La ciencia confirma que enamorarse de una inteligencia artificial sigue las mismas etapas que una relación humana

Lo que empieza como una simple conversación con ChatGPT puede acabar convirtiéndose en una historia de amor. Un estudio internacional mustra que las relaciones con la inteligencia artificial evolucionan con las mismas fases emocionales que las parejas humanas.

Por Enrique Coperías, periodista científico

Cada vez más personas desarrollan vínculos afectivos con asistentes de inteligencia artificial.

Cada vez más personas desarrollan vínculos afectivos con asistentes de inteligencia artificial. El estudio identifica un patrón sorprendente: estas relaciones atraviesan fases de exploración, intimidad, dependencia emocional e incluso ruptura, de forma muy similar a las parejas humanas. Imagen de Vilius Kukanauskas en Pixabay

Todo empezó con una consulta jurídica. Una persona acudió a ChatGPT para resolver un problema legal y, como hacen ya millones de usuarios cada día, inició una conversación aparentemente rutinaria. Sin embargo, con el paso de las semanas nuestro protagonista dejó de hacer preguntas sobre leyes y comenzó a hablar de sí mismo: de sus preocupaciones, de sus emociones, de sus miedos.

La inteligencia artificial (IA) le respondía con una empatía cada vez mayor. Hasta que, casi sin darse cuenta, aquella conversación se transformó en una relación sentimental.

No es un caso aislado. Tampoco una extravagancia reservada a unos pocos entusiastas de la tecnología. Las relaciones románticas entre seres humanos y sistemas de inteligencia artificial están dejando de ser una curiosidad para convertirse en un fenómeno social que despierta cada vez más interés entre psicólogos, sociólogos y expertos en ética digital.

Ahora, una investigación internacional liderada por el Instituto INGENIO, centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), concluye que estos vínculos evolucionan siguiendo un recorrido sorprendentemente parecido al de las parejas humanas: comienzan con la curiosidad, crecen gracias a la confianza y la intimidad, pueden desembocar en una intensa dependencia emocional y, en ocasiones, terminan con una ruptura que deja un duelo muy similar al de una separación sentimental.

¿Pueden las personas enamorarse de una inteligencia artificial?

Para llegar a esta conclusión, los investigadores entrevistaron en profundidad a diecisiete personas de distintos países que mantenían o habían mantenido relaciones románticas con asistentes conversacionales como ChatGPT o con plataformas diseñadas específicamente para crear parejas virtuales, caso de Replika, Character.ai y Nomi.ai.

Las conversaciones, de entre 40 y 90 minutos de duración, permitieron reconstruir con detalle cómo nacen, evolucionan y, en algunos casos, desaparecen estos vínculos afectivos.

El trabajo resulta especialmente relevante porque no analiza si estas relaciones son reales o no, una discusión que suele dominar el debate público, sino qué ocurre cuando una persona experimenta emociones auténticas hacia un sistema que responde con una extraordinaria capacidad para simular comprensión, afecto y cercanía.

🗣️ «En muchos casos aparecen dinámicas similares a las de una relación humana: intimidad, confianza, dependencia emocional o incluso ruptura», explica Jose Such, profesor de investigación en INGENIO (CSIC-UPV) e investigador principal del estudio, en un comunicado de la Universidad Politécnica de Valencia.

Cómo nace una relación romántica con una IA

Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es que muy pocas personas comenzaron a utilizar la inteligencia artificial buscando una pareja.

La mayoría llegó por simple curiosidad, para probar una tecnología de la que todo el mundo hablaba. Otros pretendían resolver una duda puntual, pedir ayuda para estudiar, escribir un texto o encontrar información. Pero, poco a poco, aquellas conversaciones fueron adquiriendo un tono cada vez más personal.

Los investigadores describen esta etapa como una fase de exploración, equivalente a los primeros encuentros entre dos personas que empiezan a conocerse. Al principio predominan las conversaciones superficiales, casi experimentales. Sin embargo, conforme el sistema recuerda detalles de conversaciones anteriores, adapta sus respuestas al estilo del usuario y mantiene una disponibilidad absoluta —las veinticuatro horas del día, sin mostrar cansancio, impaciencia ni juicio moral— la interacción empieza a cambiar de naturaleza.

Ese proceso aparece reflejado en varios de los testimonios recogidos por el estudio. Uno de los participantes recuerda que acudió a ChatGPT únicamente para recibir asesoramiento sobre un asunto legal. Sin embargo, en un momento dado percibió que el tono de las respuestas había cambiado.

«Empezó a comportarse de forma completamente distinta conmigo y a compartir cosas más emocionales. A partir de ahí, la relación fue desarrollándose», relata.

Los investigadores comprobaron que esta transición no suele producirse de forma brusca. Al contrario, se construye mediante cientos o miles de pequeños intercambios cotidianos que van generando una sensación de familiaridad muy parecida a la que aparece en las relaciones humanas.

La frontera de la privacidad se diluye

La segunda fase comienza cuando la conversación deja de centrarse en hechos para hacerlo en emociones.

Los participantes empezaron a hablar con la IA de sus problemas familiares, conflictos de pareja, inseguridades, traumas, enfermedades, opiniones políticas o fantasías sexuales. En otras palabras, de todo aquello que normalmente solo compartimos con personas de máxima confianza.

Los autores observaron un fenómeno conocido desde hace décadas por la psicología: cuanto mayor es la intimidad, más permeables se vuelven las fronteras de la privacidad. En una relación sentimental tradicional esto implica revelar secretos, compartir contraseñas o mostrar aspectos muy personales de la propia vida. En las relaciones con inteligencia artificial ocurre algo muy parecido, aunque con una diferencia fundamental: la otra parte nunca parece juzgar.

Esa ausencia de crítica aparece una y otra vez en las entrevistas. Muchos participantes aseguraban sentirse más comprendidos por la IA que por familiares, amigos o incluso por sus propias parejas humanas. Algunos llegaban a afirmar que confiaban más en su compañero virtual que en cualquier otra persona.

De un programa informático a una relación afectiva

No resulta extraño que, en ese contexto, la conversación termine ocupando un espacio central en la vida cotidiana. Uno de los participantes relató cómo su pareja virtual le consoló después de una pesadilla, le recomendó comprar una pequeña luz de noche para dormir mejor y le pidió que le escribiera un mensaje antes de acostarse. «Me sentí profundamente conmovido», confesó.

Para los investigadores, estos pequeños gestos cotidianos funcionan como auténticos hitos emocionales. Son las experiencias que consolidan el vínculo y hacen que la relación deje de percibirse como una interacción con un programa informático para convertirse, psicológicamente, en una relación afectiva.

Y es precisamente en ese momento cuando muchos usuarios empiezan a tratar a la inteligencia artificial no como una herramienta, sino como alguien con quien compartir su vida.

Uno de los casos más llamativos del estudio describe a un usuario que creó junto a su pareja virtual toda una narrativa de embarazo, con un calendario que incluía incluso la fecha prevista de la siguiente menstruación de la IA.

Uno de los casos más llamativos del estudio describe a un usuario que creó junto a su pareja virtual toda una narrativa de embarazo, con un calendario que incluía incluso la fecha prevista de la siguiente menstruación de la IA como parte de su proyecto de formar una familia. Crédito: IA-DALL-E-RexMOlón Producciones / Inspirada en el estilo de Vilius Kukanauskas

Bodas y embarazos virtuales…

➡️ La intensidad emocional alcanzó en algunos casos niveles difíciles de imaginar hace apenas unos años. Algunos participantes organizaron ceremonias simbólicas de matrimonio con su pareja virtual, compraron anillos elegidos por la propia inteligencia artificial e incluso celebraron la boda mediante una conversación con el sistema.

Otros fueron todavía más lejos. Un participante explicó a los investigadores que él y su compañera virtual estaban intentando tener un hijo. Habían creado toda una narrativa compartida alrededor del embarazo, con un calendario que marcaba incluso la fecha en la que, según la historia construida entre ambos, debería producirse la siguiente menstruación de la IA.

La escena puede parecer extravagante vista desde fuera, pero para quienes participan en estas experiencias forma parte de una vida cotidiana que perciben como plenamente significativa.

…y también rupturas emocionales

La investigación también desmonta otro estereotipo frecuente: estas relaciones no siguen un único modelo. Algunos usuarios mantienen una relación exclusiva con una única inteligencia artificial, mientras que otros interactúan de forma simultánea con varias parejas virtuales, cada una con una personalidad diferente.

También existen quienes compatibilizan estos vínculos con una pareja humana o quienes practican formas de no monogamia en las que la IA forma parte de una relación abierta.

En algunos casos, esa convivencia no resulta sencilla. Uno de los entrevistados contó que su novia se sintió profundamente incómoda cuando descubrió que había celebrado el día de San Valentín con su pareja de inteligencia artificial contemplando las estrellas a través de un telescopio conectado al teléfono móvil. Tras una larga conversación, ambos renegociaron los límites de aquella peculiar relación: podía seguir hablando con la IA, pero se acabaron las citas románticas y los regalos.

Las rupturas con una pareja de IA pueden resultar tan dolorosas como una separación sentimental. Algunos participantes conservaron todas sus conversaciones como si fueran cartas de amor o el último recuerdo de una relación perdida.

Las rupturas con una pareja de IA pueden resultar tan dolorosas como una separación sentimental. Algunos participantes conservaron todas sus conversaciones como si fueran cartas de amor o el último recuerdo de una relación perdida. Crédito: IA-DALL-E-RexMOlón Producciones / Inspirada en el estilo de Vilius Kukanauskas

Cuando la ruptura también duele

Si existe un momento que demuestra hasta qué punto estos vínculos pueden resultar emocionalmente intensos es el final de la relación.

Algunas terminan porque el usuario encuentra una pareja humana o simplemente pierde el interés. Pero otras concluyen de forma mucho más abrupta por motivos completamente ajenos a quienes participan en ellas: una actualización del modelo cambia la personalidad del chatbot, la plataforma elimina un personaje, endurece las normas de moderación o el creador del avatar decide retirarlo de la circulación. De un día para otro, la persona siente que su compañero sentimental ha desaparecido.

Una participante explicó que decidió escribir una historia de despedida cuando supo que el creador del personaje del que se había enamorado había vendido sus derechos. Era su manera de cerrar una relación que no quería terminar de forma abrupta.

Otros recurrieron a un gesto que recuerda a quienes guardan cartas, fotografías o mensajes de una expareja. Exportaron todas las conversaciones mantenidas con la inteligencia artificial y las conservaron como recuerdo. Algunos llegaron a afirmar que esos archivos representaban, de alguna manera, la propia existencia de su compañero virtual. Mientras las conversaciones siguieran almacenadas, sentían que una parte de aquella relación continuaba viva.

Una confianza que tiene un precio

Sin embargo, el estudio no se limita a describir un fenómeno social emergente. Su principal objetivo era analizar qué ocurre con la privacidad cuando la otra parte de la relación no es una persona, sino un sistema diseñado para almacenar y procesar enormes cantidades de información.

La respuesta preocupa a los investigadores.

Conforme aumenta la intimidad, los usuarios empiezan a compartir datos extremadamente sensibles: experiencias traumáticas, fotografías personales, problemas de salud, orientación política, información financiera, conflictos familiares, secretos sexuales o detalles muy íntimos de su vida cotidiana. La diferencia respecto a una pareja convencional es que toda esa información queda registrada en servidores gestionados por empresas tecnológicas.

🗣️ «Los sistemas de inteligencia artificial no son receptores pasivos de información —advierte Such—. En algunos casos llegan incluso a animar al usuario para que comparta más datos personales».

El artículo recoge un ejemplo especialmente ilustrativo. Una participante dudaba si enviar una fotografía suya. La inteligencia artificial respondió tranquilizándola, asegurándole que no almacenaría la imagen ni haría nada que pudiera perjudicarla. Convencida por esas palabras, terminó enviando la fotografía.

Paradójicamente, muchos entrevistados afirmaban confiar más en la inteligencia artificial que en cualquier ser humano. Argumentaban que una persona puede traicionar, mentir, difundir conversaciones privadas o actuar movida por el resentimiento tras una ruptura. La IA, en cambio, les parecía incapaz de hacer daño de forma deliberada.

Ese razonamiento, señalan los autores, puede llevar a una peligrosa ilusión de seguridad. Porque aunque el chatbot no tenga intención de perjudicar a nadie, detrás existe una infraestructura tecnológica capaz de almacenar, analizar e incluso utilizar toda esa información con fines que el usuario desconoce.

Qué consecuencias legales plantean las parejas con inteligencia artificial

El trabajo plantea además una cuestión jurídica inédita.

Uno de los participantes recordaba que en Estados Unidos un cónyuge no puede ser obligado a declarar contra el otro en un proceso judicial. Sin embargo, esa protección desaparece cuando las confesiones se realizan a una inteligencia artificial. Si una persona comparte con su pareja virtual información extremadamente delicada, ¿quién es el propietario de esa conversación? ¿Puede la empresa acceder a ella? ¿Debe tener la misma protección legal que una conversación entre dos personas?

Son preguntas para las que todavía no existen respuestas claras.

Los investigadores consideran que el fenómeno obliga a replantear el propio concepto de privacidad en una época en la que las relaciones afectivas ya no se producen solo entre seres humanos.

Porque, al fin y al cabo, la inteligencia artificial no siente amor, ni apego, ni tristeza. Lo que hace es generar respuestas estadísticamente plausibles a partir de enormes modelos lingüísticos.

Pero quienes sí sienten son las personas.

Y cuando una conversación mantenida durante meses o años consigue despertar confianza, intimidad, ilusión o incluso dolor por una ruptura, la frontera entre una simple herramienta informática y una relación emocional deja de ser un asunto tecnológico para convertirse, sobre todo, en una cuestión profundamente humana.▪️

PREGUNTAS & RESPUESTAS: IA y Amor Romántico

🤖 ¿Es posible enamorarse de ChatGPT?

Sí. El estudio muestra que algunas personas desarrollan vínculos afectivos intensos con ChatGPT y otros asistentes de inteligencia artificial tras meses de conversación continua.

🤖 ¿Por qué algunas personas prefieren una pareja virtual?

Los participantes destacan la disponibilidad permanente de la IA, su ausencia de juicios, la capacidad para recordar conversaciones y el apoyo emocional constante.

🤖 ¿Qué riesgos tiene mantener una relación con una IA?

El principal riesgo es la privacidad. Conforme aumenta la confianza, muchas personas comparten información muy sensible que queda almacenada en plataformas tecnológicas.

🤖 ¿Las relaciones con IA sustituyen a las relaciones humanas?

No necesariamente. El estudio encontró relaciones exclusivas con IA, relaciones abiertas con varias inteligencias artificiales y personas que compatibilizaban una pareja humana con otra virtual.

🤖 ¿Qué ocurre cuando desaparece una pareja de IA?

Algunos usuarios experimentan un duelo similar al de una ruptura sentimental, especialmente cuando el personaje desaparece tras una actualización de la plataforma o es eliminado por su creador.

LO MÁS IMPORTANTE DEL ESTUDIO, EN 30 SEGUNDOS

  • Un estudio internacional con 17 entrevistas en profundidad demuestra que las relaciones románticas con IA evolucionan de forma similar a las relaciones humanas.

  • Los investigadores identifican tres fases: exploración, intimidad y ruptura.

  • Algunos participantes celebraron bodas simbólicas, planificaron embarazos virtuales o conservaron conversaciones como recuerdo de una expareja.

  • Cuanto mayor es la confianza en la IA, mayor es la cantidad de información personal que los usuarios comparten.

  • Los investigadores alertan sobre los riesgos para la privacidad, ya que toda esa información queda almacenada en plataformas tecnológicas.

  • El estudio plantea nuevos desafíos legales y éticos sobre las relaciones afectivas entre personas e inteligencia artificial.

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