El polvo de un meteorito conserva el magnetismo que pudo ayudar a formar el Sol

Unos granos minerales de hace 4.567 millones de años han preservado la posible huella magnética más antigua del Sistema Solar. El hallazgo sugiere que, junto a la gravedad, los campos magnéticos ayudaron al Sol naciente a reunir su materia.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Recreación artística del Sistema Solar primitivo, cuando el protosol estaba rodeado por un disco de gas, polvo y fragmentos rocosos.

Recreación artística del Sistema Solar primitivo, cuando el protosol estaba rodeado por un disco de gas, polvo y fragmentos rocosos. Las nuevas mediciones indican que, junto con la gravedad, intensos campos magnéticos pudieron facilitar el transporte de materia hacia la estrella naciente. Cortesía: Hernán Cañellas.

Un meteorito antártico guarda una memoria anterior a los planetas

En 2008, una expedición encontró en la cordillera Dominion, junto al manto de hielo de la Antártida oriental, un meteorito de aspecto poco extraordinario. La roca, catalogada como DOM 08006, había permanecido congelada durante miles de años, pero su historia comenzaba mucho antes: en un sistema solar todavía sin planetas y con un Sol que apenas estaba reuniendo la mayor parte de su materia.

n algunos de sus granos microscópicos, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Uniudos, han descubierto ahora lo que podría ser la la huella magnética más antigua de nuesto vecindario cósmico, esto es, el Sistema Solar.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) sugiere que el magnetismo intervino desde las primeras etapas de la formación del Sol. Hasta ahora se daba por sentado que la gravedad había sido la gran arquitecta de aquella transformación. Sin embargo, las nuevas mediciones indican que los campos magnéticos también pudieron ayudar a organizar y transportar la materia dentro de la nebulosa solar, la nube de gas y polvo de la que surgieron la estrella y los planetas.

Cómo se formaron el Sol y el disco protoplanetario

Hace unos 4.567 millones de años, el Sistema Solar no se parecía en nada al actual. Era una nube fría y aproximadamente esférica que comenzó a contraerse por efecto de su propia gravedad. Al girar y colapsar, esa materia se fue aplanando hasta formar un un disco protoplanetario alrededor de una protoestrella.

Un disco protoplanetario es una estructura giratoria de gas y partículas sólidas que rodea a una estrella recién nacida. En él se produce la acreción, el proceso mediante el cual la materia se acumula para hacer crecer la estrella y, más tarde, construir planetas, asteroides y lunas.

Durante las etapas más tempranas, conocidas como fases de clase 0 y I, el protosol habría reunido más del 90 % de su masa en menos de medio millón de años.

Ahora bien, la gravedad explica el derrumbe inicial de la nube, pero deja una pregunta importante: ¿cómo perdió el gas parte de su momento angular para desplazarse hacia el centro y alimentar a la joven estrella? Una materia en rotación no puede precipitarse sin más hacia el interior. Necesita transferir hacia fuera una parte de su movimiento orbital.

«Hoy en día ya nadie discute si existe magnetismo durante la formación de los planetas. Pero el debate gira en torno a las primeras etapas del sistema solar, antes de que se formen los planetas, cuando solo hay un disco», afirma Cauê Borlina, que dirigió el nuevo estudio cuando era estudiante de posgrado en el MIT y ahora es profesora adjunta en la Universidad de Purdue. «Ahí es donde sigue centrándose el debate, y ahí es donde estamos trabajando ahora».

Cómo pudo el magnetismo ayudar a formar el Sol

Los campos magnéticos ofrecen un mecanismo capaz de hacerlo: conectan regiones distintas del disco, generan turbulencias y pueden impulsar vientos que extraen momento angular, mientras el gas avanza hacia la protoestrella.

🗣️«La transición de una nube esférica a un disco protoplanetario es uno de los acontecimientos más importantes de la historia del sistema solar — explica Benjamin Weiss, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias del MIT y coautor del estudio, en un comunicado difundido por MIT News. Y añade—: Nuestras mediciones muestran que el magnetismo probablemente desempeñó un papel».

Esto no elimina la gravedad del relato, sino que completa una historia física mucho más compleja.

Modelo 3D de la muestra DOM 08006,106, una primitiva condrita carbonácea CO3.00 recogida en la cordillera Dominion, en la Antártida, durante la campaña ANSMET de 2008.

Modelo 3D de la muestra DOM 08006,106, una primitiva condrita carbonácea CO3.00 recogida en la cordillera Dominion, en la Antártida, durante la campaña ANSMET de 2008. La reconstrucción se obtuvo mediante tomografía computarizada de rayos X. Fuente: NASA Astromaterials 3D.

Qué son las inclusiones ricas en calcio y aluminio

Las pruebas se encuentran en unas partículas conocidas como inclusiones ricas en calcio y aluminio (CAI, por sus siglas en inglés). Estos diminutos objetos refractarios se condensaron a temperaturas superiores a 1.127 °C cerca del protosol, posiblemente a una distancia de entre 15 millones y 150 millones de kilómetros.

Estamos ante los sólidos más antiguos que se conservan de nuestro sistema solar: algunos se formaron durante sus primeros 200.000 años, antes incluso de que existieran los primeros embriones planetarios.

Estas inclusiones contienen minúsculos granos de hierro y níquel. Cuando estos minerales se enfrían por debajo de una temperatura crítica —alrededor de 800 ºC en el caso de la camacita, una aleación natural de hierro y níquel—, su estructura queda orientada por el campo magnético del entorno.

Es un proceso comparable, salvando las distancias, al modo en que una brújula se alinea con el campo terrestre. Esa magnetización remanente puede sobrevivir miles de millones de años y actuar como una memoria mineral —o diminutas cintas de grabación— del espacio en el que se originó.

Por qué DOM 08006 es un meteorito excepcional

DOM 08006 era un candidato excepcional para buscar esa memoria. A diferencia de otros meteoritos, sometidos a agua, impactos, calentamientos y transformaciones químicas dentro de sus asteroides progenitores, esta condrita carbonácea apenas sufrió alteraciones. No muestra señales importantes de choque, solo alcanzó temperaturas máximas de entre 200 ºC y 300 ºC dentro de su asteroide progenitor.

También conserva entre un 1 % y un 2 % de hierro metálico primario.

«De algún modo, DOM ha experimentado menos alteración que casi cualquier otro meteorito», resume Weiss.

«Esta transición, de una nube esférica a un disco protoplanetario, es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia del sistema solar», afirma Weiss.

«Esta transición, de una nube esférica a un disco protoplanetario, es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia del sistema solar», afirma Weiss. Cortesía: Hernán Cañellas.

Cómo se midió un campo magnético de hace 4.567 millones de años

Este científico planetario y sus colegas identificaron veinticinco inclusiones en dos pequeñas secciones de la roca y seleccionaron cinco de ellas, de entre 100 y 300 micrómetros, que contenían metales magnéticos. Una de las elegidas se dividió en dos, por lo que se estudiaron seis muestras.

Como la señal era demasiado débil para los magnetómetros convencionales, los investigadores echaron mano de un microscopio SQUID, basado en dispositivos superconductores de interferencia cuántica, y un microscopio cuántico de diamante, capaz de cartografiar campos magnéticos extremadamente tenues a escalas micrométricas.

Después sometieron las muestras a una desmagnetización progresiva mediante campos alternos. Esta técnica elimina primero las señales más débiles y recientes, mientras permite aislar los componentes magnéticos más resistentes y antiguos.

Tres inclusiones conservaron una señal de alta coercitividad, es decir, difícil de borrar. Además, sus direcciones magnéticas eran diferentes entre sí y respecto a las de otros granos del meteorito. Esta dispersión constituye una prueba importante: si toda la roca hubiera sido calentada o remagnetizada después de agregarse al asteroide, las partículas tenderían a apuntar en una dirección común. El desorden observado indica, por el contrario, que cada grano ya estaba magnetizado antes de quedar incorporado al cuerpo progenitor de DOM 08006.

Un campo magnético hasta doce veces más intenso que el terrestre

A partir de las mediciones y de varias correcciones relacionadas con el giro de los granos y la mezcla de hierro metálico y magnetita, los autores estiman que el campo de la nebulosa alcanzaba entre 150 y 600 microteslas. Es una intensidad aproximadamente entre tres y doce veces superior a los cerca de 50 microteslas del campo terrestre actual.

La incertidumbre es considerable —la estimación corregida central es de 324 microteslas, con un margen de 218—, pero el resultado es compatible con un disco en el que el magnetismo podía influir de forma decisiva en el transporte de gas.

Los modelos muestran que un campo de esa magnitud podría haber alimentado la acreción mediante la llamada inestabilidad magnetorrotacional. En las regiones internas del disco, suficientemente calientes para ionizar parte del gas, las partículas cargadas quedaban acopladas a las líneas del campo. El movimiento diferencial del disco estiraba esas líneas y generaba turbulencias capaces de transferir momento angular hacia el exterior.

Al perderlo, la materia podía caer hacia el centro y engrosar el Sol naciente. El propio proceso habría calentado aún más el interior del disco.

El sistema solar actual es el resultado de una transformación iniciada hace unos 4.567 millones de años, cuando una nube de gas y polvo colapsó y formó un disco alrededor del protosol.

El Sistema Solar actual es el resultado de una transformación iniciada hace unos 4.567 millones de años, cuando una nube de gas y polvo colapsó y formó un disco alrededor del protosol. El nuevo estudio indica que, además de la gravedad, los campos magnéticos pudieron ayudar a transportar materia hacia la estrella naciente. Cortesía: ESA.

¿Es realmente la señal magnética más antigua del Sistema Solar?

La principal incógnita no es si las inclusiones estuvieron magnetizadas, sino cuándo adquirieron esa magnetización. Los autores plantean dos escenarios.

✅ Escenario 1: una señal de los primeros 200.000 años

La interpretación favorecida sostiene que las CAI adquirieron su magnetización durante su formación o en alguno de los breves episodios de calentamiento ocurridos en los primeros 200.000 años del sistema solar.

Si este escenario es correcto, el hallazgo sería la evidencia más antigua conocida de un campo magnético en la nebulosa solar. También situaría su influencia en la etapa durante la cual el proto-Sol estaba acumulando casi toda su masa.

Las edades obtenidas mediante los sistemas isotópicos de aluminio y magnesio, junto con la composición de los isótopos de oxígeno, respaldan esta interpretación.

✅ Escenario 2: una remagnetización posterior

Existe otra posibilidad. Las inclusiones pudieron calentarse de nuevo y adquirir su señal magnética unos 2,2 millones de años después, cuando ya habían viajado hacia regiones más alejadas del disco y coincidían con la formación de otros granos esféricos llamados cóndrulos.

En este caso, el registro seguiría demostrando la presencia y relevancia del magnetismo en el disco protoplanetario, pero ya no constituiría una prueba de sus primeros 200.000 años.

Los datos químicos y petrológicos no muestran señales de una remagnetización posterior, pero tampoco permiten descartarla por completo. Por eso, la antigüedad récord debe presentarse como una conclusión probable, no como una certeza definitiva.

Qué demuestra el estudio y qué no demuestra

Qué demuestra el estudio y qué no demuestra

El trabajo aporta evidencia paleomagnética directa de que existieron campos intensos durante una etapa muy temprana de la evolución solar. Sus resultados son compatibles con modelos en los que el magnetismo transportaba momento angular, favorecía la acreción y calentaba el interior del disco.

Sin embargo, el estudio no demuestra que el magnetismo fuera la única fuerza responsable de formar el Sol. Tampoco establece con absoluta certeza la edad de la señal.

La investigación se basa en cinco inclusiones —tres de ellas con componentes magnéticos resistentes— y requiere correcciones con márgenes de incertidumbre amplios. Será necesario analizar más inclusiones ricas en calcio y aluminio primitivas y encontrar nuevos indicadores químicos capaces de fechar el momento exacto de su último calentamiento.

El valor del trabajo reside precisamente en haber abierto una nueva vía experimental.

🗣️ «Creemos que este tipo de campos magnéticos contribuían a desplazar el gas desde el disco protoplanetario hacia esta estrella central, el Sol —afirma Borlina en la nota de prensa del MIT.—Y concluye: La gravedad también desempeña un papel importante. Pero ahora estamos demostrando que, si se quiere comprender plenamente cómo se formaron el Sol y los planetas, hay que incluir los campos magnéticos entre los ingredientes que los conforman».

Hasta ahora, las pruebas paleomagnéticas fiables del disco solar procedían de materiales formados entre uno y cuatro millones de años después del nacimiento del sistema solar. Estas inclusiones permiten explorar una etapa potencialmente mucho más antigua.▪️(26-agosto-2026)

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Una memoria magnética milenaria: diminutos minerales del meteorito antártico DOM 08006 conservan la huella de un campo magnético del sistema solar primitivo.
  • Los sólidos más antiguos conocidos: las inclusiones ricas en calcio y aluminio analizadas se formaron hace unos 4.567 millones de años.
  • Un campo muy intenso: su fuerza habría alcanzado entre 150 y 600 microteslas, aproximadamente entre tres y doce veces el campo magnético terrestre actual.
  • El magnetismo ayudó al Sol: junto con la gravedad, pudo facilitar el transporte de gas hacia el proto-Sol y favorecer que la estrella acumulara masa.
  • Una posible prueba récord: la señal podría proceder de los primeros 200.000 años del sistema solar, lo que la convertiría en la evidencia magnética más antigua conocida.
  • La cautela necesaria: los científicos no descartan que las partículas adquirieran su magnetización unos dos millones de años después, durante un nuevo episodio de calentamiento.
  • Tecnología de gran precisión: la débil señal fue detectada mediante microscopios superconductores SQUID y microscopía cuántica de diamante.
  • Un resultado todavía limitado: solo tres de las cinco inclusiones estudiadas conservaron una señal magnética resistente, por lo que será necesario analizar más meteoritos primitivos.

PREGUNTAS & RESPUESTAS: Magnetismo y Formación del Sol

🌞 ¿Qué han descubierto los científicos en el meteorito DOM 08006?

Han identificado una magnetización antigua en inclusiones microscópicas ricas en calcio y aluminio. La señal indica que estos granos estuvieron expuestos a un campo magnético de entre 150 y 600 microteslas.

🌞 ¿Por qué puede ser la prueba magnética más antigua del Sistema Solar?

Porque las inclusiones analizadas se formaron durante los primeros 200.000 años de nuestro sistema solar. Si conservaron su magnetización original, el registro tendría aproximadamente 4.567 millones de años.

🌞 ¿Qué son las inclusiones ricas en calcio y aluminio?

Las llamadas CAI son pequeños granos minerales formados a temperaturas muy elevadas cerca del protosol. Son los sólidos más antiguos conocidos del sistema solar y conservan información sobre sus primeras condiciones físicas y químicas.

🌞 ¿Cómo pudo el magnetismo contribuir a formar el Sol?

Los campos magnéticos pudieron transferir momento angular hacia las regiones exteriores del disco protoplanetario. Esto habría permitido que el gas se desplazara hacia el centro y aumentara la masa del Sol naciente.

🌞 ¿Era aquel campo más fuerte que el de la Tierra?

Sí. Su intensidad estimada, de entre 150 y 600 microteslas, equivale aproximadamente a entre tres y doce veces el valor medio del campo magnético terrestre actual.

🌞 ¿El descubrimiento demuestra que el magnetismo formó el Sol?

No por sí solo. La gravedad provocó el colapso de la nube inicial, mientras que el magnetismo pudo regular el transporte de gas y facilitar la acreción. Ambos mecanismos probablemente actuaron de manera conjunta.

🌞 ¿Cómo puede sobrevivir una señal magnética durante miles de millones de años?

Al enfriarse, algunos minerales de hierro y níquel alinean su estructura con el campo magnético circundante. Si después no sufren calentamientos o alteraciones intensas, esa magnetización remanente puede conservarse durante toda la historia del sistema solar.

🌞 ¿Qué falta por averiguar?

Es necesario determinar con mayor precisión cuándo se magnetizaron las inclusiones. Nuevos análisis de otras CAI primitivas permitirán comprobar si el campo corresponde realmente a los primeros 200.000 años o a un episodio posterior.

En definitiva, cinco granos microscópicos de un meteorito antártico no cierran el debate sobre el nacimiento del Sol, pero revelan una parte de su física que ningún telescopio puede observar directamente. En su débil magnetización permanece escrita la posible intervención de los campos magnéticos en la transformación de una nube de gas y polvo en una estrella rodeada de planetas.

  • Información facilitada por MIT News

  • Fuente: C. S. Borlina, B. P. Weiss, X. Bai, P. Tung, R. J. Harrison, E. N. Mansbach, N. Chatterjee, F. L. H. Tissot & K. D. McKeegan. Paleomagnetic evidence for a nebular magnetic field from calcium-aluminum-rich inclusions. PNAS (2026. DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2521660123

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