Sentinel-3C: las insólitas aportaciones del nuevo satélite que vigila los océanos y el hielo

A 815 kilómetros de la Tierra, el satélite europeo Sentinel-3C del programa Copernicus, diseñado para medir el color, la temperatura y la altura de las superficies oceánicas y terrestres, reunirá pistas para seguir de cerca la transformación del planeta.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Italia, los Alpes y el Mediterráneo en una de las primeras imágenes de Sentinel-3C, captada el 30 de septiembre.

Italia, los Alpes y el Mediterráneo en una de las primeras imágenes de Sentinel-3C, captada el 30 de septiembre. Cortesía: ESA

Los Alpes del Mont Blanc, las aguas turquesas de las Bahamas y el hielo de Groenlandia aparecen en el primer envío del reluciente Sentinel-3C. El nuevo satélite europeo ha empezado a observar la Tierra apenas dos semanas después de su lanzamiento.

Las imágenes, difundidas por la Agencia Espacial Europea (ESA) y a las que ha tenido acceso RexMolón, tienen el atractivo de una postal. Pero su importancia está en lo que permiten medir: el estado de un planeta cuyos océanos, hielos y ecosistemas cambian ante nuestros ojos.

Sentinel-3C despegó el 15 de septiembre, a las 3.21 dhoras de la madrugada en la España peninsular, desde la Guayana Francesa. Compartió el cohete Vega-C con FLEX, una misión dedicada a estudiar la actividad fotosintética de las plantas. Ambos pertenecen al esfuerzo europeo por vigilar la Tierra desde el espacio, aunque cumplen funciones distintas.

Qué es Sentinel-3C y para qué sirve

Sentinel-3C forma parte de Copernicus, el componente de observación terrestre del programa espacial de la Unión Europea, y continuará un trabajo que sus predecesores comenzaron hace una década.

Su puesto de observación se encuentra a unos 815 kilómetros de altura. Desde una órbita que pasa cerca de los polos, lleva instrumentos capaces de registrar el color de océanos y continentes, medir temperaturas superficiales y determinar la altura del agua y del hielo.

La amplitud de sus barridos permite observar grandes regiones: el sensor de color cubre una franja de 1.270 kilómetros de anchura. Esa mirada extensa resulta especialmente útil para seguir fenómenos que desbordan fronteras, como las olas de calor y los grandes incendios.

Los satélites Sentinel-3 vigilan los océanos, los continentes, el hielo y la atmósfera. Sus datos permiten seguir los cambios ambientales y mejorar las previsiones oceánicas y meteorológicas.

Los satélites Sentinel-3 vigilan los océanos, los continentes, el hielo y la atmósfera. Sus datos permiten seguir los cambios ambientales y mejorar las previsiones oceánicas y meteorológicas. Cortesía: ESA

Cómo mide Sentinel-3C el estado de la Tierra

La primera imagen de Italia, tomada el pasado 30 de septiembre, muestra cómo esa perspectiva reúne paisajes muy diferentes en una sola escena. La llanura del Po aparece en tonos verdes y pardos, bajo el arco nevado de los Alpes. A lo largo de la costa adriática, las aguas más claras dibujan una transición hacia el azul del mar abierto. Según la ESA, esas variaciones probablemente se deben a sedimentos que los ríos descargan en el mar y las corrientes distribuyen junto a la costa.

OLCI: el color del océano y la vegetación

En otra escena, captada un día antes, Cuba y las Bahamas aparecen rodeadas de aguas poco profundas de intenso color turquesa. El contraste con las zonas más hondas recuerda que el color contiene información sobre lo que hay bajo la superficie y dentro del agua. Para obtenerla, el instrumento OLCI registra la luz reflejada en veintiúna bandas espectrales, con una resolución de 300 metros. Es una forma de descomponer la escena en señales que los científicos pueden analizar.

Entre esas señales destaca la clorofila del fitoplancton, los organismos microscópicos que realizan la fotosíntesis y sostienen las redes alimentarias acuáticas. Sus pigmentos modifican la luz que emerge del agua, lo que permite estimar su abundancia. Eumetsat, la organización europea de satélites meteorológicos, utiliza estas observaciones para estudiar los ecosistemas y la calidad del agua. También ayudan a vigilar proliferaciones de algas potencialmente dañinas, orientar la gestión de la pesca y la acuicultura y seguir el transporte de sedimentos.

Interpretar esos colores exige separar varias pistas. Las algas, los sedimentos y la materia orgánica disuelta pueden alterar simultáneamente la señal. Thomas Jackson, experto en productos climáticos de Eumetsat, lo explica en un artículo publicado por la organización en junio de 2025: «Intentamos identificar todos los componentes del agua», señala. Jackson advierte además de que atribuir una proliferación concreta al cambio climático resulta difícil. Lo que sí se conoce es que las algas responden a cambios de temperatura, nutrientes y mezcla del océano.

Islas nevadas, fiordos y fragmentos de hielo marino en el Ártico canadiense, captados por Sentinel-3C el 30 de septiembre de 2026. La misión ayudará a seguir los cambios en una región que se calienta más rápido que el promedio mundial.

Islas nevadas, fiordos y fragmentos de hielo marino en el Ártico canadiense, captados por Sentinel-3C el 30 de septiembre de 2026. La misión ayudará a seguir los cambios en una región que se calienta más rápido que el promedio mundial. Cortesía: ESA

SRAL: la altura del mar, los lagos y el hielo

El satélite también lleva un instrumento que observar nuestro planeta sin necesidad de la luz solar: el altímetro de radar SRAL. Su principio puede entenderse como un cronómetro extraordinariamente preciso. Envía pulsos de radio hacia la superficie y mide cuánto tardan en regresar. Al combinar ese tiempo con la posición exacta del satélite, se calcula la altura del mar, de un lago o de una capa de hielo.

El resultado es una sucesión de mediciones a lo largo de su trayectoria, con la que se pueden seguir cambios de elevación.

Las primeras mediciones de Sentinel-3C sobre el océano Atlántico y el mas Mediterráneo concuerdan con los datos disponibles de otras misiones. También ha observado la elevación del manto de hielo de Groenlandia entre el 30 de septiembre y el 4 de octubre, con resultados próximos al modelo de referencia.

Son pruebas iniciales de funcionamiento. Su utilidad climática llegará al repetir las observaciones y examinar cómo evoluciona esa superficie helada, cuya pérdida de masa contribuye a elevar el nivel del mar.

La escala de ese cambio ya está documentada. Según el indicador de Copernicus actualizado en abril de 2026, el nivel medio global del mar aumentó unos 9,4 centímetros entre 1999 y 2025, a un ritmo medio de 3,64 milímetros anuales. La subida se debe tanto al calentamiento del agua, que se expande, como al aporte procedente del deshielo y a cambios en el almacenamiento de agua continental.

El promedio mundial oculta diferencias regionales. En las costas, además, se combina con el hundimiento o la elevación del terreno, modificando la exposición a inundaciones y erosión.

SLSTR y MWR: temperatura y correcciones atmosféricas

A estas observaciones se sumarán las del radiómetro SLSTR, que mide la temperatura de la superficie marina y terrestre. Junto a él, el radiómetro de microondas MWR registra el vapor de agua atmosférico para corregir las mediciones del altímetro. Los instrumentos se complementan.

«Usar estos instrumentos principales en combinación aporta resultados de enorme valor», explica Nic Mardle, responsable del proyecto Sentinel-3 en la ESA.

Cuba y las Bahamas, captadas por Sentinel-3C el 29 de septiembre de 2026: las aguas someras destacan en turquesa frente al azul del mar profundo. La misión medirá la subida del nivel del mar, que amenaza a las islas bajas y las zonas costeras.

Cuba y las Bahamas, captadas por Sentinel-3C el 29 de septiembre de 2026: las aguas someras destacan en turquesa frente al azul del mar profundo. La misión medirá la subida del nivel del mar, que amenaza a las islas bajas y las zonas costeras. Cortesía: ESA

Cómo continuará las observaciones de Sentinel-3A y Sentinel-3B

La continuidad constituye otra pieza esencial. Sentinel-3A fue lanzado en 2016 y Sentinel-3B, en 2018. El plan de relevo prevé que el nuevo satélite vuele sucesivamente junto a sus dos predecesores para comparar las observaciones y validar los productos.

Esa transición ayuda a que un cambio de instrumento no se confunda con un cambio ambiental. Para estudiar el clima hacen falta series comparables: observar un verano excepcional aporta información; encajarlo en una secuencia de muchos años permite evaluar su significado.

Qué relación tiene Sentinel-3C con la misión FLEX

La relación con FLEX ampliará la mirada sobre la vegetación. Esta misión detectará la tenue fluorescencia que emiten las plantas durante la fotosíntesis. Sentinel-3 aportará información sobre temperatura, cubierta terrestre y condiciones atmosféricas para interpretar esa señal.

Simonetta Cheli, directora de Programas de Observación de la Tierra de la ESA, destaca en el comunicado del lanzamiento, que FLEX permitirá conocer mejor la salud vegetal y el papel de la fotosíntesis en los ciclos del carbono y del agua. El objetivo es comprender cómo funcionan los ecosistemas y cómo responden al estrés ambiental.

Por ahora, Sentinel-3C sigue en fase de puesta en servicio. La ESA calcula que las comprobaciones requerirán otros cinco meses y todavía espera las primeras observaciones del sensor de temperatura. Después, Eumetsat asumirá las operaciones rutinarias, dentro de una misión gestionada conjuntamente con la ESA.

Las imágenes iniciales abren una etapa de trabajo paciente: volver sobre los mismos mares, bosques y hielos, comparar sus señales y convertirlas en datos útiles. La belleza de esas primeras vistas es inmediata. Su mayor valor se acumulará con el tiempo.

Altitud de la capa de hielo de Groenlandia según Sentinel-3C. Solo dos semanas tras su lanzamiento, el satélite Copernicus Sentinel-3C envió sus primeras imágenes y mediciones con sus dos instrumentos clave, confirmando su correcto funcionamiento para supervisar los océanos, la tierra, la criosfera y la atmósfera. La animación muestra la altura de la capa de hielo de Groenlandia medida entre el 30 de septiembre y el 4 de octubre, validando la precisión del altímetro frente al modelo digital de elevación de referencia.

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • La misión: Sentinel-3C es el nuevo satélite europeo de Copernicus que observará océanos, continentes, hielo y atmósfera desde unos 815 kilómetros de altura.
  • Sus primeras vistas: ha enviado imágenes de Italia, el Ártico canadiense y el Caribe, además de mediciones de altura del mar y del hielo de Groenlandia.
  • El color revela vida: sus sensores permiten estimar la abundancia de fitoplancton, estudiar la vegetación y vigilar sedimentos y proliferaciones de algas.
  • Un radar para medir alturas: registrará cambios en el nivel del mar, los lagos y las superficies heladas, fundamentales para estudiar el cambio climático.
  • La continuidad importa: dará continuidad a las observaciones de Sentinel-3A y Sentinel-3B para mantener registros comparables a lo largo de los años.
  • Todavía está en pruebas: los primeros resultados confirman el buen funcionamiento inicial de dos instrumentos; el satélite aún debe completar su puesta en servicio.
  • Información facilitada por la ESA

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