Descubren un tiranosaurio colosal de hace 74 millones de años que podría cambiar el origen del «Tyrannosaurus rex»
Un descomunal tiranosaurio descubierto en Nuevo México está obligando a los paleontólogos a replantear el origen de los mayores depredadores del Cretácico. El fósil de una tibia de casi un metro sugiere que los tiranosaurios gigantes surgieron millones de años antes de lo que se creía… y posiblemente en el sur de Norteamérica.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de un tiranosaurio gigante del Cretácico tardío en los humedales del sur de Laramidia (actual suroeste de Estados Unidos), hace unos 74 millones de años, basada en las proporciones estimadas a partir de la tibia fósil descubierta en Nuevo México. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Desde que Steven Spielberg lo convirtió en protagonista de Jurassic Park, el Tyrannosaurus rex ha encarnado en el imaginario popular al depredador más temible de la prehistoria. Sin embargo, nuevos hallazgos fósiles sugieren que la historia evolutiva de los tiranosaurios es más compleja —y más antigua— de lo que se pensaba.
Un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports nos avanza el descubrimiento de una enorme tibia que pertenecio a una especie aún desconocida de tiranosaurio que fue hallada en 1970 en Nuevo México y que podría cambiar la comprensión sobre dónde y cuándo surgieron los grandes tiranosaurios.
El fósil, con una antigüedad de unos 74 millones de años, apunta a la existencia de un depredador colosal en el sur de Norteamérica mucho antes de que apareciera el famoso T. rex. Si las interpretaciones de los investigadores son correctas, estos dinosaurios gigantes podrían haberse originado en el sur del continente y expandirse posteriormente hacia el norte.
Una pista inesperada: una tibia de dinosaurio de casi un metro
El hallazgo se basa en un único hueso, pero uno extraordinario. Se trata de una tibia izquierda de 96 centímetros de longitud y 12,8 centímetros de diámetro, que encontró el entonces estudiante de Paleontología Lucas Spencer en la Formación Kirtland, en la cuenca de San Juan (Nuevo México). Spencer, investigador del Museo de Ciencias e Historia Natural de Nuevo México, es el autor del artículo científico publicado en Scientific Reports, junto a Nicholas Longrich, Sebastian Dalman y Anthony R. Fiorillo.
Aunque pueda parecer poco material para sacar conclusiones, los paleontólogos saben que los huesos de las extremidades son especialmente informativos. Al soportar el peso del animal, su tamaño y proporciones están estrechamente relacionados con la masa corporal del dinosaurio.
Comparado con el esqueleto más famoso de Tyrannosaurus rex —el ejemplar conocido como Sue—, el hueso hallado alcanza aproximadamente el 84% de la longitud y el 78% del grosor de su tibia.
Estas proporciones permiten estimar que el animal pudo pesar entre cuatro y casi seis toneladas, lo que hace que se sitúe entre los mayores depredadores del Cretácico conocidos del periodo Campaniense del Cretácico tardío.
Para ponerlo en contexto: la mayoría de los tiranosaurios de esa época alcanzaban un peso que oscilaba entre las dos y las tres toneladas. Es decir, el nuevo ejemplar sería significativamente más grande que sus dinosaurios carnívoros contemporáneos.
Reconstrucción hiperrealista de Sue, el Tyrannosaurus rex más completo jamás descubierto, en la exposición itinerante SUE: The T. rex Experience, del Field Museum de Chicago. La figura, de 12 metros de largo y más de cuatro de altura, reproduce con gran precisión la anatomía del célebre fósil hallado en la formación Hell Creek y ofrece una imagen aproximada del aspecto que pudieron tener los grandes tiranosaurios que dominaron Norteamérica al final del Cretácico. Cortesía: Field Museum
Un tiranosaurio gigante inesperadamente temprano
El fósil procede del llamado Miembro Hunter Wash de la Formación Kirtland, en Nuevo México, cuyos sedimentos están datados con precisión entre 74 y 75 millones de años gracias a análisis radiométricos y magnetoestratigráficos.
Esto es importante porque convierte al ejemplar en el tiranosaurio gigante más antiguo conocido en Norteamérica.
Hasta ahora, se creía que los tiranosaurios de gran tamaño aparecieron relativamente tarde en el registro fósil, culminando con el gigantesco Tyrannosaurus rex hace unos 66 millones de años. El nuevo fósil sugiere que el gigantismo en los tiranosaurios comenzó bastante antes.
¿Un pariente temprano del «Tyrannosaurus»?
Los investigadores no han podido asignar el hueso a una especie concreta. Sin embargo, su forma ofrece pistas importantes.
La tibia presenta varias características anatómicas que recuerdan a las de los tiranosaurinos, el grupo que incluye al Tyrannosaurus y a sus parientes asiáticos como el Tarbosaurus. Entre ellas destacan:
✅ Una estructura especialmente robusta.
✅ Un eje del hueso relativamente recto.
✅ Una expansión triangular pronunciada en el extremo distal del hueso.
Estas características aparecen en los tiranosaurios evolucionados, y son raras en especies más primitivas de tiranosaurios.
El análisis filogenético del estudio sitúa al fósil dentro del grupo Tyrannosaurini, el mismo linaje evolutivo que conduciría al Tyrannosaurus rex.
Esto abre la posibilidad de que el animal represente:
1️⃣ A un miembro temprano del linaje del Tyrannosaurus
2️⃣ A un pariente cercano aún desconocido.
3️⃣ A una especie temprana del propio género Tyrannosaurus.
Por ahora, los científicos se muestran prudentes. Con un solo hueso es imposible resolver definitivamente la identidad del dinosaurio.
El sur de Norteamérica como cuna de los tiranosaurios gigantes
Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento tiene que ver con la geografía evolutiva de los tiranosaurios.
Durante el Cretácico tardío, Norteamérica estaba dividida por un gran mar interior que separaba dos grandes regiones terrestres: Laramidia, al oeste; y Appalachia, al este.
En Laramidia, el territorio donde hoy se encuentran Estados Unidos y Canadá, diferentes especies de dinosaurios evolucionaron en regiones relativamente aisladas.
El nuevo hallazgo refuerza una hipótesis creciente entre los paleontólogos: los tiranosaurios gigantes pudieron surgir en el sur de Laramidia, en lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y el norte de México.
Según el estudio, mientras que el norte estaba dominado por tiranosaurios más pequeños, como el Albertosaurus y el Daspletosaurus, el sur albergaba formas más grandes y robustas de tiranosaurios.
Con el tiempo, estos grandes depredadores prehistóricos podrían haber expandido su territorio hacia el norte, culminando con el dominio de Tyrannosaurus rex en los últimos millones de años del Cretácico.
Tibia izquierda del tiranosaurio de Hunter Wash (NMMNH P-25085), hallada en Nuevo México y datada en unos 74 millones de años, mostrada en vistas anterior, posterior, lateral y medial. El hueso presenta rasgos anatómicos característicos —como la cresta cnemial, la cresta fibular y los cóndilos lateral y medial— que han permitido a los paleontólogos identificarlo como un gran tiranosaurio del Cretácico tardío. Cortesía: Longrich, N.R., Dalman, S., Lucas, S.G. et al.
Un ecosistema de dinosaurios sorprendentemente diverso
El fósil también sugiere que los ecosistemas del Cretácico del suroeste de Norteamérica pudieron ser mucho más diversos de lo que se creía.
En la misma región donde apareció la tibia gigante ya se conocía otro tiranosaurio, llamado Bistahieversor, un depredador de tamaño medio que pesaba alrededor de dos o tres toneladas.
Las diferencias en la forma de la tibia indican que el nuevo ejemplar probablemente no pertenece a esa especie, lo que implica que ambos animales coexistieron en el mismo ecosistema.
Esto plantea un escenario ecológico intrigante: al menos dos tiranosaurios de distinto tamaño viviendo en el mismo ecosistema prehistórico, quizá ocupando nichos ecológicos distintos.
Los investigadores incluso sugieren que podría haber existido una diversidad aún mayor de tiranosaurios en esa región, algunos grandes y otros pequeños.
Un rompecabezas paleontológico incompleto
Pese a su importancia, el hallazgo plantea muchas preguntas. El principal problema es que el fósil consiste en un solo hueso aislado. Los paleontólogos saben que el cráneo y los dientes de dinosaurio suelen ofrecer las pistas más claras para identificar especies.
Sin esos elementos, resulta difícil asignar el ejemplar a una especie concreta con seguridad.
Por eso, los científicos subrayan que el descubrimiento es solo un primer paso en la investigación. Nuevas excavaciones en las formaciones geológicas del suroeste estadounidense podrían revelar más restos fósiles del mismo animal o de especies relacionadas.
DINOSAURIOS Y EVOLUCIÓN
El papel del azar en la paleontología
Este caso ilustra también cómo funciona la investigación paleontológica. A menudo, grandes cambios en la comprensión científica de los dinosaurios comienzan con hallazgos fragmentarios.
Un solo hueso —si es lo suficientemente informativo— puede cambiar la narrativa evolutiva de una especie.
En este caso, la tibia de Nuevo México sugiere que los tiranosaurios gigantesno aparecieron de repente al final del Cretácico, sino que su evolución pudo ser gradual y comenzar varios millones de años antes.
Una historia evolutiva en expansión
El estudio se suma a una serie de descubrimientos recientes sobre tiranosaurios que están transformando la visión clásica de estos dinosaurios carnívoros.
Durante mucho tiempo se pensó que estos depredadores gigantes evolucionaron principalmente en Asia y que más tarde migraron a Norteamérica. Pero nuevos fósiles de tiranosaurios están empezando a contar una historia diferente.
Si el ejemplar de Nuevo México pertenece realmente al linaje del Tyrannosaurus, reforzaría la idea de que los gigantes del Cretácico podrían haber surgido en el sur de Norteamérica antes de expandirse por el continente.
El legado de un hueso de dinosaurio
La tibia descubierta en la cuenca de San Juan podría parecer un hallazgo modesto. Sin embargo, en paleontología incluso una pieza aislada puede abrir una ventana al mundo prehistórico.
Hace 74 millones de años, en las llanuras que hoy forman el suroeste de Estados Unidos, un enorme depredador dinosaurio caminaba entre bosques, ríos y manadas de dinosaurios herbívoros.
Su identidad exacta sigue siendo un misterio. Pero su hueso ha dejado una pista clara: la historia de los tiranosaurios gigantes comenzó antes —y posiblemente más al sur— de lo que imaginábamos.
Y como ocurre a menudo en ciencia, la respuesta más interesante no es la que ya tenemos, sino la que todavía queda enterrada bajo la roca.▪️(13-marzo-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Tiranosaurios y Fósiles
🦖 ¿Dónde se encontró el nuevo tiranosaurio?
El fósil fue hallado en la Formación Kirtland, en la cuenca de San Juan (Nuevo México, Estados Unidos).
🦖 ¿Cuántos años tiene el fósil?
Los sedimentos donde apareció están datados en aproximadamente 74–75 millones de años.
🦖 ¿Era un Tyrannosaurus rex?
No necesariamente. El fósil podría pertenecer a un pariente temprano del linaje de Tyrannosaurus, pero no se puede confirmar con un único hueso.
🦖 ¿Qué tamaño tenía este tiranosaurio?
Las estimaciones sugieren que el animal pesaba entre cuatro y casi seis toneladas, comparable a algunos de los mayores depredadores del Cretácico.
🦖 ¿Por qué es importante el hallazgo?
El descubrimiento sugiere que los tiranosaurios gigantes aparecieron antes de lo que se creía y posiblemente en el sur de Norteamérica. La comunidad paleontológica debate si los tiranosaurios surgieron en Norteamérica o en Asia, desde donde habrían cruzado al otro continente cuando los puentes terrestres permitían hacerlo a pie.
Fuente: Longrich, N. R., Dalman, S., Lucas, S. G. et al.A large tyrannosaurid from the Late Cretaceous (Campanian) of North America. Scientific Reports(2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41598-026-38600-w

