Cómo los filtros faciales y los estereotipos históricos están cambiando la forma en que vemos nuestra nariz

Una investigación de la Universidad Edith Cowan analiza cómo los filtros faciales, las redes sociales y la cultura visual contemporánea están reforzando antiguos estereotipos de género, raza y belleza asociados a la nariz. El estudio conecta prácticas digitales actuales con una larga historia de exclusión simbólica.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Los filtros faciales y la cultura visual contemporánea no solo modifican imágenes: reactivan siglos de estereotipos sobre el cuerpo.

Los filtros faciales y la cultura visual contemporánea no solo modifican imágenes: reactivan siglos de estereotipos sobre el cuerpo. Una investigación universitaria revela cómo la forma de la nariz sigue siendo un campo de batalla entre belleza, identidad y poder en la era digital. Crédito: IA-Copilot-RexMolón Producciones

«Érase un hombre a una nariz pegado. Érase una nariz superlativa. Érase una nariz sayón y escriba. Érase un peje espada muy barbado» cuenta el famoso soneto satírico escrito por Francisco de Quevedo en el siglo XVII, dirigido contra su rival Luis de Góngora. Nuestro apéndice nasal es mucho más que un órgano para respirar u oler. Funciona como una frontera simbólica donde se proyectan miedos, prejuicios, jerarquías sociales y aspiraciones estéticas.

Hoy, en plena era de Instagram, los filtros faciales y la cirugía estética, esa vieja carga histórica no ha desaparecido: se ha digitalizado. Una nueva investigación de la Universidad Edith Cowan, en Australia, muestra cómo los ideales contemporáneos de belleza facial, aparentemente neutros y tecnológicos, están profundamente enraizados en estereotipos de género, raciales y religiosos que se remontan a la Edad Media.

La autora del estudio, la investigadora Laura Glitsos, coordinadora principal de Estudios Culturales y de Medios de Comunicación en la Facultad de Humanidades Creativas de la citada universidad, parte de una paradoja: la nariz es un órgano multisensorial, clave para la experiencia corporal, pero en la cultura visual actual ha quedado reducida casi exclusivamente a una cuestión de forma. Recta o curva, pequeña o prominente, armónica o excesiva.

«Aunque la nariz es un órgano sensorial vital, las plataformas digitales la han reducido a un rasgo visual idealizado, que a menudo se ajusta a estrechos estándares de belleza eurocéntricos», explica la investigadora.

Filtros faciales y estándares de belleza en redes sociales

Las redes sociales, dominadas por la imagen y por un ideal estético homogéneo, han intensificado esta reducción. En ese proceso, sostiene Glitsos, no solo se empobrece la experiencia del cuerpo, sino que se reactivan antiguas políticas de exclusión.

🗣️ «Los filtros faciales, las herramientas de edición fotográfica y las tendencias de belleza remodelan de forma constante las narices hacia un ideal pequeño, recto y occidental —señala Glitsos—. Esto refuerza la idea de que algunas narices son más aceptables que otras, una idea con raíces históricas profundas».

La historia ayuda a entender por qué. En la tradición cristiana occidental, la nariz fue durante siglos un marcador moral. En el arte religioso medieval, los santos se representaban con narices finas y rectas, asociadas a la ascética y a la elevación espiritual. Por contraste, las narices grandes o curvas se vincularon a lo terrenal, lo desordenado y lo peligroso.

Imagen coloreada de Frau Perchta, una figura folclórica de nariz aguileña temida de las regiones alpinas (Austria/Alemania) que deambula durante los doce días de Navidad, especialmente víspera de Epifanía.

Imagen coloreada de Frau Perchta, una figura folclórica de nariz aguileña temida de las regiones alpinas (Austria/Alemania) que deambula durante los doce días de Navidad, especialmente víspera de Epifanía. Conocida como la bruja del invierno, castiga a los perezosos y mentirosos, abriéndoles el vientre y rellenándolo con paja y piedras. 

De la bruja medieval a Instagram: una herencia visual

Esa lógica simbólica cristalizó en figuras como la bruja: una mujer percibida como amenazante, sexual o socialmente indócil, cuya nariz prominente funcionaba como señal visible de su supuesta desviación.

Las imágenes medievales que muestran a santos castigando a brujas agarrándolas por la nariz no son simples curiosidades iconográficas. Para Glitsos, condensan una pedagogía del miedo: la nariz se convierte en el lugar donde se castiga el exceso femenino, el poder no autorizado y la transgresión del orden patriarcal.

Esa asociación entre nariz, género y amenaza no desapareció con el paso del tiempo; se transformó y se adaptó a nuevos lenguajes culturales.

Nariz, racismo y estereotipos antisemitas

Algo similar ocurrió con la construcción del estereotipo antisemita. Desde al menos el siglo XII, la iconografía cristiana comenzó a representar a los judíos con narices exageradas o ganchudas. No se trataba de describir rasgos reales, sino de crear una diferencia visible que justificara la exclusión, la persecución y la violencia.

🗣️ «Desde las brujas marcadas por narices exageradas hasta los villanos del cine clásico codificados visualmente como el otro, la nariz se ha utilizado durante mucho tiempo como un atajo para el juicio moral y la diferencia», resume la investigadora.

Ese imaginario culminó trágicamente en el siglo XX, cuando la propaganda nazi convirtió la nariz judía en una amenaza biológica. Pero sus efectos no se limitaron a ese contexto histórico extremo. La investigación muestra cómo, todavía hoy, muchas personas asocian la forma de su nariz con una identidad racial o étnica históricamente estigmatizada, y cómo ese vínculo sigue generando vergüenza, inseguridad y deseo de corrección estética.

Un hombre se somete a la medición de su nariz durante una prueba racial bajo las Leyes de Núremberg en la Alemania nazi, utilizadas para determinar si una persona era considerada judía (1940).

Un hombre se somete a la medición de su nariz durante una prueba racial bajo las Leyes de Núremberg en la Alemania nazi, utilizadas para determinar si una persona era considerada judía (1940).

Rinoplastia, identidad y presión estética
Para analizar cómo operan estos legados en la actualidad, Glitsos se adentra en un territorio poco explorado por la investigación académica: los foros de redes sociales. En concreto, analiza casi mil publicaciones y miles de comentarios del subreddit r/Noses, una comunidad online dedicada a hablar de narices, compartir fotos y debatir sobre estética, identidad y cirugía estética. Lo que encuentra allí es una radiografía íntima del impacto cotidiano de siglos de estereotipos.

Los mensajes se repiten con una inquietante familiaridad: personas que cuentan que desde la infancia les dijeron que tenían nariz de bruja; usuarios que relatan burlas por tener una nariz judía; jóvenes que dudan si someterse a una rinoplastia para pasar desapercibidos; otros que intentan resignificar esos rasgos como símbolos de herencia, carácter o belleza singular. La violencia simbólica no siempre aparece en forma de insulto explícito; a menudo se filtra como una expectativa social: la idea de que cierta nariz no encaja.

En ese contexto, la cirugía estética, y en particular la rinoplastia, aparece como una tecnología ambigua. Por un lado, ofrece la posibilidad de modificar un rasgo que causa sufrimiento real. Por otro, sostiene el estudio, funciona históricamente como una herramienta para blanquear el rostro, alineándolo con un ideal eurocéntrico presentado como universal.

r/Noses es un subreddit de Reddit donde usuarios comparten fotos y experiencias sobre sus narices para hablar de estética, identidad, inseguridades y aceptación, y debatir tanto la cirugía como la diversidad facial desde un enfoque generalmente de apoyo.

Filtros que ejercen una amplificación de narices

Los filtros faciales amplifican esta presión. Al modificar automáticamente la nariz, normalizan una estética dominante y la convierten en referencia cotidiana. El resultado es una pedagogía algorítmica del rostro. «Las redes sociales no han inventado estas ideas” —advierte Glitsos—. Las han heredado y amplificado a una escala sin precedentes».

El impacto psicológico de este fenómeno es visible en los testimonios recogidos. «Muchos usuarios creían que su nariz arruinaba su rostro tras años de exposición a imágenes filtradas y beauty influencers», explica la investigadora.

Otros, en cambio, relatan haber aprendido a apreciar su nariz tras alejarse de esos estándares digitales.

r/Noses: redes sociales como espacio de resistencia

Sin embargo, el estudio no se queda en el diagnóstico pesimista. En el mismo espacio digital donde se reproducen prejuicios, también emergen formas de resistencia. En r/Noses, muchas personas cuestionan los estándares de belleza, comparten procesos de aceptación corporal y celebran la diversidad facial. La nariz funciona aquí como un símbolo identitario capaz tanto de herir como de unir.

🗣️ «Comunidades como r/Noses celebran la diversidad nasal y permiten compartir el orgullo por narices ligadas a la herencia familiar, la etnicidad y la identidad, incluidas aquellas históricamente marcadas por el racismo o el sexismo», señala Glitsos.

En estos espacios, añade,«“las personas desaprenden la vergüenza y se apoyan mutuamente. La nariz se convierte en un lugar donde la historia personal, la ascendencia y la identidad se recuperan en lugar de borrarse».

Bold Glamour, el polémico filtro de belleza de TikTok que puede generar problemas en la salud mental, según los expertos.

Bold Glamour, el polémico filtro de belleza de TikTok que puede generar problemas en la salud mental, especialmente entre los jóvenes, según los expertos.

Identidad, autoestima y cuerpo en la era digital

La conclusión del estudio es tan sencilla como incómoda: la nariz no es solo carne, hueso y cartílago. Es una idea cultural. Una superficie donde se inscriben siglos de religión, ciencia, racismo, misoginia y tecnología.

Entender por qué miramos las narices como las miramos —y por qué queremos cambiarlas— obliga a mirar más allá del espejo y del filtro, hacia una historia larga y activa.

Hablar de narices en internet no es frívolo. Es una forma contemporánea de debatir quién puede ser visible, quién debe corregirse y quién tiene derecho a existir tal como es. En un mundo obsesionado con la imagen, aprender a mirar de otro modo sigue siendo un acto político. «La nariz no es solo un órgano — concluye la investigadora—. Es el lugar donde la historia, la cultura y la política dejan su huella en nuestros cuerpos».▪️(30-enero-2026)

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