Los collares con GPS revelan el «manual oculto» de la rivalidad entre leones y hienas
Bajo la aparente guerra sin reglas de la sabana se esconde una coreografía precisa de persecuciones, retiradas y cálculo del riesgo. Miles de posicionamientos GPS sacan a la luz ahora quién avanza, quién cede el paso y cómo leones y hienas logran compartir un mismo territorio.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Un león macho con collar GPS se aproxima a varias hienas, que ceden terreno ante el competidor dominante. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Seguir a leones y hienas en la naturaleza es, a la vez, apasionante y frustrante. Apasionante porque, cuando ocurre un encuentro, todo parece evidente: gruñidos, carreras, miradas tensas, la llegada de un dominante y el retroceso del otro. Frustrante porque esa evidencia es incompleta.
Los animales se mueven por territorios gigantescos, a velocidades que superan la capacidad humana de seguirlos, y además cambian de rumbo con tal rapidez que lo que termina viéndose desde un vehículo o a pie suele ser solo el final del episodio. Lo que sucede antes, lo que se decide en el segundo, permanece oculto.
Ahora, una investigación publicada en la revista Frontiers in Ethology, basada en collares GPS colocados a diecisiete leones africanos (Panthera leo) y a catorce hienas manchadas (Crocuta crocuta), en dos grandes espacios protegidos del sur de África: el parque nacional de Etosha, en Namibia, y el sistema formado por el parque nacional de Chobe y la reserva de Linyanti, en Botsuana, ha conseguido mirar precisamente ahí, en el instante previo a la escena: en la forma en que ambos competidores ajustan su movimiento cuando se cruzan.
Y el hallazgo, según el propio trabajo y las declaraciones de su autora principal, invierte un supuesto muy extendido.
Durante años se ha repetido que las hienas, en la interacción con los leones, actúan como satélites: esperan a que el rey de la sabana deje restos y entonces se acercan para aprovechar la oportunidad. Pero los datos apuntan a algo más: cuando coinciden, no son las hienas las que persiguen al león, sino los leones —especialmente los machos— los que tienden a acercarse, mientras que las hienas muestran una retirada consistente.
¿Quién sigue realmente a quién?
Nancy Barker, zoóloga de la Universidad de KwaZulu-Natal y autora principal de la investigación, sospechaba desde hacía años que la relación era más compleja. Durante su máster vivió en plena naturaleza mientras estudiaba hienas pardas y observó, en varias ocasiones, cómo los leones parecían rastrear deliberadamente a estos animales. Cuando compartió la idea con otros especialistas, muchos le respondieron que quizá había interpretado la escena al revés: debían de ser las hienas las que perseguían a los felinos para aprovechar sus sobras.
🗣️ «Observé repetidamente a leones siguiendo activamente a hienas —explica Barker—. Cuando compartí estas observaciones, a menudo me dijeron que tenía la relación al revés, que eran las hienas las que rastreaban a los leones, sobre todo para aprovechar oportunidades de carroñeo».
Los datos recopilados mediante GPS respaldan ahora una parte esencial de aquella intuición. Las hienas manchadas dejaron una señal clara de retirada, mientras que los leones no mostraron una tendencia general a evitarlas.
Eso no significa que todos los leones persigan siempre a las hienas. El comportamiento dependió del individuo, del sexo y probablemente también de la composición de los grupos enfrentados.
Los leones pueden herir o matar a las hienas, una amenaza que explica por qué estas suelen cederles el paso. Foto de J. C. Knipe
Las hienas no son simples carroñeras
La imagen popular de una hiena oportunista que espera a que el león termine de comer resulta, en cualquier caso, demasiado simple. Las hienas manchadas son cazadoras eficaces, capaces de abatir sus propias presas, y la cleptoparasitación, esto es, el robo de alimento, funciona en ambos sentidos.
Leones y hienas comparten presas, horarios y extensas zonas de caza; se expulsan de los cadáveres, se arrebatan piezas y, en determinadas circunstancias, se matan entre sí. Esta forma de rivalidad se denomina competencia por interferencia: una especie dificulta de forma directa que la otra acceda a recursos como alimento, agua o espacio.
El desenlace de cada encuentro depende de factores como el número de animales presentes, su sexo, su edad y la composición de la manada o el clan. Una agrupación numerosa de hienas puede enfrentarse a varias leonas, pero la presencia de un macho adulto inclina considerablemente la balanza a favor de los felinos.
No se trata, por tanto, de una guerra permanente, sino de una negociación cambiante entre riesgo y recompensa.
Cómo se siguieron los movimientos de leones y hienas
Para captar esa tensa negociación, Barker pasó varios meses identificando manadas de leones y clanes de hienas, observando sus jerarquías y averiguando qué individuos tenían menos probabilidades de abandonar el territorio.
Los animales elegidos fueron equipados con collares de biotelemetría provistos de GPS y acelerómetros. Durante sus periodos de máxima actividad, especialmente al anochecer y antes del amanecer, los dispositivos registraban una posición cada cinco minutos. Las campañas de campo, desarrolladas entre 2013 y 2018, reunieron más de 349.000 localizaciones.
Los científicos no se limitaron a dibujar los recorridos sobre un mapa. Compararon solo aquellos momentos en los que los dos integrantes de una pareja —un león y una hiena, dos leones o dos hienas— proporcionaban posiciones reales y simultáneas.
En cada intervalo plantearon tres posibilidades:
✅ El animal se desplazaba hacia su compañero o rival.
✅ Se movía en dirección opuesta.
✅ Avanzaba de forma lateral u ortogonal respecto al otro.
El equipo descartó las posiciones reconstruidas mediante modelos informáticos. Esta decisión redujo el volumen de datos aprovechables, pero también disminuyó el riesgo de confundir un error de estimación con un comportamiento real.
Una joven hiena manchada observa a Nancy Barker mientras la investigadora prepara una estación de cebo para inmovilizar y colocar un collar GPS a la matriarca del clan, en el parque nacional de Etosha. Cortesía: Dra. Nancy Barker.
Las hienas son las que ceden el paso
Tras aplicar este método a miles de movimientos, quedaron veintitrés parejas con datos utilizables: diez de león e hiena, nueve formadas por dos leones y cuatro por dos hienas.
La señal más clara apareció en las parejas interespecíficas. A distancias de hasta cinco kilómetros, las hienas se alejaron más de lo esperado en las nueve parejas para las que existían datos suficientes. La misma tendencia apareció, con distinta intensidad estadística, a dos y diez kilómetros.
En una de las parejas más reveladoras, el león orientó hacia la hiena el 68,7 % de sus desplazamientos relevantes, mientras que la hiena solo avanzó hacia él en el 29,9 % de los casos.
Los autores comprobaron el resultado mediante tres análisis estadísticos complementarios, todos con la misma tendencia, aunque con distinta solidez. El modelo más exigente estimó que las hienas dirigían hacia los leones el 46,1 % de sus movimientos, frente al 50 % que cabría esperar si no existiera preferencia por acercarse o alejarse. En una prueba bilateral —que contempla desviaciones en cualquiera de las dos direcciones— el resultado obtuvo un valor de p de 0,054, apenas por encima del umbral convencional de 0,05, por lo que no puede considerarse concluyente por sí solo. Sin embargo, cuando se evaluó la hipótesis planteada previamente por los investigadores —que las hienas tenderían específicamente a retirarse—, el resultado sí superó ese criterio estadístico y coincidió con los otros análisis.
La conclusión razonable no es que las hienas huyan cada vez que hay un león en algún punto del horizonte, sino que la proximidad del felino deja una firma direccional repetible en sus movimientos. En términos ecológicos, el animal subordinado absorbe la mayor parte del coste de la convivencia: es quien cambia de rumbo.
Los leones machos podrían utilizar a las hienas como pistas
La conducta de los leones fue más heterogénea. Considerados en conjunto, estos no mostraron una tendencia estadísticamente sólida a aproximarse a las hienas. Ninguno, sin embargo, presentó una pauta clara de retirada.
En tres de las diez parejas interespecíficas el león sí avanzó hacia la hiena más de lo esperable por azar, y las tres incluían ejemplares machos. Las observaciones nocturnas de Barker coincidieron con el GPS: los felinos macho seguían activamente a las hienas, mientras que las leonas reaccionaban de forma variable, según qué miembros de la manada estuvieran presentes.
Los resultados plantean, no obstante, una hipótesis sugerente: un león podría interpretar los movimientos o las vocalizaciones de las hienas como información sobre la presencia de una presa o un cadáver. En lugar de ser simples seguidoras de los felinos, las hienas funcionarían también como exploradoras involuntarias a las que el competidor dominante vigila.
Una diferencia entre sexos todavía provisional
La comparación entre machos y hembras debe interpretarse con prudencia, afirma Barker. Aunque ella y su equipo colocaron collares a cuatro machos, el análisis interespecífico de alta resolución solo contó con dos individuos diferentes, presentes en tres parejas.
Es una muestra demasiado pequeña para concluir que todos los leones machos persiguen a las hienas. El resultado debe considerarse una tendencia coherente con las observaciones de campo, pero que necesita confirmarse mediante el seguimiento de más ejemplares.
El GPS permitió reconocer incluso el cortejo: a media distancia, los machos avanzaban mientras las hembras se apartaban. Foto de jean wimmerlin en Unsplash
El GPS también captó el cortejo de los leones
Los collares desvelaron además episodios más íntimos de la vida social de los felinos.
En dos parejas reproductoras, los machos tendían a cerrar la distancia cuando se encontraban entre 50 metros y 200 metros de las hembras, mientras ellas se apartaban. Por debajo de los 15 metros, el patrón se invertía, y eran las hembras las que se aproximaban.
Esta geometría de movimientos resulta compatible con una secuencia de persecución, aproximación y cortejo. Otra pareja de leonas socialmente vinculadas mostró desplazamientos coordinados a menos de 50 metros, reflejo de la cooperación dentro de las manadas.
En cambio, ninguna de las hienas con collar coincidió con otra a menos de un kilómetro. Todas pertenecían a clanes diferentes, por lo que esa separación refleja la organización territorial de las hienas manchadas en Etosha y no una falta general de sociabilidad. Dentro de un mismo clan, estos animales mantienen una compleja estructura social de tipo fisión-fusión: sus integrantes se separan y vuelven a reunirse con frecuencia.
Compartir territorio no significa caminar juntas
Los nuevos resultados ayudan a resolver una aparente contradicción encontrada en investigaciones anteriores.
Un estudio publicado en 2025 en el Journal of Zoology concluyó que las hienas no excluyen sistemáticamente de su hábitat las zonas utilizadas por losleones. Pueden ocupar el mismo paisaje sin mantenerse alejadas de todas las áreas frecuentadas por los felinos.
La nueva investigación examina otra escala temporal y espacial. Una hiena no necesita abandonar un territorio completo para reducir el peligro: puede utilizarlo durante días osemanas y cambiar de dirección cuando detecta la proximidad inmediata de un león.
La diferencia es comparable a vivir en el mismo barrio que una persona peligrosa, pero cruzar la calle cuando se acerca. Compartir espacio a granescala es compatible con evitar encuentros a corta distancia.
El agua, el turismo y la vegetación también modifican la rivalidad
Otro estudio realizado en Etosha utilizó collares GPS para seguir a 14 leones y nueve hienas entre 2016 y 2024.
La investigación mostró que ambos depredadores ajustaban su selección de hábitat en función del tráfico turístico, la vegetación y la localización de los puntos de agua. Los leones frecuentaban más los abrevaderos, probablemente porque allí podían beber y encontrar presas. Las hienas permanecían menos tiempo cerca de ellos, quizá en parte para reducir el riesgo de enfrentarse a los felino, afirman sus autores en la revista Global Ecology and Conservation.
A su vez, una investigación publicada este año en Oecologia y dirigida por el zoólogo Kristoffer T. Everatt, de Universidad Nelson Mandela, en Sudáfrica, llegó a otra conclusión complementaria: los efectos de los leones sobre hienas, leopardos, guepardos y licaones dependen de la abundancia de los propios leones y de la disponibilidad de agua, presas y refugios.
La jerarquía entre los grandes carnívoros africanos no funciona igual en todos los paisajes. El comportamiento cambia según el entorno, los recursos disponibles y la posibilidad de evitar al competidor dominante.
Por qué este descubrimiento importa para la conservación
Comprender cómo se reparten el espacio los leones y las hienas puede ayudar a gestionar mejor los parques africanos.
Las vallas, la concentración artificial de agua durante las sequías o la acumulación de cadáveres en lugares determinados pueden comprimir el espacio disponible. Si los animales se ven obligados a concentrarse alrededor de unos pocos recursos, las hienas dispondrán de menos margen para apartarse de los leones.
Las hienas no son simples carroñeras: cazan sus propias presas y también sufren el robo de alimento por parte de los leones. Foto de Denice Alex en Unsplash
Los datos todavía no demuestran que esas modificaciones reduzcan directamente su supervivencia o reproducción. Los autores proponen investigar ahora si las decisiones detectadas por el GPS terminan afectando a:
✅ El acceso de cada depredador al alimento.
✅ El éxito de sus cacerías.
✅ La supervivencia de adultos y crías.
✅ La reproducción de los clanes y las manadas.
✅ La coexistencia de toda la comunidad de carnívoros.
La tecnología no ha puesto fin al misterio de la rivalidad entre leones y hienas, pero permite leer algo que hasta ahora permanecía oculto bajo la noche africana: la suma de miles de pequeñas decisiones con las que dos grandes depredadores se reparten un mismo territorio.
En esa negociación silenciosa, el poder no siempre se manifiesta mediante una pelea. A veces basta con observar quién avanza y quién decide apartarse.▪️(9-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Las hienas son las que ceden el paso: cuando detectan la proximidad de un león, modifican su trayectoria y tienden a alejarse, incluso desde varios kilómetros de distancia.
- Los machos parecen seguirlas: algunos leones, especialmente los machos estudiados, avanzaron hacia las hienas, quizá para localizar alimento o vigilar a sus competidores.
- El GPS reconstruyó encuentros invisibles: los científicos analizaron 349.163 localizaciones de 17 leones y 14 hienas manchadas en Namibia y Botsuana.
- Movimientos registrados cada cinco minutos: el seguimiento simultáneo permitió determinar si cada animal se aproximaba, se retiraba o avanzaba lateralmente respecto al otro.
- La diferencia entre sexos aún es provisional: el patrón de aproximación apareció en los machos, pero la muestra fue demasiado pequeña para asegurar que todos se comporten así.
- Compartir territorio no significa encontrarse: leones y hienas pueden utilizar el mismo paisaje y, al mismo tiempo, evitarse mediante pequeños cambios de dirección y horario.
- Una pista útil para la conservación: las vallas, la escasez de agua o la concentración de presas pueden reducir el espacio disponible para que las hienas mantengan una distancia segura.
Información facilitada por Frontiers
Fuente: Barker N. A., Luisa Vissat L., Joubert F. G., Stowbunenko V., Alexander K. A., Slotow R. and Getz W. M. Predators in motion: fine-scale dyadic movements reveal interference competition and asymmetric coordination in African lions and spotted hyenas. Frontiers in Ethology (2026). DOI: https://doi.org/10.3389/fetho.2026.1901233
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