulina A y células inmunitarias que ayudan a proteger frente a determinados microorganismos.
El sistema inmunitario y el cerebro mantienen una comunicación continua, en especial durante el desarrollo temprano. Por ello, una de las posibilidades investigadas es que las condiciones inmunitarias y metabólicas de los primeros meses influyan en procesos posteriores de maduración cerebral.
Los autores mencionan, además, la importancia potencial del contacto corporal y de las interacciones afectivas durante la alimentación, aunque estos beneficios no son exclusivos de la lactancia materna.
La hiperactividad, la impulsividad y las dificultades para mantener la atención son síntomas característicos del TDAH, aunque una rabieta aislada no indica que un niño padezca el trastorno. Foto de Keira Burton
Qué dicen los estudios recientes sobre los beneficios de la lactancia materna
La investigación publicada en Biological Psychiatry se suma a otros trabajos recientes que han encontrado asociaciones entre la lactancia, el desarrollo neurológico y distintos indicadores de salud infantil.
Aunque los resultados no siempre permiten establecer relaciones causales, el conjunto de las investigaciones ofrece nuevas pistas sobre la importancia de la nutrición durante las primeras etapas de la vida.
Un estudio con más de 570.000 niños encuentra menos retrasos del desarrollo
En marzo de 2025, un equipo de investigadores publicó en JAMA Network Open un estudio que analizó los datos de 570.532 niños israelíes.
Los resultados mostraron que una mayor duración de la lactancia, tanto exclusiva como no exclusiva, se asociaba con una menor probabilidad de experimentar retrasos en determinados hitos del desarrollo, incluidos los relacionados con el lenguaje y las habilidades sociales o motoras.
Los investigadores observaron que los niños que habían recibido solo lactancia materna durante al menos seis meses presentaban una probabilidad aproximadamente un 27 % menor de retrasos en los hitos analizados respecto al grupo de comparación, tras realizar ajustes estadísticos.
También compararon 37.704 parejas de hermanos y encontraron que aquellos que habían sido amamantados durante seis meses o más tenían una menor probabilidad de presentar determinados retrasos del desarrollo que sus hermanos alimentados durante menos tiempo.
Estos resultados son relevantes porque respaldan la posible relación entre una mayor duración de la lactancia y algunos aspectos del neurodesarrollo, aunque no demuestran que la lactancia sea la responsable directa de las diferencias.
La lactancia también se relaciona con diferencias en la estructura cerebral
Otra investigación, publicada en mayo del año pasado en Pediatric Research, examinó si la duración de la lactancia podía asociarse con características cerebrales observables años después.
Los científicos analizaron inicialmente a 5.098 niños de entre nueve y diez años participantes en el proyecto estadounidense Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD). Mediante resonancia magnética, estudiaron el grosor de la corteza cerebral, su superficie y otros indicadores estructurales, además de diferentes capacidades cognitivas.
Los resultados encontraron asociaciones entre una lactancia más prolongada y determinadas características de la estructura cerebral y el rendimiento cognitivo durante la transición de la infancia a la adolescencia.
Esto no significa que la lactancia produzca necesariamente un cerebro mejor desarrollado. La estructura cerebral está influida por numerosos factores genéticos, ambientales y educativos. Sin embargo, la investigación ofrece otra perspectiva sobre la posible relación entre la alimentación temprana y la maduración del sistema nervioso.
Otros beneficios: menos infecciones y menor riesgo de algunas enfermedades
Los beneficios asociados con la lactancia tampoco se limitan al cerebro. En junio de 2025, la revista Pediatrics, de la Academia Estadounidense de Pediatría, publicó una amplia revisión científica de los beneficios de la lactancia.
El trabajo reunió los resultados de 29 revisiones sistemáticas y 145 estudios originales, con el objetivo de evaluar las asociaciones entre la alimentación con leche materna y diferentes indicadores de salud infantil.
Los investigadores encontraron que una mayor duración de la lactancia se relacionaba con un menor riesgo de varios problemas de salud, entre ellos infecciones respiratorias y gastrointestinales moderadas o graves, otitis, asma, diabetes tipo 1, obesidad y enfermedad inflamatoria intestinal.
También identificaron asociaciones favorables con otros indicadores, como la mortalidad infantil.
La revisión advirtió, sin embargo, que no se había identificado una duración mínima única que garantizara todos esos beneficios. Además, buena parte de la evidencia procedía de estudios observacionales con limitaciones metodológicas.
¿Podría convertirse la lactancia en una estrategia preventiva frente al TDAH?
Esta es la pregunta que abre la investigación noruega, pero también la que exige mayores precauciones.
Aunque los resultados son estadísticamente consistentes, los tamaños del efecto son reducidos. Los autores reconocen que las diferencias encontradas no deben interpretarse como cambios clínicamente importantes para cada niño considerado de forma individual.
Su posible relevancia aparece cuando se estudia una población numerosa. Un desplazamiento pequeño en la distribución de los síntomas podría modificar la proporción de menores que alcanzan niveles especialmente elevados de dificultades de atención, hiperactividad o impulsividad.
También existen limitaciones metodológicas. Los científicos no disponían de diagnósticos clínicos de TDAH para todos los participantes, sino de cuestionarios de comportamiento respondidos principalmente por las madres. Aunque estas herramientas permiten evaluar síntomas, no sustituyen una valoración clínica completa.
Por otra parte, la cohorte incluía participantes de ascendencia europea y las familias más jóvenes o con menor nivel educativo estaban relativamente infrarrepresentadas. Esto obliga a ser cautelosos a la hora de extender los resultados a otras poblaciones.
Tampoco debe olvidarse que algunos estudios anteriores han ofrecido resultados diferentes, incluido un trabajo finlandés que no encontró una asociación clara entre lactancia exclusiva y síntomas de TDAH. Y existe un riesgo añadido al comunicar este tipo de investigaciones: convertir una asociación estadística en una nueva fuente de presión sobre las madres.
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad no puede atribuirse a la decisión de amamantar o de utilizar leche de fórmula. Es un trastorno complejo, de origen multifactorial, y la alimentación constituye, en el mejor de los casos, uno de los numerosos elementos que podrían influir en su desarrollo.
Las circunstancias médicas, personales, laborales o familiares hacen que la lactancia no siempre sea posible, adecuada o deseada. Una alimentación infantil suficiente y segura, junto con los cuidados afectivos y sanitarios, sigue siendo fundamental independientemente de la forma elegida para alimentar al bebé.
Imágenes de resonancia magnética cerebral con distintas regiones anatómicas identificadas mediante colores. Esta técnica permite estudiar la estructura del cerebro y explorar posibles diferencias relacionadas con el TDAH. Cortesía: BrainHack School
Medio año que pueden dejar una huella duradera
La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan iniciar la lactancia durante la primera hora de vida, mantenerla de forma exclusiva durante los seis primeros meses e introducir después alimentos complementarios adecuados, continuando con la leche materna hasta los dos años o más cuando sea posible.
Pese a estas recomendaciones, la lactancia exclusiva continúa lejos de ser universal. Según las cifras difundidas por la OMS en agosto de 2026, aproximadamente el 47 % de los bebés menores de seis meses recibieron lactancia exclusivamente materna a escala mundial durante el periodo 2018-2025.
La investigación noruega proporciona un argumento adicional para facilitar que las familias que desean amamantar puedan hacerlo durante el tiempo recomendado. Pero también pone de manifiesto que las políticas de apoyo deben ir más allá de ofrecer consejos médicos: permisos parentales suficientes, asistencia sanitaria especializada y condiciones laborales compatibles con la crianza son elementos esenciales.
➡️ «Nuestros hallazgos sugieren que la lactancia materna es importante con independencia de su duración, hasta los seis meses, ya que observamos una relación dosis-respuesta», concluyen los investigadores.
El gran interrogante sigue siendo cuánto de esa asociación se debe realmente a la leche materna, qué componentes podrían intervenir y si existen mecanismos capaces de explicar su relación con la atención y el comportamiento.
La ciencia todavía no dispone de una respuesta definitiva. Pero el nuevo estudio aporta una pista relevante: la alimentación durante los primeros meses de vida podría estar relacionada con aspectos del desarrollo neurológico que se manifiestan varios años después.
No es una demostración de que seis meses de lactancia prevengan el TDAH. Es una razón más para investigar cómo interactúan los genes, la nutrición y el ambiente en la construcción del cerebro infantil.▪️(19-octubre-2026)
🧠 Lactancia materna y TDAH: cinco preguntas con respuesta
¿Dar el pecho puede influir en la atención y el comportamiento de los niños? Esto es lo que sabemos, lo que sugiere la investigación científica y lo que todavía no se ha demostrado.
¿Los niños que toman leche materna tienen menos riesgo de TDAH?
Algunos estudios observacionales encuentran que una lactancia más prolongada se asocia con menos síntomas de TDAH. Una investigación noruega de 2026 identificó esta relación en más de 37.000 niños, incluso después de considerar determinados factores genéticos y familiares. Sin embargo, no demuestra que la lactancia reduzca directamente el riesgo de recibir un diagnóstico de TDAH.
¿Cuántos meses de lactancia materna se relacionan con menos síntomas?
El estudio encontró una asociación gradual durante los primeros seis meses de vida: cada mes adicional de lactancia materna completa se relacionó con puntuaciones ligeramente menores de síntomas de TDAH a los tres, cinco y ocho años. Los resultados no establecen un número mínimo de meses necesario para obtener un efecto protector.
¿La leche de fórmula aumenta el riesgo de TDAH?
No se ha demostrado que la leche de fórmula cause TDAH. El estudio encontró diferencias estadísticas entre niños con distintas experiencias de lactancia, pero esas asociaciones no prueban que la alimentación con fórmula sea responsable de un mayor riesgo del trastorno.
¿Qué relación existe entre la leche materna y el desarrollo cerebral?
La leche materna contiene ácidos grasos, aminoácidos, oligosacáridos y componentes inmunitarios que pueden intervenir en procesos relacionados con el desarrollo del sistema nervioso. Los científicos investigan especialmente su posible influencia sobre la microbiota intestinal, el metabolismo y la comunicación entre el intestino y el cerebro.
¿Qué ocurre si una madre no puede dar el pecho durante seis meses?
No poder mantener la lactancia materna durante seis meses no significa que un niño vaya a desarrollar TDAH ni otros problemas neurológicos. El desarrollo infantil depende de numerosos factores. Una alimentación segura y nutricionalmente adecuada, junto con la atención sanitaria y los cuidados afectivos, sigue siendo esencial.
🔬 La clave científica: el estudio encuentra una asociación entre la duración de la lactancia materna y una menor presencia de síntomas de TDAH, pero no demuestra que dar el pecho prevenga el trastorno.
Fuente: Solberg y colaboradores, Biological Psychiatry (2026). Consultar el estudio original.
Fuente: Solberg B., Brantsæter A., Kvalvik L. et al. Breastfeeding and Development of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Symptoms Across Childhood. Biological Psychiatry (2026). DOI: 10.1016/j.biopsych.2026.06.009
🦖 NO TE PIERDAS LA CIENCIA QUE ESTÁ CAMBIANDO EL MUNDO
-
Cada domingo seleccionamos para ti las noticias y los descubrimientos científicos más fascinantes de la semana, explicados con rigor, claridad y el estilo de RexMolón, la Ciencia en Acción.👉 SUSCRÍBETE GRATIS A LA NEWSLETTER DE REXMOLÓN
-
Si quieres recibir las noticias de ciencia de RexMolón cada día, únete a RexMolón News en WhatsApp, el canal donde compartimos las noticias según se publican.👉 ÚNETE GRATIS A REXMOLÓN NEWS

