El kraken sí existió: así eran los pulpos gigantes que dominaron los océanos hace 100 millones de años
Mucho antes de los mitos marineros, cefalópodos de hasta 19 metros de longitud ya acechaban en los océanos del Cretácico. Un equipo de paleontólogos ha descubierto que los primeros pulpos gigantes no solo fueron reales, sino superdepredadores inteligentes en la cima de la cadena alimentaria.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Recreación artística de un pulpo gigante del Cretácico nadando en aguas profundas: estos cefalópodos pudieron alcanzar hasta 19 metros y ocupar la cima de la cadena alimentaria hace 100 millones de años. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones
Durante siglos, los marineros de medio mundo contaron historias de criaturas imposibles: monstruos con brazos tachonados de ventosas capaces de arrastrar barcos al fondo del océano y devorar a toda la tripulación. El kraken, mitad mito, mitad pesadilla, fue durante mucho tiempo relegado al folclore y cuyo origen hay que buscarlo en la mitología nórdica.
Sin embargo, la paleontología moderna acaba de darle un inesperado giro a esa leyenda. Un estudio reciente sugiere que, aunque no coexistieron con el Homo sapiens, sí existieron animales sorprendentemente parecidos a ese imaginario popular: pulpos gigantes, de hasta 19 metros de longitud, que habitaron los océanos del Cretácico y ocuparon la cima de la cadena alimentaria.
🗣️ «Nuestros hallazgos sugieren que los primeros pulpos fueron depredadores gigantes que ocuparon la cima de la cadena alimentaria marina en el Cretácico», explica Yasuhiro Iba, paleontólogo de la Universidad de Hokkaidō, en Japón, y uno de los autores del estudio.
¿Qué han descubierto los científicos?
La investigación, publicada en la revista Science, describe dos especies de pulpos primitivos:
✅ Nanaimoteuthis jeletzkyi.
✅ Nanaimoteuthis haggarti.
Ambas vivieron entre hace 100 y 72 millones de años. A diferencia de los pulpos actuales, que suelen ser depredadores de tamaño medio, estos animales eran auténticos gigantes y, según los autores, podrían haber rivalizado con algunos de los grandes reptiles marinos de su tiempo.
En paralelo, el interés por estas criaturas colosales no es solo cosa del pasado remoto. En los últimos años, varios avistamientos y grabaciones de calamares y pulpos gigantes actuales, especialmente en aguas profundas del Pacífico, han reavivado el debate sobre los límites reales del tamaño en los cefalópodos modernos. Aunque ninguna especie viva se acerca a las dimensiones estimadas para estos pulpos del Cretácico, encuentros documentados con ejemplares de más de diez metros han alimentado la hipótesis de que los océanos siguen albergando criaturas mucho más grandes y esquivas de lo que conocemos.
🗣️ «Basándonos en mandíbulas fósiles excepcionalmente bien conservadas, hemos podido constatar que estos animales prehistóricos alcanzaron longitudes totales de hasta casi 20 metros, lo que pudo haber superado el tamaño de grandes reptiles marinos de la misma época», comenta Iba en un comunicado de la Universidad de Hokkaidō.
La clave de este descubrimiento no está en esqueletos completos, por cierto, rarísimos en animales de cuerpo blando, sino en algo mucho más modesto: mandíbulas fosilizadas. Esas piezas, hechas de quitina endurecida, se han conservado de forma excepcional y contienen una historia escrita en sus desgastes. Al analizarlas con técnicas avanzadas, los paleontólogos han podido reconstruir no solo el tamaño de estos animales, sino también su forma de vida.
Mandíbulas inferiores gigantes de pulpos fósiles del Cretácico (A y B) comparadas con la de un calamar gigante actual (C). Los ejemplares de Nanaimoteuthis jeletzkyi y N. haggarti muestran un intenso desgaste por el uso, evidencia de su potente capacidad para triturar presas duras, mientras que la mandíbula de Architeuthis dux ilustra el mayor tamaño conocido entre los cefalópodos modernos. Cortesía: Shin Ikegami et al.
Qué cuentan las mandíbulas
Las mandíbulas de estos antiguos pulpos, con forma de pico y que utilizan para desgarrar las presas, presentan señales inequívocas de desgaste: astillamientos, arañazos y superficies pulidas. No se trata de daños fortuitos. Según los investigadores, estas marcas son el resultado de una actividad depredadora intensa, especialmente de la trituración de presas con estructuras duras, como conchas o huesos.
«Quizá el hallazgo más sorprendente fue la magnitud del desgaste en las mandíbulas», subraya el paleontólogo.
En algunos casos, el desgaste llega a eliminar hasta un 10% de la longitud original de la mandíbula, una cifra notablemente superior a la observada en cefalópodos actuales con dietas similares. Esto sugiere que estos pulpos no solo eran carnívoros, sino que cazaban de forma activa y frecuente presas resistentes, quizá crustáceos, moluscos e incluso peces o reptiles marinos.
🗣️ «En los ejemplares bien desarrollados, hasta el 10% de la punta de la mandíbula en relación con su longitud total había sido desgastado, lo que es mayor que lo observado en los cefalópodos actuales que se alimentan de presas con concha dura. Esto indica interacciones repetidas y contundentes con sus presas, revelando una estrategia de alimentación inesperadamente agresiva», añade Iba.
Las imágenes del estudio muestran en detalle estos daños: bordes redondeados por el uso, grietas provocadas por fuerzas intensas y superficies pulidas por el roce continuo. Todo apunta a un aparato bucal sometido a un esfuerzo constante, propio de un superdepredador marino.
Gigantes entre gigantes
Pero lo más sorprendente no es su dieta, sino su tamaño. A partir de la relación entre el tamaño de la mandíbula y el cuerpo, bien conocida en pulpos actuales, los investigadores han estimado que Nanaimoteuthis haggarti podía alcanzar entre 6,6 y 18,6 metros de longitud total. Su pariente, Nanaimoteuthis jeletzkyi, era algo más pequeño, con longitudes de entre 2,8 y 7,7 metros.
Para poner estas cifras en contexto, el calamar gigante moderno (Architeuthis dux), uno de los invertebrados más grandes conocidos, alcanza unos 12 metros. Es decir, estos pulpos del Cretácico no solo igualaban, sino que en algunos casos superaban a los cefalópodos gigantes actuales.
Iba y sus colegas compararon sus dimensiones con las de otros animales de la época: peces gigantes, tiburones, plesiosaurios y mosasaurios. Lejos de quedar relegados a un papel secundario, estos pulpos se situaban entre los mayores organismos del océano.
Evolución convergente de los grandes depredadores marinos entre el Paleozoico y el Mesozoico. El esquema muestra cómo vertebrados (arriba) y cefalópodos (abajo) desarrollaron mandíbulas y redujeron sus estructuras esqueléticas externas de forma independiente, un proceso que favoreció el aumento de tamaño, movilidad e inteligencia hasta alcanzar la cima de la cadena alimentaria. Cortesía: Shin Ikegami et al.
Inteligencia en las profundidades del pasado
Otro aspecto fascinante del estudio es la posible inteligencia de estos animales. Las mandíbulas no solo revelan qué comían, sino cómo lo hacían. El desgaste asimétric, más acusado en un lado que en otro, sugiere un comportamiento lateralizado, es decir, una preferencia por usar un lado del cuerpo, algo asociado en muchos animales a funciones cerebrales complejas.
En los pulpos actuales, esta lateralidad está vinculada a su notable inteligencia animal, comparable en algunos aspectos a la de vertebrados. El hallazgo sugiere que esa capacidad cognitiva podría haber aparecido mucho antes de lo que se pensaba.
Además, el tamaño de las mandíbulas implica una musculatura potente y una mordida potente capaz de generar fuerzas considerables. Combinado con sus largos brazos —herramientas versátiles para capturar presas—, estos pulpos habrían sido cazadores altamente eficaces.
Un cambio radical en la historia evolutiva
Hasta ahora, la visión predominante de los ecosistemas marinos del Cretácico era clara: los grandes depredadores eran vertebrados, como tiburones y reptiles marinos, mientras que los invertebrados ocupaban niveles inferiores de la cadena alimentaria.
Este estudio rompe ese esquema. Los pulpos gigantes prehistóricos descritos no eran presas, sino competidores directos de esos grandes depredadores. En otras palabras, los océanos del Cretácico no estaban dominados en exclusiva por vertebrados: también había invertebrados depredadores ápice capaces de ocupar la cúspide de la pirámide ecológica.
«Este estudio proporciona la primera evidencia directa de que los invertebrados pudieron evolucionar hasta convertirse en depredadores ápice gigantes e inteligentes en ecosistemas que han estado dominados por vertebrados durante unos 400 millones de años», destaca Iba.
Este hallazgo tiene implicaciones profundas. Sugiere que la evolución hacia grandes tamaños, alta movilidad e inteligencia —rasgos típicos de los grandes depredadores— no es exclusiva de los vertebrados. Los cefalópodos, pese a su cuerpo blando y su falta de esqueleto externo, siguieron un camino evolutivo paralelo.
«Nuestros resultados muestran que unas mandíbulas potentes y la pérdida de esqueletos superficiales, características comunes de los pulpos y de los vertebrados marinos, fueron esenciales para convertirse en depredadores marinos enormes e inteligentes», concluye el investigador.
La paradoja del cuerpo blando
Uno de los aspectos más intrigantes de esta historia es cómo animales sin esqueleto externo pudieron alcanzar tamaños tan grandes y desempeñar un papel tan dominante. La respuesta, según los autores, está precisamente en esa ausencia de estructuras rígidas.
A lo largo de su evolución, los cefalópodos fueron perdiendo su concha externa, lo que les permitió ganar movilidad, velocidad y capacidad de maniobra. Este cambio, aunque los hacía más vulnerables, también les abrió la puerta a desarrollar cerebros más complejos y comportamientos más sofisticados.
En paralelo, los vertebrados marinos también redujeron sus estructuras protectoras, evolucionando hacia cuerpos más hidrodinámicos. El resultado fue una convergencia evolutiva: dos linajes muy distintos alcanzaron soluciones similares para convertirse en depredadores marinos de élite.
Una mandíbula inspeccionada con IA
Minería digital de fósiles aplicada a una mandíbula de pulpo del Cretácico: la combinación de tomografía de alta resolución e inteligencia artificial permitió visualizar con precisión sus estructuras internas más finas. Vídeo: Shin Ikegami, Kanta Sugiura, Yasuhiro Iba, Jörg Mutterlose, Yusuke Takeda, Mehmet Oguz Derin, Aya Kubota, Kazuki Tainaka, Harufumi Nishida
Un océano más complejo de lo que creíamos
La imagen que emerge de este estudio es la de un océano cretácico mucho más dinámico y diverso de lo que se pensaba. No solo había gigantes, sino múltiples tipos de gigantes compitiendo entre sí.
Los pulpos del género Nanaimoteuthis habrían compartido su hábitat con mosasaurios de hasta 17 metros, plesiosaurios de más de 10 metros y grandes tiburones. En ese escenario, la competencia por los recursos debía de ser intensa.
Y, sin embargo, estos cefalópodos no solo sobrevivieron, sino que prosperaron durante millones de años. Su éxito sugiere que desarrollaron estrategias eficaces para cazar, evitar depredadores y reproducirse en un entorno altamente competitivo.
El kraken, más cerca de la realidad
Aunque estos pulpos vivieron mucho antes de la aparición de los humanos, su existencia ofrece una nueva perspectiva sobre los mitos marinos. El kraken, probablemente inspirado en avistamientos de calamares gigantes, podría tener un antecedente aún más impresionante en estos antiguos depredadores.
No eran monstruos sobrenaturales, pero sí animales extraordinarios: inteligentes, poderosos y de dimensiones colosales. Criaturas que, de haber coincidido con nuestra especie, habrían alimentado sin duda las leyendas más oscuras del océano.
La ciencia, una vez más, demuestra que la realidad puede superar a la ficción. Y que, en las profundidades del tiempo geológico, hubo mundos tan extraños y fascinantes como cualquier mito.
Porque, al final, el kraken quizá no fue una invención. Solo llegó demasiado pronto para que alguien pudiera contarlo.▪️(24-abril-2026)
EXPLORACIÓN DE LOS OCÉANOS
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Pulpo Gigante y Kraken
🐙 ¿El kraken existió realmente?
No como en las leyendas, pero sí existieron pulpos gigantes reales que podrían haber inspirado el mito.
🐙 ¿Cuánto medían estos pulpos?
Hasta 19 metros de longitud total.
🐙 ¿Eran peligrosos?
Sí. Eran depredadores activos capaces de triturar presas duras.
🐙 ¿Cómo se sabe si no hay esqueletos?
Por el estudio de mandíbulas fosilizadas y su desgaste.
🐙 ¿Eran inteligentes?
Probablemente sí. Hay evidencias de comportamiento lateralizado, asociado a inteligencia.
Información facilitada por la Universidad de Hokkaidō
Fuente: Shin Ikegami et al. Earliest octopuses were giant top predators in Cretaceous oceans.Science (2026). DOI: 10.1126/science.aea6285

