Un antebrazo de hace 150.000 años saca de las sombras a los humanos más misteriosos de Asia
El primer radio identificado de un denisovano revela una inesperada combinación de fuerza y agilidad. Junto a él, herramientas y miles de restos animales reconstruyen la vida de estos enigmáticos cazadores en una cueva de China.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de un grupo de denisovanos en la entrada de la cueva de Bianfu, en el suroeste de China, procesando un ciervo con herramientas de piedra y hueso hace unos 150.000 años. Crédito: IA-DALL-E / RexMolón Producciones
Quiénes fueron los denisovanos
Durante años, los denisovanos fueron poco más que un fantasma genético. La ciencia supo de su existencia antes de conocer su rostro y mucho antes de disponer de huesos suficientes para imaginar su cuerpo. En 2010, el ADN extraído de una diminuta falange encontrada en la cueva de Denisova, en Siberia, sacó a la luz un linaje humano desconocido, hermano evolutivo de los neandertales.
Dieciséis años después, un fragmento de antebrazo recuperado a más de 3.000 kilómetros de allí comienza a poner músculos y movimiento a aquel espectro.
El fósil procede de la cueva de Bianfu, situada en la provincia china de Yunnan, cerca de la gran encrucijada geográfica que comunica el este de Asia con la meseta tibetana, el sur del continente y el sudeste asiático. La pieza ósea conservada se corresponde con la porción superior de un radio derecho, uno de los dos huesos del antebrazo, y constituye el primer ejemplar de este tipo identificado con seguridad como denisovano.
El descubrimiento forma parte de dos investigaciones publicadas simultáneamente en la revista Nature. La primera identifica mediante proteínas antiguas varios restos humanos; la otra reconstruye la ocupación de la cueva, sus herramientas y la explotación de los animales. Juntas convierten Bianfu en el yacimiento con mayor número de fósiles denisovanos conocido fuera de la cueva siberiana que dio nombre al grupo.
🗣️ «Durante años los conocimos principalmente por su ADN y un puñado de fósiles fragmentados —ha señalado a la revista Science la paleoantropóloga María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Madrid (España), que no participó en los estudios. Y añade—: Los denisovanos ya no son solo un fantasma molecular».
La cueva salió a la luz casi por accidente. En 2019, un trabajador encargado de reforestar una antigua cantera de piedra caliza observó una acumulación sospechosa de huesos y avisó a las autoridades. Las excavaciones posteriores recuperaron más de 60.000 fragmentos de mamíferos, 1.366 artefactos líticos y siete fósiles humanos: cuatro dientes, dos fragmentos de parietal —un hueso del cráneo— y una porción de radio.
Cómo se identificaron los fósiles denisovanos
El problema consistía en localizar posibles huesos humanos dentro de aquella montaña de fragmentos anónimos. Analizarlos todos habría resultado lento y costoso. El equipo dirigido por la paleogenetista Qiaomei Fu, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de Pekín, ideó una criba en dos etapas. Primero seleccionó visualmente los restos cuya forma, espesor cortical o superficie podían corresponder a un hominino. Después aplicó ZooMS, una técnica que reconoce grupos animales mediante la huella molecular del colágeno.
De más de 60.000 huesos examinados surgieron veintidós candidatos. Los análisis confirmaron tres restos humanos: los dos parietales y el radio. Los investigadores añadieron al estudio dos de los cuatro dientes encontrados durante la excavación. Los intentos de recuperar ADN fracasaron, algo previsible en una región relativamente cálida donde esta molécula se degrada con rapidez. Las proteínas, mucho más resistentes, sí habían sobrevivido.
Junto a la niña Denisova 3
Los cinco fósiles estudiados conservaban una variante concreta del colágeno, denominada COL1A2 R996K, presente en los denisovanos conocidos y diferente de las secuencias características de otros grupos humanos. Los árboles evolutivos construidos con sus proteínas situaron cada muestra junto al individuo Denisova 3 con una probabilidad del 100 %.
Recordemos que Denisova 3 es una niña denisovana identificada a partir de un pequeño hueso de un dedo hallado en la cueva de Denisova. Su ADN, secuenciado en 2010 en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), permitió descubrir este linaje humano extinguido y se utiliza como referencia genética para identificar otros fósiles denisovanos.
La identificación, por tanto, no se limita a señalar un parecido anatómico, sino que proporciona una identificación molecular independiente para cada resto, según el estudio paleoproteómico publicado en Nature.
El esmalte conservó además fragmentos de amelogenina Y, una proteína codificada por el cromosoma masculino. Los dos dientes analizados pertenecieron a varones, aunque no puede saberse si procedían del mismo individuo. Uno de los parietales tiene entre 167.000 y 150.000 años; el otro, el radio y los dientes se sitúan aproximadamente entre 148.000 y 134.000 años.
«No es simplemente un fósil ocasional», ha explicado Fu. Los restos indican una presencia mantenida durante miles de años.
Los cinco fósiles de la cueva de Bianfu identificados molecularmente como denisovanos. Desde el centro superior y en el sentido de las agujas del reloj: un molar, el fragmento de radio próximo al codo, un premolar y dos fragmentos de cráneo. Crédito: H. Rao et al. (2026), Nature.
Qué revela el primer radio de un denisovano
Para Eric Delson, paleoantropólogo del Museo Americano de Historia Natural, Bianfu es uno de los pocos lugares que ha proporcionado restos denisovanos dentro de un contexto arqueológico claro. Esa asociación es crucial: otros fósiles atribuidos a este grupo aparecieron aislados, fuera de su posición original o en cuevas ocupadas también por neandertales y humanos modernos, lo que dificulta asignarles determinadas herramientas y comportamientos.
El radio derecho, catalogado como BFD771, conserva unos 4,5 centímetros de la zona próxima al codo y perteneció a un adulto o a un individuo casi adulto. Su cabeza articular era grande y la tuberosidad donde se inserta el bíceps parece orientarse hacia el interior, dos características que lo aproximan a los neandertales. Esa disposición influye en la eficiencia con la que el bíceps flexiona el codo y gira el antebrazo para colocar la palma de la mano hacia arriba.
Pero el hueso se resiste a encajar en una anatomía puramente neandertal. Su cuello es relativamente corto, y tanto su geometría interna como su forma exterior se aproximan más a las de Homo sapiens y algunos fósiles atribuidos a Homo erectus. Presenta así un mosaico anatómico que, según Christoph Zollikofer, antropólogo de la Universidad de Zúrich (Suiza) ajeno a la investigación, habría permitido combinar esfuerzos intensos, como en los neandertales, con movimientos ágiles semejantes a los de los humanos modernos.
Esta interpretación debe manejarse con prudencia. Un solo fragmento no demuestra que todos los denisovanos tuvieran brazos excepcionalmente fuertes ni permite atribuirles una actividad determinada. La forma del hueso puede estar relacionada con el sexo, la edad, la constitución del individuo o las tareas repetidas a lo largo de su vida.
El descubrimiento sí demuestra que la anatomía poscraneal denisovana no era una simple copia de la neandertal. Su antebrazo respondía a unas exigencias biomecánicas propias y posiblemente combinaba fuerza con capacidad para realizar manipulaciones precisas. Como dicen los autores del trabajo, será necesario dar con más huesos largos para averiguar hasta qué punto esa mezcla de fuerza y destreza caracterizaba a otras poblaciones denisovanas.
Herramientas sencillas, pero una tecnología flexible
Las herramientas aportan el contexto que casi siempre ha faltado. Las capas arqueológicas de Bianfu abarcan desde hace unos 190.000 hasta 70.000 años, y contienen raspadores, percutores, cantos tallados, lascas y utensilios de hueso. Muchos instrumentos de piedra fueron fabricados con pocos golpes. Luego fueron utilizados y abandonados.
«Golpear para sacar unas lascas, usarlas y no perder tiempo dándoles una forma bonita», resume Delson.
Pero sencillez no equivale a falta de inteligencia o capacidad técnica. Ben Marwick, arqueólogo de la Universidad de Washington (Estados Unidos), destaca que aquellos humanos trabajaban materiales diferentes y no estaban limitados a la piedra.
Su tecnología era expeditiva, pero también flexible: escogían el soporte más adecuado para resolver una necesidad inmediata. La fabricación de útiles de hueso, una conducta conocida entre los neandertales, podría haber estado más extendida entre los grupos humanos del Pleistoceno de lo que se pensaba.
La mandíbula Penghu 1, recuperada de los sedimentos marinos frente a Taiwán, fue identificada en 2025 mediante el análisis de proteínas como perteneciente a un denisovano varón. Crédito: Yousuke Kaifu.
Los denisovanos eran cazadores eficaces
Los restos animales revelan asimismo una estrategia de subsistencia organizada. Los denisovanos procesaron principalmente ciervos y grandes bóvidos, incluidos búfalos y gaures. Las marcas de corte, raspado y percusión documentan el descuartizamiento, la retirada de carne y pieles y la fractura de los huesos para obtener la médula. La abundancia de animales adultos en plenitud apunta a una caza selectiva y eficaz, no simplemente al consumo ocasional de carroña.
Para Marwick, los denisovanos sabían reconocer qué presa compensaba el riesgo, el tiempo y la energía invertidos. La aparente simplicidad de sus herramientas contrasta así con una comprensión precisa del territorio, las presas y la anatomía animal: sabían dónde se encontraban las partes más nutritivas de una carcasa y cómo acceder a ellas.
El segundo trabajo publicado en Nature ofrece así una de las asociaciones más sólidas entre denisovanos y cultura material, o sea, entre herramientas y recursos animales. No obstante, los fósiles identificados pertenecen solo a determinadas capas. Como reconocen los investigadores, futuros análisis del ADN conservado en los sedimentos deberán comprobar si los denisovanos fueron los únicos humanos que utilizaron la cueva durante toda su secuencia arqueológica, que comprende unos 120.000 años.
Un refugio climático en el suroeste de China
Bianfu estuvo ocupada durante el estadio isotópico marino 6, una fase glacial comprendida aproximadamente entre 191.000 y 130.000 años atrás. El entorno local era, sin embargo, relativamente benigno: los bosques de coníferas y los paisajes de bosque-estepa proporcionaban agua y abundantes herbívoros.
El altiplano de Yunnan-Guizhou pudo actuar como refugio climático y como corredor entre la meseta tibetana, China oriental, el sur de Asia y el sudeste asiático.
Su posición geográfica resulta especialmente significativa porque acerca el registro fósil denisovano a las regiones donde estos humanos se cruzaron con los Homo sapiens. Las poblaciones actuales de Oceanía y algunas del sudeste asiático conservan las proporciones más elevadas de ADN denisovano, heredado de aquellos encuentros prehistóricos.
La imagen sitúa la cueva de Bianfu dentro del mapa conocido de los denisovanos y muestra las capas donde aparecieron sus restos. Debajo se observan los dos dientes, el fragmento de radio y su reconstrucción virtual, así como los dos parietales que revelan el notable grosor de su cráneo. Cortesía: H. Rao et al. (2026), Nature.
Otros descubrimientos recientes sobre los denisovanos
El hallazgo completa un mapa que se ha ampliado con rapidez. En 2024, una costilla de entre 48.000 y 32.000 años encontrada en la cueva tibetana de Baishiya confirmó que estos humanos sobrevivieron a gran altitud y explotaron animales tan distintos como cabras, yaks, marmotas y aves, según otro estudio de Nature.
En 2025, las proteínas identificaron como denisovana la robusta mandíbula Penghu 1, dragada frente a Taiwán. El fósil perteneció a un varón y demostró que el linaje se extendió hasta las regiones orientales y subtropicales de Asia.
Ese mismo año, el análisis molecular del gran cráneo de Harbin, conocido como el hombre Dragón, permitió atribuirlo también a los denisovanos. Este fósil ofrece hasta ahora la imagen más completa de su cabeza y su rostro.
Un preprint difundido en agosto de 2026 atribuye al mismo linaje un fémur y una tibia recuperados en el estrecho de Taiwán. Sus dimensiones apuntan a individuos de entre 1,80 y 1,90 metros de altura y entre 80 y 90 kilos de peso. El estudio todavía no ha superado la revisión por pares, por lo que sus conclusiones deben considerarse provisionales.
Del fantasma genético a una población humana real
El pequeño hueso del antebrazo de Bianfu no permite reconstruir por completo el cuerpo de un denisovano. Pero cambia profundamente la pregunta.
Los denisovanos ya no son únicamente una firma genética escondida en nuestros cromosomas. Empiezan a aparecer como personas fuertes y diestras que movían los brazos, tallaban una piedra en pocos golpes, trabajaban el hueso, escogían sus presas y regresaban durante generaciones a una cueva del suroeste de China.
Cada nuevo fragmento reduce un poco más la distancia entre su ADN y su vida.▪️(9-septiembre-2026)
⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
- El primer antebrazo denisovano: en la cueva de Bianfu, en el suroeste de China, se ha identificado el primer fragmento de radio perteneciente a este misterioso linaje humano.
- Un fósil de unos 150.000 años: el hueso tiene entre 148.000 y 134.000 años y conserva la zona del antebrazo próxima al codo.
- Robusto y ágil a la vez: su anatomía combina rasgos relacionados con la fuerza, parecidos a los neandertales, con una forma general más próxima a la de los humanos modernos.
- Siete restos humanos: la cueva proporcionó cuatro dientes, dos fragmentos de cráneo y el radio. Cinco de ellos fueron identificados molecularmente como denisovanos mediante el análisis de proteínas antiguas.
- Cazadores eficaces: las marcas presentes en huesos de ciervos y grandes bóvidos indican que seleccionaban sus presas, las descuartizaban y fracturaban sus huesos para obtener la médula.
- Una tecnología sencilla pero versátil: fabricaban rápidamente herramientas de piedra para cortar y raspar, pero también trabajaban el hueso, lo que demuestra flexibilidad técnica.
- Un yacimiento excepcional: Bianfu reúne fósiles, herramientas y animales procesados en un mismo contexto arqueológico y llena un vacío en el mapa de los denisovanos en Asia.
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Denisovanos y Cueva de Bianfu
💀 ¿Cuál es el primer hueso del antebrazo denisovano encontrado?
Es un fragmento de la parte superior de un radio derecho, cerca de la articulación del codo. Procede de la cueva de Bianfu y tiene aproximadamente entre 148.000 y 134.000 años.
💀 ¿Cómo saben los científicos que perteneció a un denisovano?
Los investigadores analizaron proteínas antiguas conservadas en el fósil. Encontraron una variante del colágeno característica de los denisovanos y reconstruyeron secuencias proteicas que sitúan el hueso dentro de este linaje.
💀 ¿Cuántos fósiles humanos se encontraron en Bianfu?
En la cueva aparecieron siete restos humanos: cuatro dientes, dos fragmentos de parietal y un radio. Cinco de ellos —dos dientes y los tres huesos— fueron analizados e identificados molecularmente como denisovanos.
💀 ¿Qué revela el radio sobre la anatomía de los denisovanos?
El hueso combina una cabeza articular y una inserción muscular robustas, próximas a las de los neandertales, con una forma general más parecida a la de los humanos modernos. Esto sugiere una combinación de fuerza y movilidad, aunque un solo fósil no permite generalizar a todo el linaje.
💀 ¿Qué comían los denisovanos de Bianfu?
Cazaban y procesaban principalmente ciervos y grandes bóvidos. Las marcas presentes en los huesos demuestran que retiraban la carne y las pieles y los fracturaban para obtener la médula.
💀 ¿Qué herramientas utilizaban?
Fabricaban lascas, raspadores, percutores y cantos tallados, además de herramientas de hueso. Muchos utensilios eran sencillos y se producían rápidamente para realizar tareas inmediatas.
💀 ¿Por qué es importante la cueva de Bianfu?
Porque reúne fósiles denisovanos, herramientas y animales procesados dentro de una secuencia arqueológica bien datada. Es uno de los mejores lugares conocidos para relacionar directamente a los denisovanos con su tecnología, alimentación y entorno.
ARQUEOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA
Información facilitada por los Chinese Academy of Sciences Headquarters
Fuentes:
- Rao, H., Xing, S., Ruan, Q. et al.Ancient proteins identify various Denisovan remains from Southwest China. Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10976-9-Ruan, Q., Li, H., Xing, S. et al. Denisovans from southwestern China and their subsistence strategies.Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10997-4
🦖 ¿TE APASIONA LA CIENCIA QUE SORPRENDE?
- Cada domingo seleccionamos para ti las noticias y los descubrimientos científicos más fascinantes de la semana, explicados con rigor, claridad y el estilo de RexMolón, la Ciencia en Acción. 👉 SUSCRÍBETE GRATIS A LA NEWSLETTER DE REXMOLÓN
- Si quieres recibir las noticias de ciencia de RexMolón cada día, únete a RexMolón News en WhatsApp, el canal donde compartimos las noticias según se publican. 👉 ÚNETE GRATIS A REXMOLÓN NEWS

