Una flor alpina pegajosa confirma una predicción de Darwin de hace 150 años: es una planta carnívora
Charles Darwin sospechó hace siglo y medio que algunas plantas aparentemente inofensivas podían ser auténticas depredadoras. Hoy, gracias a experimentos que él nunca pudo realizar, la ciencia confirma que una discreta flor alpina no solo atrapa insectos: también los digiere y se alimenta de ellos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de Charles Darwin examinando con una lupa un ejemplar de Saxifraga candelabrum, la flor alpina cuya capacidad carnívora acaba de confirmar un estudio científico, validando una hipótesis que el naturalista británico formuló hace 150 años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Charles Darwin llevaba razón. Solo que nadie pudo demostrarlo... hasta ahora.
En 1875, el naturalista británico, fascinado por las plantas carnívoras, lanzó una idea que parecía tan sugerente como imposible de comprobar: algunas especies del género Saxifraga, unas delicadas plantas de flores que crecen entre las rocas de las montañas, podrían alimentarse de insectos. Realizó experimentos, observó sus diminutos pelos pegajosos y trató de averiguar si aquellas plantas eran capaces de digerir a sus desafortunadas víctimas. Pero no obtuvo pruebas concluyentes y la hipótesis del padre de la evolución quedó relegada a una simple intuición.
Ciento cincuenta años después, un equipo internacional de investigadores ha cerrado definitivamente aquel interrogante. Gracias a experimentos de campo, análisis bioquímicos, estudios isotópicos y comparaciones genómicas, los científicos han demostrado que una especie alpina china, Saxifraga candelabrum, no solo atrapa insectos, sino que también los digiere y absorbe el nitrógeno de sus cuerpos para utilizarlo como nutriente.
Es decir, cumple todos los requisitos que definen a una auténtica planta carnívora.
El descubrimiento, publicado en la revista Nature Communications, no solo confirma una de las predicciones más olvidadas de Darwin. También amplía el exclusivo club de las plantas carnívoras y abre la posibilidad de que existan muchas más especies con esta estrategia evolutiva de las que la ciencia había imaginado.
¿Qué es «Saxifraga candelabrum»? Una planta de alta montaña adaptada a ambientes extremos
Hasta ahora se conocían alrededor de una veintena de linajes independientes de plantas carnívoras distribuidos en catorce familias botánicas. Algunas utilizan trampas con forma de jarra, como las Nepenthes; otras, como la famosa venus atrapamoscas (Dionaea muscipula), cierran sus hojas a gran velocidad; las droseras inmovilizan a sus presas con gotas pegajosas y los utricularios las succionan mediante diminutas vejigas submarinas.
Todas comparten un mismo objetivo: obtener nitrógeno y otros nutrientes allí donde el suelo es tan pobre que apenas puede alimentar a una planta.
La nueva protagonista de esta historia vive precisamente en uno de esos ambientes extremos. La Saxifraga candelabrum crece entre grietas de roca del altiplano tibetano y de las montañas Hengduan, en el suroeste de China, a altitudes comprendidas entre los 2.500 y los 3.300 metros. Allí el suelo es escaso, la disponibilidad de nutrientes resulta muy limitada y cualquier fuente adicional de nitrógeno puede marcar la diferencia entre sobrevivir o no.
Según explica el equipo de investigación, coordinado por Hang Sun, biólogo del Instituto de Botánica de Kunming, en la Academia China de Ciencias, esas durísimas condiciones ambientales habrían favorecido una sorprendente transformación evolutiva. Los pelos glandulares pegajosos que quizá aparecieron originalmente como mecanismo de defensa frente a los herbívoros terminaron convirtiéndose en auténticas trampas para pequeños insectos.
Una innovación que, según destaca Xin-Jian Zhang, autor principal del estudio, representa una solución evolutiva muy similar a la desarrollada por otras plantas carnívoras que habitan en pantanos y turberas, aunque en este caso haya surgido en un ecosistema de alta montaña completamente distinto.
Los diminutos pelos glandulares pegajosos de Saxifraga candelabrum inmovilizan pequeños insectos, el primer paso de un proceso que culmina con su digestión y la absorción de nutrientes, una capacidad que confirma el carácter carnívoro de esta flor alpina. Foto: Xin-Jian Zhang.
Cómo demostraron que realmente es una planta carnívora
Lo curioso es que la planta nunca ocultó demasiado su secreto.
Sus tallos florales están cubiertos por miles de pequeños pelos rojizos que segregan una sustancia viscosa. Basta observar una planta adulta para descubrir numerosos insectos pegados a esas estructuras. De hecho, cuando los investigadores revisaron ejemplares conservados en herbarios durante más de un siglo comprobaron que prácticamente todos presentaban restos de insectos adheridos.
En total, 43 de los 45 ejemplares estudiados, recolectados entre 1888 y 2016 en diferentes regiones, mostraban pequeñas presas atrapadas entre sus pelos glandulares. Aquello indicaba que no se trataba de un fenómeno ocasional, sino de una característica constante de la especie.
Sin embargo, capturar insectos no basta para ser considerada una planta carnívora. Muchas especies poseen superficies pegajosas o espinas capaces de inmovilizar pequeños animales de manera accidental. Pero para entrar en el club de las plantas carnívoras es necesario demostrar la existencia de cuatro capacidades:
1️⃣ Atraer a las presas.
2️⃣ Capturarlas.
3️⃣ Digerirlas.
4️⃣ Absorber los nutrientes procedentes de las presas.
Ese fue precisamente el reto que asumió el equipo.
Su flor utiliza el perfume como cebo
La primera pregunta era evidente: ¿los insectos llegan por casualidad o la planta los atrae activamente?
Para averiguarlo, Sun, Zhang y sus colegas realizaron experimentos muy ingeniosos en plena montaña. Cubrieron algunas plantas con recipientes transparentes que impedían salir al aroma floral, pero que permitían ver las flores. Otras quedaron ocultas bajo una malla blanca que bloqueaba la visión, aunque dejaba escapar el olor.
Los resultados fueron sorprendentes:
✅ Cuando el aroma podía difundirse, seguían llegando numerosos insectos aunque las flores apenas fueran visibles.
✅ En cambio, cuando el olor quedaba bloqueado, las visitas disminuían de forma significativa.
Según los autores, esto demuestra que el perfume floral desempeña un papel fundamental en la atracción de las presas. Posteriormente, los análisis químicos identificaron compuestos volátiles, como el β-mirceno y el eucaliptol, conocidos por estimular la percepción olfativa de muchos insectos.
Pero la planta debía resolver otro problema.
Si atraía indiscriminadamente a todos los insectos, corría el riesgo de eliminar precisamente a quienes necesitaba para reproducirse: sus polinizadores.
Aspecto general de Saxifraga candelabrum y detalle de sus estructuras pegajosas. La planta crece en grietas de roca de alta montaña (a), mientras que sus tallos, hojas y flores aparecen cubiertos de pelos glandulares rojizos capaces de atrapar pequeños insectos (b-e), una de las adaptaciones que le permiten obtener nutrientes de sus presas. Cortesía: Zhang, X. J., Deng, T., Lin, N. et al.
Una estrategia muy inteligente: no atrapa a sus polinizadores
La naturaleza rara vez deja cabos sueltos.
Muchas plantas carnívoras evitan este conflicto separando físicamente las flores de las trampas. Las flores aparecen en largos tallos elevados, mientras que las hojas cazadoras permanecen cerca del suelo. Así reducen la posibilidad de capturar a sus propios aliados.
Saxifraga candelabrum ha encontrado una estrategia distinta.
Los investigadores comprobaron que la inmensa mayoría de las víctimas pertenecen a pequeños quironómidos, unos diminutos dípteros con apariencia de mosquito que apenas participan en la polinización de la especie. En cambio, las moscas y abejas de mayor tamaño, mucho más eficaces transportando polen entre flores, casi nunca quedan atrapadas por los pelos pegajosos.
➡️ Según destacan los autores, la planta parece haber alcanzado un delicado equilibrio evolutivo: obtiene nutrientes adicionales capturando visitantes poco útiles para la reproducción mientras permite escapar a los polinizadores realmente importantes. Es una solución elegante que reduce al mínimo el conflicto entre alimentarse y asegurar la siguiente generación.
Pero aún faltaba la prueba decisiva.
Atrapar insectos era solo el primer paso. Para confirmar definitivamente la intuición de Darwin quedaba demostrar que aquella discreta flor alpina era capaz de hacer algo mucho más extraordinario: digerir a sus presas y convertirlas en alimento.
La prueba definitiva: la planta también digiere a sus víctimas
Hasta aquí, la historia ya era sorprendente. La Saxifraga candelabrum atraía insectos mediante compuestos aromáticos y los inmovilizaba con sus pelos pegajosos. Pero eso no bastaba para considerarla una auténtica planta carnívora.
La prueba decisiva consistía en demostrar que era capaz de hacer algo mucho más complejo: descomponer el cuerpo de sus presas y aprovechar químicamente los nutrientes liberados.
Para responder a esa cuestión, los investigadores recurrieron a una de las herramientas más utilizadas en el estudio de las plantas carnívoras: la búsqueda de enzimas digestivas.
En concreto, analizaron la presencia de fosfatasas, unas enzimas que permiten liberar fósforo y otros nutrientes de los tejidos de los insectos. Estas moléculas están presentes en prácticamente todas las plantas carnívoras conocidas y constituyen una pieza esencial de su sistema digestivo.
Cuando aplicaron un reactivo fluorescente sobre los pelos glandulares de Saxifraga candelabrum, las estructuras comenzaron a emitir una intensa fluorescencia verdosa. Era la señal inequívoca de que aquellas glándulas estaban produciendo enzimas digestivas activas. Para confirmar que el resultado era fiable, compararon la especie con una planta carnívora ya conocida, Pinguicula primuliflora, que mostró exactamente la misma respuesta, y con otra especie próxima del mismo género, Saxifraga filicaulis, que no captura insectos y en la que no apareció ninguna actividad enzimática.
Según destacan los autores, este experimento demuestra que la planta no espera simplemente a que bacterias o hongos descompongan las presas atrapadas. Es ella misma quien inicia el proceso digestivo.
Pero aún quedaba una pregunta.
Aunque fuera capaz de digerir los insectos, ¿realmente incorporaba esos nutrientes a su propio organismo?
Macho de Chironomus plumosus, un pequeño insecto de la familia Chironomidae. Insectos de este grupo constituyen la principal presa de la Saxifraga candelabrum. Cortesía: entomart
Alimentadas con moscas marcadas
La respuesta llegó mediante una técnica casi detectivesca basada en isótopos estables.
Los investigadores criaron durante varias generaciones más de un millar de moscas de la fruta (Drosophila melanogaster) alimentándolas con aminoácidos enriquecidos con nitrógeno-15, un isótopo poco frecuente que actúa como una especie de etiqueta química imposible de confundir con el nitrógeno habitual.
Después colocaron esas moscas sobre distintas plantas.
Si Saxifraga candelabrum era realmente carnívora, aquel nitrógeno marcado debía aparecer más tarde en sus propios tejidos.
Y eso fue exactamente lo que sucedió.
Dos semanas después, las plantas presentaban un incremento muy significativo de nitrógeno-15, mientras que las especies utilizadas como controles —una salvia y otra saxífraga no carnívora— no mostraban prácticamente ninguna variación. Para descartar cualquier duda, el equipo analizó también el suelo alrededor de las plantas y comprobó que el isótopo no había llegado hasta las raíces, demostrando que la absorción procedía exclusivamente de los insectos capturados.
El nitrógeno termina donde más importa: las flores
Los científicos fueron incluso un paso más allá.
➡️ Analizaron cómo se distribuía ese nitrógeno dentro de la planta y descubrieron algo revelador: la mayor concentración aparecía en las flores, seguida de las hojas superiores, mientras que las hojas basales acumulaban cantidades mucho menores.
Según explican los autores, este patrón indica que la planta dirige preferentemente el nitrógeno obtenido de los insectos hacia sus órganos reproductores, una estrategia especialmente ventajosa para una especie que solo florece una vez antes de morir. En otras palabras, utiliza el alimento obtenido gracias a la caza para maximizar su éxito reproductivo.
La genética también confirma la evolución hacia la carnivoría
El estudio no terminó ahí. El equipo de botánicos secuenció por completo el genoma de Saxifraga candelabrum y lo comparó con el de otras plantas carnívoras pertenecientes a familias muy alejadas evolutivamente.
El objetivo era averiguar si especies que habían desarrollado la carnivoría de forma independiente habían terminado utilizando soluciones genéticas parecidas.
La respuesta volvió a ser afirmativa.
Los investigadores identificaron familias de genes relacionadas con la formación de hojas especializadas, la producción de sustancias digestivas, el transporte de nutrientes y otras funciones esenciales que habían evolucionado de manera muy similar en distintos linajes de plantas carnívoras.
Según señalan los autores, esta convergencia genómica constituye una prueba de que la evolución, enfrentada una y otra vez al mismo problema —la escasez extrema de nutrientes—, tiende a encontrar soluciones biológicas sorprendentemente parecidas, aunque las especies implicadas estén separadas por millones de años de evolución independiente.
No significa que todas las plantas carnívoras procedan de un ancestro común especializado en capturar insectos. Todo lo contrario. Han llegado a ese modo de vida por caminos evolutivos distintos, pero muchas han acabado utilizando herramientas moleculares similares.
Darwin tenía razón… pero se quedó corto
Más allá de añadir una nueva especie al catálogo de plantas carnívoras, el trabajo tiene implicaciones mucho más profundas.
Para los investigadores, el descubrimiento sugiere que la carnivoría podría estar mucho más extendida entre las plantas con flores de lo que se pensaba. Durante décadas, numerosas especies con pelos pegajosos fueron consideradas simplemente protocarnívoras, es decir, plantas capaces de atrapar insectos, pero sin pruebas de que los digirieran o aprovecharan sus nutrientes.
La historia de la Saxifraga candelabrum demuestra que algunas de ellas podrían haber permanecido ocultas a plena vista durante generaciones.
De hecho, los propios autores subrayan que el hallazgo anima a revisar otras especies del género Saxifraga e incluso plantas pertenecientes a familias completamente distintas que viven en ambientes pobres en nutrientes y presentan estructuras similares. Es posible que existan más plantas carnívoras esperando ser descubiertas.
Paradójicamente, la evidencia llevaba más de un siglo delante de los ojos de los botánicos. Los ejemplares conservados en los herbarios ya mostraban pequeños insectos pegados a sus tallos, pero nadie había reunido todas las pruebas necesarias para demostrar que aquellas víctimas terminaban convirtiéndose en alimento.
Ha sido necesaria la combinación de ecología de campo, química, biología molecular, genómica y técnicas isotópicas para resolver un misterio que permanecía abierto desde la época victoriana.
Darwin nunca llegó a conocer la respuesta. Sin embargo, su intuición era extraordinariamente precisa.
Ciento cincuenta años después, una pequeña flor que crece aferrada a las rocas de las montañas del Tíbet ha terminado confirmando una de las hipótesis más sugerentes del padre de la teoría de la evolución: incluso las plantas aparentemente más delicadas pueden esconder un inesperado instinto depredador.▪️(5-agost-2026)
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- Charles Darwin propuso hace 150 años que algunas especies de Saxifraga podrían ser carnívoras, pero nunca logró demostrarlo.
- Un nuevo estudio confirma que Saxifraga candelabrum cumple los cuatro criterios científicos que definen una planta carnívora.
- La planta atrae insectos mediante compuestos aromáticos, los inmoviliza con pelos pegajosos, los digiere mediante enzimas y absorbe el nitrógeno de sus cuerpos.
- El nitrógeno procedente de las presas se destina principalmente a flores y órganos reproductores, mejorando el éxito reproductivo.
- El análisis del genoma revela que esta especie ha desarrollado adaptaciones genéticas similares a las de otras plantas carnívoras mediante evolución convergente.
- El descubrimiento abre la posibilidad de que la carnivoría vegetal sea más frecuente entre las plantas con flores de lo que se creía.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Plantas Carnívoras y Darwin
🪴 ¿Qué planta confirma la hipótesis de Darwin?
La investigación demuestra que Saxifraga candelabrum es una auténtica planta carnívora.
🪴 ¿Por qué Darwin pensó que algunas saxífragas eran carnívoras?
Porque observó que poseían pelos glandulares pegajosos capaces de atrapar pequeños insectos, aunque en su época no pudo demostrar que también los digirieran.
🪴 ¿Cómo demostraron los científicos que la planta es carnívora?
Confirmaron que atrae insectos, los captura, produce enzimas digestivas y absorbe el nitrógeno procedente de sus presas mediante experimentos con nitrógeno-15.
🪴 ¿Dónde vive Saxifraga candelabrum?
Crece en zonas alpinas del suroeste de China, entre los 2.500 y los 3.300 metros de altitud.
🪴 ¿Qué aporta este descubrimiento?
Confirma una predicción histórica de Darwin y sugiere que la evolución de la carnivoría vegetal podría estar mucho más extendida entre las plantas con flores de lo que se pensaba.
Fuente: Zhang, X. J., Deng, T., Lin, N. et al. Identification of carnivory in the flowering plant Saxifraga via multidisciplinary evidence. Nature Communictions (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41467-026-75288-y

