Descubren una antigua playa en Marte que refuerza su pasado habitable
Datos del róver Perseverance confirman la existencia de una antigua playa en el cráter Jezero, un entorno litoral con agua persistente y minerales capaces de preservar señales de vida microbiana.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de una antigua playa en el cráter Jezero de Marte, hace miles de millones de años, cuando un lago estable y el oleaje modelaban la costa, un entorno potencialmente habitable según los datos del róver Perseverance. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Una playa en Marte: el hallazgo que cambia su historia
Marte es un planeta de promesas rotas. Las imágenes de antiguos cauces fluviales, abanicos aluviales y minerales alterados por el agua han ido dibujando un pasado húmedo que hoy contrasta con la aridez extrema del planeta rojo. Pero una de las grandes incógnitas persistía: ¿existieron en Marte orillas estables, playas comparables a las de la Tierra, donde el agua y los sedimentos interactuaran durante largos periodos?
Una nueva investigación basada en los datos enviados por el róver Perseverance de la NASA aporta ahora la evidencia más sólida hasta la fecha de que, hace miles de millones de años, las olas rompieron contra la costa de un lago marciano.
El hallazgo procede del cráter Jezero, el lugar elegido por los especialistas de la NASA para buscar huellas de vida pasada en Marte. Allí, un equipo internacional de científicos ha identificado estructuras geológicas que encajan con un entorno litoral: arenas reordenadas por el oleaje, capas inclinadas en direcciones opuestas y granos redondeados que solo pueden explicarse por el vaivén repetido del agua. En otras palabras, una antigua playa marciana.
El estudio, publicado en la revista JGR Planets, se centra en una formación conocida como la unidad del margen, una franja rocosa que bordea el interior del cráter Jezero, justo bajo el gran delta fluvial que hoy domina el paisaje. Durante cerca de un año marciano —unos 350 soles— el rover Perseverance recorrió esta unidad con un objetivo claro: desentrañar su origen y evaluar su potencial para haber albergado vida microbiana. El resultado es una reconstrucción detallada de uno de los entornos habitables más complejos y prometedores jamás estudiados en Marte, según Alexander J. Jones, autor principal del artículo e investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra e Ingeniería, en el Imperial College de Londres (Reino Unido).
El cráter Jezero y el papel del róver Perseverance
Las rocas ricas en carbonatos son piezas clave en esta historia. En la Tierra, estos minerales suelen formarse en presencia de agua y dióxido de carbono, a menudo en ambientes habitables como lagos alcalinos, suelos húmedos y sistemas hidrotermales. Además, son conocidos por su capacidad para preservar señales químicas y estructurales de la vida.
En Marte, sin embargo, los carbonatos son sorprendentemente escasos, lo que convierte cada hallazgo en una ventana excepcional al pasado climático de Marte.
El cráter Jezero destaca precisamente por su abundancia relativa de estos minerales. Observaciones desde órbita ya habían detectado una firma espectral de carbonatos en su borde occidental, lo que llevó a algunos científicos a proponer que allí podría haberse formado una antigua línea de costa. Pero otros expertos defendían una explicación muy distinta: que esas rocas eran de origen volcánico y que los carbonatos se habían formado después, al reaccionar el olivino —un mineral típico de magmas— con fluidos ricos en CO₂ en el subsuelo marciano.
La llegada del Perseverance permitió zanjar el debate con datos directos. Las imágenes de alta resolución, los análisis químicos y la reconstrucción tridimensional de los afloramientos revelaron que ambas hipótesis eran parcialmente correctas.
Vista del rover Perseverance de posibles depósitos de una antigua línea de costa en la Unidad del Margen Oriental del cráter Jezero, captada por la cámara Mastcam-Z en el sol 934 de la misión, una zona interpretada como restos de una playa modelada por el oleaje del antiguo lago marciano. Cortesía: NASA/JPL-Caltech/ASU/MSSS.
Dos ambientes superpuestos: volcanes y costa lacustre
La unidad del margen, esto es, la franja de rocas del cráter Jezero (Marte) situada entre el antiguo lago y el borde del cráter, no es homogénea. Los investigadores distinguen dos grandes subunidades. La más antigua, situada a mayor altura y más cerca del borde del cráter, está formada por rocas masivas, apenas estratificadas, ricas en olivino y profundamente alteradas por fluidos subterráneos. Su aspecto recuerda al de acumulaciones de cristales formadas en el interior de un cuerpo de magma enfriado de forma lenta. Es un paisaje que habla de volcanismo y de agua circulando bajo tierra.
Por encima de estas rocas, y a cotas ligeramente más bajas, aparece algo radicalmente distinto. Capas bien definidas de areniscas, con granos redondeados y estructuras sedimentarias que solo pueden explicarse por procesos litorales. Algunas capas se inclinan hacia el interior del cráter; otras, en sentido contrario. Hay superficies de erosión, estratificación cruzada y geometrías convexas que evocan barras de arena moldeadas por el oleaje.
Este conjunto de rasgos es típico de zonas costeras en la Tierra, donde las olas redistribuyen sedimentos una y otra vez. Según el estudio, estos materiales se habrían depositado a lo largo de una franja costera situada a unos 2.400 metros por debajo del nivel de referencia marciano, coincidiendo con la altura estimada del antiguo lago de Jezero.
Un lago estable en Marte durante miles de años
La identificación de una playa marciana tiene implicaciones profundas. A diferencia de inundaciones breves o episodios catastróficos, los ambientes costeros requieren estabilidad. Para que el oleaje modele sedimentos, el nivel del agua debe mantenerse durante largos periodos de tiempo. Esto refuerza la idea de que el lago de Jezero no fue un fenómeno fugaz, sino un cuerpo de agua duradero, alimentado por ríos marcianos y sometido a ciclos climáticos relativamente estables.
Además, las playas son entornos privilegiados para la vida microbiana. En la Tierra, las zonas someras donde el agua, los minerales y la energía se concentran son auténticos laboratorios biológicos. Si Marte albergó vida en algún momento, estos márgenes lacustres serían uno de los lugares más probables para encontrar sus rastros biológicos.
El estudio subraya también que las arenas costeras procedían, en buena medida, de la erosión de las rocas volcánicas subyacentes. Es decir, el lago no solo fue un entorno acuático, sino un sistema dinámico en el que el paisaje volcánico marciano fue reciclado y transformado por el agua líquida.
El róver Perseverance observa el valle Neretva Vallis, el antiguo cauce fluvial que alimentó el lago del cráter Jezero hace más de 3.500 millones de años; en primer plano, afloramientos claros de lutitas finas de la formación Bright Angel, depositadas en un entorno acuático clave para la habitabilidad marciana. Crédito: NASA/JPL-Caltech/ASU/MSSS.
Por qué una playa es un lugar ideal para buscar vida
El róver Perseverance, fabricado por el Laboratorio de Propulsión a Reacción para explorar el cráter Jezero como parte de la misión Mars 2020, del Programa de Exploración de Marte de la NASA, no solo observó estas rocas: también tomó muestras marcianas destinadas a regresar algún día a la Tierra.
Tres de ellas proceden directamente de la unidad del margen. Analizadas en laboratorios terrestres, podrían revelar detalles imposibles de detectar in situ, desde la composición isotópica de los carbonatos hasta posibles moléculas orgánicas atrapadas en su estructura.
Los carbonatos marcianos son especialmente valiosos porque pueden encapsular firmas químicas durante miles de millones de años. En la Tierra, se han encontrado biomarcadores preservados en carbonatos formados en ambientes análogos. Que Marte conserve rocas de este tipo, asociadas además a un entorno litoral, amplía de forma significativa la llamada ventana de habitabilidad de Marte.
Qué revelarán las muestras marcianas en la Tierra
Más allá de la astrobiología, el descubrimiento humaniza, en cierto modo, al planeta rojo. Pensar en olas rompiendo contra una playa marciana, en arenas desplazándose al ritmo del agua, acerca Marte a los procesos geológicos terrestres. No se trata solo de ríos antiguos o lagos fósiles, sino de paisajes dinámicos, moldeados por fuerzas familiares.
El trabajo demuestra también el valor de la exploración planetaria sobre el terreno. Muchas de las estructuras clave —la inclinación de las capas, la forma de los granos, las superficies de erosión— solo pueden identificarse con observaciones in situ. Desde la órbita, la playa de Jezero era una hipótesis; sobre el terreno, se convierte en una historia geológica coherente.
A medida que el Perseverance continúa su misión y se planifica el retorno de muestras de Marte, el cráter Jezero se consolida como uno de los lugares más importantes jamás explorados en el planeta. Allí, entre rocas volcánicas alteradas y arenas reordenadas por antiguas olas, Marte conserva un relato complejo de agua, tiempo geológico y, quizá, vida.▪️(27-enero-2026)
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Fuente: Alexander J. Jones et al. Stratigraphy of Carbonate-Bearing Rocks at the Margin of Jezero Crater, Mars: Evidence for Shoreline Processes? JGR Planets (2026). DOI: https://doi.org/10.1029/2025JE009111

