Fósiles de hace 773.000 años en Marruecos iluminan el origen del «Homo sapiens»

Unos restos humanos hallados en Casablanca, datados con una precisión excepcional en 773.000 años, sitúan al norte de África cerca de la raíz evolutiva de nuestra especie. El descubrimiento aporta nuevas claves sobre el ancestro común del Homo sapiens, los neandertales y los denisovanos.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Mandíbula humana ThI-GH-1, hallada en la Cantera Thomas I (Casablanca, Marruecos) y datada en unos 773.000 años, clave para comprender los orígenes del linaje del Homo sapiens.

Mandíbula humana ThI-GH-1, hallada en la Cantera Thomas I (Casablanca, Marruecos) y datada en unos 773.000 años, clave para comprender los orígenes del linaje del Homo sapiens. Cortesía: Hamza Mehimdate / Programa Préhistoria de Casablanca

La pregunta sobre dónde y cómo surgió nuestra especie ha alimentado —e incendiado— uno de los debates más intensos de la paleoantropología. África ha sido siempre el escenario principal, pero los focos se han desplazado con el tiempo entre el este, el sur y, más recientemente, el norte del continente africano.

Ahora, un conjunto de fósiles humanos hallados en Casablanca, con una antigüedad de unos 773.000 años, refuerza una idea que gana peso: el linaje que dio lugar al Homo sapiens se estaba gestando en África mucho antes de la aparición de nuestra especie y en estrecha conexión con las poblaciones ancestrales de neandertales (Homo neanderthalensis) y denisovanos.

Los restos proceden de la llamada Grotte à Hominidés, en la Cantera Thomas I, un yacimiento arqueológico excavado desde los años noventa en plena área urbana de Casablanca. Mandíbulas, dientes, vértebras y un fragmento de fémur, asociados a herramientas achelenses y a una rica fauna fósil, permiten asomarse a un momento crucial de la evolución humana: aquel en el que las poblaciones africanas y euroasiáticas comenzaban a divergir, pero aún compartían un tronco común.

Ese descubrimiento es el resultado de más de tres décadas de trabajo continuado. Como explica el arqueólogo marroquí Abderrahim Mohib, uno de los responsables del proyecto del Instituto Nacional de Ciencias de la Arqueología y del Patrimonio, en Rabat, «el éxito de esta investigación a largo plazo refleja una sólida colaboración institucional que implica al Ministerio de Juventud, Cultura y Comunicación del Reino de Marruecos (a través del INSAP) y al Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores de Francia (mediante la Misión Arqueológica Francesa de Casablanca)».

Un ancestro compartido, aún esquivo

Los estudios genéticos indican que el último ancestro común de humanos modernos, neandertales y denisovanos vivió entre hace unos 765.000 y 550.000 años. Sin embargo, identificarlo en el registro fósil ha resultado extraordinariamente difícil. En Europa, los fósiles de Homo antecessor hallados en la sierra burgalesa de Atapuerca (España), con una antigüedad similar, fueron propuestos como candidatos.

Pero el hecho de que los fósiles más antiguos de Homo sapiens aparezcan exclusivamente en África, o en su frontera inmediata con Asia, ha mantenido abierta la hipótesis de un origen africano del Homo sapiens.

Los nuevos fósiles marroquíes se sitúan justo en ese punto ciego de la historia evolutiva. Son coetáneos del Homo antecessor, pero muestran una combinación distinta de rasgos: conservan características primitivas propias del Homo erectus, junto con otras más derivadas que recuerdan tanto a humanos modernos como a homininos arcaicos euroasiáticos. Esta mezcla sugiere que no todos los linajes humanos del Pleistoceno temprano siguieron la misma trayectoria evolutiva.

Una datación clave: 773.000 años

Uno de los puntos fuertes del estudio es la solidez de la datación. Gracias a un detallado análisis magnetoestratigráfico —basado en los cambios del campo magnético terrestre registrados en los sedimentos— los investigadores han situado los restos en torno a la transición Matuyama-Brunhes, que aconteció hace 773.000 años. Se trata de una referencia cronológica de enorme precisión en geología y paleoantropología.

Esta fecha coloca a los homínidos de Thomas I en un momento de profundos cambios climáticos y ecológicos. El norte de África no era entonces un desierto continuo, sino un mosaico de sabanas, bosques y zonas costeras, atravesado periódicamente por corredores verdes que facilitaban el movimiento de animales y poblaciones humanas. El Sáhara, lejos de ser una barrera infranqueable, se abría y cerraba al ritmo de los monzones.

La excepcional conservación del registro magnético permite una precisión casi sin precedentes para un yacimiento africano de esta antigüedad.

🗣️ «Ver la transición Matuyama-Brunhes registrada con un nivel de resolución tan alto en los depósitos de ThI-GH nos permite situar la presencia de estos homínidos dentro de un marco cronológico excepcionalmente preciso para el Pleistoceno africano», subraya la geóloga Serena Perini, del Departamento de Ciencias de la Tierra en la Universidad de Milán (Italia).

Jean-Paul Raynal y Fatima-Zohra Sbihi-Alaoui, codirectores del programa Préhistoire de Casablanca, durante las excavaciones que condujeron al hallazgo de la mandíbula ThI-GH-10717, en mayo de 2008.

Jean-Paul Raynal y Fatima-Zohra Sbihi-Alaoui, codirectores del programa Préhistoire de Casablanca, durante las excavaciones que condujeron al hallazgo de la mandíbula ThI-GH-10717, en mayo de 2008. Cortesía: R. Gallotti / Programa Préhistoria de Casablanca

Mandíbulas que cuentan una historia

Las dos mandíbulas adultas recuperadas en la cueva son especialmente reveladoras. Una de ellas es grácil y relativamente pequeña; la otra, más robusta. Ambas muestran un mentón incipiente, muy lejos del mentón moderno, pero tampoco completamente ausente. La disposición de los músculos masticatorios, la forma del cuerpo mandibular y algunos detalles internos las diferencian del Homo erectus clásico y las acercan, de forma sorprendente, a rasgos que se generalizarán mucho más tarde en los Homo sapiens y en los neandertales.

Los dientes refuerzan esta idea. El patrón de tamaños molares —con un tercer molar reducido— se aleja del modelo típico de Homo erectus y resulta más común en humanos modernos y neandertales. El estudio detallado de la unión esmalte-dentina, una región clave para rastrear parentescos evolutivos, muestra que algunos rasgos de estos homínidos marroquíes se sitúan en los márgenes del rango de variación de nuestra especie.

🗣️ «Mediante el uso de micro-TC pudimos estudiar una estructura interna oculta de los dientes, conocida como la unión esmalte-dentina, que es muy informativa desde el punto de vista taxonómico y que se conserva incluso cuando la superficie del esmalte está desgastada —explica el antropólogo Matthew Skinner, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. Y añade—: El análisis de esta estructura muestra de forma consistente que los homínidos de la Grotte à Hominidés son distintos tanto del Homo erectus como del Homo antecessor, lo que permite identificarlos como representativos de poblaciones que podrían situarse en la base del linaje del Homo sapiens y de los linajes arcaicos euroasiáticos».

Ni europeos ni modernos, pero emparentados

¿Quiénes eran, entonces, estos homínidos? Los autores del estudio son prudentes a la hora de posicionarse. No proponen una nueva especie ni los identifican directamente como antepasados del Homo sapiens. Prefieren describirlos como una forma evolucionada de Homo erectus en África, paralela —pero no idéntica— a la que dio lugar a Homo antecessor en Europa.

La comparación entre ambos conjuntos fósiles es clave. Aunque comparten algunos rasgos, las diferencias sugieren que ya existía una diferenciación regional clara entre el norte de África y Europa hace casi 800.000 años. En este escenario, los fósiles españoles parecen mostrar una deriva más acusada hacia los rasgos neandertales, mientras que los marroquíes conservan una combinación que los sitúa más cerca de la base del linaje africano del que emergería nuestra especie.

Los análisis dentales refuerzan esta lectura.

🗣️ «Por la forma y los rasgos no métricos, los dientes de la Grotte à Hominidés conservan muchas características primitivas y carecen de los rasgos propios de los neandertales —señala la paleoantropóloga Shara Bailey, del Departamento de Antropología, en la Universidad de Nueva York. Y añade—: En este sentido, se diferencian del Homo antecessor, que en algunos caracteres empieza a asemejarse a los neandertales».

El Magreb como región clave

Hasta hace poco, el Magreb ocupaba un lugar secundario en los relatos sobre el origen humano. El descubrimiento de los fósiles de Jebel Irhoud, con más de 300.000 años de antigüedad, ya había cambiado ese panorama al mostrar una forma temprana de Homo sapiens con rasgos arcaicos. Los homínidos de Thomas I empujan esa historia aún más atrás en el tiempo.

Lejos de ser un rincón periférico, el noroeste de África aparece ahora como una región dinámica, conectada con el resto del continente y posiblemente con Europa, pero con una identidad evolutiva propia. En este contexto, la emergencia del Homo sapiens no sería el resultado de una transformación brusca ni de una migración puntual, sino de un proceso largo, con múltiples poblaciones africanas contribuyendo a un acervo común.

La propia geografía africana desempeñó un papel decisivo.

🗣️ «La idea de que el Sáhara fue una barrera biogeográfica permanente no se sostiene para este periodo —recuerda el paleontólogo Denis Geraads, de la Universidad de París (Francia)—. La evidencia paleontológica muestra conexiones repetidas entre el noroeste de África y las sabanas del este y del sur».

Distintas vistas de mandíbulas, dientes y vértebras de los homínidos hallados en la Grotte à Hominidés (Cantera Thomas I, Casablanca).

Distintas vistas de mandíbulas, dientes y vértebras de los homínidos hallados en la Grotte à Hominidés (Cantera Thomas I, Casablanca). Las imágenes muestran restos de varios individuos —adultos y un niño— que permiten reconstruir su anatomía y comparar estos fósiles de hace 773.000 años con otros homínidos antiguos. Cortesía: Hublin, J. J., Lefèvre, D., Perini, S. et al.

Una pieza más en un puzle incompleto

El estudio no resuelve todas las incógnitas. El ancestro común de humanos modernos, neandertales y denisovanos sigue sin tener un rostro definido.

Pero los fósiles de Casablanca acotan el problema y refuerzan la coherencia entre los datos genéticos y el registro fósil.

Frente a teorías que plantean un origen euroasiático o incluso asiático para nuestra especie, estos restos apuntan en dirección contraria. Sitúan en África, y más concretamente en el Magreb, a poblaciones muy antiguas que ya muestran señales de la diversificación humana que marcaría la historia posterior.

Una historia más compleja —y más africana— de lo que pensábamos

La imagen que emerge no es la de una línea recta que conduce de Homo erectus a Homo sapiens, sino la de un árbol con ramas entrelazadas, intercambios genéticos y trayectorias regionales diferenciadas. En ese árbol, los homínidos de Thomas I ocupan una posición cercana a la raíz del linaje humano moderno.

Cada nuevo fósil añade complejidad a nuestra historia, pero también coherencia. Y en este caso, refuerza una idea cada vez más sólida: para entender quiénes somos, hay que mirar a África en toda su diversidad, y no solo a los escenarios más conocidos. En las rocas de Casablanca, en una antigua cueva hoy rodeada de ciudad, se conserva un capítulo decisivo de ese relato común.

Como resume el paleoantropólogo Jean-Jacques Hublin, coordinador del estudio del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Alemania, «los fósiles de la Grotte à Hominidés pueden ser los mejores candidatos de los que disponemos actualmente para representar poblaciones africanas próximas a la raíz de esta ascendencia compartida, lo que refuerza la idea de un origen profundamente africano del Homo sapiens».▪️

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