El primer huevo de un antepasado de los mamíferos: el hallazgo que resuelve un misterio de 200 años

Un embrión fosilizado de hace 250 millones de años confirma por primera vez que los antepasados de los mamíferos ponían huevos. El hallazgo no solo cierra un debate histórico, sino que revela cómo lograron sobrevivir estas criaturas a la mayor extinción de la Tierra.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Fósil del huevo con embrión de Lystrosaurus, fotografiado en la sala de control del Sincrotrón Europeo (ESRF) en Francia, donde fue analizado con técnicas avanzadas de imagen.

Fósil del huevo con embrión de Lystrosaurus, fotografiado en la sala de control del Sincrotrón Europeo (ESRF) en Francia, donde fue analizado con técnicas avanzadas de imagen. Cortesía: Prof. Julien Benoit

Un fósil clave explica cómo se reproducían los primeros sinápsidos

Durante casi dos siglos, la paleontología ha convivido con un enigma incómodo: ¿ponían huevos los antepasados de los mamíferos? La lógica evolutiva sugería que sí, pero las pruebas fósiles brillaban por su ausencia.

Ahora, un hallazgo en Sudáfrica parece cerrar, al menos parcialmente, ese debate. Un pequeño esqueleto fosilizado, enrollado sobre sí mismo como si aún esperara el momento de nacer, ha sido identificado como el primer embrión dentro de un huevo de un sinápsido no mamífero, el linaje que acabaría dando lugar a los mamíferos modernos.

El protagonista de esta historia es Lystrosaurus, un animal herbívoro de aspecto robusto, con pico y colmillos, que vivió hace unos 250 millones de años, poco después de la mayor extinción masiva de la historia de la Tierra, la del final del Pérmico. Este género no solo sobrevivió a aquel cataclismo, sino que prosperó hasta convertirse en uno de los vertebrados terrestres más abundantes del planeta. Ahora, además, aporta una pieza clave para reconstruir cómo se reproducían nuestros lejanos antepasados evolutivos.

Un fósil que parecía acurrucado

El hallazgo procede de la cuenca del Karoo, en Sudáfrica, un auténtico tesoro para la paleontología. Allí se encontraron tres ejemplares extremadamente pequeños de Lystrosaurus, considerados perinatos —es decir, individuos en etapas muy tempranas de desarrollo—. Uno de ellos, catalogado como NMQR 3636, llamó especialmente la atención.

🗣️ «Este fósil fue descubierto durante una campaña de campo que dirigí en 2008, hace casi diecisiete años. Mi preparador y extraordinario buscador de fósiles, John Nyaphuli, identificó un pequeño nódulo que al principio solo mostraba diminutas motas de hueso —recuerda Jennifer Botha, paleontóloga del Instituto de Estudios Evolutivos, Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo (Sudáfrica), y coautora del estudio. Y añade en un comunicado de esta institución: A medida que lo preparaba cuidadosamente, quedó claro que se trataba de un Lystrosaurus recién nacido perfectamente enrollado. Ya entonces sospeché que había muerto dentro del huevo, pero en ese momento simplemente no disponíamos de la tecnología para confirmarlo».

Este fósil presenta una postura inconfundible: el esqueleto está fuertemente curvado, con la columna vertebral formando un óvalo y las extremidades recogidas, como si el animal estuviera aún dentro de un huevo. Esa posición, habitual en embriones de reptiles y aves, fue la primera pista. Pero no bastaba por sí sola: en el registro fósil del Karoo también se han encontrado animales muertos en posiciones similares por otras causas.

Para confirmar la hipótesis, los investigadores recurrieron a técnicas de imagen avanzadas, como la tomografía computarizada y el escaneo con radiación sincrotrón. Estas herramientas permiten observar el interior del fósil sin dañarlo, revelando detalles microscópicos de los huesos.

🗣️ «Comprender la reproducción en los antepasados de los mamíferos ha sido un enigma persistente, y este fósil aporta una pieza clave para resolverlo. Era esencial escanear el fósil de la manera adecuada para capturar el nivel de detalle necesario y poder distinguir huesos tan diminutos y delicado», explica el segundo firmante del trabajo, Vincent Fernández, de la Instalación Europea de Radiación Sincrotrón, en Grenoble (Francia).

Reconstrucción del embrión de Lystrosaurus en el interior de su huevo parcialmente conservado, que muestra su posición fetal antes de la eclosión.

Reconstrucción del embrión de Lystrosaurus en el interior de su huevo parcialmente conservado, que muestra su posición fetal antes de la eclosión. Crédito: imágenes, Prof. Julien Benoit; ilustración, Sophie Vrard

Claves escondidas en los huesos

Lo que encontraron fue revelador. El ejemplar NMQR 3636 carece de ciertos rasgos que sí aparecen en los otros dos individuos, ligeramente más desarrollados. Por ejemplo, no presenta señales de colmillos en formación y su mandíbula inferior muestra una característica crucial: los huesos aún no están fusionados en la línea media.

🗣️ «Cuando vi la sínfisis mandibular incompleta, me emocioné de verdad. La mandíbula inferior está formada por dos mitades que deben fusionarse antes de que el animal pueda alimentarse. El hecho de que esta fusión aún no se hubiera producido indica que el individuo habría sido incapaz de alimentarse por sí mismo», señala Julien Benoit, paleontólogo del Instituto de Estudios Evolutivos, en la Universidad de Witwatersrand, y tercer autor del estudio, que aparece publicado en la revista PLOS One.

Este detalle es especialmente significativo. En animales actuales con pico, como las aves y las tortugas, esa fusión mandibular se completa antes de la eclosión. Su ausencia indica que el individuo no había nacido todavía. En otras palabras, no era una cría recién salida del huevo, sino un embrión fósil.

A ello se suma el escaso grado de osificación de sus huesos, la debilidad estructural de la pelvis y la disposición de las costillas, todo lo cual apunta a un estado de desarrollo muy temprano. En conjunto, las evidencias convergen en una conclusión sólida: este pequeño Lystrosaurus murió antes de nacer, aún dentro de su huevo.

¡Cascaras! El huevo que no dejó rastro

Curiosamente, no se ha conservado ninguna cáscara. Pero eso no invalida la interpretación. De hecho, los científicos sospechan que los huevos de estos animales eran blandos y coriáceos, similares a los de muchos reptiles actuales. Este tipo de estructuras se fosiliza con mucha dificultad, lo que explicaría por qué no se habían encontrado antes.

«Lo que hace especialmente emocionante este trabajo es que pudimos, literalmente, seguir los pasos de John Nyaphuli, regresar a un espécimen que descubrió hace casi dos décadas y resolver por fin el enigma que había encontrado —explica Botha. Y continúa—: En aquel momento solo teníamos un embrión bellamente enrollado, pero sin una cáscara conservada que demostrara que había muerto dentro de un huevo. Gracias a las técnicas modernas de imagen, pudimos responder a esa pregunta de forma definitiva».

A partir de las dimensiones del fósil, los investigadores reconstruyeron el tamaño aproximado del huevo: unos 115 centímetros cúbicos de volumen y alrededor de 115 gramos de masa. Se trata de un huevo relativamente grande en comparación con el tamaño del animal, algo que tiene implicaciones importantes.

Recreación artística de una pareja de Lystrosaurus vigilando su puesta de huevos en el árido paisaje del Triásico temprano, una escena que ilustra cómo estos antepasados de los mamíferos pudieron reproducirse tras la gran extinción del Pérmico.

Recreación artística de una pareja de Lystrosaurus vigilando su puesta de huevos en el árido paisaje del Triásico temprano, una escena que ilustra cómo estos antepasados de los mamíferos pudieron reproducirse tras la gran extinción del Pérmico. Crédito: IA-DALL-E-RexMolón Producciones

Nacer listo para sobrevivir

En biología, el tamaño del huevo suele estar relacionado con el desarrollo del recién nacido. Los huevos grandes contienen más reservas energéticas, lo que permite que las crías nazcan más desarrolladas y autónomas; es lo que se conoce como precocialidad.

En el caso de Lystrosaurus, todo apunta a que las crías eran capaces de moverse y alimentarse poco después de nacer. De hecho, uno de los otros ejemplares estudiados, más desarrollado, presenta una mandíbula ya funcional, lo que sugiere que podía procesar alimentos sólidos .

Esta estrategia habría sido especialmente ventajosa en el duro mundo posterior a la extinción del Pérmico, cuando los ecosistemas estaban devastados y los recursos eran escasos. Nacer listo para sobrevivir podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Por qué es un rompecabezas evolutivo

El descubrimiento tiene implicaciones que van más allá de la biología del Lystrosaurus. Durante décadas, los científicos han asumido que los primeros sinápsidos —el grupo que incluye a los mamíferos— eran ovíparos, es decir, ponían huevos. Sin embargo, la falta de fósiles directos había dejado espacio para la duda.

«Esta investigación es importante porque proporciona la primera evidencia directa de que los antepasados de los mamíferos, como Lystrosaurus, ponían huevos, lo que zanja una cuestión que llevaba mucho tiempo abierta sobre el origen de la reproducción en los mamíferos», comenta Benoit.

Esta nueva evidencia refuerza la idea de que la puesta de huevos era la condición ancestral en este linaje. Y eso, a su vez, es fundamental para entender cómo surgió una de las características más distintivas de los mamíferos: la lactancia.

Según las teorías más aceptadas, la leche evolucionó inicialmente no como alimento, sino como una secreción cutánea para mantener húmedos los huevos o protegerlos de infecciones. Solo más tarde se habría convertido en una fuente de nutrición para las crías.

Ni leche ni dependencia

Otro aspecto interesante es que el tamaño del huevo sugiere que Lystrosaurus no producía leche para alimentar a sus crías. En los mamíferos actuales que ponen huevos, como los monotremas, caso de los ornitorrincos y los equidnas, los huevos son pequeños y contienen poco vitelo; las crías nacen muy inmaduras y dependen de la leche para completar su desarrollo.

En cambio, los huevos de Lystrosaurus eran grandes, lo que indica que las crías recibían suficiente energía antes de nacer y no necesitaban ese tipo de cuidado parental intensivo.

Esto sitúa a este animal en un punto intermedio en la evolución de las estrategias reproductivas: más avanzado que los reptiles en algunos aspectos, pero aún lejos de los mamíferos modernos.

Reconstrucción 3D del esqueleto del embrión de Lystrosaurus, obtenida mediante escaneado de alta resolución que permite visualizar en detalle su desarrollo dentro del huevo.

Reconstrucción 3D del esqueleto del embrión de Lystrosaurus, obtenida mediante escaneado de alta resolución que permite visualizar en detalle su desarrollo dentro del huevo. Crédito: Prof. Julien Benoit

Sobrevivir a la mayor extinción de la Tierra

El éxito de Lystrosaurus tras la gran extinción del Pérmico ha intrigado a los científicos durante décadas. Este nuevo hallazgo sugiere que su estrategia reproductiva pudo haber sido una de las claves.

«Más allá de este hallazgo fundamental, revela cómo las estrategias reproductivas pueden influir en la supervivencia en entornos extremos: al producir huevos grandes y ricos en vitelo y crías precoces, Lystrosaurus pudo prosperar en las duras e impredecibles condiciones posteriores a la extinción masiva del final del Pérmico», sostiene Benoit.

Huevos grandes, crías relativamente autónomas y posiblemente un cierto grado de cuidado parental, como indican algunos hallazgos de grupos de individuos, habrían permitido a este animal adaptarse a un mundo hostil y cambiante.

En un contexto de alta mortalidad juvenil, madurar rápidamente y reproducirse pronto habría sido una ventaja evolutiva decisiva.

Una pieza excepcional de nuestra historia evolutiva

En última instancia, el pequeño esqueleto enrollado de NMQR 3636 es mucho más que una curiosidad paleontológica. Es una ventana a un momento crucial de la historia de la vida, cuando las bases de la biología reproductiva de los mamíferos aún estaban en construcción.

«En un contexto actual, este trabajo tiene un gran impacto porque ofrece una perspectiva a largo plazo sobre la resiliencia y la capacidad de adaptación frente a cambios climáticos rápidos y crisis ecológicas —dice Benoit. Y concluye—: Comprender cómo los organismos del pasado sobrevivieron a perturbaciones globales ayuda a los científicos a predecir mejor cómo podrían responder las especies actuales al estrés ambiental en curso».

Como ocurre a menudo en ciencia, una pieza diminuta —un embrión fosilizado— puede iluminar preguntas gigantescas. Y en este caso, ayuda a reconstruir uno de los capítulos más importantes de nuestra propia historia evolutiva: cómo empezaron a nacer, literalmente, los mamíferos.▪️(9-abril-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Lystrosaurus y Huevos

🥚 ¿Ponían huevos los antepasados de los mamíferos?

Sí. Este fósil demuestra por primera vez que algunos sinápsidos primitivos eran ovíparos.

🥚 ¿Qué es un sinápsido?

Un grupo de vertebrados que incluye a los antepasados de los mamíferos y a los propios mamíferos actuales.

🥚 ¿Por qué no se habían encontrado huevos antes?

Probablemente porque eran blandos y sin cáscara mineralizada, lo que dificulta su fosilización.

🥚 ¿Producían leche estos animales?

No. El tamaño de los huevos indica que no producían leche para alimentar a las crías.

🥚 ¿Por qué fue tan importante Lystrosaurus?

Porque sobrevivió y dominó tras la mayor extinción de la historia, siendo clave para entender la evolución de los ecosistemas terrestres.

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