Bubbles, el delfín que persigue a los peces hasta que vomitan para robarles la comida

Un delfín mular de la Gran Barrera de Coral australiana acosa a grandes peces depredadores hasta que regurgitan sus presas y, a continuación, se apodera de ellas. El comportamiento constituye uno de los primeros casos bien documentados de cleptoparasitismo en un cetáceo.

Por Enrique Coperías, periodista científico

El fotograma capta el momento en que un jurel, perseguido de cerca por Bubbles, regurgita su última comida. El delfín interrumpe entonces el acoso para apoderarse de los restos expulsados, una conducta compatible con el cleptoparasitismo.

El fotograma capta el momento en que un jurel, perseguido de cerca por Bubbles, regurgita su última comida. El delfín interrumpe entonces el acoso para apoderarse de los restos expulsados, una conducta compatible con el cleptoparasitismo. Cortesía: Michael Ingram / Ecology and Evolution.

Bubbles no parece interesado en capturar a los peces que persigue. Cuando encuentra un banco de jureles plateados (Caranx sexfasciatus) en las aguas poco profundas de la isla Lady Elliot, en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral australiana, el delfín se aproxima lentamente, mueve la cabeza de un lado a otro y emite una sucesión de chasquidos.

Después escoge un ejemplar, ignora a los demás y se lanza tras él. La persecución termina cuando el jurel regurgita lo que había comido. Entonces Bubbles abandona el hostigamiento al jurel, recoge los restos expulsados y se los traga.

El comportamiento, descrito en la revista Ecology and Evolution por un equipo de zoólogos marinos encabezado por Romney Edwards-Francis y Asia O. Armstrong, de la University of the Sunshine Coast (Australia), constituye la primera observación directa y repetida de una posible estrategia de cleptoparasitismo en un cetáceo.

Qué es el cleptoparasitismo

El cleptoparasitismo es una forma de competencia en la que un animal roba el alimento capturado o conseguido previamente por otro. El ladrón obtiene una recompensa energética mientras la víctima pierde tanto la comida como el esfuerzo invertido en encontrarla.

Esta estrategia alimenticia es frecuente entre aves marinas —las fragatas, por ejemplo, son maestras en obligar a otras aves a soltar sus presas— y también se ha documentado en insectos, reptiles, peces y algunos mamíferos.

En los océanos resulta mucho más difícil observarla. La mayor parte de las persecuciones ocurre bajo el agua, fuera del alcance de los investigadores, y presenciar una regurgitación no basta para demostrar el robo: también es necesario comprobar que el perseguidor consume el alimento expulsado por el perseguido.

El vídeo muestra cómo Bubbles acosa a un jurel plateado  hasta que regurgita su última comida y, acto seguido, se apodera de los restos expulsados.

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Bubbles, el delfín que persigue a los peces hasta hacerlos vomitar

El vídeo muestra cómo Bubbles acosa a un jurel plateado hasta que regurgita su última comida y, acto seguido, se apodera de los restos expulsados. Esta insólita estrategia constituye uno de los primeros casos bien documentados de cleptoparasitismo en un cetáceo. Crédito: Michael Ingram / Ecology and Evolution.

Veinte persecuciones y once robos de comida

Bubbles es un macho adulto de delfín mular común (Tursiops truncatus) conocido desde al menos el año 2017 por el personal del complejo turístico de Lady Elliot. La isla, situada unos 80 kilómetros mar adentro, está rodeada por una extensa plataforma coralina. Los encuentros ocurrieron junto a su costa occidental, a menos de 100 metros de la orilla y en aguas de menos de diez metros de profundidad.

Las muescas de su aleta dorsal y una cicatriz en forma de V en el costado derecho permitieron a los científicos confirmar que el protagonista de todas las grabaciones era el mismo individuo.

Entre junio de 2021 y octubre de 2025, investigadores, buceadores y visitantes registraron con cámaras GoPro 20 secuencias de búsqueda de alimento por parte de Bubbles.

En 11 de esas secuencias se observó el proceso completo, que puede resumirse en seis pasos:

1️⃣ Bubbles examinaba el banco de peces.

2️⃣ Seleccionaba un jurel concreto.

3️⃣ Lo perseguía a corta distancia.

4️⃣ El pez regurgitaba su última comida.

5️⃣ El delfín ingería el alimento expulsado.

6️⃣ Bubbles regresaba al banco y buscaba una nueva víctima.

En una de las sesiones, el delfín repitió la operación hasta diez veces en media hora. Cuando necesitaba subir a la superficie para respirar, parecía retomar después el acoso al mismo ejemplar.

Los investigadores nunca observaron que Bubbles se comiera los jureles perseguidos ni que aplicara la estrategia a otras especies. Tampoco vieron a otros delfines colaborando con él, por lo que, hasta ahora, el comportamiento parece ser una especialización individual.

Una secuencia demasiado precisa para parecer accidental

La conducta de Bubbles sigue un orden inmutable. Primero explora el banco mientras desplaza la cabeza de un lado a otro y utiliza la ecolocalización. Después concentra su atención en un solo pez, aumenta la velocidad y reproduce sus cambios de dirección.

La persecución termina en cuanto el jurel expulsa su comida. Bubbles deja entonces que el pez escape y se abalanza sobre los restos regurgitados.

La repetición de esta secuencia durante varios años sugiere que no se trata simplemente de aprovechar un vómito fortuito. El delfín podría haber convertido la regurgitación en el objetivo principal de su estrategia.

Armstrong explica en la revista Science que Bubbles quizá intentara inicialmente capturar los jureles y descubriera por casualidad una recompensa más accesible. Después de conseguir aquella comida más fácil, pudo sustituir la captura directa por el robo de las presas que los peces ya habían ingerido.

Cuatro imágenes de Bubbles, tomadas entre 2022 y 2025.

Cuatro imágenes de Bubbles, tomadas entre 2022 y 2025. Los investigadores confirmaron que se trataba siempre del mismo ejemplar gracias a las muescas de su aleta dorsal, señaladas con flechas, y al característico patrón de cicatrices de su costado derecho, enmarcado en rojo. Créditos: Jayne Jenkins (A), Pieter Demmers (B), Victoria Kronsell (C) y Michael Ingram (D) / Ecology and Evolution.

Robar comida puede resultar más rentable que cazar

El tamaño de los jureles refuerza esta explicación. Vivienne Foroughirad, bióloga marina de la Universidad Texas A&M, en Estaos Unidos, que no participó en el estudio, recuerda en la misma información de Science que estos peces son grandes y exigen tiempo y esfuerzo para ser capturados, manipulados y consumidos.

Los pequeños peces parcialmente digeridos que regurgitan constituyen bocados mucho más manejables. En términos energéticos, Bubbles estaría aprovechándose del trabajo realizado por otro depredador: utiliza al jurel como cazador y como una improvisada despensa submarina.

Esta interpretación encaja con la teoría del forrajeo óptimo, según la cual los animales tienden a adoptar las decisiones que les proporcionan más energía con el menor coste posible.

En este sentido, el cleptoparasitismo resulta especialmente rentable cuando concurren dos condiciones:

✅ Existen víctimas abundantes y relativamente previsibles en sus conductas.

✅ El ladrón puede reconocer el momento adecuado para intervenir.

Los bancos de jureles de Lady Elliot cumplen ambos requisitos. Sin embargo, el estudio no ha calculado cuánta energía consume Bubbles durante las persecuciones ni cuánto alimento obtiene en cada regurgitación. Por tanto, todavía no se puede afirmar que la estrategia sea más rentable que la caza directa.

¿Y puede Bubbles saber qué peces acaban de comer?

El delfín podría disponer de una forma muy precisa de elegir a sus víctimas. Los cetáceos odontocetos utilizan la ecolocalización para interpretar los ecos producidos por sus chasquidos y pueden distinguir pequeñas diferencias en el tamaño, la forma, la estructura y la composición de los objetos.

Las vejigas natatorias de los peces producen señales acústicas características. Los autores plantean que Bubbles podría detectar cuáles de los jureles han comido recientemente y concentrar sus esfuerzos en aquellos que llevan el estómago lleno.

Por ahora es solo una hipótesis. Las grabaciones muestran que el delfín inspecciona el banco antes de seleccionar a un individuo, pero no demuestran que pueda detectar acústicamente el contenido de su aparato digestivo.

Los misteriosos sonidos que acompañan a la persecución

Los sonidos emitidos durante la persecución añaden otro capítulo de misterio. En un vídeo de 75 segundos con suficiente calidad acústica se contabilizaron doscintas vocalizaciones.

La mayoría eran sonidos tonales de baja frecuencia, acompañados por intensos trenes de chasquidos de ecolocalización. Estas señales aparecieron durante la persecución y cesaron después de la regurgitación.

Jeremy Kiszka, ecólogo marino de la Universidad Internacional de Florida, en Estados Unidos, y coautor del estudio, sostiene que el delfín combina la persecución con los sonidos graves para conseguir que los jureles expulsen su comida.

Los científicos todavía no saben cómo se produciría ese efecto. Existen al menos tres explicaciones posibles:

✅ Los sonidos podrían aumentar el estrés del pez.

✅ El esfuerzo físico de la persecución podría provocar la regurgitación.

✅ El jurel podría expulsar voluntariamente la comida como señuelo para que el delfín interrumpa el ataque.

La prudencia se antoja necesaria, ya que el análisis acústico procede de una sola grabación. Serán necesarias nuevas observaciones y mediciones para demostrar si existe una relación causal entre las vocalizaciones y el vómito de los peces.

Uno de los pocos robos de comida documentados en cetáceos

Hasta ahora solo existían indicios dispersos de cleptoparasitismo entre cetáceos. En dos episodios anteriores, falsas orcas, delfines de Risso y delfines francos septentrionales hostigaron a cachalotes que terminaron regurgitando. Sin embargo, no se pudo comprobar que los perseguidores consumieran lo expulsado.

La bióloga marina Janet Mann describió también en 2015 a un delfín de Shark Bay, en Australia, que robaba peces capturados por cormoranes y llegaba a perseguir a las aves durante cientos de metros para hacerse con el botín.

El caso de Bubbles aporta las pruebas que faltaban: la repetición durante varios años de una misma cadena de comportamientos y el consumo filmado del alimento sustraído.

Un delfín mular del Indo-Pacífico transporta una esponja marina sobre el hocico en Shark Bay, frente a la costa occidental de Australia.

Un delfín mular del Indo-Pacífico transporta una esponja marina sobre el hocico en Shark Bay, frente a la costa occidental de Australia. Esta herramienta le permite protegerse mientras explora el fondo y acceder a peces ocultos que difícilmente podría capturar de otro modo. Cortesía: Dolphin Innovation Project, Shark Bay, Australia.

Delfines capaces de inventar nuevas formas de conseguir comida

La conducta de Bubbles forma parte del extraordinario repertorio alimentario de los delfines. Diferentes poblaciones han desarrollado técnicas adaptadas a las condiciones concretas de su entorno.

En Shark Bay, algunos delfines protegen su hocico con esponjas marinas para buscar peces ocultos en el fondo. Un estudio publicado en 2025 en la revista Royal Society Open Science concluyó que las esponjas distorsionan la ecolocalización, por lo que dominar la técnica exige años de aprendizaje y una notable flexibilidad sensorial. La conducta se transmite principalmente de madres a crías.

En el estuario del Tíber, en Italia, otros delfines acorralan a los mújoles contra la superficie del agua, los bloques de los espigones o sus propios compañeros. En Brasil, los delfines de Guayana levantan anillos de barro para encerrar peces y obligarlos a saltar, y también utilizan los márgenes de los manglares como barreras naturales.

Estas estrategias demuestran que los delfines no dependen de una única forma de cazar. Son capaces de experimentar, aprender y aprovechar las oportunidades particulares que ofrece cada ecosistema.

Secuencia completa del robo de alimento: Bubbles selecciona un jurel del banco, lo persigue hasta que regurgita y devora la comida expulsada mientras el pez escapa.

Secuencia completa del robo de alimento: Bubbles selecciona un jurel plateado, lo persigue hasta que regurgita y devora la comida expulsada mientras el pez escapa. Crédito: Michael Ingram / Ecology and Evolution.

¿Bubbles inventó la técnica o la aprendió de otro delfín?

Esta es una de las principales preguntas que quedan pendientes de resolver. Nunca se ha filmado a otro delfín imitando el comportamiento, aunque en 2018 Bubbles fue observado junto a otro adulto y una cría mientras interactuaba con un banco de jureles.

Si algún individuo joven llegara a copiar la estrategia, una innovación personal podría transformarse en una tradición local. Los delfines poseen una gran capacidad de aprendizaje social y algunas de sus técnicas de alimentación se transmiten entre compañeros o de madres a crías.

Por ahora, sin embargo, las pruebas apuntan a una especialización de un solo animal. Tampoco permiten atribuirle una planificación consciente en sentido humano. Los investigadores pueden describir la secuencia y sus resultados, pero no saber exactamente qué intención tiene Bubbles cuando inicia cada persecución.

Una ventana a los comportamientos ocultos de los cetáceos

El estudio se basa en un número limitado de observaciones oportunistas, algunas grabadas por visitantes de la isla. No demuestra que el cleptoparasitismo sea frecuente entre los delfines ni confirma que las vocalizaciones provoquen directamente la regurgitación.

Sí revela la capacidad de un depredador para convertir la respuesta de otro animal en una fuente habitual de alimento. También sugiere que numerosas innovaciones de los cetáceos podrían pasar inadvertidas porque suceden bajo la superficie.

Las cámaras instaladas en los propios animales, los drones y los sistemas de grabación acústica permitirán comprobar si existen otros delfines que emplean estrategias semejantes. Bubbles quizá sea una excepción, pero también podría ser el primer ladrón submarino al que la ciencia ha conseguido sorprender con pruebas suficientes. ▪️(22-septiembre-2026)

⏱️ LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un ladrón submarino: Bubbles, un delfín mular de la Gran Barrera de Coral, persigue a jureles hasta que regurgitan su última comida y después se apodera de ella.
  • Una conducta excepcional: es la primera descripción directa, repetida y detallada de cleptoparasitismo en un cetáceo, es decir, del robo de alimento conseguido por otro animal.
  • Once casos documentados: entre 2021 y 2025, los científicos registraron 20 secuencias de alimentación y comprobaron el robo de comida en 11 de ellas.
  • Hasta diez veces en media hora: Bubbles puede repetir la maniobra sucesivamente con distintos peces de un mismo banco.
  • Una selección muy precisa: antes de atacar, el delfín examina el banco mediante ecolocalización y escoge un ejemplar concreto, quizá porque detecta que acaba de comer.
  • El sonido podría ser decisivo: durante la persecución emite intensos chasquidos y sonidos de baja frecuencia que podrían aumentar el estrés del pez y favorecer la regurgitación.
  • Comida fácil, pero no gratuita: robar las presas ingeridas por los jureles podría resultar más rentable que capturar y manipular directamente a estos grandes peces.
  • Una innovación individual: hasta ahora, solo Bubbles ha sido observado utilizando esta técnica, por lo que se desconoce si la inventó por sí mismo o la aprendió de otro delfín.
  • Fuente: Romney Edwards-Francis, Jeremy J. Kiszka, Michael Ingram, Pieter Demmers, Jacinta Shackleton, Eric A. Ramos, Asia O. Armstrong. Repeated Observations Suggesting Kleptoparasitism by a Common Bottlenose Dolphin (Tursiops truncatus) on the Great Barrier Reef. Ecology and Evolution (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/ece3.74270

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