Por qué el Festival de Eurovisión nunca deja de entretener: ciencia, evolución y claves del éxito

Un análisis científico de siete décadas de Eurovisión revela que su secreto no está en las canciones, sino en cómo cambia constantemente para evitar volverse predecible. Entre reglas que evolucionan y países que imitan —y rompen— las fórmulas ganadoras, el certamen se ha convertido en un laboratorio único de cultura, competencia y sorpresas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Melody, representante española en Eurovisión 2025, encarna la nueva generación del certamen: artistas que combinan espectáculo, identidad y estrategia en un escenario cada vez más competitivo y global.

Melody, representante española en Eurovisión 2025, encarna la nueva generación del certamen: artistas que combinan espectáculo, identidad y estrategia en un escenario cada vez más competitivo y global. Con la canción Esa Diva, cosechó la 24ª posición con un total de 37 puntos. Cortesía: Corinne Cumming/EB

El Festival de Eurovisión es, desde hace casi siete décadas, un espectáculo que parece condenado a repetirse y, sin embargo, siempre logra reinventarse. Cada primavera, millones de espectadores asisten a una liturgia conocida —canciones, votaciones, polémicas— que, lejos de agotarse, sigue captando la atención global. ¿Por qué?

Un estudio reciente elaborado por investigadores de la ETH de Zúrich, en Suiza, ofrece una respuesta tan sugerente como contraintuitiva: Eurovisión funciona porque cambia constantemente… y porque todos aprenden de todos.

La investigación, publicada en la revista Royal Society Open Science y realizada por los investigadores Luis A. Nunes Amaral, Arthur Capozzi y Dirk Helbing, analiza más de 1.700 canciones presentadas entre los 1956 y 2024. Su conclusión principal es que el certamen es un laboratorio perfecto para observar cómo evolucionan las estrategias culturales en un entorno competitivo.

➡️ No solo aprenden los países participantes; también lo hacen los organizadores, que ajustan las reglas para evitar que el espectáculo pierda emoción. «Hoy en día, cualquier cosa que genere datos puede investigarse científicamente, y eso incluye la cultura», resume Helbing, uno de los autores del estudio.

Un concurso que se reescribe a sí mismo

Eurovisión no siempre ha sido como lo conocemos hoy. El estudio distingue tres grandes etapas en la historia de este mítico festival de la canción al que, por cierto, España no participará en la edición de 2026, que se celebrará en Viena, debido a una decisión de RTVE en protesta por la presencia de Israel en el certamen:

1️⃣ Fase de formación (1956–1974). Se caracterizó por una gran diversidad cultural y lingüística, con canciones interpretadas en los idiomas nacionales y sin estrategias claras orientadas al éxito; el objetivo principal no era ganar, sino mostrar la identidad cultural de cada país.

2️⃣ Fase de consolidación (1974–2003). Estuvo marcada por la aparición de patrones de éxito, con canciones cada vez más accesibles para una audiencia internacional y un marco de reglas más estable, lo que dio como resultado un concurso más previsible.

3️⃣ Fase de expansión (2004–actualidad). S caracteriza por la participación de más de cuarenta países, la introducción de semifinales y un mayor peso del televoto, con el objetivo de recuperar la incertidumbre y reforzar el espectáculo.

Estos cambios no son casuales. Responden a una preocupación prioritaria: mantener el interés del público. Si el resultado es demasiado predecible, el espectáculo pierde atractivo. Si parece arbitrario, pierde credibilidad. Los organizadores han ido afinando ese equilibrio durante décadas, ajustando reglas para evitar ganadores automáticos o concentraciones excesivas de votos.

➡️ El resultado es un sistema que, paradójicamente, necesita transformarse de forma continua para seguir siendo reconocible. Eurovisión no es solo un concurso de canciones: es un mecanismo diseñado para generar incertidumbre controlada.

Las reglas del éxito en Eurovisión (y por qué dejan de funcionar)

Pero si los organizadores adaptan las reglas, los participantes también evolucionan. Y lo hacen observando qué funciona. Uno de los hallazgos más claros del estudio es la adopción progresiva de ciertas recetas de éxito.

La más evidente es el idioma. Durante los primeros años, la diversidad lingüística era amplia, con predominio del francés en las canciones ganadoras. Sin embargo, desde los años noventa —y especialmente tras la liberalización de las normas en 1999— el inglés se ha convertido en la lengua franca del festival. Hoy, más del 70% de las canciones se interpretan total o parcialmente en inglés.

No es difícil entender por qué. Los datos muestran que las canciones en inglés tienen más probabilidades de ganar. Los países lo han aprendido colectivamente y han adaptado sus estrategias en consecuencia.

Vista panorámica del escenario de Eurovisión, donde el espectáculo audiovisual y la respuesta del público reflejan la evolución del certamen hacia un formato cada vez más global, dinámico e impredecible.

Vista panorámica del escenario de Eurovisión, donde el espectáculo audiovisual y la respuesta del público reflejan la evolución del certamen hacia un formato cada vez más global, dinámico e impredecible. Cortesía: Til Buergy / ETH Zurich

Concepto clave: el «efecto Reina Roja»

Pero aquí aparece una paradoja central del estudio: cuando todos adoptan la misma fórmula, esta deja de ser una ventaja diferencial. Como explica Capozzi, «lo que antes era una ventaja competitiva ahora es el estándar».

Los autores recurren a una idea clásica de la biología evolutiva, el llamado efecto Reina Roja: hay que correr constantemente para mantenerse en el mismo sitio. En Eurovisión, esto significa que cumplir con las reglas no escritas —cantar en inglés, apostar por el pop, aumentar la bailabilidad— es necesario para no quedar rezagado, pero no garantiza la victoria.

🗣️ «Las canciones pop en inglés con un ritmo bailable se convierten en un requisito básico», sentencia Capozzi.

La música también aprende

Más allá del idioma, el estudio identifica otros patrones de aprendizaje colectivo. Por ejemplo, el género musical. Aunque el festival sigue siendo diverso, el pop ha ido imponiéndose progresivamente como estilo dominante. No de forma absoluta, pero sí como referencia central.

También han cambiado las características sonoras. Las canciones han pasado de ser más acústicas a más orientadas al baile, con mayor energía y producción electrónica. La danceability —una medida que evalúa lo fácil que es bailar una canción— se ha convertido en un factor clave.

🗣️ «Con el tiempo, las canciones se han vuelto más cercanas al pop convencional y más bailables, pero ahora casi todas se cantan en inglés», sintetiza Capozzi.

Lo interesante es que estos cambios no son aleatorios. Los países ajustan sus propuestas observando las características de las canciones mejor posicionadas en años anteriores. Según el análisis estadístico, muchos participantes modelan sus entradas en función de lo que han hecho los cinco mejores en los últimos años.

Es decir, Eurovisión funciona como un ecosistema de imitación y adaptación continua, donde cada edición es una respuesta a las anteriores.

Tendencias actuales en Eurovisión

El aprendizaje no se limita a la música. También afecta a las letras. El estudio detecta que el número de palabras en las canciones ha aumentado con el tiempo, especialmente a partir de finales de los noventa.

En cuanto a los temas, hay una evolución significativa. La nostalgia, muy presente en los primeros años, ha ido perdiendo peso. En cambio, han ganado protagonismo emociones como el dolor, la rebeldía o la desesperación.

Estas tendencias reflejan, en parte, cambios culturales más amplios. Las canciones de Eurovisión no solo compiten entre sí; también dialogan con el contexto social y político de cada época.

Sin embargo, no todas las emociones funcionan igual. El estudio sugiere que ciertos temas, como la desesperación, pueden resultar demasiado intensos para el público y perjudicar las posibilidades de éxito.

Conchita Wurst celebra su victoria en Eurovisión 2014, un triunfo icónico que ejemplifica cómo romper las normas establecidas —y conectar con el momento cultural— puede marcar la diferencia en un certamen en constante evolución.

Conchita Wurst celebra su victoria en Eurovisión 2014, un triunfo icónico que ejemplifica cómo romper las normas establecidas —y conectar con el momento cultural— puede marcar la diferencia en un certamen en constante evolución. Cortesía: Thomas Hanses - EBU

Resistirse a la fórmula

A pesar de esta tendencia hacia la convergencia, no todos los países siguen el mismo camino. Francia, Italia, España y Portugal destacan por resistirse a una de las principales reglas implícitas: el uso del inglés.

Estos países continúan apostando en mayor medida por sus lenguas nacionales, incluso sabiendo que eso puede reducir sus opciones de ganar. «Son casos atípicos, porque siguen cantando en su propio idioma, aunque eso no sea uno de los factores de éxito establecidos», señala Capozzi.

La explicación no es técnica, sino cultural y política. Para estos países, Eurovisión no es solo una competición, sino también una plataforma de proyección cultural. Renunciar al idioma propio puede interpretarse como una pérdida simbólica.

En otras palabras, no todos los participantes tienen la misma función de utilidad. Algunos priorizan maximizar las probabilidades de victoria; otros valoran también la representación cultural.

Un equilibrio entre diversidad y homogeneidad

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es cómo describe la tensión constante entre homogeneización y diversidad.

Por un lado, la adopción de estrategias comunes —inglés, pop, estructuras similares— podría llevar a un festival cada vez más uniforme. Por otro, el propio sistema introduce mecanismos que preservan la variedad.

Por ejemplo, aunque el pop domina, sigue habiendo espacio para otros géneros. Y aunque muchas canciones comparten características, las ganadoras suelen introducir algún elemento diferencial que rompe la tendencia.

Esa combinación de repetición y sorpresa es, probablemente, una de las claves del éxito del certamen.

Austria se alza con la victoria en Eurovisión tras una puntuación contundente —incluidos ocho “doce puntos” de los jurados—, confirmando cómo las estrategias ganadoras se consolidan en el certamen

Austria se alza con la victoria en Eurovisión tras una puntuación contundente —incluidos ocho “doce puntos” de los jurados—, confirmando cómo las estrategias ganadoras se consolidan en el certamen; once años después, el festival viajará de Suiza a Austria en 2026, en un sistema que no deja de reinventarse para mantener la emoción. Cortesía: Eurovision

El papel de las reglas

El estudio también subraya el papel fundamental de las normas. Lejos de ser un marco estático, las reglas de Eurovisión han evolucionado para corregir problemas detectados.

Cuando ciertos países acumulaban demasiadas victorias, se introdujeron cambios para equilibrar el sistema. Cuando el número de participantes creció, se añadieron semifinales. Cuando el voto de los jurados generaba controversia, se reforzó el televoto.

Estas modificaciones no solo afectan al resultado; también influyen en el comportamiento de los participantes, que adaptan sus estrategias en función del sistema de votación.

🗣️ «No existe una fórmula de éxito que funcione siempre, ni para los países participantes ni para los organizadores», advierte Helbing.

Un experimento cultural en tiempo real

Más allá de la música, el Festival de Eurovisión se revela, a la luz de este estudio, como un experimento cultural a gran escala. Un espacio donde se cruzan intereses artísticos, políticos y sociales, y donde millones de decisiones individuales generan patrones colectivos.

La pregunta final que plantean los investigadores es inquietante: si conocemos cada vez mejor las reglas implícitas del éxito, ¿será posible diseñar la canción perfecta? ¿Podría la inteligencia artificial crear el tema ideal para ganar Eurovisión?

Tal vez. Pero incluso en ese escenario, el festival seguiría enfrentándose a su paradoja fundamental: en el momento en que una fórmula se hace demasiado evidente, deja de funcionar.

Y ahí reside, probablemente, el secreto de su longevidad. Eurovisión nunca deja de entretener porque nunca deja de cambiar. Porque cada edición es, en el fondo, una respuesta a la anterior. Y porque, como en cualquier ecosistema vivo, la evolución no tiene final. «Tiene que evolucionar para seguir siendo interesante», resume Helbing.

Y aun así, pese a décadas de datos, modelos y patrones, el desenlace sigue siendo incierto. «No hemos encontrado una fórmula que garantice el éxito», concluye el investigador. Eurovisión continuará sorprendiendo —y en esa incertidumbre reside, precisamente, su mayor virtud.▪️(3-mayo-2026)

PREGUNTAS&RESPUESTAS: Eurovision y Ciencia

🎙️ ¿Por qué casi todas las canciones de Eurovisión están en inglés?

Porque aumenta las probabilidades de éxito al llegar a una audiencia internacional más amplia.

🎙️ ¿Qué tipo de canción gana Eurovisión?

Generalmente:

  • Pop

  • Bailable

  • Accesible
    Pero necesita un elemento diferencial para destacar.

🎙️ ¿Existe una fórmula para ganar Eurovisión?

No. Las estrategias conocidas se convierten en estándar y dejan de garantizar la victoria.

🎙️ ¿Por qué algunos países no usan inglés?

Porque priorizan la identidad cultural sobre maximizar sus opciones de ganar.

🎙️ ¿Eurovisión es predecible?

Cada vez menos. Los cambios en reglas y participación han reducido la previsibilidad.

  • Información facilitada por laETH Zurich

  • Fuente: Luis A. Nunes Amaral, Arthur Capozzi, Dirk Helbing. Breaking the code: Multi-level learning in the Eurovision Song Contest. Royal Society Open Science (2026). DOI:  https://doi.org/10.1098/rsos.251727

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