¿Son los adultos más creativos que los niños? La ciencia descubre una sorprendente paradoja

Siempre hemos creído que la imaginación se desborda en la infancia y se apaga al crecer. Pero un nuevo estudio científico desafía esta idea: los adultos pueden crear mejor que los niños, aunque los pequeños les aventajan en algo decisivo, la confianza para dar rienda suelta a sus ideas sin miedo a equivocarse.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un padre y su hijo comparten un momento de creatividad. Un estudio revela que los adultos pueden generar ideas más originales, aunque los niños confían más en su imaginación y disfrutan creando sin miedo a equivocarse.

Un niño de cinco años recibe una hoja en blanco y unos lápices de colores. Sin pensárselo demasiado, empieza a dibujar un animal imposible, con alas, cuernos y una cola que parece sacada de otro planeta. No necesita instrucciones, ni busca la aprobación de nadie. Simplemente imagina y crea.

Un adulto, ante la misma tarea, tal vez se detendría a pensar qué dibujar, cómo hacerlo y si el resultado estará a la altura de las expectativas. Quizá incluso se disculparía de antemano por su falta de talento artístico. ¿Cuál de los dos es más creativo?

La respuesta parece evidente. Estamos acostumbrados a pensar que los niños tienen más imaginación y creatividad que las personas mayores, y que ambas capacidades disminuyen conforme crecemos. La infancia representa, en el imaginario colectivo, un territorio de libertad creativa que las normas sociales, la educación y el miedo al ridículo terminan por restringir.

Sin embargo, la ciencia empieza a dibujar un panorama diferente.

Una investigación publicada en la revista científica PLOS ONE revela que los adultos obtuvieron mejores resultados que los niños en varias pruebas de pensamiento creativo, mientras que los pequeños mostraron una mayor confianza en sus capacidades, más motivación y una actitud emocional más positiva ante las actividades creativas.

El estudio ha sido realizado por un equipo internacional de psicólogos encabezado por Janika Saretzki, con participación de investigadores de las universidades de Graz, Ludwig Maximilian de Múnich, Católica de Lovaina y Yale.

Su principal aportación consiste en distinguir dos dimensiones que habitualmente confundimos: la capacidad para producir ideas originales y eficaces y la confianza y motivación para ponerlas en práctica. Porque tener una buena idea no es lo mismo que atreverse a expresarla.

Por qué creemos que los niños son más creativos que los adultos

La convicción de que la creatividad alcanza su máximo esplendor durante la infancia está profundamente arraigada. Investigaciones anteriores citadas por los autores muestran que entre el 68 % y el 77 % de las personas considera que los niños son más creativos que los adultos.

Esta creencia tiene una explicación intuitiva. Los pequeños transforman una caja de cartón en una nave espacial, inventan amigos imaginarios y encuentran posibilidades insospechadas en los objetos cotidianos. Su comportamiento parece demostrar una imaginación inagotable.

En cambio, solemos asociar la creatividad adulta con ámbitos específicos, como la literatura, el arte, la investigación científica, la tecnología o la resolución de problemas profesionales.

Sin embargo, numerosas investigaciones sobre el desarrollo del pensamiento creativo han observado que el rendimiento en pruebas estandarizadas suele aumentar durante la infancia y la adolescencia, hasta alcanzar niveles relativamente estables en la edad adulta.

Esta aparente contradicción llevó a los investigadores a plantearse una pregunta: ¿consideramos más creativos a los niños porque realmente producen mejores ideas o porque muestran más entusiasmo y espontaneidad cuando las generan?

Para explorarla, el equipo comenzó entrevistando a diez adultos sobre sus creencias acerca de la creatividad. Las respuestas mostraron una distinción significativa: cuando hablaban de los niños, destacaban la imaginación, la curiosidad, la espontaneidad y la libertad; al referirse a los adultos, mencionaban la experiencia, los conocimientos y la capacidad para alcanzar objetivos concretos.

Aquellas entrevistas sirvieron para diseñar un experimento que permitiera examinar tanto el rendimiento creativo como las emociones que acompañan al proceso de creación.

La espontaneidad y la confianza con las que los niños expresan sus ideas pueden explicar por qué los consideramos más creativos que los adultos, aunque las pruebas científicas no siempre confirmen esa superioridad.

La espontaneidad y la confianza con las que los niños expresan sus ideas pueden explicar por qué los consideramos más creativos que los adultos, aunque las pruebas científicas no siempre confirmen esa superioridad. Foto de Markus Spiske en Unsplash

Cómo se realizó el estudio sobre creatividad infantil y adulta

La investigación principal contó con 162 participantes: 92 niños de educación infantil y setenta adultos. Los pequeños tenían una edad media de 5,7 años, mientras que la de los adultos rondaba los 25 años.

Todos realizaron tres actividades diseñadas para evaluar distintas formas de creatividad.

Tres pruebas para medir la creatividad

1️⃣ Imaginar nuevos usos para una lata. Durante tres minutos, los participantes debían proponer tantos usos originales como pudieran para una lata corriente. Esta prueba permite evaluar el pensamiento divergente.

2️⃣ Realizar un dibujo libre. Recibieron papel y lápices de colores para dibujar lo que quisieran, sin una consigna temática ni un límite de tiempo anunciado previamente.

3️⃣ Inventar y dibujar un animal fantástico. Debían representar una criatura inexistente en la naturaleza, con un máximo de ocho minutos para completar el ejercicio.

La combinación permitía comparar situaciones de exploración espontánea con otras que exigían desarrollar una idea original para alcanzar un objetivo concreto.

Después, cinco evaluadores experimentados calificaron las respuestas y los dibujos atendiendo a tres criterios: novedad, eficacia y creatividad global. Los evaluadores desconocían oficialmente la edad de los participantes, aunque los propios autores reconocen que algunas características de los dibujos podían dar pistas sobre ella.

Los científicos también preguntaron a niños y adultos cuánto habían disfrutado de las tareas, qué motivación habían experimentado, cómo valoraban su propio rendimiento y hasta qué punto les había preocupado hacerlo mal.

De esta forma, el experimento permitió examinar una cuestión especialmente interesante: si quienes producen las mejores ideas son también quienes más confían en sus capacidades creativas.

Los adultos obtuvieron mejores resultados en las pruebas de creatividad

Los resultados mostraron una ventaja de los adultos en varias de las actividades.

En la prueba de usos alternativos de la lata y en el dibujo del animal fantástico, sus propuestas fueron valoradas como más originales, más eficaces y más creativas que las de los niños.

En el dibujo libre también obtuvieron mejores puntuaciones de creatividad global y eficacia. Sin embargo, apareció una excepción importante: no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en la originalidad de los dibujos realizados sin instrucciones concretas.

Este resultado sugiere que la ventaja de las personas mayores depende, al menos parcialmente, del tipo de actividad.

Cuando había un objetivo definido y era necesario encontrar una solución novedosa, los mayores tendían a destacar. Cuando podían dibujar libremente, la distancia entre ambos grupos disminuía.

Los niños participan en actividades creativas con mayor frecuencia que los adultos.

¿Por qué puede aumentar la creatividad con la edad?

Los investigadores proponen varias explicaciones relacionadas con el desarrollo de las capacidades cognitivas.

Conforme crecemos, acumulamos conocimientos, experiencias y recursos mentales que permiten establecer asociaciones más complejas, explorar alternativas y combinar ideas de formas novedosas.

También mejoran las funciones ejecutivas, un conjunto de procesos mentales que ayudan a planificar, mantener la atención, controlar impulsos y revisar nuestras decisiones.

Estas habilidades resultan importantes para desarrollar ideas creativas porque permiten seleccionar las propuestas más prometedoras y modificarlas hasta obtener un resultado satisfactorio.

Por tanto, la creatividad no consiste solo en imaginar cosas sorprendentes. También requiere evaluar posibilidades, resolver dificultades y transformar una ocurrencia inicial en una propuesta original que funcione.

Los niños tienen más confianza en su creatividad, aunque obtengan peores resultados

La investigación descubrió una diferencia especialmente llamativa cuando los participantes evaluaron sus propias capacidades creativas.

En una escala de uno a cinco, los niños alcanzaron una puntuación media de 4,5 puntos, frente a los 3,5 de los adultos.

Los niños confían más en su creatividad que los adultos

Aunque los adultos obtuvieron mejores resultados en las pruebas creativas, los pequeños se consideraban mucho más creativos. Así se valoraron ambos grupos en una escala de 1 a 5.

Niños 4,5/5
Adultos 3,5/5

Cómo interpretar el gráfico: las cifras reflejan la confianza de los participantes en su propia creatividad, no la calidad de las ideas que produjeron.

Fuente: Saretzki y colaboradores, PLOS ONE (2026). Consultar el estudio científico.

La paradoja resulta evidente. Los adultos producían resultados mejor valorados por los evaluadores externos, pero los niños se consideraban más creativos.

Además, los pequeños manifestaron mayor motivación en las actividades de usos alternativos y dibujo libre, más confianza previa en sus habilidades para dibujar y una valoración más favorable de su desempeño en las tres pruebas.

También disfrutaron más de las actividades de la lata y del dibujo libre, aunque ambos grupos mostraron niveles similares de satisfacción al inventar el animal fantástico.

En conjunto, los resultados dibujan dos perfiles diferentes: los adultos destacaron por la calidad de sus respuestas creativas, mientras que los niños mostraron una relación más confiada y entusiasta con el proceso creativo.

Por qué los adultos dudan más de sus propias ideas

Una de las posibles explicaciones se encuentra en el desarrollo de la capacidad de autoevaluación.

A medida que maduramos, aprendemos a reconocer nuestras limitaciones y a comparar nuestros resultados con determinados estándares de calidad. Sabemos distinguir un buen dibujo de uno mediocre, una idea novedosa de otra convencional o una solución ingeniosa de una poco eficaz.

Esta capacidad puede ayudarnos a mejorar nuestras creaciones, pero también favorecer las dudas y la preocupación por el resultado.

Los niños pequeños, en cambio, todavía están desarrollando las habilidades metacognitivas que permiten reflexionar sobre los propios procesos mentales. Su elevada confianza podría reflejar, en parte, una valoración menos exigente de sus capacidades.

Los autores también señalan que los elogios recibidos durante la infancia podrían contribuir a reforzar esa seguridad.

A ello se añade otro factor: la importancia que concedemos a la evaluación social.

Para un niño, dibujar o inventar una historia puede ser simplemente una forma de jugar. Un adulto puede vivir la misma actividad como una prueba de sus capacidades, especialmente si cree que alguien juzgará el resultado.

No obstante, los investigadores advierten de que el estudio no demuestra que la confianza creativa disminuya necesariamente con la edad. También es posible que los adultos posean un conocimiento más ajustado de sus propias habilidades.

La creatividad no desaparece con la edad. Los conocimientos, la experiencia y las habilidades cognitivas adquiridas pueden favorecer la producción de ideas originales y eficaces.

La creatividad no desaparece con la edad. Los conocimientos, la experiencia y las habilidades cognitivas adquiridas pueden favorecer la producción de ideas originales y eficaces. Foto de McFollis en Unsplash

La gran diferencia entre ser creativo y atreverse a crear

Los científicos también observaron que los niños realizaban actividades creativas con mayor frecuencia durante su tiempo libre.

Según la información proporcionada por sus familias, la mayoría participaba en ellas prácticamente todos los días. Entre los adultos, la respuesta más habitual era al menos una vez por semana.

Este comportamiento podría ayudar a explicar por qué asociamos tan estrechamente la infancia con la creatividad.

Cuando vemos a un niño que dibuja constantemente, inventa historias y propone ocurrencias sin preocuparse demasiado por el resultado, interpretamos esa conducta como una señal de gran imaginación.

Sin embargo, el estudio sugiere que estamos valorando especialmente su disposición a crear, no necesariamente la originalidad o calidad de sus producciones.

La diferencia quedó reflejada en otra de las preguntas del experimento. Al consultarles quiénes eran más creativos, el 78,6 % de los adultos respondió que los niños. Entre los pequeños, en cambio, las opiniones estaban mucho más divididas: el 46,7 % eligió a los niños y el 43,5 % a los adultos.

Resulta revelador que la mayoría de quienes habían obtenido mejores resultados en las pruebas siguiera creyendo que la creatividad era una cualidad superior en los más pequeños.

¿Se pierde la creatividad al crecer? Lo que realmente demuestra la ciencia

Los resultados cuestionan la idea de que la creatividad se deteriora inevitablemente conforme envejecemos o de que la educación destruye nuestra imaginación.

«Hemos descubierto que, en realidad, los adultos son más creativos —afirma en la revista New Scientist Mathias Benedek, coautor del estudio y psicólogo de la Universidad de Graz, en Austria—. Pero los niños disfrutan más de la creatividad y les preocupa mucho menos lo que los demás piensen de sus ideas.

La investigación es compatible con otros trabajos que relacionan el aprendizaje, el conocimiento y el desarrollo cognitivo con una mejora del rendimiento creativo durante la infancia y la adolescencia.

Sin embargo, conviene evitar conclusiones excesivas.

Este estudio comparó dos grupos de edades muy concretas y no siguió a las mismas personas a lo largo del tiempo. Tampoco examinó todas las formas de creatividad, como la musical, la literaria, la colaborativa o la relacionada con grandes descubrimientos científicos.

Además, los participantes adultos eran mayoritariamente jóvenes, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse de forma automática a todas las etapas de la vida.

Los investigadores también reconocen que las diferencias de lenguaje, experiencia y familiaridad con situaciones de evaluación pueden influir en las pruebas.

Por tanto, la investigación no demuestra que todos los adultos sean más creativos que todos los niños, sino que, en determinadas actividades de generación de ideas y dibujo, los adultos estudiados obtuvieron mejores resultados.

Lo interesante es que esa ventaja no vino acompañada de una mayor seguridad personal.

Qué podemos aprender de la creatividad infantil y adulta

La investigación invita a reconsiderar cómo entendemos y fomentamos la creatividad.

En lugar de enfrentar la imaginación infantil con la capacidad creativa adulta, los resultados sugieren que ambas etapas presentan características valiosas.

Los niños destacan por su motivación, su entusiasmo y la confianza con la que afrontan las actividades creativas. Los adultos disponen de más conocimientos, experiencia y herramientas cognitivas para desarrollar ideas y convertirlas en soluciones originales.

Desde una perspectiva educativa, esto apunta a la conveniencia de combinar el desarrollo de capacidades con entornos que favorezcan la exploración, la autonomía y la confianza, aunque el estudio no haya evaluado directamente intervenciones para conseguirlo.

También plantea una reflexión sobre la creatividad en la vida adulta. La capacidad para generar buenas ideas puede mantenerse o desarrollarse mientras la preocupación por equivocarse dificulta nuestra disposición a expresarlas.

Quizá la creatividad no dependa únicamente de cuántas ideas originales somos capaces de producir, sino también de cuántas nos atrevemos a explorar.

Durante años hemos dado por supuesto que crecer significa perder imaginación. Esta investigación plantea una posibilidad diferente: que al hacernos mayores no desaparezca necesariamente nuestra capacidad para crear, sino parte de la confianza y la espontaneidad con las que nos decidimos a utilizarla.

Tal vez el desafío de la creatividad adulta no sea recuperar la imaginación de la infancia, sino aprender a confiar en nuestras ideas con la misma libertad con la que un niño se enfrenta a una hoja en blanco.▪️(23-octubre-2026)

Creatividad infantil y adulta: cinco preguntas que responde la ciencia

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¿Quiénes son más creativos, los niños o los adultos?

Depende de cómo se mida la creatividad. En un estudio publicado en PLOS ONE, los adultos obtuvieron mejores puntuaciones en varias pruebas de generación de ideas y dibujo creativo. Los niños, por su parte, mostraron más confianza, motivación y disfrute.

¿Por qué los niños parecen tener más imaginación?

Porque suelen participar espontáneamente en juegos y actividades creativas, expresan sus ideas con entusiasmo y muestran menos preocupación por la evaluación. Esa actitud puede hacer que los percibamos como más creativos, aunque no siempre produzcan resultados más originales.

¿La creatividad disminuye con la edad?

No necesariamente. Las investigaciones sobre pensamiento creativo indican que el rendimiento suele mejorar durante la infancia y la adolescencia. El estudio analizado no demuestra una pérdida de creatividad en la edad adulta ni permite establecer cómo evoluciona durante toda la vida.

¿Qué relación existe entre creatividad y confianza en uno mismo?

La confianza creativa es la creencia de una persona en su capacidad para producir ideas originales. Puede favorecer que participe en actividades creativas y se atreva a desarrollar sus propuestas. Sin embargo, tener mucha confianza no significa necesariamente producir ideas de mayor calidad.

¿Se puede desarrollar la creatividad en los adultos?

El estudio no evaluó programas de entrenamiento creativo. No obstante, sus resultados muestran la importancia de las capacidades cognitivas y los conocimientos adquiridos para el rendimiento creativo adulto. También sugieren que la motivación, la confianza y las condiciones de evaluación pueden influir en la disposición a crear.

Fuente científica: Saretzki y colaboradores (2026). Are children really more creative than adults? PLOS ONE. Consultar la investigación original .

  • Fuente: Janika Saretzki, Ines Fratzl, Baptiste Barbot, Mathias Benede. Are children really more creative than adults? A mixed-methods examination of creative performance and experience. PLOS One (2026). DOI: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0346553

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