Así fue observada durante tres meses la región solar más peligrosa del ciclo actual

Un equipo internacional de científicos ha logrado por primera vez observar de forma casi continua una región solar activa durante más de tres meses. El seguimiento de NOAA 13664, responsable de las mayores tormentas solares en las últimas dos décadas, ofrece claves inéditas sobre cómo se generan las erupciones solares y cómo pueden afectar a la Tierra.

Por Enrique Coperías, periodista científico

La sonda espacial europea Solar Orbiter proporciona imágenes del Sol, incluidas observaciones de lo que, desde nuestra perspectiva, es su cara oculta, invisible directamente desde la Tierra.

La sonda espacial europea Solar Orbiter proporciona imágenes del Sol, incluidas observaciones de lo que, desde nuestra perspectiva, es su cara oculta, invisible directamente desde la Tierra. Cortesía: ESA / AOES

Durante casi tres meses, el Sol ofreció a los astrónomos un mismo protagonista. Una región activa excepcionalmente compleja, capaz de desencadenar algunas de las tormentas solares más intensas de los últimos años, fue seguida casi sin interrupciones mientras emergía, alcanzaba su máximo poder y se apagaba lentamente.

Por primera vez, los científicos han logrado observar de forma continuada todo el ciclo vital de una región solar activa durante más de tres rotaciones completas del astro. Se trata de un hito que abre una nueva ventana para entender cómo se generan y se sostienen los fenómenos solares más violentos.

La protagonista de esta historia es la región activa NOAA 13664, que apareció en la primavera de 2024 y pronto se convirtió en una de las más eruptivas del actual ciclo solar. Entre principios de mayo y mediados de junio de 2025, produjo decenas de llamaradas solares de gran intensidad y varias eyecciones de masa coronal que llegaron a la Tierra, lo que provocó espectaculares auroras y alteraciones en las comunicaciones y los sistemas eléctricos.

Ahora, un estudio publicado en la revista Astronomy & Astrophysics reconstruye su biografía completa, desde su nacimiento en la cara oculta del Sol hasta su desintegración final, gracias a una combinación inédita de observaciones desde distintos puntos del espacio.

Más allá del límite de las dos semanas

Observar el Sol tiene una limitación fundamental: gira sobre sí mismo aproximadamente cada veintisiete días. Desde la Tierra —o desde satélites situados en su misma línea de visión— una región activa solo puede seguirse durante unos catorce días, el tiempo que tarda en cruzar el disco visible antes de desaparecer por el borde occidental.

Lo que ocurre en la cara oculta del Sol queda fuera de la vista hasta que la región reaparece, ya transformada, dos semanas más tarde.

Ese punto ciego ha condicionado durante décadas la física solar. Las regiones activas, grandes concentraciones de campo magnético responsables de las manchas solares y de las erupciones, pueden vivir semanas o meses. Pero su evolución completa, con fases de crecimiento, interacción y decaimiento, solo se veía a retazos.

Dos satélites con los ojos enfocados al Sol

La clave para superar esa barrera ha sido el uso combinado de dos observatorios espaciales con perspectivas diferentes:

✅ El telescopio espacial de la NASA Solar Dynamics Observatory (SDO), que observa el Sol desde la vecindad de la Tierra, a unos 36.000 km de la superficie.

✅ El Solar Orbiter, una misión europea desarrollada por la ESA que sigue una órbita elíptica alrededor del astro y se va separando progresivamente del plano Sol-Tierra.

Durante la primavera y el verano de 2024, la geometría fue casi perfecta: mientras uno de los satélites perdía de vista la región activa, el otro la tenía de frente.

🗣️ «Por suerte, la misión Solar Orbiter, lanzada por la Agencia Espacial Europea (ESA) en 2020, ha ampliado nuestra perspectiva», explica Ioannis Kontogiannis, físico solar del ETH de Zúrich y del Istituto Ricerche Solari Aldo e Cele Daccò (IRSOL).

El resultado fue una vigilancia casi continua durante 94 días. «Es la primera vez que podemos seguir una región activa desde su primera emergencia hasta su completa decadencia sin las lagunas habituales», señalan los autores del trabajo.

«Se trata de la serie continua de imágenes más larga jamás creada para una sola región activa: es un hito en la física solar», subraya Kontogiannis.

La región activa 13664 (en el cuadrante inferior derecho del disco solar) emite una potente llamarada de clase X2.2, observada a través del filtro AIA de 304 ångstroms del Solar Dynamics Observatory (SDO).

La región activa 13664 (en el cuadrante inferior derecho del disco solar) emite una potente llamarada de clase X2.2, observada a través del filtro AIA de 304 ångstroms del Solar Dynamics Observatory (SDO). Cortesía: NASA

Un nacimiento turbulento

La historia de NOAA 13664 comenzó a mediados de abril de 2024, en la cara oculta del Sol. Las primeras señales fueron modestas: pequeños bipolos magnéticos, estructuras simples formadas por dos polos opuestos, que emergían en una zona ya magnetizada. Pero, lejos de estabilizarse, la región empezó a crecer mediante episodios sucesivos de emergencia de flujo magnético.

En apenas veinte días, se formó una estructura extensa y cada vez más intrincada. A diferencia de muchas regiones activas, que nacen y luego se relajan, esta se alimentó de una cascada de aportes magnéticos que se superponían y entrelazaban. En la corona solar —la atmósfera externa del Sol— empezaron a aparecer bucles luminosos cada vez más retorcidos, señal de campos magnéticos sometidos a fuertes tensiones.

Cuando la región apareció por primera vez en la cara visible desde la Tierra, a finales de abril, ya era un sistema maduro y peligroso. Presentaba manchas solares de polaridades opuestas muy próximas entre sí, algunas compartiendo la misma penumbra, una configuración conocida por su alta inestabilidad. Las primeras llamaradas moderadas no tardaron en llegar.

El mes de las grandes tormentas

El punto de inflexión se produjo a comienzos de mayo. Nuevos episodios de emergencia magnética provocaron la fusión de varios sistemas internos y dispararon la complejidad del conjunto. El campo magnético se volvió cada vez más no potencial, que en el lenguaje de los físicos solares viene de decir que, lejos de la configuración mínima y relajada, acumulaba energía magnética libre susceptible de liberarse de forma explosiva.

Entre el 8 y el 12 de mayo, NOAA 13664 entró en una fase de actividad extrema. Produjo múltiples llamaradas de clase X —las más potentes— y varias eyecciones de masa coronal —enormes expulsiones de plasma y campo magnético del Sol al espacio, que se producen tras grandes erupciones solares— dirigidas hacia la Tierra. El 20 de mayo se registró el evento más intenso: una llamarada de clase X16.5, la más fuerte asociada a esta región y una de las mayores del ciclo solar actual.

🗣️ «Esta región provocó las espectaculares auroras boreales que pudieron verse tan al sur como Suiza», recuerda Louise Harra, profesora del ETH de Zúrich y directora del Observatorio Físico Meteorológico de Davos.

Lo notable no fue solo la intensidad puntual, sino la persistencia. A lo largo de los 94 días de seguimiento se detectaron 969 llamaradas, desde eventos débiles hasta explosiones colosales. Más de la mitad ocurrieron durante el primer tercio de la vida de la región, pero la actividad se mantuvo elevada durante casi dos meses, algo poco habitual incluso entre regiones activas muy complejas.

Midiendo la complejidad invisible

Una de las aportaciones clave del estudio es la construcción de las primeras series temporales continuas de parámetros que miden la complejidad magnética de una región activa durante un periodo tan largo. Los investigadores analizaron indicadores como la longitud total de las líneas donde se enfrentan campos de polaridad opuesta —zonas críticas para la reconexión magnética— o la cantidad de flujo magnético concentrado cerca de esas fronteras.

Estos parámetros, calculados a partir de magnetogramas solares de alta resolución, mostraron una sorprendente coherencia a lo largo de todo el seguimiento, pese a combinar datos de instrumentos distintos y con resoluciones variables. Y, lo más importante, se correlacionaron estrechamente con la actividad eruptiva: cuando la complejidad aumentaba, también lo hacía el índice de llamaradas; cuando empezaba a descender, las explosiones se volvían menos frecuentes y menos intensas.

🗣️ «El resultado refuerza la idea de que la no potencialidad del campo magnético es el motor fundamental de las grandes erupciones solares», apuntan los autores. Y Harra precisa lo siguiente: «Cuando vemos una región del Sol con un campo magnético extremadamente complejo, podemos asumir que allí hay una gran cantidad de energía que tendrá que liberarse en forma de tormentas solares».

Y demuestra que estos indicadores pueden ser útiles no solo para comprender el pasado, sino también para mejorar la predicción del clima espacial.

Una decadencia lenta, pero no tranquila

Tras el clímax de mayo, la región inició una fase de decaimiento gradual. El flujo magnético total comenzó a disminuir, las manchas solares se fragmentaron y las estructuras coronal se volvieron menos compactas. Sin embargo, la región no se apagó de golpe.

Durante las dos rotaciones siguientes, reapareció con nuevos números de catálogo y aún fue capaz de producir llamaradas significativas, incluidas algunas de clase X en junio.

Solo a partir de julio la actividad descendió claramente. La región se desintegró en un mosaico de pequeñas concentraciones magnéticas dispersas, con eventos eruptivos esporádicos y débiles. Su ciclo vital, desde la primera emergencia hasta la desaparición efectiva, se extendió durante al menos tres meses.

Imagen del Solar Dynamics Observatory (SDO), un satélite de la NASA situado en órbita geoestacionaria, que observa el Sol de forma continua en longitudes de onda ultravioleta inaccesibles desde la superficie terrestre.

Una potente llamarada X2.2

Imagen del Solar Dynamics Observatory (SDO), un satélite de la NASA situado en órbita geoestacionaria, que observa el Sol de forma continua en longitudes de onda ultravioleta inaccesibles desde la superficie terrestre. En el cuadrante inferior derecho del disco solar, la región activa 13664 emite una llamarada solar de clase X2.2 el 9 de mayo de 2024, uno de los episodios de alta actividad registrados durante este periodo de intensa actividad solar.

Una ventana al interior del Sol

Más allá del caso concreto de NOAA 13664, el estudio tiene implicaciones más amplias. La persistencia de la complejidad magnética sugiere que, bajo la superficie solar, existía una estructura profundamente retorcida y fragmentada, cuyos distintos segmentos emergieron a velocidades y momentos diferentes antes de interactuar en la fotosfera. Es una pista indirecta, pero valiosa, sobre procesos que ocurren en capas inaccesibles a la observación directa.

El trabajo también subraya el potencial de las observaciones desde múltiples puntos de vista. Con misiones actuales y futuras que se sitúen fuera de la línea Sol-Tierra, la vigilancia del magnetismo solar podría volverse prácticamente continua, reduciendo las incertidumbres y mejorando las alertas tempranas de tormentas geomagnéticas peligrosas para nuestra sociedad tecnológica.

🗣️ «Es un buen recordatorio de que el Sol es la única estrella que influye directamente en nuestras actividades —añade Kontogiannis. Y concluye—: Vivimos con esta estrella, así que es realmente importante observarla y tratar de entender cómo funciona y cómo afecta a nuestro entorno».

Durante 94 días, el Sol permitió que los científicos siguieran de cerca uno de sus episodios más intensos. Lo que antes era una secuencia de fotogramas inconexos empieza a convertirse en una película completa. Y en esa película, cada giro del Sol cuenta una parte esencial de la historia.▪️

  • Fuente: I. Kontogiannis, Y. Zhu, K. Barczynski, M. Z. Stiefel, H. Collier, J. McKevitt, J. S. Castellanos Durán, S. Berdyugina and L. K. Harra. Near-continuous tracking of solar active region NOAA 13664 over three solar rotations. Astronomy and Astrophysics. DOI: 10.1051/0004-6361/202556136

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