«Eosphorosuchus lacrimosa»: el pariente del cocodrilo de hace 210 millones de años que revoluciona la evolución de los depredadores
Un fósil olvidado durante décadas en un museo revela ahora que los primeros parientes de los cocodrilos ya se habían especializado mucho antes de lo que creíamos. El hallazgo de Eosphorosuchus lacrimosa reescribe el origen de los depredadores modernos y los primeros pasos de su evolución.
Por Enrique Coperías, periodista científico
Hace 210 millones de años, un Eosphorosuchus lacrimosa (izquierda) está siendo molestado por un Hesperosuchus agilis (derecha), junto al cadáver de un Coelophysis, en lo que hoy es Ghost Ranch (Nuevo México). Ilustración: Julio Lacerda
En el verano de 1948, en el árido paisaje rojizo de Ghost Ranch, en Nuevo México, un equipo de paleontólogos desenterró un conjunto de huesos que durante décadas permanecieron en una especie de limbo científico. Catalogado, almacenado y comparado una y otra vez, aquellos restos fósiles fueron considerado simplemente otro ejemplar de un pequeño crocodilomorfo o pariente primitivo de los cocodrilos, el Hesperosuchus agilis. No parecía haber nada especialmente extraordinario en él. Hasta ahora.
Un nuevo estudio científico liderado por Miranda Margulis-Ohnuma, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias, en la Universidad de Yale, y querecoge la revista Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, ahonda en aquel viejo material con técnicas modernas, incluidas tomografías computarizadas de alta resolución, y para llegar a una conclusión inesperada: no se trataba de un ejemplar más, sino de una especie completamente distinta.
➡️ Su nombre es Eosphorosuchus lacrimosa, y su anatomía revela que, hace unos 210 millones de años, algunos de los primeros parientes de los cocodrilos ya habían comenzado a diversificarse en formas sorprendentes.
La historia de este animal es también la de un cambio de perspectiva en la paleontología. Durante mucho tiempo, los científicos pensaron que los primeros cocodrilomorfos —el grupo que acabaría dando lugar a los cocodrilos actuales— eran relativamente homogéneos: pequeños depredadores terrestres, de cuerpos ágiles y mandíbulas poco especializadas. Sin embargo, el redescubrimiento de Eosphorosuchus sugiere que esa uniformidad era solo aparente. «Esto habla de la diversificación de los protococodrilos al comienzo de la Era de los Reptiles», explicaBhart-Anjan Bhullar, autor senior del estudio.
Un cráneo diseñado para morder: la clave del descubrimiento
Lo primero que llama la atención de este animal es su cráneo. A diferencia de otros parientes tempranos, su hocico corto y robusto era inusualmente compacto. No se trata de un detalle menor. En los vertebrados, la forma del cráneo suele estar estrechamente relacionada con la manera de alimentarse. Un hocico corto, compacto y reforzado suele ser sinónimo de una mordida potente.
Los investigadores observaron que los huesos de la cara estaban más reforzados de lo habitual y que ciertas estructuras, como la región situada delante del ojo, mostraban una osificación poco común. Además, la disposición de los huesos que servían de anclaje a los músculos mandibulares indicaba que estos estaban especialmente desarrollados. En otras palabras, este animal estaba «diseñado para morder».
No es solo una impresión cualitativa. Bhullar y su equipo utilizó métodos biomecánicos para medir la resistencia de los huesos del cráneo a la flexión. Los resultados mostraron que Eosphorosuchus tenía una mayor capacidad para soportar fuerzas de mordida que otros cocodrilomorfos tempranos comparables.
Fotografías y dibujos anatómicos del cráneo de Eosphorosuchus lacrimosa, vistos desde la derecha/abajo (a, c) y desde arriba/izquierda (b, d). Cortesía: Miranda Margulis-Ohnuma.
El contexto: el mundo del Triásico tardío
Para entender la importancia de este hallazgo hay que retroceder al Triásico tardío, un periodo en el que los dinosaurios empezaban a expandirse, pero aún compartían el mundo con otros grupos de reptiles dominantes. Los cocodrilomorfos primitivos eran entonces animales pequeños, de no más de un metro de longitud, que ocupaban nichos ecológicos modestos.
🗣️ «Durante este periodo, el Triásico tardío, había dos dinastías de reptiles compitiendo por el dominio: por un lado, tenemos la línea que daría lugar a los cocodrilos y los caimanes, y por otro, la que derivaría en las aves (dinosaurios) —señala Bhullar—. Y añade—: En ese momento, los dinosaurios eran animales esbeltos y delicados que caminaban sobre dos patas finas, casi como garzas, mientras que los cocodrilos eran depredadores terrestres rápidos, de cuatro patas, bajos y más robustos, comparables a un chacal, un gran zorro o un perro».
En ese contexto, la presencia de Eosphorosuchus introduce una novedad: no todos esos pequeños depredadores eran iguales. Mientras algunos, como Hesperosuchus, probablemente cazaban presas pequeñas y ágiles, otros, como este pariente recién identificado, podrían haberse especializado en capturar presas más resistentes o en aplicar una mordida más potente para someterlas.
Lo más revelador es que ambos tipos de animales convivieron en el mismo lugar y momento. Los fósiles de Eosphorosuchus y de Hesperosuchus se encontraron a pocos metros de distancia, en el mismo yacimiento fósil. Esto sugiere que compartían el ecosistema pero no competían directamente, sino que se repartían los recursos mediante distintas estrategias de caza.
«Estamos ante una instantánea de un único momento hace 210 millones de años. Estos dos individuos tuvieron que competir e interactuar entre sí. Es muy posible que se estuvieran mirando cuando murieron», comenta Bhullar.
La diversificación empezó antes de lo que se pensaba
Este descubrimiento tiene implicaciones más amplias. Durante años, los paleontólogos han debatido cuándo y cómo comenzó la diversificación ecológica dentro del linaje de los cocodrilos. La idea dominante era que esa explosión de formas y estilos de vida no se produjo hasta más tarde, en el Jurásico.
Sin embargo, Eosphorosuchus sugiere que ese proceso empezó antes. Mucho antes. Según el estudio, las diferencias anatómicas entre este animal y otros de tamaño similar indican que ya existía una diversificación evolutiva en los primeros pasos del grupo.
🗣️ «Eosphorosuchus es uno de los pocos parientes tempranos de los cocodrilos bien conservados, y su coexistencia con Hesperosuchus representa el amanecer de la diversificación funcional en el linaje que daría lugar a los cocodrilos modernos», explica Margulis-Ohnuma, primera autora del trabajo.
En términos evolutivos, esto es significativo. Indica que incluso en fases tempranas, cuando un grupo aún está emergiendo, pueden surgir especializaciones que permitan a distintas especies coexistir sin competir directamente. Es una estrategia que vemos hoy en muchos ecosistemas: desde los carnívoros africanos hasta las aves marinas.
Extremidad posterior izquierda de Eosphorosuchus lacrimosa: pelvis (a), huesos de la pierna (b), tobillo (c) y pie (d). Cortesía: Miranda Margulis-Ohnuma.
Un fósil «aparcado» que cambia la historia
Hay algo casi poético en el hecho de que este hallazgo provenga de un fósil que llevaba más de setenta años en colecciones de museo. Durante décadas, el espécimen fue estudiado de forma parcial y asignado provisionalmente a otra especie. Solo ahora, con nuevas herramientas y una mirada renovada, ha revelado su verdadera identidad.
«Llevaba tiempo observando este fósil. Durante años, se pensó que ambos cocodrilos de Ghost Ranch eran ejemplos de Hesperosuchus, pero el ejemplar de Yale parecía tener una estructura facial diferente», recuerda Bhullar.
Este tipo de revisiones no es raro en paleontología, pero pocas veces tienen consecuencias tan claras y reveladoras. En este caso, no solo se ha identificado una nueva especie, sino que se ha modificado la comprensión de toda una etapa evolutiva.
El nombre elegido, Eosphorosuchus, tampoco es casual. Hace referencia a Eósforo, una deidad griega asociada con el lucero del alba, el portador del amanecer. Es una metáfora apropiada: este animal marca el amanecer de una diversificación ecológica que acabaría dando lugar a una de las líneas evolutivas más exitosas de los reptiles.
«Además de su anatomía única y su historia de conservación, el ejemplar demuestra el potencial de las colecciones científicas para seguir revelando nuevos conocimientos sobre la historia de la vida», dice Margulis-Ohnuma.
Tres cocodrilos actuales en plena interacción: hoy dominan ríos y humedales, pero hace 210 millones de años sus antepasados ya experimentaban distintas estrategias de caza y mordida. Foto de Holly Ward en Unsplash
Más preguntas que respuestas
Como suele ocurrir en ciencia, cada respuesta abre nuevas preguntas. Los paleontólogos que han estudiado el fósil destacan estas tres:
✅ ¿Cuántas otras especies permanecen ocultas en colecciones, esperando ser reinterpretadas?
✅¿Hasta qué punto era diversa la fauna de pequeños depredadores en el Triásico?
✅ ¿Y qué papel jugaron estas primeras especializaciones en el éxito posterior de los cocodrilomorfos?
El estudio también plantea interrogantes sobre la evolución de la mordida en este grupo. En los cocodrilos modernos, la fuerza mandibular es una de sus características más destacadas. Pero este hallazgo sugiere que esa capacidad no es una innovación tardía, sino que tiene raíces mucho más profundas.
Un cambio de mirada
En última instancia, Eosphorosuchus lacrimosa es un recordatorio de que la evolución no avanza de forma lineal ni uniforme. Incluso en sus etapas iniciales, puede experimentar ramificaciones, experimentos y especializaciones que anticipan desarrollos futuros.
También es una lección sobre la importancia de revisar el pasado con nuevas herramientas. A veces, los grandes descubrimientos no requieren nuevas excavaciones, sino nuevas preguntas aplicadas a viejos fósiles.
Hace 210 millones de años, en un paisaje dominado por reptiles y bajo un clima muy distinto al actual, un pequeño depredador caminaba con un arma poco común: una mordida más potente que la de sus contemporáneos. Hoy, gracias a la paciencia de la ciencia, ese detalle aparentemente menor nos obliga a reescribir una parte de la historia de la vida en la Tierra.▪️(3-mayor-2026)
PREGUNTAS&RESPUESTAS: Cocodrilos y Antepasados
🐊 ¿Qué es Eosphorosuchus lacrimosa?
Un reptil carnívoro del Triásico tardío y pariente temprano de los cocodrilos, especializado en una mordida potente.
🐊 ¿Cuándo vivió Eosphorosuchus?
Hace aproximadamente 210 millones de años, durante el Triásico tardío.
🐊 ¿Dónde se encontró el fósil?
En Ghost Ranch, Nuevo México (EE. UU.), un importante yacimiento paleontológico.
🐊 ¿Por qué es importante este descubrimiento?
Porque demuestra que la diversificación ecológica de los cocodrilos comenzó antes de lo que se creía.
🐊 ¿En qué se diferencia de otros cocodrilos primitivos?
Principalmente en su:
Hocico corto
Cráneo reforzado
Mayor fuerza de mordida
PALEONTOLOGÍA Y EVOLUCIÓN
Información facilitada por la Universidad de Yale
Fuente: Miranda Margulis-Ohnuma, Alexander A. Ruebenstahl, Dalton L. Meyer, Bhart-Anjan S. Bhullar. A short-snouted ‘sphenosuchian’ with unusual feeding anatomy demonstrates that ecological specialization occurred early in crocodylomorph evolution.Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences (2026). DOI: https://doi.org/10.1098/rspb.2026.0130

