Una mujer logra inducirse un estado psicodélico sin tomar drogas: qué nos enseña su cerebro
Una mujer es capaz de entrar, por voluntad propia, en un estado mental comparable al de los psicodélicos, pero sin consumir ninguna sustancia. Un estudio con escáneres cerebrales muestra cómo su cerebro se reorganiza para generar visiones, alterar el cuerpo y cambiar la conciencia desde dentro.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación de una mujer en un escáner cerebral mientras entra voluntariamente en un estado de conciencia alterado, con patrones visuales internos similares a los descritos en experiencias psicodélicas sin uso de fármacos. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
¿Qué ocurre en el cerebro cuando cambia radicalmente nuestra experiencia consciente?
En los últimos años, la ciencia ha redescubierto el potencial de los estados alterados de la conciencia, cambios temporales en el funcionamiento mental donde percibimos, sentimos o pensamos de una manera distinta a nuestro estado de vigilia normal. Dicho de forma sencilla, Es como si el software de tu mente corriera bajo un sistema operativo diferente por un rato; el mundo sigue ahí, pero tú lo procesas con filtros y reglas distintas.
Desde los estudios con psicodélicos, como el LSD (ácido lisérgico), la psilocibina (presente en ciertos hongos), la DMT (dimetiltriptamina), la mescalina (del cactus peyote o San Pedro), la ayahuasca (brebaje que contiene DMT) y la ketamina, hasta la investigación sobre la meditación profunda, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿qué ocurre en nuestra sesera cuando dejamos atrás la percepción ordinaria del mundo? Un nuevo estudio, dirigido por Gabriel Della Bella, del Grupo de Ciencia Cognitiva de la Facultad de Psicología, en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), ofrece una respuesta tan fascinante como insólita: una mujer capaz de inducirse voluntariamente un estado mental comparable a experiencias psicodélicas, sin recurrir a ninguna sustancia desencadenante.
El trabajo, publicado en la revista NeuroImage, no solo describe esa experiencia subjetiva, sino que la acompaña de un detallado mapa cerebral obtenido mediante resonancia magnética funcional (fMRI), una técnica de neuroimagen que permite observar la actividad del cerebro midiendo los cambios en el flujo sanguíneo, lo que indica qué zonas están activas en cada momento.
El resultado es una rara combinación de introspección y rigor experimental: una especie de neurofenomenología en la que la vivencia interna y la actividad neuronal se analizan en paralelo.
El caso único: una mujer que entra en trance por voluntad propia
La protagonista del estudio es una mujer de 37 años que, desde la adolescencia, ha desarrollado de forma autodidacta la capacidad de entrar en lo que los investigadores denominan un estado visionario trascendental. No se trata de meditación formal ni de hipnosis guiada. Su práctica surgió por curiosidad, y se fue refinando con el tiempo mediante ensayo y error.
Según describe la propia mujer, el proceso comienza con una relajación progresiva y una focalización de la atención. Después aparece una fase inestable, como un umbral, en la que surgen patrones visuales —colores violáceos, estructuras geométricas— hasta que finalmente se estabiliza en una experiencia inmersiva. En ese estado, relata sentir:
✅ Una intensa claridad mental.
✅ Una percepción alterada del cuerpo.
✅ Una sensación de unidad con el entorno.
Della Bella y sus colegas subrayan que esta secuencia no es anecdótica ni irregular: se repitió con notable consistencia en veinte sesiones distintas realizadas a lo largo de cinco meses.
«En el caso de AVP [el nombre de la participante en clave], esta trayectoria [de autoinducción del estado visionario trascendental] se desarrolla de forma espontánea y reproducible a lo largo de las sesiones: comienza con imágenes geométricas y luminosas de gran complejidad y culmina en un estado lúcido y expansivo de unidad y serenidad… En el momento de la recopilación de datos, ella no participó en el diseño del estudio, la formulación de hipótesis, el análisis de datos ni la interpretación. Se le ocultaron los objetivos específicos del estudio y participó únicamente como voluntaria», explican los autores del estudio.
Qué ocurre en el cerebro durante este estado psicodélico
Para estudiar este fenómeno, el equipo de investigadores diseñó un protocolo dividido en cuatro fases:
1️⃣ Estado basal: la mente en reposo normal.
2️⃣ Transición: paso gradual hacia el trance.
3️⃣ Estado alterado: experiencia profunda y estable.
4️⃣ Fase residual: salida progresiva del trance hacia la normalidad.
Mientras la participante recorría estas fases dentro del escáner de fMRI, los científicos registraban la actividad cerebral y analizaban cómo se comunicaban entre sí distintas redes neuronales. Estas redes, como la visual, la sensoriomotora y la frontoparietal, funcionan como grandes sistemas coordinados que sustentan la percepción, la atención y la conciencia del propio cuerpo.
La clave del estudio no está tanto en qué áreas se activan, sino en cómo cambia la conectividad cerebral entre ellas.
Mapas de conectividad cerebral por redes durante el estado alterado de la mujer que participó en el estudio: la red visual y somatomotora muestran una disminución de conexiones, mientras que las redes frontoparietal y de saliencia aumentan su acoplamiento, reflejando un cambio hacia una experiencia más interna y controlada. Cotesía: Gabriel Della Bella
El cerebro no se «apaga», sino que se reorganiza
El hallazgo más llamativo del estudio es que, durante el estado alterado de conciencia, el cerebro no se apaga ni se vuelve caótico. Al contrario: se reorganiza.
Por un lado, disminuye la comunicación entre redes distintas. En particular, la red visual se desacopla de otras áreas relacionadas con el oído, el movimiento o el procesamiento sensorial. Este aislamiento podría explicar por qué las imágenes interna, como las formas geométricas y los paisajes oníricos que describe la participante, se vuelven tan vívidas: el cerebro deja de estar anclado en los estímulos externos y se centra en su propia actividad interna.
Algo similar ocurre con la red sensoriomotora, implicada en la percepción del cuerpo. Su desconexión coincide con la sensación de ligereza, expansión o incluso disolución corporal que relata la mujer.
Pero, al mismo tiempo, otras redes aumentan su coordinación. En particular, la red frontoparietal, que está asociada al control cognitivo y la atención; y la red de saliencia, que detecta lo relevante, muestran una mayor integración con regiones centrales del encéfalo. Esto sugiere que el estado no es una pérdida de control, sino una forma distinta de atención: sostenida, introspectiva y dirigida hacia el interior.
El momento crítico: la transición
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es la fase de transición. En efecto, antes de estabilizarse el trance, el cerebro entra en un estado de alta variabilidad: las conexiones fluctúan, las redes se reorganizan y el sistema parece estar empeñado en buscar una nueva configuración.
Los investigadores interpretan este momento como una especie de fase crítica, similar a lo que ocurre en otros sistemas complejos cuando cambian de estado. La participante lo describe como un proceso esfuerzo, incluso incómodo, que culmina al cruzar un umbral subjetivo.
Una vez superado ese punto, el sistema se estabiliza en una nueva forma de organización.
Entropía y complejidad: qué dicen las matemáticas del cerebro
Otro resultado digno de mención tiene que ver con dos medidas matemáticas de la actividad cerebral:
✅ La entropía cerebral: esta mide el grado de desorden o variabilidad de la actividad del cerebro; cuánto ruido o imprevisibilidad hay.
✅ La complejidad neuronal: indica cómo de rica y organizada es esa actividad, es decir, cuántos patrones estructurados y diferenciados genera el cerebro.
Durante el trance, la entropía disminuye —es decir, la actividad se vuelve menos aleatoria— mientras que la complejidad aumenta, lo que indica patrones más estructurados pero ricos.
Este hallazgo es especialmente relevante, porque desafía una idea extendida en la investigación sobre psicodélicos, donde a menudo se observa un aumento de la entropía cerebral. En este caso, el estado inducido de manera voluntaria parece implicar una organización más ordenada, aunque igualmente intensa.
En términos sencillos: el cerebro no está más caótico, sino más enfocado.
Representación artística de un estado alterado de la conciencia: el estudio muestra que el cerebro puede generar experiencias intensas y visuales similares a las psicodélicas reorganizando su actividad interna sin necesidad de fármacos. Foto de Brian Lundquist en Unsplash
¿Un modelo alternativo a los psicodélicos?
Los autores comparan estos resultados con estudios sobre drogas psicodélicas, meditación profunda y estados de trance. Aunque existen similitudes, como la desconexión sensorial o la intensidad de las imágenes internas, también hay diferencias importantes.
En los psicodélicos, por ejemplo, es habitual observar una desintegración de ciertas redes asociadas al yo. Aquí, en cambio, la participante mantiene en todo momento la conciencia de sí misma y del entorno. No hay pérdida de control, sino una modulación voluntaria.
Esto abre una vía de investigación alternativa: estudiar estados alterados de conciencia sin drogas. Como señalan los autores, los psicodélicos dificultan el control del tiempo y la reproducibilidad de la experiencia, mientras que este caso permite repetir el proceso con precisión.
🧠 Diferencias con los psicodélicos
Ciencia en primera persona
Más allá de los resultados concretos, el estudio destaca por su enfoque metodológico. Combina datos objetivos —imágenes cerebrales— con descripciones detalladas de la experiencia subjetiva obtenidas mediante entrevistas microfenomenológicas.
Este enfoque, todavía poco habitual, busca tender un puente entre la neurociencia y la conciencia humana. No se trata solo de observar el cerebro desde fuera, sino de entender cómo se corresponde con lo que la persona siente desde dentro.
Como todo estudio de caso único, este trabajo tiene limitaciones evidentes. No se puede generalizar a toda la población ni asumir que otras personas podrían desarrollar la misma capacidad.
Además, aunque la participante no presenta trastornos psiquiátricos y su estado es voluntario y controlado, los investigadores reconocen que se trata de un perfil poco común.
Sin embargo, precisamente por eso resulta valioso: muestra hasta qué punto la mente humana es flexible y sugiere que el cerebro puede adoptar configuraciones muy distintas sin necesidad de intervención farmacológica.
Hacia una cartografía de la conciencia
En última instancia, Della Bell y sus colegas plantean una idea provocadora: los estados no ordinarios de conciencia no son anomalías, sino variaciones organizadas de la actividad cerebral. Y algunas de ellas, como en este caso, pueden alcanzarse por voluntad propia.
Si se confirman estos hallazgos en futuras investigaciones, podrían tener implicaciones en campos tan diversos como la psicoterapia, el estudio de la creatividad y la comprensión de la experiencia humana.
Por ahora, lo que queda es una imagen poderosa: la de un cerebro que, sin ayuda externa, es capaz de reconfigurarse para explorar realidades internas tan vívidas como las que tradicionalmente se han asociado a las drogas psicodélicas.
Y una pregunta abierta: ¿hasta dónde puede llegar la mente cuando aprende a observarse a sí misma? ▪️(5-abril-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Mente y Estado Psicodélico
🧠 ¿Se puede inducir un estado psicodélico sin drogas?
Sí, este estudio muestra que algunas personas pueden lograrlo mediante entrenamiento mental, aunque es raro.
🧠 ¿Es lo mismo que meditar?
No exactamente. Comparte elementos con la meditación profunda, pero incluye fenómenos visuales y sensoriales más intensos.
🧠 ¿Es seguro?
En este caso sí, pero no es una habilidad común ni universalmente accesible.
🧠 ¿Qué aporta a la ciencia?
Permite estudiar la conciencia sin los problemas experimentales de los psicodélicos (control, dosis, variabilidad).
Fuente: Gabriel Della Bella, Agustina Velez Picatto, Dante Sebastián Galván Rial, Sebastián Cukier, Gustavo Foa Torres, Magaly Catanzariti, Diego Mateos, Pedro Lamberti, Etzel Cardeña, Pablo Barttfeld. The neurophenomenology of a self-induced transcendental visionary state: A case study. NeuroImage (2026). DOI: https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2026.121784

