El mayor estudio sobre cannabis alerta: quienes lo usan para calmar la ansiedad o la depresión sufren más paranoia y peor salud mental

Una investigación con más de 3.000 participantes sobre el consumo de cannabis desmonta la idea de que este sirve como alivio emocional. Los autores del estudio advierten de que automedicarse con marihuana multiplica el riesgo de sufrir paranoia y problemas de salud mental, sobre todo en quienes han sufrido traumas en la infancia.

Por Enrique Coperías

Dos investigaciones recientes y complementarias ofrecen una radiografía sin precedentes del consumo de cannabis en la población general: esta droga no afecta a todo el mundo por igual,.

Dos investigaciones recientes y complementarias ofrecen una radiografía sin precedentes del consumo de cannabis en la población general: esta droga no afecta a todo el mundo por igual, y las motivaciones iniciales o las vulnerabilidades previas pueden marcar la diferencia entre un uso recreativo sin consecuencias graves y un patrón asociado a problemas de salud mental. Foto: Chase Fade

El cannabis, una de las drogas más consumidas del planeta, vive un momento de expansión global. Su uso y potencia no han dejado de aumentar en la última década, al calor de la legalización del cannabis en distintos países y de una industria que promueve nuevas variedades con concentraciones cada vez más altas de tetrahidrocannabinol o THC, el principal componente psicoactivo de la planta. En paralelo, crecen también los diagnósticos de dependencia y los casos de psicosis inducida por cannabis, especialmente en Norteamérica.

En medio de este escenario, un consorcio internacional de investigadores acaba de publicar los resultados del estudio más grande realizado hasta la fecha sobre el consumo de cannabis y su relación con la salud mental en población general. Los resultados del trabajo aportan nueva luz sobre un debate que a menudo se mueve más entre ideologías que entre evidencias científicas.

El trabajo se enmarca en el proyecto Cannabis&Me, que entre 2022 y 2024 encuestó a casi 3.400 personas en Londres —consumidores de cannabis actuales y pasados, todos mayores de dieciocho años y sin diagnóstico previo de psicosis—. A partir de esos datos, se publicaron dos artículos complementarios:

1️⃣ El primero aparece en la revista BMJ Mental Health y está centrado en cómo los motivos iniciales para consumir cannabis predicen el riesgo posterior de paranoia y mala salud mental.

2️⃣ El segundo lo recoge Psychological Medicine y profundiza en la interacción entre trauma infantil, consumo de cannabis y desarrollo de paranoia.

Ambos estudios, analizados en conjunto, dibujan un panorama complejo: el cannabis no afecta a todo el mundo por igual, y las motivaciones iniciales o las vulnerabilidades previas pueden marcar la diferencia entre un uso recreativo sin consecuencias graves y un patrón asociado a problemas de salud mental. Y, como remarcan los propios investigadores, una pregunta tan aparentemente trivial como “¿por qué empezaste a fumar porros?” puede convertirse en una herramienta clínica de gran valor para detectar quién necesita apoyo antes de que sea demasiado tarde.

Por qué se empieza a consumir cannabis

La encuesta reveló un amplio abanico de motivaciones por las que la gente empieza a consumir esta droga:

✅ Motivos sociales y hedonistas: la gran mayoría de los entrevistados empezó porque sus amigos fumaban porros (casi un 70%), por curiosidad (62%) o por diversión (53%).

✅ Motivos de automedicación con cannabis: un grupo menor señaló que lo hizo para aliviar la ansiedad (15%), la depresión (14%), el dolor (8%) o el malestar físico general (6%). También hubo quienes mencionaron síntomas psicóticos incipientes, como oír voces y sentirse perseguidos.

✅ Otros factores: un 12% señaló el aburrimiento, y un 10% dijo que comenzó porque en su familia ya había consumo esta droga.

Estos matices resultaron cruciales, ya que el equipo de investigación descubrió que el motivo inicial para consumir cannabis estaba estrechamente vinculado con el nivel de consumo posterior de THC y con la probabilidad de desarrollar síntomas de paranoia, ansiedad y depresión.

Automedicación con cannabis: el camino más arriesgado

Por otro lado, el análisis estadístico fue contundente, ya que mostró un patrón claro:

Quienes comenzaron a usar cannabis para calmar ansiedad o depresión terminaban consumiendo más cantidad de THC y reportaban niveles más altos de paranoia y malestar emocional.

Lo mismo ocurría con quienes lo usaron para aliviar dolor o síntomas psicóticos iniciales.

En cambio, quienes lo probaron por diversión, curiosidad o por influencia de amigos eran los que menos síntomas paranoides o ansiosos reportaban.

El dato medio de consumo es elocuente: 206 unidades estándar de THC a la semana. Para hacerse una idea, con un cannabis de potencia media (20% de tetrahidrocannabinol), eso equivaldría a unos 10-17 porros semanales. Sin embargo, quienes habían empezado a consumir para aliviar la ansiedad, la depresión o porque en su familia ya se fumaba superaban con creces esas cifras: 248, 254 y hasta 287 unidades semanales, respectivamente.

El doctor Edoardo Spinazzola, investigador del King’s College London y primer autor del estudio, lo resume de la siguiente manera:

«Nuestro estudio proporciona una evidencia vital de cómo el motivo por el que alguien empieza a consumir cannabis puede impactar de manera drástica en su salud mental a largo plazo. Quienes lo usan para automedicarse de un malestar físico o mental acaban mostrando más paranoia, ansiedad y depresión. De hecho, muchos de estos subgrupos alcanzaban puntuaciones por encima del umbral que recomendaría derivarles a terapia psicológica».

El estudio valida la medición del consumo en unidades de THC, un sistema similar al de las unidades de alcohol que podría ser clave para controlar riesgos y orientar la salud pública.

El estudio valida la medición del consumo en unidades de THC, un sistema similar al de las unidades de alcohol que podría ser clave para controlar riesgos y orientar la salud pública. Foto: Canvast Supply Co.

Paranoia: un efecto que trasciende el laboratorio

La paranoia —el temor infundado de que otros quieren hacernos daño— es uno de los efectos más documentados del cannabis en condiciones experimentales. Lo novedoso aquí es que el estudio lo demuestra a gran escala en la población general, fuera del laboratorio.

Los usuarios de cannabis que habían recurrido a él como automedicación puntuaban mucho más alto en escalas clínicas de paranoia, incluso sin un diagnóstico de psicosis. Y esto importa: la paranoia no es solo un síntoma de trastorno psicótico, también afecta al bienestar cotidiano, a la confianza social y a la calidad de vida.

El hallazgo refuerza la idea de que cuando el cannabis se convierte en refugio frente al dolor psicológico, el riesgo de efectos negativos es mayor.

La propuesta de los expertos: medir el consumo en «unidades de THC»

Otro avance del estudio fue validar el concepto de unidades estándar de THC, similar al que se usa desde hace décadas con el alcohol. Una unidad equivale a 5 mg de THC.

El profesor Tom Freeman, de la Universidad de Bath y coautor del estudio, lo plantea como un posible cambio de paradigma: «un hallazgo clave es que quienes empezaron a consumir para manejar ansiedad o depresión, o porque un familiar lo hacía, mostraron un uso globalmente más elevado».

En palabras de este experto, «en el futuro, las unidades estándar de tetrahidrocannabinol podrían utilizarse como hoy se usan las de alcohol: para ayudar a las personas a monitorizar su consumo y a gestionar mejor sus efectos sobre la salud».

El papel del trauma infantil: una pieza que faltaba

El segundo estudio completa el puzle desde otra perspectiva. Mediante un enfoque de modelos de ecuaciones estructurales, los investigadores analizaron cómo interactúan tres variables: el trauma infantil, el consumo de cannabis y la paranoia.

En las conclusiones del trabajo podemos leer lo siguiente:

Más de la mitad de los encuestados (52%) habían experimentado algún tipo de trauma infantil.

Quienes habían sufrido traumas presentaban niveles más altos de paranoia que quienes no los habían vivido.

El tipo de trauma importaba: el abuso físico y el abuso emocional emergieron como los predictores más fuertes.

Además, quienes habían sufrido abuso sexual mostraban el consumo más alto de THC semanal, seguidos de los que habían vivido abusos físicos o emocionales.

La investigación también encontró que el cannabis puede exacerbar los efectos de algunos traumas, aunque no de todos. Por ejemplo, el abuso emocional o los conflictos familiares se asociaron con más consumo de tetrahidrocannabinol y más paranoia, mientras que experiencias como el bullying o la negligencia física no mostraron el mismo patrón.

«Este estudio es el primero en explorar la interacción entre trauma infantil, paranoia y consumo de cannabis en población general. Hemos establecido no solo una asociación clara entre trauma y paranoia futura, sino también que el cannabis puede exacerbar ese efecto, dependiendo del tipo de trauma —explica la doctora Giulia Trotta, psiquiatra e investigadora del King’s College London y primera autora de este segundo trabajo. Y añade—: Esto tiene implicaciones clínicas directas: subraya la importancia de hacer un cribado temprano de experiencias traumáticas en pacientes que presentan síntomas de paranoia”.

Una radiografía social y clínica

En palabras de Trotta, los dos estudios juntos ofrecen una panorámica sin precedentes en el campo de la drogodependencia al cannabis:

La edad media de inicio se sitúa en torno a los dieciséis años.

La mitad de los consumidores encuestados lo usan a diario.

El consumo medio de THC es muy alto en comparación con estudios previos (más de 200 unidades semanales frente a las 60–80 reportadas en investigaciones anteriores más restringidas).

Los perfiles de riesgo no se distribuyen al azar: quienes usan cannabis para lidiar con malestar psicológico cargan con más síntomas y más consumo.

Este retrato coincide con lo que clínicos y servicios de salud mental ven en la práctica: muchos jóvenes recurren al cannabis como una forma de automedicación accesible, aunque los efectos a medio plazo acaban siendo contraproducentes.

Existe un debate nacional e internacional muy intenso sobre la legalidad y la seguridad del cannabis. Mi experiencia en clínica me dice que hay personas que empiezan a usarlo para sobrellevar el dolor físico o el dolor emocional

«Existe un debate nacional e internacional muy intenso sobre la legalidad y la seguridad del cannabis. Mi experiencia en clínica me dice que hay personas que empiezan a usarlo para sobrellevar el dolor físico o el dolor emocional», dice la profesora Marta Di Forti. Foto: Elsa Olofsson

Más allá de la clínica: un debate sobre la legalización del cannabis

La profesora Marta Di Forti, referente mundial en investigación sobre cannabis y psicosis, líder del Cannabis&Me y coautora principal de ambos artículos, pone el foco en las implicaciones sociales del megaestudio: «Existe un debate nacional e internacional muy intenso sobre la legalidad y la seguridad del cannabis. Mi experiencia en clínica me dice que hay personas que empiezan a usarlo para sobrellevar el dolor físico o el dolor emocional».

Di Forti insiste en que la nueva investigación confirma que ese patrón no está exento de riesgos significativos para su salud y bienestar. «Los legisladores de todo el mundo —dice— deberían tener en cuenta que una legalización del cannabis sin educación pública adecuada ni apoyo sanitario podría tener un impacto negativo tanto en las personas como en los sistemas de salud».

Los autores de los dos estudios coinciden en afirmar que los hallazgos llegan en un momento en que varios países debaten la legalización del cannabis recreativo y medicinal. Por ello, hacen hincapié en los siguientes puntos:

✅ No todas las motivaciones de consumo son iguales. El riesgo no reside únicamente en la cantidad o la potencia, sino también en el porqué se inicia el uso.

✅ Los consumidores vulnerables (con ansiedad, depresión o trauma infantil) podrían necesitar intervenciones específicas para evitar que su consumo derive en un círculo vicioso de mayor malestar y mayor consumo.

✅ La estandarización del consumo en unidades de THC, validada por este estudio, podría convertirse en una herramienta clave para la investigación y la salud pública, del mismo modo que las “unidades estándar de alcohol” ayudan a monitorizar el riesgo en bebidas.

Conclusión: no todos los consumidores de cannabis son iguales

La gran lección de estas investigaciones es que el cannabis no afecta a todos por igual. El cannabis es una sustancia compleja, capaz de generar experiencias placenteras y, al mismo tiempo, de agravar la vulnerabilidad psicológica en ciertos individuos. Los dos estudios analizados coinciden en un mensaje esencial: no todos los consumidores son iguales ni todos corren el mismo riesgo.

La interacción entre motivos de inicio, historial de trauma y patrones de consumo marca la frontera entre el uso recreativo y el potencial deterioro mental.

A medida que las sociedades avanzan hacia modelos de regulación más abiertos, será crucial incorporar esta evidencia en políticas de prevención, en programas educativos y en la práctica clínica cotidiana.

Porque, como muestran los datos, detrás de cada calada puede esconderse no solo un momento de sociabilidad o curiosidad adolescente, sino también una señal temprana de malestar que merece ser escuchada.▪️

Cannabis y salud menta: Preguntas & Respuestas

🚬 ¿Cómo afecta el cannabis a la salud mental?
El cannabis puede aumentar el riesgo de paranoia, ansiedad y depresión, especialmente cuando se usa como automedicación o en personas con trauma infantil.

🚬 ¿Qué son las unidades de THC?
Una unidad equivale a 5 mg de THC. De media, los londinenses encuestados consumían 206 unidades semanales (10-17 porros).

🚬 ¿Fumar cannabis para la ansiedad es seguro?
Los datos muestran que fumar cannabis para calmar la ansiedad aumenta el consumo y eleva el riesgo de paranoia.

🚬 ¿El trauma infantil influye en los efectos del cannabis?
Sí. Experiencias de abuso emocional, físico o sexual potencian el riesgo de desarrollar paranoia en consumidores adultos de cannabis.

  • Información facilitada por el King’s College London

  • Fuentes:

    -Spinazzola E., Degen H., Austin-Zimmerman I., Trotta G., Chesney E., Li Z., et al. Are reasons for first using cannabis associated with subsequent cannabis consumption (standard THC units) and psychopathology? BMJ Mental Health (2025). DOI: https://doi.org/10.1136/bmjment-2025-301810
    -Trotta G., Spinazzola E., Degen H., et al. The impact of childhood trauma and cannabis use on paranoia: a structural equation model approach. Psychological Medicine (2025). DOI: 10.1017/S0033291725101190

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