Tres perros salvajes africanos recorren 4.126 kilómetros y baten un récord continental
Tres hermanos abandonaron su manada en Zambia y atravesaron carreteras, ríos, ciudades y territorios sin protección en busca de pareja. Su extraordinario viaje revela que las poblaciones del amenazado perro salvaje africano o licaón podrían estar mucho más conectadas de lo que se pensaba, aunque las trampas furtivas convierten esos corredores en rutas mortales.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un grupo de perros salvajes africanos descansa al atardecer. Sus fuertes vínculos sociales y su extraordinaria capacidad para recorrer grandes distancias les permiten sobrevivir y buscar pareja en paisajes cada vez más fragmentados. Foto de Jonathan Gensicke en Unsplash
Tres jóvenes hermanos salieron en julio de 2025 del Parque Nacional de Kafue, en Zambia, y comenzaron a caminar hacia el este. No llevaban un destino fijado, pero sí una necesidad biológica: encontrar hembras con las que formar una nueva manada. Durante los ocho meses siguientes recorrieron 4.126 kilómetros, la mayor distancia registrada para un mamífero terrestre en África. Su itinerario acumulado equivale aproximadamente a atravesar España de norte a sur más de cuatro veces.
Los protagonistas pertenecen a una de las especies más amenazadas y socialmente complejas del continente: el perro salvaje africano o licaón (Lycaon pictus). El seguimiento mediante collares GPS, realizado por científicos del Programa de Carnívoros de Zambia y varias universidades e instituciones conservacionistas, reconstruyó una odisea que atravesó espacios protegidos, áreas de gestión cinegética, zonas agrícolas y paisajes cada vez más dominados por las personas.
La investigación, publicada en la revista científica Ecology, ha sido dirigida por Scott Creel, ecólogo de la Universidad Estatal de Montana, y reúne a especialistas del Programa de Carnívoros de Zambia, el Departamento de Parques Nacionales y Vida Silvestre de Zambia, la Universidad de Oxford y otras instituciones.
El viaje más largo registrado en un mamífero terrestre de África
Los 4.126 kilómetros corresponden a la longitud total del itinerario, no a la distancia directa entre el punto de partida y el lugar en el que finalmente se establecieron los animales. En línea recta, ambos puntos estaban separados por 419 kilómetros.
La diferencia es importante. Los perros salvajes avanzaron, retrocedieron, exploraron territorios, evitaron ciudades y carreteras y bordearon obstáculos naturales antes de asentarse. El récord describe, por tanto, todo el camino acumulado por los animales durante su dispersión.
Tampoco se trató de una migración estacional como la de los ñus del Serengeti. Los científicos denominan dispersión al proceso por el que algunos individuos abandonan el grupo en el que nacieron para buscar pareja, integrarse en otra población o fundar un nuevo grupo reproductor.
En conjunto, cuatro grupos estudiados recorrieron 9.863 kilómetros, más del doble de la distancia que separa las costas oriental y occidental de Estados Unidos.
El ecólogo Scott Creel, de la Universidad Estatal de Montana, sostiene un perro salvaje africano durante uno de sus trabajos de campo en Zambia. Creel es el autor principal del estudio que documenta los extraordinarios desplazamientos de esta especie amenazada. Foto: Universidad Estatal de Montana.
¿Por qué abandonan su manada los perros salvajes africanos?
Los licaones viven en sociedades muy cohesionadas, organizadas alrededor de una pareja dominante. Por lo general, solo esta pareja se reproduce, mientras que el resto de los adultos participa en la caza, la defensa del territorio y el cuidado de los cachorros.
Los subordinados disponen de dos alternativas: permanecer en la manada, ayudar a criar a sus parientes y esperar una oportunidad para alcanzar una posición dominante, o marcharse para buscar una posibilidad más inmediata de reproducirse.
La dispersión es especialmente frecuente entre los individuos de dos y tres años, sobre todo cuando varios hermanos del mismo sexo alcanzan juntos esa edad y todos los miembros del sexo opuesto de la manada son parientes cercanos.
El trio protagonista de esta odisea pertenecían a la manada Mayukuyuku, que antes de su partida contaba con dieciocho ejemplares adultos y jóvenes. Formaban parte de una excepcional camada de diecinueve cachorros que había logrado alcanzar la edad adulta.
Marcharse acompañados ofrecía ventajas. Los perros salvajes cazan de manera cooperativa y los grupos grandes suelen capturar presas con mayor eficacia. También pueden defenderse mejor y tienen más posibilidades de expulsar a los individuos del mismo sexo de otra manada. Sin embargo, viajar juntos no garantiza que encuentren pareja ni que sean aceptados por otros licaones.
🌍 CINCO GRANDES VIAJEROS DE ÁFRICA
Millones de animales atraviesan cada año sabanas, bosques, ríos y fronteras en busca de agua, alimento, pareja o nuevos territorios. Estos son cinco de los desplazamientos terrestres más extraordinarios documentados en África.
- 1. Perro salvaje africano: 4.126 kilómetros
Tres licaones recorrieron esta distancia acumulada durante unos ocho meses después de abandonar su manada en el Parque Nacional de Kafue, en Zambia. No fue una migración periódica, sino una dispersión excepcional en busca de pareja y territorio, considerada el movimiento más largo registrado en un mamífero terrestre africano.
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2. Elefante africano de bosque: unos 2.463 kilómetros al año
Un estudio con elefantes de los bosques de África central calculó que recorrían una media de 2.463 kilómetros anuales, aunque algunos superaban los 3.400. No todos estos movimientos constituyen una migración estacional: reflejan la enorme superficie que exploran para encontrar alimento, agua y refugio.
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3. Kob de orejas blancas: alrededor de 2.000 kilómetros
Los ejemplares equipados con collares de seguimiento en Sudán del Sur han cubierto cerca de 2.000 kilómetros durante su ciclo migratorio. Unos cinco millones de estos antílopes participan en la Gran Migración del Nilo, considerada la mayor concentración migratoria de mamíferos terrestres del planeta.
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4. Ñu azul: unos 800 kilómetros por ciclo
Alrededor de 1,2 millones de ñus recorren cada año el ecosistema Serengeti-Mara, entre Tanzania y Kenia. Siguen las lluvias y el crecimiento de los pastos en un circuito de aproximadamente 800 kilómetros, acompañados por cientos de miles de cebras y gacelas.
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5. Cebra de Burchell: 500 kilómetros de ida y vuelta
Miles de cebras cruzan el río Chobe y viajan desde la frontera entre Namibia y Botsuana hasta el Parque Nacional de Nxai Pan. El recorrido completo suma unos 500 kilómetros en línea recta y probablemente sigue una antigua ruta conservada mediante aprendizaje cultural o herencia genética.
Importante: las cifras son aproximadas y no forman una clasificación estricta. Algunas representan migraciones estacionales de ida y vuelta; otras corresponden al recorrido anual acumulado o a dispersiones extraordinarias.
Un inesperado reencuentro cerca de dos grandes ciudades
Dos semanas antes de la partida de los machos, cuatro hembras de tres años habían abandonado la misma manada. Los dos grupos siguieron inicialmente caminos diferentes, pero volvieron a encontrarse los días 18 y 19 de septiembre de 2025 en un territorio sin protección.
Para entonces, las hembras habían recorrido 1.404 kilómetros y los machos, 1.203. El encuentro se produjo a 72 kilómetros de Kitwe y a 78 kilómetros de Ndola, dos importantes ciudades industriales de Zambia.
Los investigadores relacionan esta sorprendente reunión con la extraordinaria capacidad olfativa de estos cánidos. Los licaones están acostumbrados a localizar a sus compañeros después de separarse durante una cacería. También tienden a reagruparse sin hacer demasiado ruido, porque sus vocalizaciones podrían atraer a leones y hienas.
A pesar del encuentro, los dos grupos volvieron a separarse al día siguiente.
El mapa reconstruye los desplazamientos de distintos grupos de perros salvajes africanos por Zambia y los países vecinos. Las rutas muestran cómo estos animales atraviesan áreas desprotegidas y paisajes con una intensa presencia humana para conectar poblaciones de parques nacionales tan distantes como Kafue, South Luangwa y Lower Zambezi. Cortesía: Creel et al., Ecology (2026). Ilustración del licaón: Bridger Creel.
Carreteras, ciudades y grandes embalses
Los machos continuaron hacia el norte hasta aproximarse a Ndola, una ciudad de más de 600.000 habitantes. Al encontrarse con ese paisaje urbano, dieron media vuelta y recorrieron casi exactamente el mismo camino durante unos doscientos kilómetros.
También evitaron la Gran Carretera del Norte, que conecta Lusaka con las ciudades mineras próximas a la República Democrática del Congo. Más adelante se toparon con dos grandes embalses, infranqueables durante veinte o treinta kilómetros, pero consiguieron bordearlos y continuar hacia el este.
En las áreas ocupadas por los seres humanos, los animales adoptaron un patrón de movimiento característico: avanzaban más deprisa y siguiendo trayectorias más rectas. Investigaciones anteriores del mismo equipo habían calculado que, fuera de los espacios protegidos, los licaones aumentan su velocidad media 1,7 veces y reducen 2,4 veces sus cambios de dirección. Es una estrategia para atravesar cuanto antes los lugares peligrosos.
Los tres hermanos terminaron instalándose en el Área de Gestión de Fauna de Luano, dentro del ecosistema del valle del Luangwa. Este territorio alberga una de las poblaciones de perros salvajes africanos más grandes y densas del continente.
Viajar miles de kilómetros no garantiza encontrar pareja
Durante su recorrido, los tres machos pasaron a menos de 1,6 kilómetros de cuatro hembras procedentes de la manada Kasweta, situada en el Parque Nacional de South Luangwa. Sin embargo, ambos grupos cruzaron ese punto con seis días de diferencia.
El episodio muestra que el movimiento y la conectividad biológica no son exactamente lo mismo. Para que dos poblaciones queden conectadas genéticamente, los viajeros deben sobrevivir, localizar individuos no emparentados, ser aceptados por ellos y reproducirse.
Este último paso puede resultar difícil. Los perros salvajes desconocidos suelen reaccionar con agresividad cuando se encuentran y algunas peleas terminan con la muerte de varios animales. Los cuatro grupos analizados recorrieron en conjunto casi 10.000 kilómetros, pero esos viajes produjeron pocas pruebas de intercambio genético o demográfico efectivo.
La dispersión del licaón no depende solo de carreteras, ríos, vegetación o asentamientos humanos. También es un proceso profundamente social.
EWD-1355: un viaje extraordinario con un final trágico
Otra de las historias reconstruidas por los investigadores es la de EWD-1355, una hembra de tres años que salió del Parque Nacional de South Luangwa en octubre de 2021 acompañada por dos hermanas.
Durante once meses, las tres recorrieron más de 2.300 kilómetros, entraron en Mozambique, cruzaron grandes ríos y carreteras y subieron y bajaron varias veces por la escarpadura del Gran Valle del Rift. En los territorios habitados se desplazaban deprisa y en línea recta; para descansar buscaban zonas rocosas o pequeñas manchas de bosque donde resultaba menos probable encontrarse con personas.
Las hermanas alcanzaron el territorio de una gran manada en el Parque Nacional del Bajo Zambeze, cerca de la frontera con Zimbabue. No consiguieron integrarse en ella ni atraer a sus machos, por lo que continuaron el viaje.
En junio de 2022, EWD-1355 murió atrapada en un lazo metálico colocado por cazadores furtivos para capturar animales destinados al comercio de carne silvestre. Se desconoce qué ocurrió con sus dos compañeras.
Las trampas de alambre, una amenaza invisible
Los lazos utilizados en la caza furtiva son especialmente peligrosos para los perros salvajes africanos. Son silenciosos, desprenden poco olor y no se parecen a ninguna amenaza natural que los animales hayan aprendido a reconocer.
Además, los licaones mantienen vínculos sociales extraordinariamente fuertes. Cuando un integrante de la manada queda atrapado, los demás se resisten a abandonarlo y regresan repetidamente al lugar. Ese comportamiento aumenta el riesgo de que varios individuos queden capturados por una misma línea de trampas.
Algunos perros salvajes han sobrevivido hasta a cuatro atrapamientos, lo que sugiere que ni siquiera una experiencia previa les permite identificar y evitar con facilidad estos dispositivos. Una revisión publicada en Biological Conservation concluyó que la caza con lazos afecta a los grandes carnívoros africanos de tres maneras: provoca muertes directas, reduce la disponibilidad de presas y altera las relaciones entre depredadores.
La caza cooperativa permite a los licaones capturar herbívoros de mayor tamaño, pero la disminución de las presas los obliga a recorrer más kilómetros y gastar más energía para alimentarse. Foto de Magda Ehlers
Menos presas, más kilómetros y un mayor gasto energético
Las trampas no son el único problema. La caza furtiva también reduce las poblaciones de antílopes y otros herbívoros de los que dependen los licaones.
Un trabajo publicado en 2025 en la revista PNAS, basado en el seguimiento de trece manadas de perros salvajes africanos en dos ecosistemas, analizó cómo la disminución de los grandes herbívoros altera el balance entre el coste y el beneficio de la caza. Los investigadores tuvieron en cuenta factores como la densidad local de leones, el tamaño de la manada, el número de cachorros dependientes y el grado de protección del territorio.
En las zonas con pocas presas, los licaones recorrían mayores distancias y registraban una aceleración corporal dinámica más elevada —un indicador del gasto energético—, pero capturaban animales de menor tamaño y no conseguían aumentar de forma apreciable el número de presas abatidas cada día. La reducción de los leones, sus principales competidores, no compensaba por tanto la escasez de alimento: en estos territorios disminuían la densidad, la supervivencia y la reproducción de los perros salvajes.
Los autores concluyeron que recuperar las poblaciones de grandes herbívoros debería ser una prioridad para mejorar la conservación de este amenazado depredador.
Otro informe publicado un años antes en el Journal of Animal Ecology analizó 9.685 observaciones de 463 licaones pertenecientes a cuarenta grupos. Los científicos descubrieron que algunas regiones empobrecidas por la caza funcionan como sumideros demográficos: reciben ejemplares procedentes de otras zonas, pero no generan suficientes supervivientes para mantener por sí mismas la población.
Los perros salvajes africanos coordinan sus actividades mediante el olfato, las vocalizaciones y un estrecho contacto social. Esta cooperación resulta esencial durante la caza y los desplazamientos por territorios desconocidos. Foto de Dmitrii Zhodzishskii en Unsplash
Los seres humanos pueden ser refugio y amenaza al mismo tiempo
La relación entre los licaones y las personas es más compleja de lo que podría parecer. Una investigación publicada en 2025 en Proceedings of the Royal Society B comprobó que los perros salvajes normalmente evitan los asentamientos humanos. Sin embargo, pueden acercarse a ellos cuando aumenta el riesgo de encontrarse con leones.
Las personas actuarían entonces como un escudo involuntario, porque los leones evitan de manera más constante las zonas habitadas. Pero ese aparente refugio puede convertirse en una trampa ecológica si expone a los licaones a atropellos, lazos, persecución o conflictos con ganaderos.
Una red de corredores que todavía conecta África
Los desplazamientos documentados enlazan los siete parques nacionales de Zambia y se aproximan a Angola, la República Democrática del Congo, Malawi y Zimbabue. Otros viajes registrados en Tanzania, Botsuana y Zimbabue respaldan la posibilidad de que muchas poblaciones de perros salvajes de África oriental y meridional continúen conectadas.
Zambia conserva alrededor del 40 % de su territorio bajo alguna figura de protección para la fauna. Sin embargo, numerosos corredores utilizados por los animales atraviesan espacios sin protección o con una vigilancia insuficiente.
El estudio presenta una limitación inevitable: se basa en animales equipados con collares GPS y en un número reducido de viajes extraordinarios. El récord refleja tanto la capacidad biológica de la especie como el esfuerzo de seguimiento realizado. Tampoco demuestra que todos los corredores sean seguros ni que cada desplazamiento termine con éxito reproductivo.
La historia de los hermanos Mayukuyuku también pone de relieve las amenazas, tanto naturales como provocadas por el ser humano, a las que se enfrentan los perros salvajes que se dispersan. El destino de las hembras «es un recordatorio aleccionador de lo aleatorio que es el proceso de dispersión», afirma Claudio Sillero, biólogo conservacionista de la Universidad de Oxford que no participó en el estudio, en la revista Science. Y añade: «Una movilidad extraordinaria no se traduce necesariamente en éxito demográfico o genético».
Aun así, el mensaje científico resulta claro. Los perros salvajes africanos todavía son capaces de conectar ecosistemas separados por cientos de kilómetros, atravesando paisajes transformados por las personas. Proteger únicamente los parques nacionales ya no basta. La supervivencia de la especie dependerá también de conservar las rutas que existen entre ellos, reducir la caza furtiva y asegurar que esos largos caminos conduzcan hasta otras poblaciones y no hasta una carretera, una trampa o un territorio sin presas.▪️(16-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Un viaje de récord: tres perros salvajes africanos recorrieron 4.126 kilómetros en unos ocho meses, el movimiento más largo documentado en un mamífero terrestre de África.
- No fue una migración: los tres hermanos abandonaron su manada en el Parque Nacional de Kafue, en Zambia, para buscar pareja y establecer un nuevo territorio.
- La distancia directa fue mucho menor: aunque el itinerario acumulado superó los 4.000 kilómetros, el origen y el destino estaban separados por 419 kilómetros en línea recta.
- Atravesaron un paisaje lleno de obstáculos: los animales sortearon carreteras, ciudades, ríos, embalses y territorios poco protegidos antes de instalarse en el valle del Luangwa.
- Moverse no garantiza reproducirse: para conectar dos poblaciones, los viajeros deben sobrevivir, encontrar individuos compatibles, integrarse en otra manada y tener descendencia.
- Las trampas furtivas son una amenaza mortal: los lazos de alambre resultan difíciles de detectar y pueden capturar a varios licaones, porque estos animales se resisten a abandonar a sus compañeros heridos.
- África conserva corredores naturales: los desplazamientos registrados sugieren que muchas poblaciones de perros salvajes de África oriental y meridional todavía podrían estar conectadas.
- Los parques nacionales no bastan: los autores reclaman proteger también los corredores entre reservas, recuperar las poblaciones de herbívoros y combatir la caza furtiva.
COMPORTAMIENTO ANIMAL
Fuente: Scott Creel et al. Extraordinary movements connecting distant ecosystems by African wild dogs (Lycaon pictus). Ecology (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/ecy.70504
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