El parto con dolor no es exclusivo del ser humano: un estudio desmonta uno de los grandes dogmas de la evolución
Durante décadas se creyó que el parto difícil era el precio exclusivo que nuestra especie pagó por evolucionar. Ahora, un estudio demuestra que algunos pequeños primates afrontan un nacimiento aún más complicado —y doloroso— que el de los seres humanos.
Por Enrique Coperías, periodista científico
El parto humano sigue siendo uno de los más complejos entre los grandes simios por la estrecha relación entre el tamaño de la cabeza del bebé y la pelvis materna. Foto de Olivia Anne Snyder en Unsplash
Los antropólogos consideran que el parto humano es una excepción en el reino animal: el parto de un chimpancé es rápido y sencillo. Nuestra especie, sostienen, paga un elevado precio por caminar erguida y tener un cerebro extraordinariamente grande: un canal del parto relativamente estrecho y bebés con cabezas enormes convierten el nacimiento en un proceso especialmente complicado y, en ocasiones, peligroso. La idea de que el parto humano es excepcionalmente difícil entre los primates ha marcado el pensamiento antropológico desde los estudios comparativos pioneros del primatólogo Adolph H. Schultz en la década de 1940.
Como sostiene el paleantropólogo, escritor y divulgador científico Juan Luis Arsuaga, director del Centro UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, en Madrid (España), la evolución no funciona como un ingeniero que perfecciona diseños, sino como un sistema de compromisos. «El cuerpo humano está lleno de contradicciones, de equilibrios precarios entre presiones opuestas. Los biólogos los llaman trade-offs. Nada se resuelve del todo porque cada solución genera un nuevo problema. El parto duele porque el cuerpo humano no podía resolverse de otra manera. Es el precio que hemos pagado por ser quienes somos: caminantes, pensadores y sobrevivientes».
Sin embargo, un nuevo estudio internacional acaba de poner patas arriba esa idea. El parto difícil, concluyen los autores de un nuevo trabajo de investigación, no es una rareza exclusiva de los seres humanos. De hecho, algunos pequeños primates afrontan un desafío anatómico todavía mayor.
Qué es el dilema obstétrico
La investigación, publicada en Nature Ecology & Evolution, revela que varias especies de monos y prosimios dan a luz crías cuya cabeza es proporcionalmente tan grande —e incluso mayor— que el espacio disponible en la pelvis materna. Entre los casos más extremos figuran los monos ardilla (Saimiri), los titíes y los gálagos, pequeños primates africanos cuyas crías deben atravesar un canal del parto sorprendentemente estrecho.
El hallazgo obliga a replantear una de las hipótesis más influyentes de la antropología evolutiva: el llamado dilema obstétrico, formulado en la década de 1960, según el cual la evolución humana tuvo que equilibrar dos exigencias aparentemente incompatibles. Por un lado, una pelvis adaptada a la marcha bípeda; por otro, un cerebro cada vez más grande que obligó a los bebés a nacer con cabezas de mayor tamaño. El resultado habría sido un parto excepcionalmente difícil, una característica que, durante mucho tiempo, se consideró exclusiva de nuestra especie.
En palabras de Arsuaga, «el canal del parto humano estrecho y con irregularidades entra en conflicto directo con el tamaño de la cabeza del feto. Para nacer, la cría se ve obligada a realizar giros complejos con la cabeza y los hombros en un conducto que ni siquiera es recto».
🗣️ «Gran parte de los datos que sustentaban los estudios anteriores eran defectuosos —explica Nicole Torres-Tamayo, investigadora del Departamento de Antropología del University College de Londres (UCL), en el Reino Unido, y del grupo de investigación del Origen de los Homininos del Instituto Catalan de Paleontología Miquel Crusafont (ICP), y una de las autoras principales del trabajo. Y añade—: Se habían obtenido desde una perspectiva excesivamente centrada en el ser humano, sin tener en cuenta la anatomía propia de las demás especies».
Ese sesgo, aparentemente técnico, ha condicionado durante décadas la interpretación de la evolución del parto en los primates.
Comparación entre la pelvis de orangutanes, chimpancés, gorilas y humanos. El nuevo estudio demuestra que las medidas utilizadas durante décadas sobrestimaban el espacio del canal del parto en muchos primates, lo que llevó a considerar erróneamente que el parto difícil era una característica exclusiva de nuestra especie. Cortesía: Nicole Torres-Tamayo et al
Midiendo a los demás como si fueran humanos
Los investigadores descubrieron que buena parte de los estudios clásicos utilizaban medidas diseñadas para la anatomía humana. Se asumía, por ejemplo, que todos los primates parían con la cabeza orientada de la misma manera que los bebés humanos, cuando en realidad muchas especies presentan al feto de frente, con una orientación completamente distinta. También se calculaba el tamaño útil del canal del parto utilizando referencias anatómicas válidas para nuestra pelvis, pero no para la de otros primates.
🗣️ «Antes, la medida de la cabeza de los recién nacidos se tomaba desde la frente hasta la parte posterior del cráneo. Esto partía del supuesto de que todos los bebés nacen con la coronilla por delante, como ocurre con la mayoría de los seres humanos —explica Torres-Tamayo—. Sin embargo, especies como el mono gelada, con sus hocicos pronunciados, suelen nacer con la cara por delante. Hemos tenido en cuenta esta posición».
Para corregir estos problemas, el equipo desarrolló modelos tridimensionales de alta precisión de la pelvis de veintinueve especies distintas —frente a las apenas ocho utilizadas en estudios anteriores— e incorporó medidas específicas del cráneo de las crías teniendo en cuenta la posición real en la que nacen.
El resultado fue una sorpresa.
Lejos de ser un rasgo exclusivo del ser humano, el estrecho ajuste entre la cabeza del recién nacido y el canal del parto aparece distribuido por todo el árbol de la evolución de los primates. Los seres humanos seguimos siendo los grandes simios (gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes) con el parto más ajustado, pero varias especies de menor tamaño presentan una desproporción todavía más acusada entre el tamaño de la cabeza del neonato y el espacio disponible en la pelvis materna.
Uno de los ejemplos más llamativos es el del mono ardilla (Saimiri sciureus), cuyas crías pueden presentar una cabeza casi dos veces mayor que el espacio inicial del canal del parto. Los gálagos, pequeños primates africanos de hábitos nocturnos, muestran una situación similar.
Por qué algunos primates tienen un parto más difícil que las mujeres
La explicación tiene que ver con una regla biológica bastante general. Entre los mamíferos, las especies pequeñas suelen dar a luz crías proporcionalmente más grandes que las especies de gran tamaño. Los autores comprobaron que esa tendencia también se cumple entre los primates.
Pero encontraron un segundo fenómeno igualmente importante: las especies pequeñas poseen, además, pelvis relativamente más estrechas de lo que cabría esperar. La combinación de ambos factores —crías grandes y canales del parto pequeños— genera un ajuste muy estrecho entre la cabeza fetal y la pelvis materna.
En la mujer sucede algo parecido, aunque por razones evolutivas diferentes. Nuestra especie combina un cerebro excepcionalmente grande con una pelvis modificada por millones de años de locomoción bípeda, lo que explica que sigamos siendo los grandes simios con mayor dificultad obstétrica. «Somos excelentes caminantes, pero tenemos un cerebro enorme», explica Arsuaga.
Sin embargo, el estudio demuestra que la evolución ha llegado al mismo problema por caminos distintos en diferentes linajes de primates.
🗣️ «Nuestros resultados transforman las ideas previas sobre lo excepcional que era el parto humano —afirma la antropóloga Lia Betti, también investigadora de la UCL—. Lo que observamos es una gran diversidad de dilemas obstétricos y de adaptaciones evolutivas repartidas entre los primates».
Foto de Flaviu Costin en Unsplash
Las adaptaciones evolutivas que facilitan el parto
Que el canal del parto sea estrecho no significa necesariamente que el nacimiento termine en complicaciones. La evolución también ha desarrollado soluciones para minimizar el riesgo.
✅ Pelvis más flexibles. En los macacos rhesus, por ejemplo, los huesos de la pelvis de las hembras permanecen separados durante más tiempo que los de los machos y no llegan a fusionarse del todo hasta bien entrada la edad reproductiva. Esa mayor flexibilidad facilita la expansión de la pelvis durante el parto.
En los gálagos, por su parte, el mecanismo resulta todavía más sorprendente: los huesos púbicos nunca llegan a fusionarse, lo que permite que la pelvis se abra más cuando nace la cría.
Otras especies recurren a una estrategia completamente distinta: modificar la posición del feto durante el parto.
✅ Cambios en la posición del feto. Mientras que la inmensa mayoría de los bebés humanos nacen con la parte posterior de la cabeza orientada hacia delante —la presentación occípito-anterior—, muchos primates alumbran a sus crías con la cara por delante. Aunque pueda parecer una postura menos intuitiva, reduce considerablemente el espacio que debe atravesar el cráneo y facilita el nacimiento.
Según los modelos elaborados por los investigadores, esta orientación disminuye de forma notable el grado de estrechez entre la cabeza y la pelvis en numerosas especies.
✅ Ligamentos más elásticos. También existen indicios de que algunas especies presentan una mayor elasticidad de los ligamentos pélvicos durante el parto o incluso una ligera separación temporal de ciertos huesos de la pelvis, incrementando el diámetro útil del canal del parto.
Un cambio de perspectiva sobre la evolución humana
Más allá de las implicaciones anatómicas, el estudio pone de manifiesto un problema frecuente en la biología evolutiva: interpretar la naturaleza utilizando al ser humano como referencia absoluta.
Durante décadas se asumió que los demás primates representaban versiones simplificadas de nuestra propia anatomía. Sin embargo, la investigación demuestra que cada especie ha seguido su propio camino evolutivo y que muchas han encontrado soluciones distintas para afrontar un mismo desafío reproductivo.
Los autores sostienen que aplicar medidas diseñadas para nuestra especie llevó a sobreestimar el espacio disponible en la pelvis de otros primates y, en consecuencia, a subestimar las dificultades reales que experimentan durante el parto.
Dos hembras de dril protegen a sus crías en BIOPARC Valencia. Este primate africano está catalogado en grave peligro de extinción y su reproducción en cautividad constituye una valiosa herramienta para la conservación de la especie. Cortesía: BIOPARC Valencia
Una nueva visión del parto en la evolución de los primates
El trabajo no invalida completamente el concepto de dilema obstétrico humano. Nuestra especie continúa mostrando una combinación singular de pelvis relativamente compacta y neonatos con cerebros extraordinariamente desarrollados.
Lo que cambia es la perspectiva.
En lugar de contemplar el parto humano como una anomalía absoluta, los investigadores proponen entenderlo como una variante dentro de un amplio abanico de estrategias reproductivas presentes entre los primates. Algunas especies han evolucionado hacia crías especialmente grandes; otras, hacia pelvis más reducidas; otras han desarrollado mecanismos anatómicos que compensan esas limitaciones.
En palabras de los autores, la evolución no ha generado un único dilema obstétrico, sino muchos dilemas obstétricos diferentes, cada uno resuelto mediante adaptaciones evolutivas particulares.
Después de más de medio siglo considerando el parto humano como una excepción evolutiva, este estudio invita a abandonar esa visión antropocéntrica. Al fin y al cabo, la naturaleza rara vez gira alrededor de nuestra especie. Y cuando se observa con suficiente detalle, resulta que algunos diminutos primates afrontan un desafío al nacer que, proporcionalmente, supera incluso al nuestro.▪️(30-junio-2026)
CUERPO HUMANO
PREGUNTAS & RESPUESTAS: Primates y Parto
🦍 ¿Es el parto humano el más difícil del reino animal?
No. El nuevo estudio demuestra que varias especies de primates pequeños presentan una relación entre el tamaño de la cabeza del recién nacido y la pelvis materna incluso más extrema que la observada en los seres humanos.
🦍 ¿Qué es el ajuste cefalopélvico?
Es la relación entre el tamaño de la cabeza del bebé y el espacio disponible en la pelvis de la madre durante el parto. Cuanto más ajustada es esa relación, mayor puede ser la dificultad del nacimiento.
🦍 ¿Qué especies presentan los casos más extremos?
Los investigadores identificaron especialmente a los monos ardilla (Saimiri), titíes, gálagos y algunos macacos como especies con un ajuste cefalopélvico muy elevado.
🦍 ¿Qué demuestra este estudio sobre la evolución humana?
Que el parto difícil no apareció únicamente como consecuencia de la evolución humana. Existen diferentes dilemas obstétricos repartidos entre los primates, fruto de distintas trayectorias evolutivas.
🦍 ¿Dónde se ha publicado la investigación?
El estudio ha sido publicado en la revista científica Nature Ecology & Evolution y ha sido dirigido por investigadores del University College de Londres (UCL).
LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS
El parto difícil no es exclusivo de los seres humanos.
Algunos primates pequeños presentan un ajuste entre la cabeza del bebé y la pelvis materna más extremo que el nuestro.
El estudio analizó 29 especies de primates, frente a las ocho consideradas en investigaciones anteriores.
Los resultados cuestionan la teoría clásica del dilema obstétrico humano.
Muchas especies han desarrollado adaptaciones evolutivas que facilitan el parto, como pelvis más flexibles o cambios en la posición del feto.
Información facilitada por la University College de Londres
Fuente: Torres-Tamayo, N., Schlager, S., Hirasaki, E. et al. Comparative primate analysis shows that humans are not unique in having a tight cephalopelvic fit at birth. Nature Ecology & Evolution (2026). https://doi.org/10.1038/s41559-026-03102-5

