El «T. rex» no crecía tan rápido como creíamos: necesitaba hasta 40 años para ser adulto

Durante años se creyó que el depredador más famoso de la prehistoria alcanzaba su tamaño colosal en apenas dos décadas. Un nuevo estudio dice ahora que el Tyrannosaurus rex tenía una larga adolescencia y necesitaba hasta cuarenta años para convertirse en adulto.

Por Enrique Coperías, periodista científico

. Un nuevo estudio sugiere que estos grandes depredadores tardaban hasta 40 años en alcanzar la madurez, pasando buena parte de su vida en una larga fase subadulta.

Tyrannosaurus rex adulto camina junto a dos ejemplares más jóvenes en un paisaje prehistórico. Un nuevo estudio sugiere que estos grandes depredadores tardaban hasta 40 años en alcanzar la madurez, pasando buena parte de su vida en una larga fase subadulta. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Poerducciones

El Tyrannosaurus rex ha sido retratado por los paleontólogos como un prodigio del crecimiento: un dinosaurio carnívoro que pasaba de juvenil desgarbado a superdepredador de ocho toneladas en apenas veinte años.

Esa imagen, tan poderosa como simplificadora, acaba de recibir un serio correctivo. Un nuevo estudio científico, basado en el análisis microscópico de los huesos de las patas de diecisiete ejemplares, revela que el T. rex crecía mucho más despacio de lo que se creía y que necesitaba entre 35 y 40 años para alcanzar la madurez.

El descubrimiento no solo reescribe su biografía, sino que añade munición a un debate cada vez más vivo: si todos los fósiles atribuidos a Tyrannosaurus rex pertenecen realmente a una única especie.

El análisis más completo de huesos de «Tyrannosaurus rex»

El trabajo, liderado por la paleohistóloga Holly N. Woodward, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma, junto a Nathan P. Myhrvold, de la firma Intellectual Ventures, y John R. Horner, de la Facultad de Ciencia y Tecnología Schmid, en la Universidad Chapman, se erige como el análisis más completo realizado hasta ahora sobre el crecimiento del Tyrannosaurus.

A diferencia de estudios anteriores, que se apoyaban en muestras parciales y en un número reducido de individuos, este nuevo modelo se basa en secciones transversales completas de fémures y tibias, los huesos de las patas que soportaban el peso del animal. En ellos, como en los troncos de los árboles, quedan registradas en forma de anillos concéntricos las huellas del paso del tiempo.

Los investigadores estudiaron los anillos de crecimiento del hueso —líneas y bandas microscópicas que se forman cuando el crecimiento se ralentiza o se detiene, generalmente de forma anual— y aplicaron modelos estadísticos avanzados para reconstruir la trayectoria vital del T. rex. El resultado es una curva de crecimiento muy distinta a la aceptada hasta ahora: menos explosiva, más prolongada y con una larga adolescencia.

Reconstrucción digital del hueso de la tibia izquierda de un Tyrannosaurus rex a partir de un esqueleto en 3D del Smithsonian. El modelo permitió completar las zonas faltantes del fósil y estudiar con mayor precisión su crecimiento a lo largo de la vida. Cortesía: 10.7717/peerj.20469/fig-

Bandas de crecimiento óseo analizadas con luz polarizada

Hasta ahora, la referencia obligada era un estudio publicado en 2004 que estimaba que el Tyrannosaurus rex alcanzaba su tamaño adulto en torno a los veinte años y rara vez superaba los treinta años de vida. Aquellas conclusiones se apoyaban en solo siete individuos y en un método que asignaba una edad a cada fósil a partir de un único punto de muestreo óseo.

El nuevo trabajo, publicado en Paleontology and Evolutionary Science, demuestra que ese enfoque subestimaba sistemáticamente la duración del crecimiento, en parte porque ignoraba señales determinantes ocultas en el hueso.

Una de las grandes novedades del estudio es la inclusión de bandas de crecimiento visibles solo con luz polarizada, un tipo de iluminación que saca a la luz estructuras invisibles al microscopio convencional. Estas bandas, conocidas como annuli, habían sido pasadas por alto en muchos análisis anteriores. Al contarlas como pausas anuales reales en el crecimiento, el calendario vital del T. rex se alarga de forma notable.

Un crecimiento más lento y una madurez tardía

«El diablo estaba en los detalles», señalan los autores. Cuando se incorporan todos los marcadores de crecimiento —incluidos los dobles y múltiples, y los que solo se ven con técnicas ópticas avanzadas— la historia cambia: el crecimiento máximo no se alcanza en la veintena, sino que se prolonga durante décadas. El animal pasaba buena parte de su vida en una fase subadulta, creciendo de forma sostenida pero más lenta.

Este resultado tiene implicaciones profundas para la biología del Tyrannosaurus rex. Un crecimiento más lento sugiere un metabolismo menos acelerado de lo que se pensaba y una estrategia vital más cercana a la de los grandes vertebrados longevos actuales que a la de un depredador de crecimiento explosivo.

También obliga a replantear su ecología: durante muchos años, los T. rex subadultos —más pequeños y ágiles— debieron ocupar nichos ecológicos distintos a los de los gigantes plenamente adultos.

¿Una sola especie o un complejo de «Tyrannosaurus»?

Pero el estudio no se limita a redefinir el ritmo vital del rey de los dinosaurios. Al analizar estadísticamente las curvas de crecimiento, los autores detectaron algo llamativo: dos de los ejemplares jóvenes no encajan bien en el patrón común. Sus trayectorias de crecimiento son demasiado distintas como para explicarse solo por variación individual.

Cuando se excluyen estos fósiles del modelo, la precisión estadística mejora de forma notable.

Este hallazgo alimenta una controversia que lleva años dividiendo a la paleontología: si el Tyrannosaurus rex es realmente una sola especie o un complejo de especies, formadas por varios dinosaurios muy similares, difíciles de distinguir solo por la forma de los huesos. Algunos investigadores han propuesto recientemente dividir el género en varias especies basándose en diferencias morfológicas, estratigráficas o geográficas. Otros sostienen que esas diferencias reflejan simplemente distintas edades o sexos.

El enigma de su madurez sexual

El nuevo estudio no zanja el debate, pero aporta un argumento adicional: no todos los T. rex crecían igual. Si ciertos individuos muestran trayectorias de crecimiento incompatibles con el resto, cabe la posibilidad de que no pertenezcan a la misma especie biológica.

Por prudencia, los autores adoptan el término complejo de especies de Tyrannosaurus rex, una fórmula habitual en biología para grupos en los que las fronteras entre especies no están claras.

Otro aspecto relevante del trabajo es que cuestiona una idea muy extendida: que el punto de máximo crecimiento coincide con la madurez sexual. En muchos animales actuales, el estirón juvenil marca el inicio de la reproducción. Sin embargo, los autores no encuentran pruebas sólidas de que esto ocurriera en el T. rex. Es posible que alcanzara la madurez sexual mucho antes de dejar de crecer, lo que refuerza la imagen de un animal que pasaba gran parte de su vida adulta aún en proceso de desarrollo corporal.

La paleohistóloga Holly N. Woodward, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma, es una de las autoras del estudio que ha analizado huesos de T. rex para conocer mejor su desarrollo.

La paleohistóloga Holly N. Woodward, del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Oklahoma, es una de las autoras del estudio que ha analizado huesos de T. rex para conocer mejor su desarrollo.

Qué cambia este hallazgo sobre la biología del «T. rex»

Desde el punto de vista metodológico, el estudio marca un antes y un después. Por primera vez en la esqueleto-cronología de los dinosaurios, los investigadores estiman simultáneamente la edad inicial de cada individuo y la curva de crecimiento poblacional, en lugar de hacerlo en pasos separados.

Este enfoque reduce la subjetividad y permite calcular bandas de confianza estadísticas, es decir, el margen real de incertidumbre del modelo. El resultado es una reconstrucción más robusta y honesta de lo que sabemos —y de lo que no— sobre la vida del Tyrannosaurus rex.

La imagen que emerge es la de un animal menos apresurado y más paciente de lo que dictaba el mito. Un depredador formidable, sí, pero que necesitaba décadas para convertirse en el coloso que ha alimentado la imaginación popular. Lejos de restarle grandeza, este nuevo retrato lo hace más complejo y, en cierto modo, más real.

A más de un siglo de su descubrimiento, Tyrannosaurus rex sigue dando sorpresas. Cada avance técnico —del microscopio a la estadística— permite leer con mayor precisión las páginas de su biografía escrita en hueso. Y lo que esas páginas cuentan ahora es que el rey no tuvo una juventud fulgurante, sino una larga y lenta ascensión al trono. ▪️

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  • Fuente: Holly N. Woodward​, Nathan P. Myhrvold, John R. Horner. Prolonged growth and extended subadult development in the Tyrannosaurus rex species complex revealed by expanded histological sampling and statistical modeling. Paleontology and Evolutionary Science (2026). DOI: 10.7717/peerj.20469

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