Las seis etapas del crecimiento espiritual en una peregrinación, según la ciencia

Caminar durante días puede cambiar algo más que el paisaje: un estudio revela que las peregrinaciones, como el Camino de Santiago, siguen un patrón común de transformación interior. Desde la crisis personal hasta la sensación de plenitud, la ciencia identifica seis etapas que explican por qué el camino también se recorre por dentro.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Un peregrino observala Catedral de Santiago de Compostela tras recorrer el Camino de Santiago, una de las rutas más emblemáticas donde, según el estudio, el esfuerzo físico y el silencio favorecen la reflexión interior y el crecimiento espiritual.

Un peregrino observala Catedral de Santiago de Compostela tras recorrer el Camino de Santiago, una de las rutas más emblemáticas donde, según el estudio, el esfuerzo físico y el silencio favorecen la reflexión interior y el crecimiento espiritual. Foto de Peter Amende en Unsplash

Caminar se ha convertido en algo más que una actividad física o turística. Para millones de personas en todo el mundo, ponerse en marcha, literalmente, es una forma de replantearse la vida.

Ahora, un nuevo estudio académico pone orden a esa intuición: la transformación espiritual que muchos peregrinos dicen experimentar no es aleatoria, sino que sigue un proceso reconocible en seis etapas.

La investigación, basada en entrevistas en profundidad a caminantes de tres de las rutas más emblemáticas del mundo —la peregrinación de Mazu, en Taiwán; el Shikoku japonés; y el Camino de Santiago, en España— propone un mapa del cambio interior que ocurre cuando alguien decide abandonar su rutina y emprender una travesía cargada de significado.

Qué es una peregrinación

El trabajo ha sido realizado por los investigadores Wen Huei Chou, Pei-Ching Tsai y Yi-Ying Wu, de la Facultad de Posgrado de Diseño, en la Universidad Nacional de Ciencia y Tecnología de Yunlin (China), y sus resultados aparecen publicados en la revista Psychology of Religion and Spirituality.

En palabras de Chou, Tsai y Wul, el estudio demuestra que el viaje permitió a los peregrinos participantes en el trabajo tomar distancia de su vida cotidiana y recuperar su equilibrio interior. Este proceso se activa a través de experiencias físicas y sensoriales —el esfuerzo, el silencio, el contacto con el entorno— que desencadenan una profunda reflexión psicológica.

Hay que decir que una peregrinación es un desplazamiento hacia un lugar con significado religioso o espiritual. Quienes la emprenden, esto es los peregrinos, buscan, en muchos casos, el crecimiento personal, el perdón o una conexión más profunda con su fe recorriendo rutas que conducen a templos, santuarios o enclaves considerados sagrados.

Un largo viaje no depende necesariamente de la religión

Estas travesías suelen ser largas y exigentes, a menudo implican recorrer grandes distancias a pie. Las peregrinaciones están presentes en múltiples tradiciones religiosas, como el cristianismo, el islam, el hinduismo y el budismo, y constituyen uno de sus ritos más significativos. Un ejemplo emblemático es el Hajj, la peregrinación a La Meca que todo musulmán debe realizar al menos una vez en la vida si sus condiciones lo permiten.

Los peregrinos pueden viajar solos o en grupo, siguiendo rutas y rituales establecidos por la tradición. En conjunto, la experiencia se vive como un doble desafío: físico, por el esfuerzo del camino, y espiritual, por el proceso interior que desencadena.

👉 Este proceso no depende necesariamente de la religión: puede darse en personas creyentes o no, y está impulsado por experiencias vividas más que por doctrinas.

Cómo se llevó a cabo el estudio

El estudio se basó en la experiencia directa de quince peregrinos que habían completado una peregrinación en los últimos cinco años. Ocho eran hombres y sus edades oscilaban entre los 23 y los 77 años. Para participar, debían haber recorrido al menos nueve días de camino, la duración mínima de una de las rutas analizadas, la peregrinación de Mazu.

Cinco de los participantes compartieron su experiencia en el Camino de Santiago, otros cinco en la peregrinación de Shikoku y los cinco restantes en la ruta de Mazu. Un dato relevante es que todos ellos habían realizado dos o más peregrinaciones, ya fuera repitiendo la misma o explorando distintas rutas. Además, la mayoría contaba con estudios universitarios, lo que refuerza la diversidad de perfiles dentro de este fenómeno.

Las entrevistas, de carácter individual y semiestructurado, se realizaron de forma online. En ellas se abordaron aspectos como las motivaciones iniciales, las experiencias vividas durante el camino —tanto internas como externas— y la reflexión posterior al viaje. A partir de estas conversaciones, los investigadores aplicaron un análisis cualitativo basado en la llamada teoría fundamentada, una metodología que permite identificar patrones y construir explicaciones a partir de los datos.

Los resultados revelan que el crecimiento espiritual del peregrino no es aleatorio, sino que responde a seis factores interconectados: el anhelo de cambio, el poder de la vulnerabilidad, la conexión con uno mismo y el estado de flujo, la trascendencia o ir más allá, la conexión con los demás y, finalmente, la sensación de pertenencia y experiencia espiritual. Juntos, estos elementos configuran el proceso completo de transformación que muchos describen al terminar el camino.

Señalización del camino en la peregrinación de Shikoku, un recorrido de más de 1.200 kilómetros en el que los peregrinos, vestidos de blanco, atraviesan un proceso de introspección y conexión personal.

Señalización del camino en la peregrinación de Shikoku, un recorrido de más de 1.200 kilómetros en el que los peregrinos, vestidos de blanco, atraviesan un proceso de introspección y conexión personal. Foto de Hendrik Morkel en Unsplash

1️⃣ El anhelo de cambio: el punto de partida

Todo empieza con una incomodidad. Los autores del estudio la llaman anhelo de cambio, y puede adoptar formas muy distintas: desde la enfermedad de un familiar hasta una crisis personal, pasando por una simple curiosidad por lo desconocido.

No siempre es una fe religiosa lo que empuja a caminar. De hecho, muchos participantes tenían vínculos débiles con cualquier credo, pero compartían una sensación de estancamiento o la necesidad de encontrar respuestas.

La peregrinación, en ese sentido, actúa como una excusa legítima para irse. Salir de casa, dejar atrás obligaciones y roles sociales, crea un espacio mental donde las preguntas pueden emerger sin la presión de tener que resolverlas de inmediato. Es lo que los antropólogos han llamado estado liminal: un tiempo suspendido entre lo que se deja atrás y lo que aún no ha llegado.

2️⃣ La vulnerabilidad: el impacto del esfuerzo

Pero el viaje no tarda en despojar de romanticismo a quien lo emprende. El segundo momento clave del proceso es el que los investigadores denominan el poder de la vulnerabilidad. Caminar durante días —a veces semanas— expone el cuerpo y la mente a límites poco habituales: ampollas, hambre, frío, soledad, dudas...

Todos los entrevistados, sin excepción, relataron episodios de ruptura. Momentos en los que quisieron abandonar. Esa experiencia, lejos de ser un obstáculo, parece ser el motor de la transformación. La incomodidad obliga a mirar hacia dentro. Cuando las distracciones desaparecen, el diálogo interno se intensifica.

En muchas tradiciones religiosas, el sufrimiento se interpreta como una prueba o un camino hacia el crecimiento. El estudio confirma que, incluso fuera de un marco religioso explícito, atravesar dificultades físicas y emocionales desencadena procesos de reflexión profunda.

3️⃣ Conexión con uno mismo: el estado de flujo

Miles de musulmanes rodean la Kaaba en La Meca durante el Hajj, uno de los mayores rituales de peregrinación del mundo, que combina desafío físico, experiencia colectiva y profunda dimensión espiritual.

Miles de musulmanes rodean la Kaaba en La Meca durante el Hajj, uno de los mayores rituales de peregrinación del mundo, que combina desafío físico, experiencia colectiva y profunda dimensión espiritual. Foto de ekrem osmanoglu en Unsplash

A partir de ahí emerge la fase de conexión con uno mismo. La repetición del gesto —un paso tras otro— genera un estado mental particular, cercano a lo que la psicología denomina flujo. La mente deja de divagar entre pasado y futuro y se centra en el presente inmediato.

Algunos peregrinos describen esta experiencia como una forma de meditación en movimiento. El silencio, la monotonía del camino y la fatiga contribuyen a que los pensamientos se ordenen. Problemas que parecían irresolubles empiezan a adquirir otra dimensión. La distancia física respecto a la vida cotidiana se traduce en distancia emocional.

Es en este punto cuando muchos hablan de soltar: abandonar expectativas, aceptar la incertidumbre, dejar de resistirse a lo que ocurre. La renuncia al control —ya sea interpretada como fe en una divinidad o como confianza en el propio proceso— aparece como un elemento clave.

4️⃣ Trascendencia: redefinir creencias y valores

La cuarta etapa, descrita como hacia arriba y más allá, implica una reformulación de las creencias y valores. El diálogo interior se vuelve más estructurado: preguntas sobre el propósito, la identidad o las prioridades vitales ocupan el centro.

El estudio recoge testimonios en los que la peregrinación funciona como una especie de laboratorio existencial. Al enfrentarse a límites físicos y emocionales, los caminantes desarrollan una nueva narrativa sobre sí mismos. Conceptos como paciencia, perseverancia y aceptación dejan de ser abstractos para convertirse en experiencias vividas.

Este proceso no implica necesariamente una revelación súbita. Más bien se trata de una acumulación de pequeñas comprensiones que, juntas, producen un cambio de perspectiva. La vida, dicen algunos participantes, se parece más al propio camino: irregular, imprevisible, pero transitable paso a paso.

5️⃣ Conexión con los demás: gratitud y empatía

El viaje interior no ocurre en aislamiento. La quinta fase identificada por los investigadores se centra en la conexión con los demás. En el camino, los peregrinos comparten experiencias, dificultades y gestos de ayuda que adquieren un valor especial precisamente por su carácter efímero.

La gratitud emerge como una emoción dominante. Recibir apoyo de desconocidos —un lugar donde dormir, comida, una conversación— genera una percepción renovada de la interdependencia humana. Muchos participantes señalaron que esta experiencia transformó su manera de relacionarse con los demás al regresar a casa.

No es solo una cuestión emocional. El estudio sugiere que esta apertura hacia el otro se traduce en cambios concretos: mayor empatía, disposición a ayudar, menor preocupación por el juicio ajeno. La peregrinación, en este sentido, no solo redefine la relación con uno mismo, sino también con la comunidad.

6️⃣ Integración: rituales, significado y pertenencia

La última etapa del proceso —estabilidad, pertenencia y experiencia espiritual— introduce un elemento fundamental: los rituales. Oraciones, cantos, sellos en un pasaporte de peregrino, objetos simbólicos o incluso el simple acto de caminar adquieren un significado especial.

Estos elementos funcionan como anclajes. Ayudan a dar forma y continuidad a la experiencia, tanto durante el viaje como después. Un bastón, una concha del Camino o un talismán no son meros recuerdos: condensan la transformación vivida.

También los lugares desempeñan un papel crucial. Templos, santuarios, paisajes naturales o plazas finales, como la de Santiago de Compostela, actúan como escenarios donde se culmina el proceso. La llegada no es solo un destino físico, sino un momento de integración: todo lo vivido encuentra un sentido.

Fieles participan en la peregrinación de Mazu, una de las más multitudinarias de Asia, donde los rituales colectivos y la devoción refuerzan el sentido de pertenencia y transformación espiritual descrito por los investigadores.

Fieles participan en la peregrinación de Mazu, una de las más multitudinarias de Asia, donde los rituales colectivos y la devoción refuerzan el sentido de pertenencia y transformación espiritual descrito por los investigadores. Foto de Dominik Vanyi en Unsplash

¿Por qué una peregrinación transforma a las personas?

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la transformación espiritual no ocurre en un instante concreto. No hay un momento único de iluminación. Más bien se trata de un proceso continuo, en el que cada etapa prepara la siguiente.

Los autores insisten en que esta evolución no depende necesariamente de la intervención de una fuerza sobrenatural. Surge de la interacción entre el cuerpo, el entorno, las emociones y las relaciones sociales. La espiritualidad, en este contexto, aparece como una construcción dinámica.

Aunque la investigación se centra en peregrinaciones específicas, sus conclusiones apuntan a algo más amplio. En una sociedad marcada por la prisa y la hiperconectividad, la necesidad de detenerse, reflexionar y reconectar con lo esencial parece estar en aumento.

El auge contemporáneo del Camino de Santiago, con cientos de miles de peregrinos cada año, o el interés por rutas tradicionales en Asia no puede entenderse solo como turismo. Responde a una búsqueda de sentido que trasciende lo religioso.

El estudio sugiere que la peregrinación ofrece un marco privilegiado para esa búsqueda: combina esfuerzo físico, desconexión del entorno habitual, contacto con la naturaleza y encuentros humanos significativos. Todo ello crea las condiciones para que se produzca lo que los investigadores describen como una reconstrucción espiritual.

Caminar para comprender

Quizá la conclusión más interesante es que el verdadero viaje empieza después. Los cambios experimentados en el camino —mayor claridad, gratitud, apertura— se trasladan, en mayor o menor medida, a la vida cotidiana.

No todos los peregrinos mantienen esas transformaciones a largo plazo. Pero muchos afirman que algo permanece: una manera distinta de mirar, de relacionarse, de enfrentarse a las dificultades.

Caminar, en definitiva, no resuelve los problemas, pero cambia la forma de enfrentarlos. Y en ese desplazamiento —del exterior al interior y de vuelta al mundo— reside, según este estudio, la esencia de la experiencia peregrina.▪️

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Peregrinación y Transformación Espiritual

🎒 ¿Es necesario ser religioso para vivir una transformación espiritual?

No. El estudio muestra que muchas personas sin afiliación religiosa experimentan cambios profundos durante la peregrinación.

🎒 ¿Cuánto dura el proceso de transformación?

No ocurre en un momento puntual. Es un proceso gradual que se desarrolla a lo largo del viaje y puede continuar después.

🎒 ¿Qué es lo más importante: el destino o el camino?

El proceso. La transformación se produce durante el recorrido, no solo al llegar al destino.

🎒 ¿Los cambios son permanentes?

Depende de la persona, pero muchos peregrinos reportan cambios duraderos en su forma de pensar y relacionarse.

  • Fuente: Wen Huei Chou, Pei-Ching Tsai, Yi-Ying Wu. Spiritual Transformation Through Pilgrimage: A Grounded Theory Analysis of Experiences in Taiwan, Japan, and Spain. Psychology of Religion and Spirituality (2026). DOI: https://doi.org/10.1037/rel0000584

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