Astrónomos logran despejar las atmósferas de los exoplanetas gracias a un nuevo método para detectar nubes
Un equipo internacional liderado por científicos de la Universidad Johns Hopkins ha descubierto cómo se forman y desaparecen las nubes en un exoplaneta gigante gracias al telescopio James Webb. El hallazgo permite despejar por primera vez su atmósfera y obtener una visión mucho más precisa de la composición y el clima de estos mundos extremos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Representación artística de WASP-94A b, un gigante gaseoso situado en la constelación de Microscopium. Las nubes minerales se acumulan mientras el aire circula por el lado nocturno del planeta y alcanzan su máxima extensión al amanecer. En la cara diurna, el intenso calor las disipa, dejando cielos despejados al comienzo de la noche. Cortesía: Hannah Robbins / Johns Hopkins University
Los astrónomos llevaban años observando exoplanetas cubiertos por una especie de niebla persistente que dificultaba averiguar de qué estaban hechas sus atmósferas. Ahora, un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad Johns Hopkins, en Estados Unidos, ha encontrado una forma de despejar parcialmente ese velo cósmico.
Gracias al telescopio espacial James Webb, los astrónomos han logrado detectar por primera vez un ciclo diario de formación y evaporación de nubes en un gigantesco planeta gaseoso situado fuera del Sistema Solar.
El hallazgo permite observar con una precisión inédita las diferencias entre el amanecer y el atardecer de un Júpiter caliente, y abre una nueva vía para comprender cómo evolucionan estos mundos extremos.
Qué han descubierto los astrónomos en WASP-94A b
El planeta estudiado se llama WASP-94A b y se encuentra a cientos de años luz de la Tierra, en la constelación de Microscopium del hemisferio celeste meridional. Pertenece a la familia de los llamados Júpiteres calientes: gigantes gaseosos similares a nuestro Júpiter, pero que orbitan tan cerca de su estrella que alcanzan temperaturas abrasadoras. En este caso, el planeta tiene aproximadamente la mitad de la masa de Júpiter, aunque su tamaño es mucho mayor, debido al intenso calentamiento de su atmósfera.
La clave del descubrimiento no está solo en el planeta, sino en la técnica utilizada. Hasta ahora, los astrónomos analizaban las atmósferas de los exoplanetas como si fueran uniformes. Observaban la luz de la estrella atravesando el borde atmosférico del planeta durante un tránsito —cuando este pasa delante de su sol— y obtenían así un espectro químico promedio.
El problema es que las nubes y brumas pueden ocultar señales importantes, como las huellas del vapor de agua o de otros compuestos.
🗣️ «Llevo veinte años estudiando exoplanetas, y la nubosidad generalizada ha sido una espina clavada para nosotros. Desde hace bastante tiempo sabemos que las nubes son omnipresentes en los planetas tipo Júpiter caliente, lo cual resulta frustrante porque es como intentar observar el planeta a través de una ventana empañada —explica David Sing, coautor del estudio y profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias en la Universidad Johns Hopkins. Y añade en un comunicado de este centro—: No solo hemos conseguido despejar la vista, sino que por fin podemos determinar de qué están hechas las nubes y cómo se condensan y evaporan mientras se desplazan alrededor del planeta».
Un hemisferio permanentemente iluminado y otro sumido en una noche eterna.
El nuevo estudio demuestra que esa visión simplificada puede ser engañosa. La atmósfera de WASP-94A b no es homogénea: un hemisferio aparece cubierto de nubes espesas mientras el otro permanece relativamente despejado. Los científicos consiguieron distinguir ambas regiones separando la mañana y la tarde del planeta durante el tránsito.
Como ocurre con muchos Júpiteres calientes, WASP-94A b está gravitacionalmente bloqueado. Eso significa que siempre muestra la misma cara a su estrella, igual que la Luna respecto a la Tierra. En consecuencia, posee un hemisferio permanentemente iluminado y otro sumido en una noche eterna. Entre ambos extremos se producen corrientes atmosféricas colosales capaces de arrastrar material alrededor del planeta.
Los investigadores descubrieron que la zona equivalente al amanecer es mucho más fría y está cubierta por nubes de minerales condensados, mientras que el lado del atardecer es más caliente y presenta una atmósfera más transparente. En esa región despejada emergen claramente las señales del vapor de agua.
➡️ «La mañana está nublada y la tarde despejada», resume el trabajo publicado en la revista Science. Pero detrás de esa frase aparentemente sencilla se esconde un mecanismo atmosférico extraordinariamente complejo.
Esquema de la geometría de observación de WASP-94A b durante su tránsito frente a su estrella. El gráfico muestra la diferencia entre el hemisferio del amanecer, cubierto de nubes minerales, y el lado del atardecer, mucho más despejado, así como la circulación de los intensos vientos ecuatoriales que transportan las nubes alrededor del planeta. Cortesía: Sagnick Mukherjee et al.
Un ciclo meteorológico extraterrestre nunca visto
Según los modelos elaborados por el equipo, las nubes se forman en la cara nocturna del planeta, donde las temperaturas descienden lo suficiente para que ciertos minerales se condensen en diminutas gotas suspendidas en la atmósfera. Después, los violentos vientos ecuatoriales transportan esas nubes hacia la región del amanecer. A medida que continúan desplazándose hacia el hemisferio diurno, el calor extremo termina evaporándolas.
El resultado es un auténtico ciclo meteorológico extraterrestre: nubes minerales que nacen en la noche, sobreviven durante el amanecer y desaparecen antes de alcanzar el atardecer.
Los autores plantean dos posibles explicaciones para este fenómeno:
1️⃣ Que los vientos eleven las nubes a gran altitud en la cara fría del planeta y luego las hundan hacia capas más profundas en el hemisferio caliente, ocultándolas antes del anochecer.
2️⃣ Que las nubes se formarían en la oscuridad del hemisferio nocturno y acabarían vaporizándose cuando alcanzan temperaturas superiores a los mil grados en la cara diurna. Esta opción recuerda a la disipación de la niebla matinal en la Tierra, aunque llevada al extremo.
Con enormes diferencias térmicas
Las observaciones fueron posibles gracias al instrumento Near Infrared Imager and Slitless Spectrograph o NIRISS del telescopio espacial James Webb, que fue diseñado para estudiar atmósferas exoplanetarias en el infrarrojo cercano. El equipo analizó un tránsito completo de WASP-94A b y detectó diferencias tan claras entre ambos bordes del planeta que el modelo atmosférico asimétrico resultó estadísticamente mucho más convincente que el tradicional modelo esférico uniforme.
«Fue una sorpresa enorme. La gente esperaba algunas diferencias, como que haga más frío por la mañana que por la tarde; eso es algo natural que experimentamos aquí en la Tierra —señala David Sing—. Pero lo que vimos fue una auténtica dicotomía entre el clima de ambos lados del planeta y enormes diferencias en la cobertura nubosa, y eso cambia por completo nuestra imagen del planeta».
Los datos revelaron además una diferencia térmica enorme entre ambos lados del planeta: unos 449 grados Kelvin, equivalentes a aproximadamente 176 ºC. Esa variación basta para determinar dónde las nubes pueden sobrevivir y dónde se evaporan.
El papel de las nubes minerales
El estudio también resuelve una cuestión que llevaba años dividiendo a los especialistas: qué son exactamente los aerosoles que cubren muchos exoplanetas. Algunos modelos proponían que eran nubes minerales formadas por condensación; otros defendían que se trataba de neblinas producidas por reacciones fotoquímicas impulsadas por la radiación ultravioleta de la estrella.
En WASP-94A b, los resultados favorecen claramente la primera explicación. Si las brumas fotoquímicas fueran dominantes, deberían concentrarse sobre todo en la parte iluminada del planeta y dispersarse hacia el atardecer. Sin embargo, las observaciones muestran justo lo contrario: el amanecer aparece cubierto mientras el atardecer está relativamente limpio.
Los autores concluyen que las nubes minerales, o sea, las formaciones atmosféricas compuestas por diminutas partículas de minerales condensados, en lugar de gotas de agua como las nubes terrestres, son las responsables principales de la opacidad atmosférica observada.
Vista artística de WASP-94A b, un Júpiter caliente situado a unos 700 años luz de la Tierra. El planeta presenta un marcado contraste atmosférico entre su amanecer cubierto de nubes minerales y su hemisferio diurno, donde las altas temperaturas evaporan rápidamente esas formaciones. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Por qué este descubrimiento es importante para la astronomía
La investigación tiene implicaciones mucho más profundas que la simple descripción meteorológica de un planeta lejano. El verdadero problema es que las nubes pueden distorsionar gravemente las mediciones químicas. Cuando los astrónomos observan un exoplaneta sin distinguir entre sus distintas regiones atmosféricas, las señales químicas aparecen diluidas.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en este caso. Al analizar el planeta como si fuera uniforme, la abundancia de elementos pesados —la llamada metalicidad— parecía mucho mayor que cuando se estudian separadamente las regiones nubosas y despejadas.
La diferencia no es menor. Según el estudio, ignorar la asimetría atmosférica introduce sesgos estadísticos superiores a cuatro desviaciones estándar, suficientes para alterar de forma sustancial la interpretación científica del planeta.
El James Webb supera una de las grandes limitaciones del telescopio Hubble
🗣️ «Con el telescopio Hubble, cuando hacíamos este tipo de observaciones, obteníamos una visión promedio de todo el planeta, con los datos de las nubes y de la atmósfera mezclados e imposibles de distinguir —explica Sagnick Mukherjee, primer autor del trabajo e investigador posdoctoral de la Universidad Estatal de Arizona. Y añade—: Este enfoque con el James Webb nos permite localizar nuestras observaciones, lo que nos ayudó a observar el ciclo de las nubes».
En otras palabras: muchos exoplanetas observados hasta ahora podrían haber sido mal interpretados.
Ese hallazgo preocupa especialmente porque la caracterización química de las atmósferas es una de las herramientas fundamentales para reconstruir cómo se forman los sistemas planetarios. Las proporciones de carbono, oxígeno o metales permiten inferir dónde nació un planeta, cómo migró y qué procesos dominaron su evolución.
Si las nubes alteran esas mediciones, parte de las conclusiones obtenidas durante la última década podrían necesitar revisión.
El hallazgo podría afectar a cientos de estudios sobre exoplanetas
De hecho, cuando los investigadores analizaron específicamente la región despejada del planeta descubrieron que WASP-94A b se parecía mucho más a Júpiter de lo que se pensaba. Los datos anteriores, contaminados por las nubes, sugerían concentraciones de oxígeno y carbono cientos de veces superiores a las de Júpiter, algo difícil de explicar con los modelos de formación planetaria.
Las nuevas observaciones indican ahora cantidades mucho más moderadas.
Los investigadores creen además que este fenómeno no se limita a los Júpiteres calientes. Mundos más pequeños, como los subneptunos —planetas intermedios entre la Tierra y Neptuno— podrían presentar problemas similares. Muchos de ellos muestran ya señales de atmósferas cubiertas por aerosoles densos.
Una nueva era para el estudio de exoplanetas
El trabajo ilustra también el enorme salto tecnológico que representa el telescopio espacial James Webb. Hasta hace pocos años, distinguir químicamente el amanecer y el atardecer de un planeta situado fuera del Sistema Solar pertenecía casi al terreno de la ciencia ficción. Hoy empieza a convertirse en una herramienta rutinaria de la astronomía exoplanetaria.
La precisión alcanzada es tal que los científicos incluso detectaron indicios de helio metaestable escapando de la atmósfera del planeta, una señal de pérdida atmosférica acelerada provocada por el intenso calor estelar.
WASP-94A b no es un lugar para la vida
Más allá de los detalles técnicos, el descubrimiento aporta algo aún más sugerente: una primera visión de la meteorología de mundos alienígenas. Durante décadas, los exoplanetas eran simples puntos oscuros inferidos indirectamente. Después llegaron las primeras atmósferas. Ahora comienzan a emerger sus estaciones imposibles, sus corrientes globales y sus ciclos nubosos minerales.
WASP-94A b no es un lugar habitable. Sus temperaturas abrasadoras y sus vientos extremos lo convierten en un infierno gaseoso. Pero precisamente por eso funciona como un laboratorio natural ideal para estudiar cómo se comporta la materia en condiciones extremas.
Y, sobre todo, recuerda hasta qué punto la astronomía está entrando en una nueva etapa: ya no se limita a detectar exoplanetas, sino que empieza a observarlos casi como auténticos mundos meteorológicos, con mañanas cubiertas de nubes y tardes despejadas a cientos de años luz de la Tierra.▪️(23-mayo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: WASP-94A b y Nubes
☁️ ¿Qué es un exoplaneta?
Un exoplaneta es un planeta situado fuera del Sistema Solar que orbita alrededor de otra estrella.
☁️ ¿Qué es un Júpiter caliente?
Es un planeta gigante gaseoso parecido a Júpiter, pero que orbita extremadamente cerca de su estrella y alcanza temperaturas muy elevadas.
☁️ ¿Qué descubrió el telescopio James Webb?
El James Webb detectó por primera vez un ciclo diario de formación y evaporación de nubes en un exoplaneta llamado WASP-94A b.
☁️ ¿Por qué es importante este hallazgo?
Porque permite estudiar con mucha más precisión las atmósferas de exoplanetas y corregir errores en mediciones químicas anteriores.
☁️ ¿De qué están hechas las nubes de WASP-94A b?
Los investigadores creen que están formadas principalmente por minerales como el silicato de magnesio, un componente habitual de muchas rocas.
Información facilitada por laJohns Hopkins University
Fuente: Sagnick Mukherjee et al. Cloudy mornings and clear evenings on a gas giant exoplanet. Science (2026). DOI:10.1126/science.adx5903

