Marsupiales recién nacidos, filmados por primera vez gateando hacia la bolsa de su madre
Unas imágenes científicas inéditas grabadas en vídeo muestran cómo las crías de un marsupial de apenas cinco miligramos recorren solas el camino más decisivo de su vida. El descubrimiento muestra por primera vez que estos diminutos marsupiales deben trepar hasta la bolsa materna nada más nacer para poder sobrevivir.
Por Enrique Coperías, periodista cintífico
Crías de dunnart de cola gorda recién nacidas se mueven activamente hacia la bolsa materna: tres de ellas buscan los pezones girando la cabeza dentro de la bolsa, mientras otra trepa aún por el borde de la abertura. La imagen confirma que el desplazamiento se produce sin ayuda de fluidos del parto y muestra la extraordinaria autonomía de estos marsupiales nada más nacer (escala: 2 mm). Cortesía: Brandon Menzies, Ella Farley y Andrew Pask
Un hallazgo científico sin precedentes en el nacimiento de marsupiales
En las primeras horas de vida de un marsupial, el mundo es un territorio hostil. El cuerpo aún no se ha formado del todo, los sentidos apenas funcionan y el cerebro es rudimentario. Sin embargo, para sobrevivir, estas crías deben realizar una hazaña extraordinaria: encontrar la bolsa materna y aferrarse a una de sus mamas.
Hasta ahora, ese viaje inicial se conocía más por inferencias que por observación directa. Un nuevo estudio científico, publicado en la revista Royal Society Open Science, ha logrado captar por primera vez en vídeo a las crías de un pequeño marsupial australiano —el dunnart de cola gruesa (Sminthopsis crassicaudata)— gateando hacia la bolsa de su madre justo después de nacer, una escena diminuta y, al mismo tiempo, colosal desde el punto de vista evolutivo.
El hallazgo, fruto de una observación fortuita en una colonia de investigación de la Universidad de Melbourne, en Australia muestra con claridad que estos neonatos, que pesan apenas cinco miligramos, aproximadamente lo mismo que un grano de arroz, no son transportados pasivamente ni inyectados en la bolsa, como se había especulado, sino que se desplazan activamente por sí mismos hasta encontrar un pezón al que aferrarse.
Una maratón hasta el pezón
Vídeo científico inédito del nacimiento de un dunnart de cola gruesa: las diminutas crías dee este maesupial, de apenas cinco miligramos, gatean activamente hasta la bolsa materna y buscan un pezón al que aferrarse, un trayecto decisivo para su supervivencia que nunca antes se había observado con esta claridad.
Cómo nacen los marsupiales: un modelo reproductivo único entre los mamíferos
Durante siglos, incluso los naturalistas debatieron cómo los marsupiales llegaban a la bolsa. Antes de que se describiera con precisión la anatomía reproductiva de la zarigüeya en el siglo XVII, algunos pensaban que el embrión se desarrollaba directamente en el interior de la bolsa.
Con el tiempo, la ciencia confirmó que el nacimiento se produce fuera de ella, pero el trayecto posterior —cómo un animal tan inmaduro alcanza su destino— siguió siendo un misterio en muchas especies, especialmente en las más pequeñas y raras.
Los dunnarts o ratones marsupiales pertenecen a la familia de los dasiúridos, un grupo de marsupiales carnívoros e insectívoros que incluye al demonio de Tasmania. La mayoría son animales diminutos, de menos de cien gramos de peso, y dan a luz a algunas de las crías más pequeñas de todos los mamíferos.
El dunnart, un marsupial que apenas pesa 20 gramos
En el caso del dunnart de cola gruesa, los adultos apenas alcanzan los 15 o 20 gramos. Las hembras pueden concebir hasta diecisite embriones, aunque solo disponen de diez pezones en la bolsa, de modo que la supervivencia de las crías depende en parte de la rapidez con la que logren completar el trayecto y aferrarse a uno.
Hasta ahora, la escena del nacimiento en estos animales se había mantenido prácticamente invisible. Su tamaño microscópico y la imprevisibilidad del parto dificultan enormemente cualquier observación. Los autores del estudio filmaron el proceso con un teléfono móvil durante apenas 22 segundos mientras realizaban revisiones rutinarias en la colonia.
La casualidad permitió capturar lo que podría ser una de las primeras pruebas directas de este comportamiento en la especie.
Primeras imágenes del nacimiento: el gateo hacia la bolsa
En las imágenes se distinguen varias crías dentro de la bolsa moviendo la cabeza de un lado a otro en busca de los pezones, mientras otra aún está trepando por el borde de la abertura. Sus movimientos son rápidos y decididos.
Los investigadores calcularon que el ritmo de sus extremidades delanteras alcanza unos 120 movimientos por minuto: un gesto repetido cada medio segundo, sostenido durante unos 18 segundos por cada intento de avance.
Ese desplazamiento activo resulta especialmente sorprendente si se tiene en cuenta el estado de desarrollo de estos neonatos. Nacen en una fase extremadamente temprana, con un sistema nervioso y sensorial incompleto. Sin embargo, sus patas delanteras están notablemente desarrolladas, con musculatura definida y dedos bien formados con pequeñas garras.
El análisis histológico de las extremidades confirma que están preparadas para la función que deben desempeñar: escalar hacia la bolsa.
Diferencias con otros marsupiales: nadar, caer o trepar
El descubrimiento cuestiona algunas ideas previas sobre cómo llegan a la bolsa los marsupiales más pequeños.
✅ En ciertas especies de la misma familia, como los quoles, se había observado que las crías ascienden a través de una columna de fluido expulsado durante el parto, nadando hasta alcanzar la región de la bolsa.
✅ En otras, como los bandicuts, la madre se tumba de lado y el cordón umbilical contribuye a descender a las crías hacia la abertura.
✅ En el caso de los dunnarts, no se observó ni cordón umbilical conectado ni fluidos que facilitasen el desplazamiento: todo indica que el movimiento depende casi exclusivamente del propio animal.
El comportamiento recuerda más al de los canguros o los ualabíes, cuyos recién nacidos —aunque mucho más grandes— también deben trepar desde la abertura genital hasta la bolsa. Sin embargo, la comparación resalta aún más la proeza de los dunnarts: el neonato de un ualabí puede ser mil veces más pesado que el de un dunnart. Aun así, ambos realizan un trayecto similar impulsados por sus diminutas extremidades delanteras.
Para los investigadores, el gateo inicial podría desempeñar un papel clave en la selección natural de las crías. Dado que muchas hembras conciben más embriones de los que pueden alimentar, solo aquellos neonatos capaces de completar el recorrido y aferrarse con rapidez a un pezón sobreviven. El trayecto hasta la bolsa se convierte así en una primera prueba de competencia biológica: una carrera microscópica por la vida.
Una carrera microscópica por la supervivencia
Este posible filtro inicial tiene implicaciones evolutivas interesantes. En los marsupiales, la inversión energética durante la gestación es relativamente baja en comparación con la de los mamíferos placentarios.
Gran parte del desarrollo ocurre después del nacimiento, en la bolsa. Dar a luz a más crías de las que pueden criarse podría ser una estrategia para maximizar las probabilidades de éxito en entornos variables, dejando que la selección actúe desde el primer instante de vida.
El estudio también abre nuevas preguntas. Se desconoce aún la postura exacta de la madre durante el parto en esta especie, un factor que podría influir en la orientación y el esfuerzo de las crías. Tampoco está claro en qué momento exacto se produce la pérdida de embriones o neonatos en las primeras fases. Los investigadores sugieren que futuras observaciones con técnicas de alta resolución, como la ecografía, podrían arrojar luz sobre estas etapas tempranas del desarrollo.
Ejemplar adulto de dunnart o ratón marsupial de cola gruesa. Cortesía: Alan
Implicaciones científicas y futuras investigaciones
Más allá del caso concreto del dunnart, la observación tiene valor para la biología evolutiva en general. La manera en que los marsupiales nacen y alcanzan la bolsa ilustra un modelo reproductivo radicalmente distinto al de los mamíferos placentarios.
Mientras que en estos últimos gran parte del desarrollo ocurre en el útero, los marsupiales externalizan esa fase temprana y confían en la capacidad de sus crías para completar por sí mismas el primer paso crucial.
En ese sentido, el vídeo de apenas unos segundos se convierte en una ventana a uno de los momentos más delicados de la vida de un mamífero. Un trayecto de milímetros que decide el destino de cada individuo. Una coreografía instintiva, casi invisible, que se repite desde hace millones de años.
Por qué este hallazgo es relevante para la ciencia y la divulgación
La escena filmada en Melbourne por los investigadores Brandon Menzies, Ella Farley y Andrew Pask recuerda que, incluso en organismos minúsculos y aparentemente simples, la supervivencia depende de conductas extraordinariamente sofisticadas.
Un animal de cinco miligramos, ciego y casi sin cerebro desarrollado, es capaz de orientarse, trepar y encontrar el lugar exacto donde podrá continuar su desarrollo.
La imagen del dunnart recién nacido, avanzando a tientas hacia la bolsa de su madre, es también una metáfora poderosa de la evolución: un viaje breve pero decisivo, en el que cada movimiento cuenta. Un gesto microscópico que encierra millones de años de adaptación y que, gracias a la tecnología y a un golpe de suerte, por fin ha podido ser observado en directo.▪️(11-febrero-2026)
Fuente: Brandon R. Menzies, Ella R. Farley, Andrew J. Pask. Dunnart neonates actively climb to the pouch after birth. Royal Society Open Science (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rsos.251970

