Las rocas de Marte desvelan al menos tres episodios de agua en el cráter Jezero

Lo que parecía la antigua orilla de un lago marciano esconde una historia mucho más compleja. El róver Perseverance ha hallado huellas de aguas subterráneas, posibles aguas lacustres y fluidos hidrotermales que refuerzan el interés astrobiológico de Jezero.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Cuando el róver Perseverance de la NASA alcanzó en septiembre de 2023 el borde interior del cráter Jezero, los científicos esperaban encontrarse con los restos de una antigua playa marciana. Las imágenes tomadas desde la órbita mostraban allí una franja rica en carbonatos que parecía seguir el contorno de un lago desaparecido.

Era un lugar especialmente prometedor: en la Tierra, los sedimentos finos y los carbonatos de lagos poco profundos pueden conservar durante miles de millones de años señales químicas de ambientes habitables e incluso restos de actividad microbiana.

Pero Marte volvió a desbaratar las previsiones. En lugar de una sencilla acumulación de arenas y lodos depositados junto al agua, Perseverance encontró rocas ígneas ricas en olivino, un mineral formado a altas temperaturas y habitual en basaltos y otras rocas volcánicas.

El aspecto y la composición de estos materiales indican que se originaron a partir de magma, probablemente bajo la superficie marciana. El enfriamiento fue lo bastante lento como para permitir el crecimiento de cristales relativamente grandes.

El descubrimiento, publicado en la revista Communications Earth & Environment, no eliminó el agua de la historia. Al contrario: convirtió aquella zona, conocida como Margin Unit o unidad del Margen, en un archivo geológico mucho más complejo de lo previsto.

Las rocas habían entrado en contacto con agua al menos tres veces, bajo condiciones químicas y térmicas diferentes. Cada episodio modificó parcialmente las huellas dejadas por el anterior, como si varias historias se hubieran escrito una encima de otra en la misma página mineral.

La antigua orilla de Jezero era más compleja de lo esperado

🗣️ «Antes de que llegáramos a Margin Unit , la principal hipótesis, derivada de las observaciones orbitales, era que el carbonato visto desde el espacio se había formado por interacción con el lago que existió en Jezero» explica en la nota difundida por la NASA Candice Bedford, investigadora de la Universidad Purdue, en Estados Unidos, y autora principal del estudio.

Los nuevos resultados indican, sin embargo, que este lugar fue una especie de encrucijada de sistemas acuosos.

«Ahora sabemos que esta zona se convirtió en un punto de encuentro para distintos sistemas relacionados con el agua», añade Bedford

La relevancia del hallazgo trasciende el propio cráter. Jezero se encuentra dentro de una de las mayores extensiones de rocas carbonatadas conocidas en Marte. Comprender cómo se formaron sus carbonatos puede ayudar a reconstruir la historia del agua, el dióxido de carbono y la habitabilidad del planeta rojo.

Vista orbital de la posición aproximada del róver Perseverance y del helicóptero Ingenuity en el cráter Jezero.

Vista orbital de la posición aproximada del róver Perseverance y del helicóptero Ingenuity en el cráter Jezero. El terreno claro y fracturado situado a la izquierda de la imagen, unos 400 metros por delante del róver, corresponde a la unidad carbonatada del Margen, cuyas rocas conservan las huellas de varios episodios de agua en el antiguo Marte. Cortesía: NASA/JPL-Caltech

Cómo ha leído el róver la historia de estas rocas

La reconstrucción se apoya principalmente en la SuperCam, el conjunto de cámaras y espectrómetros instalado en el mástil del Perseverance.

Su láser puede alcanzar rocas situadas hasta a 6,5 metros, vaporizar una cantidad diminuta de material y estudiar la luz emitida por el plasma resultante. Esa especie de huella luminosa permite averiguar la composición química del objetivo. El equipo de investigadores combinó estos datos con imágenes de alta resolución y mediciones espectroscópicas de más de 185 objetivos rocosos distribuidos por la unidad, a lo largo de un desnivel de unos 265 metros.

En las cotas más elevadas aparecieron rocas de grano grueso, formadas por cristales encajados unos con otros y apenas alteradas por el agua. Los investigadores las interpretan como parte de un cuerpo de magma que se enfrió lentamente bajo tierra y terminó aflorando después de que la erosión retirase los materiales situados encima.

Sin embargo, en las zonas más bajas, por debajo de uno de los niveles atribuidos al antiguo lago, la escena cambia: los cristales de olivino están fracturados y los espacios entre ellos aparecen ocupados por carbonatos y sílice. Cerca del antiguo delta también hay señales de que algunas rocas fueron erosionadas, transportadas y reelaboradas por el agua.

Primer episodio: aguas subterráneas ricas en dióxido de carbono

El episodio más antiguo comenzó cuando fluidos subterráneos ricos en dióxido de carbono circularon por las fracturas de las rocas. Estas aguas probablemente presentaban un pH neutro o alcalino.

Al reaccionar con el olivino, compuesto principalmente por hierro, magnesio, silicio y oxígeno, produjeron carbonatos que rellenaron las grietas.

Estos rellenos resistieron mejor que la roca circundante el desgaste posterior y hoy sobresalen como pequeñas crestas minerales. No se trató, por tanto, de carbonato depositado necesariamente en el fondo de un lago: una parte importante pudo formarse dentro de la propia roca por la circulación de agua subterránea.

Un estudio dirigido por Elise Clavé, del Instituto de Investigaciones Espaciales, en Berlín(Alemania) y publicado este mismo año en el Journal of Geophysical Research: Planets ya había mostrado que la carbonatación no fue uniforme en Jezero. Las rocas ígneas de Séítah, en el suelo del cráter, contendrían aproximadamente entre un 1 % y un 3 % de carbonato; las del abanico sedimentario, entre un 3 % y un 9 %; y la unidad oriental del Margen, hasta entre un 6% y un 16%.

Esa distribución respalda la idea de que el agua actuó con diferente intensidad según la permeabilidad, la posición y la historia de cada terreno.

El róver Perseverance perfora por abrasión la roca rica en carbonatos Old Faithful Geyser, situada en la unidad occidental del Margen del cráter Jezero.

El róver Perseverance perfora por abrasión la roca rica en carbonatos Old Faithful Geyser, situada en la zona oriental de la Margin Unit del cráter Jezero. La operación, realizada el 16 de mayo de 2024, permitió exponer material fresco y estudiar las huellas minerales dejadas por antiguos episodios de agua en Marte. Cortesía: NASA / JPL-Caltech

Segundo episodio: el lago o un nuevo sistema de aguas subterráneas

La segunda entrada de agua tuvo una composición diferente. Fluidos más fríos, más ácidos o con otra concentración de dióxido de carbono penetraron en las rocas y comenzaron a disolver y redistribuir parte de los carbonatos y el magnesio.

La reacción abrió nuevos poros y fracturó algunos cristales de olivino. En los espacios resultantes precipitó sílice, un mineral especialmente interesante porque puede contribuir a conservar señales químicas y estructuras microscópicas durante periodos geológicos muy prolongados.

🗣️ «Convertir el olivino en carbonato puede dejar sílice como residuo, y observamos una mayor cantidad de ella en las rocas situadas por debajo de la línea del agua», señala Eleni Ravanis, científica planetaria de la Universidad de Hawái en Mānoa y coautora de la investigación.

Ahora bien, el origen exacto de esos fluidos continúa abierto: pudieron proceder del propio lago de Jezero, corresponderse con un cambio en la composición del agua subterránea o resultar de ambos procesos. Otra investigación basada en las imágenes multiespectrales del Perseverance concluyó que los terrenos ricos en olivino de Séítah y de la unidad del Margen sufrieron grados de alteración muy distintos.

La conservación simultánea de olivino y carbonatos resulta especialmente reveladora: el olivino se disuelve con relativa facilidad cuando permanece expuesto al agua durante mucho tiempo, mientras que la formación de carbonatos suele necesitar la intervención de agua, explica Ravanis y sus colegas en un trabajo que también fue publicado en el Journal of Geophysical Research: Planets.

Tercer episodio: un sistema hidrotermal dejó fluorita

La última visita del agua dejó la señal más llamativa. En el sector oriental de la Margin Unit, el róver Perseverance examinó una veta mineral de unos 25 centímetros de grosor que se prolonga varios metros.

La estructura, denominada Point Cloates, contiene sulfato de calcio y fluorita. Esta última es un mineral compuesto por calcio y flúor que, en la Tierra, suele precipitar cuando agua caliente circula por rocas volcánicas.

La veta atraviesa fracturas y estructuras anteriores, lo que demuestra que se formó después de los episodios que produjeron los carbonatos y la sílice.

Los autores proponen que corresponde a un evento hidrotermal tardío, quizá impulsado por actividad volcánica o por el calor residual de materiales ígneos cercanos. El descubrimiento reciente de un posible edificio volcánico en el borde del cráter Jezero hace plausible esta explicación, aunque todavía no permite demostrarla.

El brazo robótico del Perseverance realiza análisis de proximidad sobre la zona de abrasión Eremita Mesa, en la Margen Unit del cráter Jezero.

El brazo robótico del Perseverance realiza análisis de proximidad sobre la zona de abrasión Eremita Mesa, en la Margin Unit del cráter Jezero. La imagen fue captada el 6 de septiembre de 2024 —sol 1261 de la misión— por una de las cámaras frontales de prevención de riesgos del róver. Cortesía: NASA / JPL-Caltech

Las rocas altas escaparon a gran parte de la alteración

La distribución vertical de las rocas aporta otra pista importante. En las cotas más elevadas aparecen materiales de grano grueso, formados por cristales encajados unos con otros y con escasas señales de exposición al agua.

Los investigadores los interpretan como parte de un cuerpo de magma que se enfrió lentamente bajo tierra. La erosión posterior habría retirado los materiales que lo cubrían hasta dejarlo expuesto en la superficie.

En las regiones más bajas, especialmente por debajo de uno de los niveles atribuidos al antiguo lago, la escena cambia. Los cristales de olivino aparecen fracturados y los huecos entre ellos están ocupados por carbonatos y sílice. Cerca del antiguo delta existen también señales de que algunas rocas fueron erosionadas, transportadas y reelaboradas por el agua.

Por qué estas reacciones interesan a la búsqueda de vida

El interés astrobiológico reside en lo que esas reacciones pudieron proporcionar y conservar. Cuando el agua altera rocas ricas en olivino puede desencadenar un proceso conocido como serpentinización. Esta reacción puede liberar hidrógeno, que en la Tierra sirve como fuente de energía para determinados microorganismos que viven en ambientes subterráneos y carecen de luz solar.

Un estudio reciente sobre la formación Séítah calcula que la serpentinización localizada en fracturas pudo generar entre 0,7 y 1,3 moles de hidrógeno por kilogramo de roca alterada, lo que origina un desequilibrio químico potencialmente útil para la vida microbiana. Carbonatos y sílice, además, son buenos materiales para atrapar y proteger señales químicas antiguas.

Nada de esto demuestra que existiera vida en Jezero. Sí indica que el cráter reunió durante distintos periodos tres ingredientes importantes para la habitabilidad: agua líquida, reacciones capaces de proporcionar energía y minerales con potencial para conservar huellas del pasado.

Además, en la formación Bright Angel, situada junto al canal que alimentó Jezero, el róver ya había encontrado minerales y compuestos orgánicos asociados a reacciones de oxidación y reducción que merecen considerarse posibles biofirmas, pero también pueden explicarse mediante procesos no biológicos. La lección es la misma: en Marte, la habitabilidad y la existencia de vida son preguntas relacionadas, aunque no equivalentes.

Las muestras que podrían resolver la historia

El róver Perseverance ha recogido en la unidad del Margen las muestras Pelican Point, Lefroy Bay y Comet Geyser, que permanecen almacenadas en tubos sellados.

Si algún día estos materiales pueden ser trasladados a la Tierra, los laboratorios podrán medir con mucha mayor precisión la edad, la temperatura y la composición de los fluidos que atravesaron las rocas. También podrían buscar señales orgánicas o isotópicas imposibles de confirmar con los instrumentos disponibles en el róver.

La antigua orilla de Jezero no fue, en definitiva, una frontera inmóvil entre tierra y agua. Fue un escenario cambiante donde actuaron el magma, la erosión, el lago, diferentes sistemas de aguas subterráneas y probablemente el calor interno de Marte.

Las rocas no conservan la imagen sencilla de un planeta húmedo que se volvió seco de forma repentina. Narran una historia más compleja: el agua desapareció y regresó varias veces, circuló por la superficie y por el subsuelo y fue cambiando de temperatura y composición. Reconstruir esos episodios será esencial para averiguar durante cuánto tiempo el planeta rojo mantuvo lugares potencialmente habitables.▪️(22-septiembre-2026)

  • Información facilitada por la NASA

  • Fuente: Bedford, C. C., Ravanis, E., Wiens, R. C. et al. Lake- and groundwater-associated alteration of the olivine-rich Margin unit in Jezero crater, Mars. Communications Earth & Environment (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s43247-026-03997-9

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