Tiburón blanco en España: un nuevo récord científico obliga a revisar 160 años de historia en el Mediterráneo

Un tiburón blanco juvenil capturado en el Mediterráneo español ha reabierto uno de los grandes enigmas de la fauna marina europea. El hallazgo obliga a reconstruir más de siglo y medio de registros y confirma que el mayor depredador del océano nunca desapareció del todo de las costas de España.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Primer plano del tiburón blanco juvenil capturado en aguas españolas del Mediterráneo.

Primer plano del tiburón blanco juvenil capturado en aguas españolas del Mediterráneo. Cortesía: Báez et al.

El gran tiburón blanco (Carcharodon carcharias)​ ha sido más un mito persistente en la memoria marítima española que un habitante visible de sus aguas. Convertido en icono del cine y del miedo marítimo, su presencia real en el Mediterráneo occidental parecía casi fantasmal: relatos dispersos, capturas accidentales, mordeduras en tortugas marinas.

Ahora, un nuevo registro científico documentado en 2023 no solo confirma que el depredador sigue visitando el litoral español, sino que ha impulsado una revisión histórica de 160 años que obliga a replantear su presencia en estas aguas.

El hallazgo, publicado en la revista Acta Ichthyologica et Piscatoria por investigadores del Instituto Español de Oceanografía y la Universidad de Cádiz, describe la captura confirmada de un tiburón blanco juvenil en el Mediterráneo español. Lejos de ser una anécdota aislada, el registro se inserta en una reconstrucción que abarca desde 1862 hasta 2023, y sugiere que la especie nunca ha desaparecido del todo: ha sido rara, esquiva y difícil de detectar, pero persistente.

Un tiburón blanco juvenil capturado en España en 2023

El 20 de abril de 2023, un grupo de pescadores capturaron accidentalmente un tiburón blanco juvenil en aguas de la zona económica exclusiva española, a unas decenas de millas de la costa levantina. Medía unos 2,1 metros y pesaba entre 80 y 90 kilos: un ejemplar joven, aún lejos de los seis metros que pueden alcanzar los adultos.

Para confirmar su identidad, los científicos tomaron muestras de tejido y realizaron análisis genéticos. La secuenciación del ADN coincidió con el del tiburón blanco con un 98% de identidad genética, eliminando así cualquier duda sobre la especie a la que pertenecía.

La confirmación tiene un valor científico considerable. En el Mediterráneo occidental, los registros verificables del gran depredador son escasos. Muchas observaciones históricas se basan en testimonios, capturas no documentadas o evidencias indirectas. Cada nuevo dato verificable permite reconstruir con mayor precisión la distribución de la especie y entender si está en recuperación o simplemente de paso.

160 años de registros de tiburón blanco en España

El hallazgo de 2023 llevó a los investigadores a revisar todos los registros históricos disponibles desde mediados del siglo XIX. El resultado es un mosaico sorprendente de evidencias: al menos 62 registros documentados en aguas españolas, directos e indirectos, entre 1862 y 2023.

Un posible primer registro en 1862

Uno de los más antiguos procede de un periódico malagueño, El Avisador Malagueño, que el 27 de julio de 1862 relató el ataque mortal de un gran tiburón a un bañista en la playa de San Andrés. El animal fue descrito como un marrajo, término que en la tradición pesquera española suele referirse al tiburón blanco. La crónica narraba cómo el animal amputó la pierna de la víctima de un mordisco.

Aunque la identificación no puede confirmarse con métodos modernos, los investigadores consideran este episodio como un posible registro histórico.

Capturas y avistamientos en el siglo XX y XXI

No es el único: a lo largo del siglo XX y principios del XXI se han acumulado capturas accidentales, avistamientos y señales indirectas que apuntan a la presencia intermitente del gran depredador.

En 2015, por ejemplo, la prensa local informó de la captura accidental de un tiburón blanco de más de cinco metros durante una almadraba de atún rojo cerca de Tarifa. Fotografías del animal confirmaron su identidad.

También existen evidencias indirectas, como las mordeduras en tortugas marinas. En 2006, un pescador recreativo observó una tortuga boba con una herida semicircular profunda en el caparazón y la amputación parcial de una aleta. El patrón de mordida coincidía con el de un gran tiburón lamnido, probablemente un blanco. En palabras de José Carlos Báez, uno de los autores del trabajo del Centro Oceanográfico de Málaga, en el Instituto Español de Oceanografía, «El tiburón blanco, además del tiburón tigre, es el único capaz de perforar sus caparazones».

Este tipo de pistas —marcas de dientes, restos de presas— forman parte de la arqueología ecológica con la que los científicos reconstruyen la presencia de grandes depredadores marinos en regiones donde son raros.

Una captura accidental

Vídeo del tiburón blanco capturado accidentalmente en aguas del Mediterráneo español. La identificación del tiburón blanco capturado en 2023 fue confirmada mediante análisis genéticos, convirtiéndolo en uno de los pocos registros verificados recientes en aguas españolas. La captura se produjo en la Zona Económica Exclusiva española, el área marina que se extiende hasta 200 millas náuticas desde la costa. Cortesía: Báez et al., CC BY.

Un depredador en declive global

El tiburón blanco es uno de los depredadores ápice más importantes del océano. Puede vivir más de setenta años y tarda décadas en alcanzar la madurez sexual, lo que limita su capacidad de recuperación ante la presión humana.

A escala global, la especie ha sufrido un fuerte declive poblacional. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la clasifica como vulnerable, con una reducción estimada de entre el 30% y el 49% de su población en los últimos 159 años.

En el Mediterráneo, la situación parece aún más crítica. Algunos estudios sugieren que la abundancia de tiburones blancos en áreas periféricas del mar se ha reducido drásticamente. En aguas baleares, por ejemplo, la población habría caído más de un 73% entre 1980 y 2016.

En otras zonas del Mediterráneo oriental, el descenso ha sido todavía mayor. La desaparición del atún rojo en ciertas áreas coincidió con la desaparición casi total de tiburones blancos, lo que sugiere una fuerte dependencia de esta presa.

Por qué el tiburón blanco sigue apareciendo en el Mediterráneo español

La hipótesis más sólida para explicar la presencia intermitente del tiburón blanco en el Mediterráneo occidental es su relación con el atún rojo atlántico (Thunnus thynnus).

Cada primavera y verano, estos grandes peces migran desde el Atlántico hacia el Mediterráneo para reproducirse. Los tiburones blancos, depredadores especializados en presas grandes y energéticas, podrían seguir ese movimiento.

Los registros históricos en aguas españolas coinciden estacionalmente con la migración del atún rojo. Esta sincronía sugiere que el litoral ibérico funciona como corredor temporal para tiburones que se desplazan entre el Atlántico y las áreas de cría mediterráneas.

El ejemplar juvenil de 2023 plantea nuevas preguntas. ¿Nació en el Mediterráneo central —donde se sitúan los principales viveros conocidos— y migró hacia el oeste? ¿O pudo haber nacido en aguas españolas, lo que implicaría la existencia de zonas de cría no identificadas?

Algunos indicios recientes apuntan a la existencia de múltiples áreas de reproducción en el Mediterráneo. Además del estrecho de Sicilia y el golfo de Gabés, en Túnez, investigadores han propuesto el mar Egeo nororiental como posible segundo vivero tras el hallazgo de once crías desde 2008.

Detalles del tiburón blanco juvenil capturado accidentalmente: izado a bordo tras su captura y primeros planos de la boca y la aleta caudal. En las imágenes se aprecian los característicos dientes triangulares y las quillas caudales propias del Carcharodon carcharias. Cortesía: Báez et al.

Un fantasma persistente

La imagen que emerge de la revisión histórica es la de una especie que nunca ha abandonado del todo las aguas españolas, pero que se mueve con una discreción extrema.

En el mapa de registros elaborado por los investigadores se observan puntos dispersos a lo largo de la costa mediterránea y atlántica: capturas, varamientos, avistamientos. No forman una población residente clara, sino un patrón de apariciones ocasionales que sugieren tránsito y alimentación.

La presencia de juveniles y adultos en distintas épocas del año refuerza la idea de que estas aguas funcionan como corredor migratorio o área de alimentación temporal.

Además, la proximidad de varios registros a zonas ecológicamente sensibles, como las Baleares, subraya la importancia de estas regiones para la conservación marina de la especie. Algunos científicos proponen considerarlas áreas prioritarias de protección.

Más ciencia para entender al gran depredador

El estudio concluye con un llamamiento a intensificar el seguimiento científico del tiburón blanco en el Mediterráneo. La rareza de los avistamientos no significa ausencia: puede reflejar simplemente la dificultad de detectar a un animal escaso y móvil en un mar intensamente explotado.

Los investigadores proponen combinar métodos tradicionales —registros de pesca, observaciones directas— con nuevas herramientas como el ADN ambiental, que permite detectar especies a partir de rastros genéticos en el agua, y la telemetría satelital para seguir sus movimientos.

Comprender dónde se reproducen, por dónde migran y de qué se alimentan es clave para diseñar estrategias de conservación. Como depredador ápice, el tiburón blanco regula las poblaciones de sus presas y contribuye al equilibrio de los ecosistemas marinos, con efectos en cascada que alcanzan desde las praderas submarinas hasta el almacenamiento de carbono.

El regreso de un símbolo

El nuevo registro no implica que los tiburones blancos estén regresando en masa a las costas españolas. Tampoco sugiere un aumento del riesgo para bañistas o pescadores. Más bien revela que el gran depredador nunca se fue del todo.

Durante más de siglo y medio, su presencia ha quedado registrada en periódicos, capturas accidentales y huellas en caparazones de tortugas. Ahora, con herramientas genéticas y una mirada científica más amplia, esa historia dispersa empieza a ordenarse.

El tiburón blanco sigue siendo un visitante raro en el Mediterráneo español. Pero su rastro, al fin, es más visible. Y con cada nuevo dato, los científicos se acercan a entender cómo sobrevive —y cómo podría recuperarse— uno de los grandes depredadores del océano en un mar cada vez más humanizado. ▪️(11-febrero-2026)

  • Fuente: Báez J. C., Puerto M. A., Torreblanca D., Varela J. L., Carmona L., Macías D. New record of white shark, Carcharodon carcharias (Elasmobranchii, Lamniformes, Lamnidae), from the Mediterranean Spanish coast. Acta Ichthyologica et Piscatoria (2026). DOI: https://doi.org/10.3897/aiep.56.173786

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